¡El Regreso del Cácaro!

“Honraré la Navidad en mi corazón y procuraré conservarla durante todo el año” – Charles Dickens / Escritor Británico “Honraré la Navidad en mi corazón y procuraré conservarla durante todo el año” – Charles Dickens / Escritor...

19 de diciembre, 2017 arthur-christmas

“Honraré la Navidad en mi corazón y procuraré conservarla durante todo el año” – Charles Dickens / Escritor Británico

“Honraré la Navidad en mi corazón y procuraré conservarla durante todo el año” – Charles Dickens / Escritor Británico

He de admitir que soy una nostálgica de esos tiempos en los que la Navidad era lo más parecido a una esfera de nieve (de esas que al ponerlas de cabeza hacen llover nieve sobre una bonita escena invernal) con un toque mágico especial no sólo por los regalos y la llegada de Santa Claus, sino porque el ambiente se tornaba en calma e íntimo con olor a ponche, pino y bacalao con tintes rojos, verdes, blancos y dorados. No es que ahora todos esos elementos ya no existan, sino que el estrés y el consumismo extremo nos motiva más a las compras de pánico y a sufrir el tráfico infernal que hace imposible llegar a cualquier punto de la ciudad a tiempo porque todos necesitan trasladarse a algún lugar.

De aquéllos tiempos en los que la máxima diversión era mirar películas navideñas en la televisión, nació mi gusto por las historias con espíritu de Navidad y aunque año con año el espíritu se diluye más y más en la globalización, siempre se asoma un buen filme para recordar que la Nochebuena y la Navidad son más que un pretexto para dar un regalo, un abrazo o reunirse en familia y que si bien, todos somos Grinch (personaje de ficción antinavideño creado por el Dr. Seuss) de clóset, también es cierto que es una época de total introspección para renovar nuestros votos de fe y esperanza por la vida misma.

No hablaré aquí de los filmes tradicionales como Los Fantasmas de Scrooge, Mi Pobre Angelito, Milagro en la Calle 34, El Grinch o Santa Claúsula sino de un largometraje de animación en 3D que nos cuenta la avanzada tecnología que Santa Claus utiliza para entregar a cada niño sus regalos alrededor del mundo en una sola noche, se trata de Arthur Christmas, Operación Regalo (Reino Unido, Estados Unidos, 2011) y a pesar de haber recibido buenas críticas, no rompió récord en taquilla pero nos devuelve la fe a través del héroe que salva la Navidad: Arthur, el hijo más pequeño del señor Claus quien descubre que en la gran operación de reparto de regalos se pierde uno entre los cientos de millones de presentes y es entonces que se embarca en una divertida misión a contrarreloj.

Este es uno de los pocos casos en el cine que la historia y su contexto son tan sólo un pretexto para traer a valor presente emociones como el amor, la ilusión y particularmente: la felicidad, dejando atrás la anquilosada figura del Santa Claus con larga barba blanca y proponiendo un espíritu joven, con fe renovada y pasión por lo que hace (Arthur), por ello es que al final de la historia, nos cuentan lo que hace cada uno de los personajes principales un año después y sin excepción, en todos resalta la frase: es feliz o son felices porque de eso se trata no sólo la Navidad sino la vida misma, de alcanzar ese momento de felicidad absoluta que nada tiene que ver con lo que obtenemos desde el exterior sino que existe en lo que hacemos y que nos brinda bienestar, prosperidad y por añadidura nos hace felices pero también nos recuerda que a través del amor es que somos capaces de dar forma a nuestros sueños y no me refiero al amor romántico sino a ese sentimiento que nos hace sentirnos valiosos y dignos de lo mejor en la vida y que nos impulsa a dar lo mejor de nosotros mismos en cada cosa que hacemos y que damos con amor a los demás.

