Entrevista a René Casados

¿Quién es René Casados? Yo soy del trópico, de las selvas veracruzanas, del norte del estado y llego a la Ciudad de México. Uno es de donde nació, pero también de donde se hace y se deshace....

18 de junio, 2021

¿Quién es René Casados?

Yo soy del trópico, de las selvas veracruzanas, del norte del estado y llego a la Ciudad de México. Uno es de donde nació, pero también de donde se hace y se deshace. Estudié Política en la Universidad Nacional Autónoma de México.

¿Y cómo empezaste en la actuación?

Un día me llama por teléfono una señora que me hablaba para preguntarme si era yo actor, y me comenta que es representante del señor Ignacio López Tarso y de Ofelia Guilmáin, me dice que vienen a producir a México la película “Los hijos de Sánchez” con el señor Anthony Quinn. Le dije que yo no era actor, pero que a mí me gustaban las artes escénicas. Me dijo que había visto un corto mío, es que yo hice un comercial de Pepsi Cola, que habían visto en todo el mundo, la cuestión es que al día siguiente en el hotel María Isabel Sheraton entramos en una suite y ahí estaba el mismísimo Anthony Quinn. Finalmente me contrataron, aunque había otros candidatos. Total que de repente yo ya estaba en las calles de Tepito, actuando con Anthony Quinn.

Pepe Bolaños luego me invitó a filmar la segunda versión de Pedro Páramo, porque el actor qué iba a hacer el hijo de Pedro Páramo ya no lo iba a poder hacer y necesitaba a alguien. Me preguntó si yo conocía la obra y le dije que sí, que no solamente Pedro Páramo sino muchas más. Total, que le leo el texto, le gusta cómo lo leo, le digo que estoy trabajando con Anthony Quinn en una película, me dijo que ya habló con ellos y que ya sabe cuándo tengo llamadas y que se van a coordinar.

Todavía no terminaba esas películas, cuando un monstruo del guionismo, Felipe Cazals, estaba haciendo la película de “La Güera Rodríguez” y me ofrece el papel de Simón Bolívar; la hice con Fanny Cano.  Ese año hice 10 películas ininterrumpidamente. Así me inicié y muy agradecido, me cayó del cielo y uno nunca debe blasfemar.




¿Pero entonces nunca se te había ocurrido ser actor y de repente ya eras actor?

No se me había ocurrido, pero me maravillaba el cine. Iba yo a todos los Cineclubs de la Ciudad de México. Total, que luego me invitaron a un musical: “West Side Story”. La verdad ni cantaba ni actuaba pero que acabo en la obra; nunca fui a la escuela a estudiar eso. También hice “El hombre de La Mancha”, donde hacía el caballero de los espejos, todo lo hice con desparpajo.

¿Cómo fue que diste el salto a Televisa?

Por un accidente afortunado, un día yo fui a la fiesta de toros, tenía amigos matadores, total que me ofrece hacer Luis Becerril una Telenovela de pocos capítulos. A las pocas semanas yo estaba en el rancho de Curro Rivera filmando esa primera telenovela de 10 capítulos, “La hora del silencio”, pero resulta que Luis Becerril lo mandan a llamar a España se queda en el sexto capítulo y ya no regresa, 

Luego me fui a Ginebra unos meses a vivir. Un día tomo un tren para ir a París y de repente veo al señor Ernesto Alonso. Él ya me había visto en los trabajos que había hecho. Total que me dice que necesitaba un actor para hacer el antagónico en su próxima telenovela, me pregunta que cuándo regreso a la Ciudad de México, le comento y me contrata. Hice “Muchacha de barrio”, con Ana Martín, Humberto Zurita y Sergio Jiménez. Esa telenovela fue la primera que pasaron de las 5 pm a las 7:30pm. Esta es la primera telenovela que el grupo Televisa manda a todo el mundo, y de ahí me pongo hacer telenovelas, 

Total que estaba en una telenovela y me llaman para hacer XE-TU , estuvimos 7 años con 15 compañeras, primero iniciamos Érika Buenfil, Laura Flores y Victoria Ruffo, aquí fue el inicio de Carla Estrada. Yo puse la frase “Siempre sonríe y la fuerza estará contigo”, que decían que si me lo había plagiado de “La guerra de las galaxias”, fue una gran oportunidad, se hacían concursos, iban los cantantes principales, Shenna Easton, Luis Miguel, Lucero, Miguel Bosé y Emmanuel por ejemplo. La telenovela que está ahorita al aire es la telenovela “Qué le pasa a mi familia”. 

