El salvaje, de Guillermo Arriaga, es una obra ambiciosa, retadora y por momentos excesiva. En ella se combina la fábula mítica y la atmósfera urbana y violenta, a través de las cuales se explora la venganza y la lucha entre el instinto y la reflexión.
Con independencia de su sólida trayectoria como guionista (Amores perros, 21 Gramos, Un dulce olor a muerte) la carrera de Guillermo Arriaga como novelista me resulta cada vez más interesante por el desarrollo de una poderosa voz literaria y sus temáticas densas pero profundamente humanas. Para muestra El salvaje, de 2016.
La novela avanza por dos vías independientes, aunque quizá convendría más decir que paralelas, pues en ambas la el deseo de supervivencia es el hilo conductor.
Por un lado tenemos, en la ciudad de México de los años setenta, a Juan Guillermo. Se trata de un adolescente que vive en la Unidad Modelo y que es tocado por la tragedia múltiple. A su hermano mayor, Carlos, lo asesina un grupo de fanáticos religiosos. Poco después, sus padres y su abuela mueren también, con lo cual queda en la soledad más absoluta. A partir de ahí Arriaga desarrolla su proceso de duelo, su deseo de venganza y la convivencia con un lobo llamado Colmillo que vive en la azotea de su casa.
En el relato se intercalan episodios diversos que explican la vida de Juan, desde su primera experiencia sexual, la educación recibida, su relación con el tráfico de drogas en la Ciudad de México y su amor por la exnovia de su hermano. A través de estos episodios contemplamos la lucha del individuo determinado a seguir adelante frente a un mundo hostil que busca impedírselo.
En el otro eje narrativo tenemos a Amaruq, quien, a miles de kilómetros, persigue obsesivamente a un lobo gris a través de los bosques gélidos del norte de Canadá. Se trata de una lucha de resistencia pero también de supervivencia, el retorno al estado primitivo donde no se necesita la moral, sino el deseo inquebrantable de seguir vivo. Esta historia puede interpretare como una especie de fábula existencial, donde la fijación por dar caza al lobo funciona como espejo en el cual observar su propia condición de ente salvaje, tanto o más que el propio lobo.
El estilo literario es directo e incluso crudo, que busca mostrar la una realidad áspera y que exhibe sin edulcorar. La ambición temática, estilística y narrativa de la obra es inmensa y quizá su punto débil esté cruzar la frontera la frontera del exceso. Se trata de una novela de casi 700 páginas que algunas veces adolece de sobreexplicación y redundancia que hace que algunos pasajes resulten cansados.
En cualquier caso, se trata de una novela intensa y potente que no da respiro al lector y que muestra el talento y la fuerza de un autor de gran nivel que no teme abordar de manera frontal los temas más inquietantes para tratarlos de manera directa y disfraces.
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(1) Arriaga, Guillermo, El Salvaje, Primera Edición-Quinta Reimpresión, México, Alfaguara-Penguin Random House, 2020, Pág. 272
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