El ataque contra Salman Rushdie es un ataque a la humanidad

El atentado contra Salman Rushdie también es un ataque contra la libertad de expresión, uno de los pilares fundamentales de la Democracia.

17 de agosto, 2022 El ataque contra Salman Rushdie es un ataque a la humanidad

El pasado viernes 12 de agosto,  el escritor Salman Rushdie fue atacado por un hombre en un evento que estaba llevándose a cabo en Nueva York.  Al leer y escribir sobre esto, incluso uno siente una especie de golpe en el estómago. 

Lo que inicialmente es una noticia terrible (y lo es), tiene implicaciones más profundas si se analiza con mayor profundidad. Mientras que los motivos del ataque aún no han sido establecidos, es muy probable que tenga que ver con su obra Los versos satánicos, publicada en 1988. Es decir, lo que ocurrió en Nueva York puede expresarse como sigue: 

Salman Rushdie fue atacado (con claras intenciones homicidas) por haber escrito un libro. Cuesta trabajo leerlo, mucho más creerlo, ¿no es así?

En esta época, cualquiera de nosotros puede poner en riesgo su vida al escribir un libro. O por escribir un tuit “ofensivo” (y uso las comillas, porque en esta época lo que resulta “ofensivo” se puede reducir a cualquier cosa que lastime los sentimientos de alguien). O simplemente por expresar una opinión, sin importar lo bien o mal que esté fundamentada. 

En el caso de Salman Rushdie, todo inició cuando el ayatolá Ruhollah Khomeini, describió Los versos satánicos como un insulto al Islam y al profeta Mahoma. Por esta razón, en 1989, emitió un decreto religioso (o fatua), en el que pedía la muerte de Salman Rushdie. Esto obligó al escritor a vivir en el exilio. Muchas personas relacionadas con la publicación y traducción de la obra fueron asesinadas por esta razón. La saga de los seguidores del Islam contra el escritor continuó durante décadas, con la terrible culminación de lo ocurrido la semana pasada. 

A raíz de estos hechos, merece la pena preguntarse, ¿de verdad escribir un libro que resulta «ofensivo» justifica ser objeto de un ataque mortal? ¿Expresar nuestras ideas en una obra nos debe poner en peligro si alguien resulta “ofendido”? ¿En verdad estamos listos, como sociedad, para sacrificar la libertad de expresión con tal de “resguardar” los sentimientos de ciertos grupos?

Esta situación que vivimos actualmente tiene muchos defensores en todo el espectro político y, peligrosamente, parece ganar más adeptos cada día; sin embargo, es algo muy peligroso responder a las “ofensas” con violencia. La lógica que muchos grupos siguen hoy es esta: “has ofendido mi religión/creencia política/identidad al realizar este acto, por tanto, es justificable (e incluso deseable) matarte”. Cualquier persona o grupo que se vea “ofendido” por la cosa más nimia, como un comentario u opinión en redes sociales, sentirá que tiene permiso de atacar a otro ser humano de la manera más violenta. Esta lógica fue lo que motivó el ataque a la revista Charlie Hebdo en 2015. Y el viernes pasado, el mismo razonamiento mostró su horrible cabeza con el ataque a Salman Rushdie. 

El derecho a la libre expresión no es algo que haya caído del cielo ni algo que siempre esté seguro, como la historia nos lo demuestra. Es algo por lo que la humanidad ha luchado durante siglos y, hoy más que nunca, está en riesgo. Diversos factores han contribuido a ello, como el creciente conformismo de la sociedad (exacerbado por un aumento en la existencia de los gobiernos paternalistas) y la fanatización de ciertos grupos. No hay que olvidar que otros grupos también han emprendido una guerra contra aquellos que consideran “herejes”. Por ejemplo, la escritora J.K. Rowling ha sido una crítica tenaz del movimiento trans más hardcore y, por ello, ha recibido constantes amenazas de muerte por sus opiniones.

Es verdad, en todos los campos del quehacer humano hay ideas dañinas, que deben ser aborrecidas; sin embargo, también hay ideas que no lo son, y que debemos aprender a convivir con ellas incluso si no las compartimos. En ningún caso se justifica recurrir a la violencia para acallar una idea o una opinión. 

Está bien no estar de acuerdo con Rushdie o Rowling. Está bien no ser admiradores de la obra de dichos autores. Sin embargo, si hay algo en sus ideas que deba ser rebatido, la única arma que debe utilizarse es la de las ideas mismas, la de la razón y la discusión. Así es como la humanidad ha avanzado durante siglos, gracias al hecho de que todos debemos tener el derecho a disentir. Sólo con discusión, la humanidad crece; cuando se callan las ideas con las que no comulgamos a través de la fuerza más bárbara, la humanidad pierde. Por ello, es nuestro deber defender el derecho que todos tenemos a expresarnos, especialmente cuando haya ideas que nos parezcan contrarias a nuestro sistema de creencias y valores. 

Esta vez, fue Salman Rushdie, pero, de seguir esta tendencia, mañana puedes ser tú, tus amigos o tu familia. La libertad de expresión está en peligro y es deber de todos, no sólo de los escritores, artistas y políticos, defenderla. 

Por estas razones, el ataque que sufrió Salman Rushdie es un ataque a la humanidad misma. 

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Conocer los usos y costumbres de distintas regiones, como se presenta en el cuento “La locura de Chabela” de María Esther Ortuño de Aguiñaga, escritora y promotora cultural quien desarrolló su obra en San Luis Potosí, destacando sus investigaciones sobre la llamada “Muerte Niña”, o fotografía post-mortem de niños pequeños, propia de mediados del siglo diecinueve e inicios del veinte. En éste, uno de sus cincuenta cuentos más conocidos, la autora lleva al absurdo condiciones de la vida real, en una crítica social que, como lectores, nos para en seco para preguntarnos de qué seríamos capaces. Justo esto último es lo que hallo como el mayor valor del cuento: desde los prehispánicos como “La llorona” hasta los actuales publicados por Guadalupe Nettel, la ficción nos presenta esa realidad que se vive en las calles, en los caseríos marginales. 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Mirada lateral

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