¿Cuál es tu personaje favorito?

Pienso que todos ellos, me viene la impronta o en la memoria de algunas escenas que tuve el honor de protagonizar. 

Saliste también en la serie “Mujeres asesinas”, cuéntanos.

Si, salí con Edith González, es de los seres humanos, de las actrices, que debieron llegar a los 1000 años, en el mejor momento de su vida inicia la partida. Yo siempre me llevé muy bien con ella, hicimos teatro y otra telenovela; era una chava con muchas ansias por aprender, por saber, por estudiar, le encantaba el arte en todas sus manifestaciones. Un bello recuerdo.

Otra cosa que haces es que vas al programa de López-Dóriga a hablar de política. Cuéntanos.

Yo asistí a la UNAM, yo siempre combinaba mis trabajos como actor, conductor y consultor con el análisis político. Y un día platicando con Joaquín me invitó a su programa, y ya llevamos en La Mesa Política 15 años con Roy Campos y Don Pepe Fonseca. Para mí ha sido otro privilegio de vida, Artes Escénicas y análisis políticos: dos de mis pasiones.

Lee:

“Hermosa Venganza” Mi favorita para el Óscar 2021 | Ruiz-Healy Times (ruizhealytimes.com)

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A finales del siglo XIX, los liberales, como los que escribieron el Himno Nacional con aquello de retiemble en sus centros la tierra, se dieron a la tarea de crear el imaginario nacional, nuestra mitología; ya se sabe, las leyendas de los héroes de la independencia, El Pípila y aquello de que “los valientes no asesinan”; ellos nos hicieron creer, conforme a la tradición de su tiempo, que la gloria correspondía a las naciones que habían surgido a la vida como Italia y Alemania, que se habían afianzado como Francia y España generando el proyecto del Estado Nación, un Estado, una Nación, una religión, un idioma, como signos de identidad una unidad de origen y destino; como parte de esa mitología nos hicieron creer que éramos un pueblo guerrero y en ello fincaron nuestro honor; pero el mito es solo uno más que uno puede creer o no y la rudeza y elegancia de su enunciado oculta otra realidad que hemos preferido ocultar y disimular.  Nunca hemos sido una unidad de origen ni de destino; somos y siempre hemos sido un grupo enorme, hegemónico, no siempre el mismo, que le ha puesto las reglas a los demás habitantes; somos una abigarrada colección de grupos humanos que decidimos estar juntos a través de pactos fundamentales como el Estado laico, la República, la búsqueda de la igualdad y la convivencia de manifestaciones culturales; no somos un pueblo guerrero, a veces de rencores o de peleas sin sentido, largas como nuestras culpas, somos aficionados a la violencia criminal, pero eso no nos hace valientes. 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Una vez asentadas en nuestro proceso cognitivo terminan por determinar nuestro comportamiento, nuestros valores y nuestra manera de estar en el mundo. Merece la pena reflexionar acerca del tipo y calidad de metáforas solemos usar para explicarnos la existencia.  Si un buen amigo nos confiesa que, ante una situación, se siente “entre la espada y la pared”, de ningún modo pensaremos que literalmente una espada amenaza con clavarse en su pecho mientras su espalda roza con un muro infranqueable y sin embargo entendemos de inmediato que se encuentra en una disyuntiva apremiante, donde hay pocas alternativas de decisión.    Hemos entrado en el territorio de la metáfora, una figura retórica por medio de la cual se expresa una idea, una situación, un objeto o un concepto poniéndolo en relación de semejanza con otro que lo ilustre y se trata de un concepto indispensable si hablamos de la construcción de narrativas.  Esta manera de expresión implica un proceso cognitivo donde dos conceptos se ponen en relación de tal modo que uno de los términos explica al otro, pero nunca de maneta literal, sino en sentido figurado. Si ambos términos de una metáfora fueran idénticos, al grado de ser intercambiables en cualquier situación o circunstancia, estaríamos ante dos sinónimos.  