Campaña...
ruizhealytimes_t_0

El disfraz de las palabras

En esta época que nos ha tocado vivir hemos aprendido, con más intensidad que en generaciones pasadas a convivir con el miedo. Aquella sensación ocasional que nos prevenía de los peligros se ha vuelto una forma permanente...

16 de febrero, 2021

En esta época que nos ha tocado vivir hemos aprendido, con más intensidad que en generaciones pasadas a convivir con el miedo. Aquella sensación ocasional que nos prevenía de los peligros se ha vuelto una forma permanente de afrontar la realidad. Tememos un atentado, una variación económica, un berrinche del vecino del norte, incluso que algo mal dicho, alguna actitud antes inocua, despierte la ira de este semidiós descontento y voluble que llamamos las redes sociales. En estos casos me acuerdo de una vieja frase de Benjamín Franklin que decía que alguien que apuesta su libertad a cambio de su seguridad hace un mal negocio porque termina perdiendo ambas. 

Alarma, sobre todo, el miedo que hemos aprendido a tener a las palabras. Hace unos meses, don Arturo Pérez-Reverte publicó un par de tuits donde ironizaba respecto de la sobrepoblación de novelas en torno al tema del Holocausto. Se dolía de que no podía escribir nada nuevo porque todos los nombres de novela relacionados con Auschwitz (el músico, el actor, el sastre, la actriz, todos de Auschwitz, Mautthausen y Treblinka) estaban ocupados. De ningún modo hacía escarnio de las víctimas, ni siquiera se refería al hecho histórico que cualquiera que haya leído algo suyo, sabe que ha denunciado, acusado y rememorado con inteligencia y energía; pero sí señalaba con ironía de un cierto abuso que puede poner en peligro la calidad del diálogo comercializando lo que no debería ser una moda. El Museo del Holocausto y una bandada de anónimos dieron cuenta de su twitter acusándolo y atacándolo por lo dicho y todo se zanjó con una nota del Museo y la respuesta del escritor. El hecho está así, estamos construyendo un lenguaje destinado a ser superficial, inocuo, en el que ya nada se pueda señalar y, a fuerza de hacerlo leve y ligero, lo vamos vaciando de contenidos para decir sin decir porque tenemos miedo de consecuencias que no tendríamos por qué asumir y de respuestas desproporcionadas. Esto me asusta, desde luego.

Durante la época del Holocausto, los nazis inventaron un lenguaje eufemístico para que todas sus barbaridades parecieran socialmente aceptables. Los campos de exterminio se llamaron “Campos de trabajo”, al genocidio se le denominó “Solución final”, al asesinato, “Trato especial”, y a la desaparición, “Paradero desconocido”; incluso, exterminar el nombre de los internos y cambiarlo por el número que constaba el tatuaje es el más diabólico de los eufemismos. Por eso, tratar de quitarle el filo a las palabras es tan peligroso: dejan de ser herramientas de mano para convertirse en bombas cuyo mecanismo de detonación es muy difícil de determinar.

No se puede forzar a una población a establecer modificaciones a un lenguaje. Éste evoluciona solo, por sí mismo, cambia y se modifica a un paso lento, aun contra los hablantes que no gustan de sus modificaciones; por ejemplo, utilizar el verbo “ocupar” como sinónimo de “necesitar” es una incorrección que está de moda en nuestros días, posiblemente derivado de un uso regional que se ha extendido. El hecho es que si ese error se generaliza, en unos años se considerará un uso apropiado y la Academia de la Lengua lo dará por bueno, incluyéndolo en el diccionario, por eso mismo la Academia no puede “prohibir”, primero porque no tiene mecanismos coercitivos —lo cual sería ridículo— y, segundo, porque no es su tarea, la Academia no guía el cambio de la lengua, lo estudia y lo registra.