La forma de celebrar la Navidad que tengo en mis recuerdos se trata de una postal que contiene fotografías en las que el amor transpiraba por todas partes, no recuerdo que hubiera regalos en exceso ni que al pie del árbol Santa Claus dejara media docena de juguetes, mucho menos que en lugar de recibir una sonrisa en la calle hubiera caras estresadas o que las tiendas se volvieran tierra campal por alcanzar las mejores ofertas de fin de temporada. La época navideña era mágica por tratarse de un instante irrepetible que iniciaba con la primera posada y terminaba con la llegada de los Reyes Magos, que tenía su momento y no empezaba pasado el grito de Independencia. De eso y más es posible reflexionar con la propuesta que los creadores de Arthur Christmas nos muestran en la pantalla; después de todo, de eso se trata la magia del cine: trasladarnos a mundos que nos hacen soñar y creer que todo es posible si tenemos la claridad suficiente para atrevernos a mirar con una perspectiva diferente o como dirían por ahí “mirar más allá de lo que es visible para los ojos”.

Les comparto el tema final de la película ¡Una verdadera joya!

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Comentarios
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Lo único que no puedo recordar de mi primera visita a la Capilla es el día de la semana en que ocurrió; solo puedo conjeturar que no pudo ser el martes porque fue en la mañana y ese día es en el que se reúne el taller. Fue poco antes del verano de 1988, la primera vez que me atreví a entrar en la Capilla. Aún hoy, después de tantos años, no puedo olvidar el golpe que representó aquella visita, como si la vida hubiera reservado para mí un espacio de maravilla. Aquella vez no estaba Alicia, lo sé no porque preguntara por ella, sino porque recorrí toda la Capilla y no la vi por ninguna parte; la siguiente vez que acudí, y otras más, la saludé con un tímido “Buenos días”, lanzado hasta el escritorio en que ella estaba, ese escritorio que aún está ahí, que luego supe había utilizado don Alfonso y que hoy corresponde, con toda dignidad a Javier Garciadiego. 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Me ofreció una visita guiada a la Capilla y al final, casi para despedirme, me aventuré a decirle que escribía poesía. Me pidió que seleccionara dos de mis mejores trabajos y que si quería me presentara, con seis copias de cada uno, a su taller de creación literaria. Ese momento fue uno de los que nos cambian la vida. Alicia Reyes resultó ser la mejor maestra que se pudiera desear: dulce y comprensiva, atenta y solidaria, pero implacable en sus juicios literarios. Seleccionaba a sus alumnos tratando de ver en ellos al escritor que aspiraban a ser; los forzaba a encontrar su voz y cuando lo juzgaba pertinente los ayudaba a encontrar espacios para que vieran su trabajo publicado. Su didáctica no se basaba en su propia obra sino en la de Alfonso Reyes. Obligaba a trabajar los textos una y mil veces, yo veía desmoronarse mis poemas hasta quedar en los cinco o diez versos en los que ella había descubierto el poema oculto en la hojarasca; poco después, invité a participar en el taller a Pablo Raphael, que muchos años más tarde hizo de la Capilla escenario de una parte de su novela Clipperton, y a David Grinberg, ambos amigos y compañeros de vida; en el ejercicio del taller conocí a Pável Granados  y a Alejandro Malo. Así llegó el día en el que Alicia me ordenó que me quedara unos minutos después del taller y me pidió que eligiera dos poemas para publicar, uno para Periódico de Poesía y otro para Papel de Literatura que entonces publicaba la Coordinación de Literatura de Bellas Artes. Los poemas se publicaron y es algo que aún no termino de agradecerle.  Nunca pude separarme de la Capilla, ha estado en el centro de mi vida desde aquellos días en que, como decía don Alfonso, “nos salvamos o nos condenamos y de los que llevamos siempre lágrimas en los ojos”, por eso nunca he dejado de ser un orgulloso discípulo de Alicia Reyes, ni ella jamás dejó de presentarme como su alumno. Un día tuve que dar el paso que muchos no se permiten: abandonar el taller, que es tanto como cortarse el cordón umbilical. Pero aun así era parte del taller, parte de la Capilla; nuevas voces se formaron desde entonces, entre ellos Arturo Sodoma, Isaías Espinoza, María Elena Maldonado y Gabriela Puente, entre muchos otros. De nuevo un verano, el de 1996, Alicia me llamó por teléfono y me ordenó que me presentara en la Capilla a la mañana siguiente: tenía algo para mí. En efecto, era una tarjeta de visita con una recomendación de mi trabajo para que se la llevara a Emmanuel Carballo. 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UNA INOLVIDABLE BENDICIÓN

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