Pensemos en una de las metáforas más conocidas e influyentes de nuestro mundo actual: “tiempo es dinero”. En términos abstractos el concepto de “tiempo” y el de “dinero” no tienen relación alguna. Si se toman de manera literal no hay forma de articular una idea donde ambos signifiquen lo mismo, sin embargo desde un sentido metafórico, y contextualizado de forma correcta, la relación es muy estrecha y resulta fácilmente comprensible para una persona de occidente educada en un contexto urbano.  En nuestra cultura el “tiempo” es entendido como un recurso limitado y valioso que, bien empleado, sirve para conseguir nuestras metas y generar riqueza; estas características conceptuales las comparte con el “dinero” y por ello, correctamente contextualizados, son términos susceptibles de fundirse en una metáfora.  Hasta ahí el anecdótico juego de lenguaje. El verdadero asunto está en que no solo se trata de construir comparaciones ingeniosas que faciliten la comprensión de conceptos, sino que se trata de un proceso cognitivo tan arraigado, de introyecciones tan profundas –y a tal grado inconscientes– que se confunden con realidades objetivas que terminan por determinar nuestro comportamiento, nuestros valores y nuestra manera de estar en el mundo. En el caso del ejemplo citado: “tiempo es dinero”, mucho más que una consigna perspicaz, puede convertirse en el dogma-motor de la propia vida para infinidad de personas, marcando la manera en que dicho individuo se vincula con el mundo, con los demás y consigo mismo.    Y podemos ir aún más allá: todo nuestro pensamiento está edificado a partir de metáforas. Al menos eso aseguran George Lakoff y Mark Johnson en su insustituible clásico, Methaphors we live by1, traducido al español como Metáforas de la vida cotidiana2 Para estos autores, el ser humano no solo construye metáforas mediante el lenguaje, sino que piensa mediante ellas y por ello resulta medular prestar atención en aquellas que conducen nuestros pensamientos y acciones.  Para Lakoff y Johnson erróneamente las metáforas suelen verse como herramientas del lenguaje, como un mero asunto de palabras, cuando en realidad sucede lo contrario: tanto nuestros conceptos como nuestras actividades están metafóricamente estructuradas y, por lo tanto, el lenguaje también está metafóricamente estructurado.  Las metáforas se vuelven conceptos que, lejos de quedarse en lo abstracto, crean una enorme intensidad emocional una vez que son internalizados como verdaderos. Y esos conceptos metafóricos que gobiernan nuestro pensamiento no son solo asuntos del intelecto, pues estructuran aquello que percibimos tanto del mundo como de la forma en que nos relacionamos con los demás. Por ello rigen nuestro funcionamiento cotidiano al nivel de los detalles más mundanos.  Si la mayor parte de quienes trabajan en la Bolsa de Valores piensan de verdad que “el mercado financiero es una jungla”, su manera de comportarse en ese ámbito determinará que así sea. Lo que Lakoff y Johnoson afirman es su texto no es que las metáforas describan una realidad preexistente, sino que a partir de configurar e internalizar el concepto “mercado financiero” como equivalente a una “jungla” es que éste se convierte en en una.  Literalmente no hay parecido alguno entre el “mercado financiero” y una “jungla”. Lo que hacemos es abstraer algunas características de la jungla –pasando por alto todas las demás– y retratamos con ellas al mercado financiero. La simplificación que queda tras retirar la complejidad real de ambos conceptos para utilizar solo unos cuantos de sus elementos suprime su esencia genuina. Por lo tanto una metáfora no retrata la realidad, sino una interpretación parcial de ella, aunque, desde luego, funcionan muy bien para reforzar la percepción que buscamos alimentar del concepto sujeto de la figura retórica.  Caracterizar a la Covid como un enemigo contra el que estamos en guerra o equiparar el debate con una pelea de box en la que hay que derrotar al oponente son comprensiones metafóricas que una vez internalizadas determinan la manera como encaramos las circunstancias de la vida.   