Amín Biyik Vudú gobernó su pequeño país enclavado en medio de África con mano de hierro y sin piedad. Luego de cortar los lazos como colonia de su Metrópoli europea, San Marino, bajo su caudillaje y a fuerza de miles de vidas perdidas a sangre, golpes y fuego, se hizo del control del ejército y ya luego de un poder absoluto.
Desde 1955 hasta 1991, año en que fue derrocado, vivió por mucho tiempo en un exilio dorado en Australia, aunque él siempre expresó sus deseos de volver a su patria y morir ahí; sin embargo, pesaban sobre él varios procesos judiciales por desapariciones forzadas, terrorismo, tortura, asesinatos, desvíos millonarios de recursos e incluso genocidio. Es obvio que le era imposible el ansiado retorno.
En 2001 llegó a ese minúsculo y sufrido país mediante las urnas el primer Presidente civil y democráticamente electo de toda su Historia, un jovial líder formado en universidades de Inglaterra y América. Llegaban, pues, vientos idealistas, renovadores, innovadores y reformistas al gobierno.
A sus 116 años, Amín Buyil gozaba de perfecta salud y se mantenía lúcido. El nuevo y joven presidente civil, Kalusha Mubarak, investigó a fondo los posibles motivos de su sorprendente salud y longevidad. La respuesta era solo una: ya fuese por ambición, admiración y/o miedo, gente del medio rural bajaba hasta la capital para curar sus males. Por medio de sus mezclas de raíces, hierbas y elixires para prevenir enfermedades, lo dotaron de una vitalidad que lo había acompañado siempre.
El también General degradado del Ejército nacional conocía la cura para muchos males, así como las recetas para evitar otros tantos, y en un país con tanto sufrimiento, pobreza y bajísimo desarrollo y por ende, esperanza de vida, sus conocimientos bien valían un indulto oficial y así permitir el tan ansiado retorno al terruño.
Así pues, el flamante presidente Kalusha Mubarak instruyó a su Ministro de salud e higiene a sostener reuniones periódicas con el sátrapa exiliado con miras a obtener toda la información posible: nombres de las hierbas, origen (se las llevaban, no sólo del interior de su país sino también prácticamente, desde todo el continente) y la utilidad práctica que todas y cada una representaba.
Para el año 2012, nueve después del fallecimiento por causas naturales del centenario dictador, el país contaba ya con un Instituto nacional de medicina natural africana, mismo que a escasos años de su inauguración ha logrado incrementar incluso los años de esperanza de vida en ese lastimado país, haciéndole ahorrar también a su Hacienda pública un porcentaje nada desdeñable de recursos financieros, los que como consecuencia se han liberado para otros fines, luego de disminuir las multimillonarias compras de medicamentos a las empresas del ramo de la salud (laboratorios multinacionales).
Hoy, la Historia consigna de forma menos severa y mucho más paradójica al dictador desalmado, habiendo casos incluso en los que, por un lado, familiares de personas a las que los conocimientos que transmitió lograron salvar la vida de un individuo; el mismo personaje fue el responsable directo de la muerte violenta de alguno de sus abuelos, padres o hermanos.
Escribir y leer para ser | Colaboración de María del Carmen Maqueo
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