Platero y yo es un libro clave considerado pilar en la transición de la narrativa española del siglo XX. Miembro de la Generación del 98 y modernista de las letras hispanas, Juan Ramón Jiménez logra con su relato la identificación plena del lector con el escritor que nos cuenta su historia. Nacido y criado en el entorno rural de Moguer, Huelva, nos provoca una proximidad emotiva. Con una mezcla de narrativa lírica y prosa poética, el escritor logró huir de los convencionalismos narrativos de su época ofreciendo una exploración en capítulos cortos.
Con la narratología se descubre el significado del lenguaje caracterizado por la evocación de imágenes, metáforas, símiles, hipérboles y la personificación, entre otras. Desde el inicio Juan Ramón Jiménez nos introduce a Platero y su relación volcada en una profunda amistad. El escritor logra un fascinante tono de introspección y explora sus emociones.
Para comprender la obra, debe ser descompuesta en sus elementos fundamentales: la voz narrativa, la perspectiva, la temporalidad, los personajes y el espacio en el que ocurre la acción. Con la entrega del autor en cuanto a su entorno rural, Moguer, empieza por envolvernos en una atmósfera real y descubrimos desde “La advertencia a los hombres que lean este libro para niños” su refinada función como narrador. La obra se va desencadenando en 138 capítulos, de los cuales los dos primeros son objeto de este muy conciso análisis a partir de la teoría narratológica que nos muestra la construcción de la historia con elementos que se entrelazan profundamente. Un acento contemplativo y melancólico salpica la pieza literaria.
Capítulo I. Platero. Con un tono lírico y una indiscutible voz en primera persona, el Narrador-protagonista (autor implícito) nos matiza con pasión las características de un idílico Platero. Entrañable personaje desde el inicio. La Perspectiva se decanta por ser subjetiva, envuelta en introspección que nos revela los sentimientos del narrador hacia ese “pequeño, peludo, suave tan blando por fuera, que se diría todo de algodón”. La Temporalidad que se presenta está imbuida por un tiempo indefinido. Así, este capítulo está centrado en un presente continuo que se sostiene por una rica descripción que personifica a Platero y está enmarcada por una secuencia de eventos. En cuanto a los Personajes, el narrador nos introduce a Platero como principal y nos ofrece una precisa descripción del aspecto físico de su amigo, de su sensibilidad y cualidades casi humanas, “tierno y mimoso como un niño”. Queda clara la relación íntima que impregnará toda la obra. El Espacio está resguardado por un entorno rural detallado con pulcritud. La narración lleva al lector hacia un paisaje bañado de ambiente melancólico. Tema, el capítulo está colmado de la personificación de Platero y el entorno natural. El autor rescata virtudes como la pureza, la inocencia e indiscutible ternura.
Capítulo II. Paisaje Grana. El Narrador, como homodiegético, continúa dentro de la historia; ¡cómo no lo sería!, se trata del propio autor quien desde su ecuanimidad nos propone una inmersión en sus reflexiones. La Perspectiva predomina intensa y subjetiva. Una descripción de lo que observa. “Yo me quedo extasiado en el crepúsculo”. En cuanto a la Temporalidad es lineal en estos pequeños capítulos o “viñetas”, a pesar de que en éste pareciera que se detiene en la descripción del espectáculo, el crepúsculo es finito; sin embargo, el personaje se embriaga de él y le deja una huella imborrable. Personajes, Platero que está acompañando al narrador, mientras que éste tiende a hablar de sus percepciones sobre el paisaje. Espacio, las imágenes predominan con colores intensos. Y la imagen descrita descubre el alma del personaje. “El paraje es conocido…, se dijera a cada instante que vamos a descubrir un palacio abandonado”. Tema, hay una marcada tendencia a la espiritualidad a través de la descripción de la naturaleza. La estructura del capítulo se refugia en una descripción que nos muestra la esteticidad indudable que se recarga en las palabras.
A manera de conclusión quedo suspendida en una obra que ha marcado generaciones. Ahora, a través de la breve narratología, se abre un abanico para su compresión en cuanto a las técnicas narrativas y analíticas como reflejo de la sensibilidad de Juan Ramón Jiménez quien, a través de una estructura extraordinaria, recrea y nos ofrece su entorno más íntimo y emotivo. Una obra singular que ha trascendido en el tiempo y en las capas más sensibles de nuestro imaginario íntimo y que nos abre la puerta para experimentar la escritura con una posibilidad creativa que pueda ser desgranada desde una base estructural.
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