Sin embargo es posible comprender que una metáfora (y en general el uso interpretativo del lenguaje) tiene límites en su efectividad y veracidad y que además son susceptibles de ser reinterpretados: aun cuando la conceptualización de un debate como una pelea de box es eficaz para cierto tipo de contienda verbal, nos hace concentrarnos excesivamente en la idea de competencia, nos obsesiona con la relación ganar-perder como eje conductor de la estrategia discursiva, dejando de lado la propósito real de un debate: la búsqueda de la verdad sin importar cuál de las partes esgrima un porcentaje mayor de ella.  Al encararlo exclusivamente desde la contienda, los participantes en un debate quedan imposibilitados para reconocer que dicho intercambio verbal también puede ser cooperativo, propositivo, enriquecedor, puede mostrar diferentes perspectivas de un problema y lo más inaudito de todo: un debate puede ser un extraordinario vehículo para cambiar de opinión, para dejarse tocar por las ideas del otro, para reconocer que hay argumentos mejores que los propios o que nuestra percepción estaba sesgada o incompleta, pero nada de esto ocurrirá mientras el centro de la metáfora con que lo conceptualizamos sea la lucha en vez del intercambio.  Continuemos con este ejemplo. Técnicamente un debate consiste en confrontar dos posturas distintas –una tesis y una antítesis– con el propósito de encontrar la verdad –la síntesis–. Pero si pensamos en un debate entre candidatos a la presidencia y los contendientes asumieran, en vez de esa postura beligerante y descalificadora, una de cooperación, diálogo e intercambio que los llevara a conciliar sus ideas y alcanzar un acuerdo o cuando menos reconocer la validez de la postura ajena, el primer desilusionado sería el público votante. Y esto ocurre porque tenemos profundamente internalizada la idea de que un debate es una contienda donde para que uno gane, el otro tiene que perder, uno tiene que tener razón y el otro estar equivocado. A partir de la metáfora –un debate es una batalla– se ha caracterizado el concepto. Aún cuando este tipo de “contiendas” suelen ser muy atractivas para el público, es muy poco lo que dejan en la práctica en términos de ideas y soluciones.   Las metáforas no contienen en sí mismas significados independientemente de los contextos en que se usan y los hablantes que se identifican con ellas. Por eso no son auténticas herramientas para entender la realidad, sino tan solo una posible interpretación de ella.  Si, por ejemplo, dentro de una pareja, uno de los miembros visualiza internamente el matrimonio como “dos viajeros que comparten una gran aventura”, mientras el otro ha internalizado el compromiso como “una camisa de fuerza que limita su libertad”, aun cuando nunca verbalicen sus convicciones internas, podemos estar seguros de que, independientemente de las condiciones y contextos externos, los problemas y desacuerdos no tardarán en llegar. Ambos individuos relacionan el concepto “pareja” con metáforas muy distintas y por ende sus comprensiones de lo que puede y debe esperarse de una relación sentimental serán muy distintas.  Es por eso que la conceptualización metafórica importa, y mucho, para construir los relatos con que nos explicamos el mundo y nuestra relación con los otros y con nostros mismos. Por su conducto llegamos a inferencias, sacamos conclusiones y concretamos comportamientos. Puesto que razonamos en términos metafóricos, las metáforas que usamos –aun sin ser conscientes de ellas– determinan en gran medida cómo vivimos nuestra vida. Y a ti, ¿qué metáforas te mueven? Si tuvieras que responder con dos o tres palabras o con un refrán popular, cómo completarías las siguientes frases: La vida es…  El amor es… El dinero es… El trabajo es… La gente es…   Las metáforas e imágenes verbales que hayas utilizado hablan mucho de tu manera de entender el mundo y tu propia existencia. Ahora sigue el preguntarse cómo esas convicciones llegaron ahí, y en caso de no gustarte, ¿cómo cambiar esas metáforas por otras más satisfactorias? La semana siguiente continuamos.    Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook: Juan Carlos Aldir   1 Lakoff, George, Methaphors we live by, Estados Unidos, The University of Chicago Press, 2003, Págs. 276 2 Lakoff George y Johnson Mark, Metáforas de la vida cotidiana, Tercera Edición, España, Cátedra, 2018, Págs. 303 LEE: Liderazgo y el carácter global de la civilización humana / por Juan Carlos Aldir | Ruiz-Healy Times (ruizhealytimes.com)" ["post_title"]=> string(51) "La Metáfora como materia prima de nuestros relatos" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(50) "la-metafora-como-materia-prima-de-nuestros-relatos" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-07-16 07:17:45" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-07-16 12:17:45" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=68118" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } } ["post_count"]=> int(2) ["current_post"]=> int(-1) ["in_the_loop"]=> bool(false) ["post"]=> object(WP_Post)#17849 (24) { ["ID"]=> int(67717) ["post_author"]=> string(2) "73" ["post_date"]=> string(19) "2021-07-06 07:58:55" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2021-07-06 12:58:55" ["post_content"]=> string(5793) "Hubo un hombre que tuvo un sueño en el que se le revelaba una fuente donde, en su profundidad, había oculto un tesoro inimaginable; al despertar el obsesionado soñador salió al camino en cuanto despertó, buscaba el pozo para hallar el tesoro; recorrió el mundo, abandonó a sus hijos que crecieron sin padre, arriesgó su vida y luego de muchos años, volvió cubierto de las amargas memorias del fracaso, había visitado todo el mundo conocido, violentado hogares y tratado por todos los medios de encontrar su fortuna; cuando volvió, al cruzar el umbral de su casa, ya abandonada y casi derruida, cayó de rodillas, sus ojos bañados en lágrimas habían descubierto el pozo de sus sueños y en efecto, en el fondo estaba el tesoro que lo había llevado a andar el mundo. Esta historia, narrada en una de las Mil y una noches, tiene muchas lecturas, no todas gratas; pero ahora que muchos pensamos en la manera como habremos de reconstruirnos después de la debacle que hemos vivido, que nos reinventamos y cambiamos nuestras maneras de hacer las cosas, de intentar nuevos caminos, me encuentro con uno de esos tesoros que vemos morir de inanición frente a nuestras narices. En la zona de Tehuacán está Zapotitlán Salinas, un rincón que ha producido sal por dos mil años, su fama hizo en alguna época que Moctezuma visitara el área para conocer el proceso; sus panecillos de sal, oro blanco, fue moneda de cambio en el trueque y resistieron cambios y transformaciones hasta que la sal refinada, industrial, hizo casi inviable su sobrevivencia. Sin embargo, ahí siguen, tirando, apostando la vida y la tradición para lograr un magro salario -valga el juego de palabras-, así es como nos devanamos los sesos buscando el tesoro sobre el que estamos sentados. Juan Diego Hernández Cortés, es un artesano de la sal, un hombre que conoce y ama el producto del que han vivido su familia y sus antepasados por generaciones; es, sin ánimo ni exageración bíblica, la sal del mundo. Se ha propuesto, con necedad irredenta que y esta manera de hacer las cosas pueda seguir y crecer; busca crear una marca colectiva avanza con quienes creen en él y su proyecto, con quienes nunca lo hemos visto en persona pero sabemos que existe y lo que hace. A finales del siglo XIX, los liberales, como los que escribieron el Himno Nacional con aquello de retiemble en sus centros la tierra, se dieron a la tarea de crear el imaginario nacional, nuestra mitología; ya se sabe, las leyendas de los héroes de la independencia, El Pípila y aquello de que “los valientes no asesinan”; ellos nos hicieron creer, conforme a la tradición de su tiempo, que la gloria correspondía a las naciones que habían surgido a la vida como Italia y Alemania, que se habían afianzado como Francia y España generando el proyecto del Estado Nación, un Estado, una Nación, una religión, un idioma, como signos de identidad una unidad de origen y destino; como parte de esa mitología nos hicieron creer que éramos un pueblo guerrero y en ello fincaron nuestro honor; pero el mito es solo uno más que uno puede creer o no y la rudeza y elegancia de su enunciado oculta otra realidad que hemos preferido ocultar y disimular.  