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Dos Cadillacs originales en Los Fabulosos Cadillacs

300 mil almas rockeras y hartas del confinamiento se dieron cita en el zócalo de la Ciudad más bonita del mundo para aplaudir a uno de los grupos más exitosos del rock. Amanecí y todos los medios...

6 de junio, 2023 Dos Cadillacs originales en Los Fabulosos Cadillacs

300 mil almas rockeras y hartas del confinamiento se dieron cita en el zócalo de la Ciudad más bonita del mundo para aplaudir a uno de los grupos más exitosos del rock.

Amanecí y todos los medios nos mencionaban: ¡300,000 personas anoche en el concierto en el zócalo de Los Fabulosos Cadillacs!

Allí estábamos nosotras dos. Cuando mi Bestie Tats, amiga de la infancia, adolescencia, juventud y segunda juventud, compañera de conciertos, burlesques, tequilas y cumpleaños felices me propuso ir, me dije a mí misma: ¿Qué puede salir mal? 

Entrenada desde hace años en eventos tumultuarios como las marchas por el recuento del voto en 2006, la del 8 de marzo, la del Orgullo y viajera constante del Metro de la CDMX, me considero si no todo terreno, sí una persona con pocas limitaciones, o al menos con la intención de perderme de lo menos posible. Afortunadamente en este dueto amistoso y como sucede casi siempre en los binomios que logran sobrevivir hay un cerebro consciente, objetivo y estructurado que claramente no es el mío. 

Para explicarlo más fácil, si yo representara la evolución humana, aún sería un Cromagnon, emitiendo sonidos guturales al cielo e intentando hacer la función de pinza con los dedos de la mano (y del pie), mientras ella habría llegado ya al último escalón de la evolución; yo me habría quemado tratando de dominar  el fuego, me hubiera envenenado con cualquier hongo venenoso pero bonito o habrá perdido la vida con la espina enorme de un pescado atravesada en la garganta, obviamente de la rueda ni hablamos. En resumen: soy la prueba error de la naturaleza. Eso sí, con muy buen gusto musical o al menos eso yo pensaba y lo confirmé ayer al darme cuenta que como yo, otras 300,000 personas hubiesen dado lo que fuera por ver a los Fabulosos de cerca. 

Por supuesto, como el par de chavorrucas que somos, pensamos que si llegábamos 15 minutos antes de la hora del concierto encontraríamos si no en primera fila, sí un lugar digno para apreciar el show. Ante el reto de demostrar que la Generación X es poderosa, resistimos estoicamente la caminata ente miles de personas, que no fue ni cerca complicada comparada con el embate climatológico: un aguacero torrencial como suele suceder en estas fechas azotó el mismo ombligo de la luna. No sé por qué nos sorprendimos, si como dice mi papá, hombre de sabiduría ancestral: “Aquí deberíamos de sembrar no de vivir”. Un Tláloc enfurecido hizo todo lo que pudo por minar el entusiasmo de la versátil concurrencia.

Dos Cadillacs originales en Los Fabulosos Cadillacs

Extremas pero no previsoras, ninguna aceptaba que no estaba siendo tan buena idea estar allí y caminando yo prácticamente a ciegas porque unas gotas de lluvia me cayeron en los ojos y no traía rímel a prueba de agua cuando de repente pasamos  al lado de la famosa tienda de los tecolotes, la peor de las opciones en cualquier otra situación y fui sustraída sin poner yo ninguna resistencia hacia el bar lúgubre del lugar, en el que me sirvieron una copa de vino blanco caliente y un vaso de hielos frapé mientras las dos alegábamos que nunca nos imaginamos este tumulto y porque unas señoras como nosotras no deberíamos de estar allí;ñ.

15 minutos nos duró la indignación, a lo lejos se escucharon los primeros acordes y como un par de guerreras dignas representantes de nuestra generación volvimos a la batalla. Lo que sí no entiendo y me van a disculpar es que si nosotros (los mayorcitos) respetamos los espacios de la juventud y no vamos por ejemplo a conciertos como el de La Rosalía, ¿por qué tenemos que pelear y jugarnos la vida por un espacio para ver a Los Fabulosos Cadillacs, con una horda enfurecida de Milenials y Zentenials? ¿Por qué no se respeta el espacio de los chavorrucos? 

Mojadas, sin cerveza y pisando charcos logramos llegar a una pantalla que perdón pero fue un absurdo: no se veía nada y menos se escuchaba.  Ahí estábamos todos tratando de adivinar qué canción era, obvio cuando vi las imágenes aéreas del evento entendí que no hay bocina que alcance para tanta gente. 

En un momento de lucidez de los que tengo muy pocos y cada vez más espaciados, vi venir el momento en que Los Cadillacs cantarían “Mal bicho” y entonces sí nuestra historia de señoras valientes podía acabar bajo los pies de la frenética concurrencia, ella no, porque además de ser mil veces más avezada y apta para el deporte que yo, es prudente, pero yo pasé toda la prepa y parte de la carrera (todavía aún en las cenas de navidad) haciendo Slam como si fuera de plástico, justamente con “Mal bicho”. Tomando la primera decisión inteligente de la semana, me dejé llevar de su mano a un espacio seguro y cuando me di cuenta ya estábamos sanas y salvas en el Metrobus camino a un bar en la colonia Roma con nuestro nada despreciable físico para cincuentañeras intacto.

300,000 almas rockeras y hartas del confinamiento se dieron cita en el zócalo de la Ciudad más bonita del mundo para aplaudir a uno de los grupos más exitosos del rock en español, rompiendo el récord de ser el concierto con más afluencia de la historia.

Lo que confirma por lo pronto dos cosas: Sobrevivimos y si, somos la generación con mejor música de la historia.

Dos Cadillacs originales en Los Fabulosos Cadillacs

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Barbara Lejtik
Soy Bárbara Lejtik, Queretana Licenciada en ciencias de la comunicación, columnista, poeta, Mujer de mediana, que busca el punto medio entre la media vida Y la vida a medias, medio entiende y medio olvida que la clase media es como la media talla medio parece medio no convence y las medias tintas a medias permanecen. Facebook: Bárbara Lejtik Twitter: barbarlejtik Instagram: Labarbariux Sitio web: www.barbara Lejtik escribe.com
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