Entrevista con el actor Rafael Sánchez Navarro. Parte 1

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13 de noviembre, 2015 yo_y_rsn

¿Cómo surge el deseo de ser actor?

¿Cómo surge el deseo de ser actor?

Por muchas razones, recuerdo que desde chico les contaba chistes a los amigos de mis papás en las reuniones, luego los días 10 de Mayo (día de las madres) hacíamos los shows en mi casa, mi hermana Mónica cantaba a Rocío Dúrcal y yo hacía imitaciones del cantante Rafael.

Luego mis papás nos mandaron a todos los hermanos a estudiar inglés, a mí me mandaron a Inglaterra y ya estando allá conocí gente que estudiaba teatro y a los 16 años fui a una escuela de teatro e hice una audición, si te aceptaban te daban una beca y me la dieron, yo ya tenía el antecedente de que iba mucho al teatro de mis padres, ya ni hice la preparatoria y me empecé a dedicar al teatro.

Estudié teatro dos años en Inglaterra y dos años en Estados Unidos y también un año aquí en México en el INBA.

La primera obra de teatro que hice en México fue Cómo ser una buena madre judía con Susana Alexander en el Teatro Alianza.

En 1981 fue la obra El hombre elefante, mi papá vio esta obra y dijo “Está le va a mi hijo”, las palabras textuales de mi papá Manolo Fábregas fueron: “Ya compré esta obra y te voy a  dar la alternativa, yo soy el matador, por favor hijo no me vayas a quedar mal”; en esta obra no se usó ningún tipo de maquillaje porque el escritor decía que no quería que se distrajeran en el exterior sino que vieran su interior, entonces era sólo dar la postura del hombre elefante, en ese entonces yo tenía 21 años.

Antes las obras eran de Martes a Domingo y esa tradición terminó con mi padre cuando él se retiró, a mi papá le decían El señor teatro.

La otra obra que hice con mi padre fue Amadeus, yo salía de Mozart y mi papá de Salieri.

En El hombre elefante mi papá salía del doctor que lo protegía y la relación en escena era de protección, lo mismo que estaba haciendo en la vida mi papá conmigo, y en Amadeus era de odio y envidia y era difícil para mí hacer esa obra porque me sentía mal, decía  “Mi papá me vio feo”, yo te aclaro que el mejor maestro que tuve en mi vida fue Manolo Fábregas y eso que tuve muchos maestros de teatro.

¿Por qué?
Porque era el que más sabia, y era el que con más cariño me enseño y el mejor papá del mundo.

¿En qué prefieres trabajar como actor?

No tengo ninguna preferencia  lo que yo busco son los buenos libretos y un buen grupo de trabajo.
Una frase de mi viejo: “Un actor profesional, talentoso y buena persona no es fácil de encontrar”, le doy importancia a trabajar con gente profesional, talentosa y decente.

¿Cómo le hacen los actores cuando tienen una tragedia o un mal día para hacer su trabajo?

Yo digo que igual como lo hace toda la gente, remontar y sobre ponerte al mal momento.

Lo que es muy complicado son los malos ambientes de trabajo, tienes a un mal compañero ya sea en pantalla o en escenario y te afecta muchísimo en cómo se ve el trabajo, para mi es peor malas personas que malos actores.

Y papá hablaba del Dios del teatro decía que existían dos dioses y comentaba que cuando más golpeado estás el Dios del teatro te levanta y también cuando más te sientes en las nubes es el que te pone en tu lugar.

¿Qué me puedes contar sobre películas en las que te haya gustado trabajar?

Pues mira en Netflix está Huérfanos te la recomiendo, es sobre la vida de Melchor Ocampo, fue una película grande con presupuesto chico. La época, el vestuario, las carrozas, pero hicimos milagros con el dinero que había. Es un tema interesante porque sabemos de varios héroes de la independencia pero no sabemos de Melchor Ocampo que se dice que fue la inteligencia detrás de Benito Juárez. Pero de Huérfanos no pusieron un solo anuncio en ningún lugar, lo que nos hace falta para que crezca el cine mexicano es que se comprometan los distribuidores.