Nunca hemos sido una unidad de origen ni de destino; somos y siempre hemos sido un grupo enorme, hegemónico, no siempre el mismo, que le ha puesto las reglas a los demás habitantes; somos una abigarrada colección de grupos humanos que decidimos estar juntos a través de pactos fundamentales como el Estado laico, la República, la búsqueda de la igualdad y la convivencia de manifestaciones culturales; no somos un pueblo guerrero, a veces de rencores o de peleas sin sentido, largas como nuestras culpas, somos aficionados a la violencia criminal, pero eso no nos hace valientes. Somos, eso sí, el pueblo que ha hecho de la resistencia y la persistencia un arte. Sabemos que el que resiste triunfa, el que no se mete en problemas que no requiere y que en silencio, sigue haciendo su actividad con fe irredenta, a despecho hasta de las autoridades; los que nos levantamos de los terremotos aunque sepamos que las autoridades ya se birlaron las colectas de apoyo, los que hacemos cultura porque nos da la gana aunque tengamos que pasar la vergüenza de ver nuestras tradiciones caricaturizadas por Disney y que luego nos digan que eso es el progreso y la inversión y no las muñecas de trapo que no quieren convivir con una Barbie disfrazada de deportista y ejecutiva embarazada, siempre rubia y bien peinada, o afro pero con rasgos que la hacen socialmente aceptable. Lo que somos es la Nación que aprendió a resistir para seguir existiendo. Si no es casual que los salineros de Zapotitlán emprendan campañas de buena voluntad con los restauranteros de Puebla, los blogueros y youtubers que les hacen el juego con la misma esperanza. Esto es una razón de cultura porque cultiva la identidad que es el mayor de sus frutos. En fin, como ya no tenemos nada que esperar de la Secretaría de Cultura y vamos a tener que esperar, como siempre, a que llegue una nueva a ver si algo se les ocurre; lo que podemos hacer es hurgar en nuestro jardín, en el arcón de nuestros recuerdos y como la sal de Zapotitlán, hacernos de un mañana a partir de las añejas y antiguas raíces de nuestra cultura. @cesarbc70" ["post_title"]=> string(26) "Las salinas de Zapotitlán" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(25) "las-salinas-de-zapotitlan" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-07-06 07:58:55" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-07-06 12:58:55" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=67717" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } ["comment_count"]=> int(0) ["current_comment"]=> int(-1) ["found_posts"]=> int(15) ["max_num_pages"]=> float(8) ["max_num_comment_pages"]=> int(0) ["is_single"]=> bool(false) ["is_preview"]=> bool(false) ["is_page"]=> bool(false) ["is_archive"]=> bool(true) ["is_date"]=> bool(false) ["is_year"]=> bool(false) ["is_month"]=> bool(false) ["is_day"]=> bool(false) ["is_time"]=> bool(false) ["is_author"]=> bool(false) ["is_category"]=> bool(true) ["is_tag"]=> bool(false) ["is_tax"]=> bool(false) ["is_search"]=> bool(false) ["is_feed"]=> bool(false) ["is_comment_feed"]=> bool(false) ["is_trackback"]=> bool(false) ["is_home"]=> bool(false) ["is_privacy_policy"]=> bool(false) ["is_404"]=> bool(false) ["is_embed"]=> bool(false) ["is_paged"]=> bool(false) ["is_admin"]=> bool(false) ["is_attachment"]=> bool(false) ["is_singular"]=> bool(false) ["is_robots"]=> bool(false) ["is_favicon"]=> bool(false) ["is_posts_page"]=> bool(false) ["is_post_type_archive"]=> bool(false) ["query_vars_hash":"WP_Query":private]=> string(32) "74347265c88b5bb056a226a5a40440cb" ["query_vars_changed":"WP_Query":private]=> bool(false) ["thumbnails_cached"]=> bool(false) ["stopwords":"WP_Query":private]=> NULL ["compat_fields":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(15) "query_vars_hash" [1]=> string(18) "query_vars_changed" } ["compat_methods":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(16) "init_query_flags" [1]=> string(15) "parse_tax_query" } }

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