Si pudiéramos ir despejando nuestros miedos, comenzando por las palabras, podríamos volver al equilibrio que radica en las actitudes y en las conductas, en nuestra capacidad de diálogo para aceptar a los demás con sus defectos y sus virtudes, con sus ideas que no nos gustan, pero que pueden enriquecernos, con su presencia en el mundo que podemos no entender, pero que, sin duda, hacen más deliciosa la vida; en fin, que dejemos de temer por la forma en que decimos, con humor o sin él, pero que no perdamos nunca de vista que lo que no podemos hacer es usar palabras lindas para sostener sistemas de explotación patriarcal, exclusión racial, étnica o económica; que lo que no podemos hacer es envolver nuestro odio, nuestro veneno en lindas envolturas ni dejar de decir lo que pensamos porque viene empacado en palabras que tienen filos, aromas y texturas que no a todos nos agradan.

@cesarbc70

 

author avatar
César Benedicto Callejas
César Benedicto Callejas. Licenciado en Derecho, por la Universidad Iberoamericana, Doctor en Derecho por la UNAM. Título de Especialista en Argumentación Jurídica por la Universidad de Alicante, España. Miembro del Taller de creación literaria de la Capilla Alfonsina. INBA. Ha desarrollado cargos de asesoría y consultoría en el gobierno federal, la Facultad de Derecho y la Oficina del Abogado General de la UNAM, el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Académico en diversas instituciones nacionales y extranjeras por más de veinte años. Conferencista en México otros países. Ha dirigido y producido el blog literario “Cisterna de Sol” por más de diez años. Autor de los libros: “Argumentación Jurídica en la formación y aplicación de Talmud”, “Siete ensayos de interpretación sobre la utopía latinoamericana”, “Cisterna de sol” y “Los minutos de Ulises”; se encuentran en preparación para próxima publicación: “Digno es el cordero”, novela negra, “La niña que esperó al rey de Inglaterra”, ensayos biográficos y “Los frutos del desastre”, novela futurista sobre las consecuencias de la pandemia en México. Colaborador de Ruiz-Healy Times y Excésior.
ruizhealytimes_h_0
ruizhealytimes_h_1
Two Blythe dolls with oversized eyes: a blonde in blue holding a bouquet of flowers, next to a dark-haired doll in red, with a cat peeking between them.

Los ojos que aprendieron a mirarse

Hay personas que pasan gran parte de su vida intentando demostrar algo que siempre fue verdad. Margaret Keane fue una de ellas....

julio 27, 2026
Close-up of a fountain pen nib writing on lined notebook paper, casting a shadow as cursive text is formed beneath it.

Por la alegría de vivir

Cada vez que llego a visitarla y me detecta en su campo visual, en su rostro aparece una gran sonrisa.

julio 14, 2026
ruizhealytimes_h_2
Más de categoría
Split image: the book cover for 'Las cosas como son y otras fantasías' by Pau Luque, featuring two people wearing animal masks in a turquoise room, with text and a small publisher logo; right side shows a man in a blue shirt against a colorful tiled wall.

La capacidad de agencia de Dolores Haze

Sin perder su condición de víctima, y consciente de que está presa en un contexto del que no puede...

agosto 7, 2026
Jirón de niebla: el silencio también cuenta historias

Jirón de niebla: el silencio también cuenta historias

La mayoría de las películas terminan cuando aparecen los créditos. Otras comienzan justamente cuando desaparecen. Jirón de niebla, la...

agosto 3, 2026
A man and a woman lie in bed, facing each other; the woman holds a bottle between them in a quiet, intimate moment.

Humanidad en Lolita

Lolita , de Vladimir Nabokov, sigue siendo un hito de la literatura porque, sin justificar los hechos narrados, nos...

julio 31, 2026
Teatro “Todos los puentes se parecen”

Teatro “Todos los puentes se parecen”

Entrevista de Claudia Blix con el elenco de “Todos los puentes se parecen”.

julio 31, 2026