Hicimos una película Rafael Montero y yo cuando era el cine de ficheras que fue como un parte aguas, es una película de tema social, era sobre un aprendiz de delincuente que es corrido de su trabajo y empieza a robar para poder sobrevivir.

La primera película que hice fue la de DF que fue un cuento de Carballido con Julissa y Sasha Montenegro, y era sobre dos estudiantes que ayudan a dos prostitutas.

¿Cómo ves en la actualidad al cine mexicano?

El mejor momento del cine mexicano de la historia, yo no lo podía creer cuando vi los Óscares que este segundo año volvió a ganar México.

Hice varios programas de La hora marcada, pero en uno de los que participé dirigió Cuarón, lo escribió su hermano, fue fotografiado por el Chivo Lubezki y los efectos especiales eran de Guillermo del Toro, todos recién salidos del escuela, cuando yo trabajé con ellos dije: “A éstos no los para nadie.”

En México se hace buen cine, cine que llega a festivales, la gente va al cine ya a ver cine mexicano.

Algo que hay que agradecer a nuestro gobierno es el Eficine, el estímulo fiscal que también lo llevaron ya al teatro, en esto tuvo que ver la actriz María Rojo que es del medio artístico y se lo agradecemos muchísimo.

Lo que nos falta para el cine es que los distribuidores tengan más conciencia de la industria del cine mexicano que es su país y tendrían que proteger a su gente, no que en automático vienen las películas gringas y sean las que más distribuyen.

En cuanto a la película de González Iñárritu Birdman, me parece una obra maestra, desde el libreto, las actuaciones, y quisiera decir que las tres cosas que tienen en común los ganadores del Óscar son: que son mexicanos, que ganaron el Óscar en años consecutivos, pero la más importante que nadie menciona es que las dos fueron fotografiadas por Lubezki, como le dijo Iñárritu el día de los Óscares: “Eres el genio de una generación”.

Continuará…

Comentarios
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Más allá de la mera comparación estadística o del análisis de los múltiples factores que intervienen para que esto sea así, lo relevante aquí es entender que la lectura tiene un papel preponderante en el desarrollo cognitivo de todo ser humano y que promover no nada más su aprendizaje sino su adquisición como un hábito de vida, debe ser la prioridad número uno en cualquier modelo pedagógico del mundo.    Cuando hablamos de lectura en términos educativos, no nos referimos únicamente al mero hecho de interpretar símbolos que se convierten en palabras y éstas, a su vez, en ideas con diversos grados de complejidad, sino a todos los procesos que se van dando en la mente de niños, adolescentes y adultos jóvenes, de acuerdo con su etapa de desarrollo y a lo largo de su formación académica y emocional:   El lenguaje simbólico La lectura representa uno de los pilares en el proceso evolutivo que nos define como humanos. Así como el hombre primitivo lo hizo en tiempos ancestrales, iniciando con el trazo de dibujos arbitrarios que fueron convirtiéndose en letras y números que se fueron convirtiendo en algo significativo hasta llegar al lenguaje simbólico, un pequeño inicia su reconocimiento del mundo interpretando una serie de señales que le envían sus padres y, al avanzar en su proceso, comienza también la interpretación de símbolos que lo llevaran a ser capaz de reconocer (símbolos varios), digerir (letras y palabras), analizar (símbolos matemáticos) y aplicar todo aquello que va absorbiendo en el camino.   La interpretación, la comunicación y la organización Lo importante de la adquisición del lenguaje simbólico, no es nada más la comprensión que se va dando en el proceso de la lectura, sino que permite al niño empezar a reconocer las diversas maneras en la que puede expresar sus emociones e ideas y empezar a formar así reacciones con su familia, con sus pares y en general con el mundo que lo rodea.  Otorgar un significado al lenguaje simbólico, entender las palabras y descubrir que el humano ha convenido conceptos universales para ellas, abre el canal comunicativo de los pequeños y les otorga la capacidad de organizar su mente, su vida y su mundo.   El vocabulario Una vez que este canal comunicativo ha sido abierto, promover la lectura cotidianamente es la primera vía mediante la cual lograremos que nuestros estudiantes adquieran vocabulario y sean capaces de ir desarrollando el lenguaje metafórico, mediante el uso de sinónimos, antónimos y la correcta aplicación de la gramática, lo cual los llevará más adelante a poder elaborar procesos cognitivos más complejos como el análisis, la síntesis y la inferencia.  La adquisición de vocabulario es uno de los puntos en los que mayor atención debemos poner ya que en la actualidad, con el uso de la tecnología, nuestras generaciones actuales lo están perdiendo y, como podemos ver, no es solo una cuestión de saber más o menos palabras, sino de los demás procesos que se pierden con él.   El análisis, la síntesis, la reflexión, la inferencia y el desarrollo del pensamiento crítico Una vez que hemos comprendido que la estructura del lenguaje organiza la mente de los niños, podemos generar en ellos una conciencia lectora que se enfoque en ir desarrollando procesos más profundos a nivel cerebral: el análisis de ideas para la comprensión lectora y la resolución de problemas, la síntesis para la discriminación y organización de la información, la inferencia para la anticipación y planeación de situaciones diversas y finalmente, el pensamiento crítico como el escalón más elevado de esta cadena, para la aplicación global de todos los conocimientos adquiridos en cualquier ámbito impactando en la transformación del mundo a pequeña y gran escala.   Dime cuánto lees y te diré hasta dónde evolucionas Como bien nos dice Rad Bradbury en una de sus más célebres frases: “No tienes que quemar libros para destruir una cultura. 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Obligaba a trabajar los textos una y mil veces, yo veía desmoronarse mis poemas hasta quedar en los cinco o diez versos en los que ella había descubierto el poema oculto en la hojarasca; poco después, invité a participar en el taller a Pablo Raphael, que muchos años más tarde hizo de la Capilla escenario de una parte de su novela Clipperton, y a David Grinberg, ambos amigos y compañeros de vida; en el ejercicio del taller conocí a Pável Granados  y a Alejandro Malo. Así llegó el día en el que Alicia me ordenó que me quedara unos minutos después del taller y me pidió que eligiera dos poemas para publicar, uno para Periódico de Poesía y otro para Papel de Literatura que entonces publicaba la Coordinación de Literatura de Bellas Artes. 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A Emmanuel lo había visto alguna vez en la Capilla, pero para mí era una leyenda. Las indicaciones de Alicia eran precisas: llamar a Carballo y pedirle una cita, ella ya lo había puesto en antecedentes. Al amanecer cumplí la instrucción y cuando oí la voz de Emmanuel al teléfono me di cuenta de lo que estaba sucediendo; me dio cita al día siguiente a las seis de la tarde, me acompañó mi esposa y lo que yo pensé sería una visita de diez minutos, se convirtió en una de las tardes más memorables y alucinantes de mi vida, que terminó con una cena en la cocina y la revisión de dos poemas que le llevaba –“lleva lo mejor que tengas” me había ordenado Alicia–. Emmanuel se levantó de la mesa y nos pidió que lo disculpáramos, volvió unos minutos después con una de sus tarjetas de visita y me preguntó cómo firmaba mis trabajos; le dije mi nombre completo, “demasiado largo” acotó, “de eso no se acuerda nadie”. Escribió en la tarjeta y me la dio, decía: “Te presento a César Benedicto Callejas, le he dicho que si quiere entrar al mundo de las letras tiene que conocer a Huberto Batis”. Me indicó que se la entregara con los dos poemas. De nuevo repetí el ritual, solo que Batis no me contestó la llamada, lo hizo su secretaria en Unomásuno; me dio cita para la semana siguiente. Batis me recibió puntual y me preguntó por Alicia y por Carballo; luego de las breves palabras de cortesía me preguntó qué le llevaba, le entregué la nota de Emmanuel y mis dos poemas. Los leyó y me dijo: “Salen el sábado”. Le agradecí y me pidió que nos tomáramos una foto juntos; con su sonrisa inolvidable comentó que le gustaba fotografiarse con los nuevos escritores, y entonces, por primera vez en mi vida, sentí que era un escritor de verdad. 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De por qué alguien quiere volverse escritor

El escritor y abogado César Benedicto Callejas rememora los momentos más decisivos en su formación como escritor.

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