“Cruella” Muy entretenida… pero sin motivos

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4 de junio, 2021

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1Contexto: Un alienígena arriba a la Ciudad de México y, convertido en gato, llega a vivir a una vecindad. Le escribe a Tora, quien lo espera en su planeta natal, sus impresiones sobre lo que ve en ese lugar. Su correspondencia tiene algo de crítica social y toques de humor

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No soy especialista en la materia, pero respiro, vivo y siento los efectos políticos en cada paso que doy, no desde el privilegio (como algunos le llaman) y tampoco desde la falta de oportunidades (gracias al esfuerzo de mis padres), sino desde mi condición de ciudadana mexicana. Mi formación en escuelas públicas y el paso por la gloriosa UNAM (aunque se diga lo contrario) hasta que la huelga del año 99 me obligó a emigrar al sistema privado, me hizo adquirir una visión dual de las cosas, un sentido crítico y un análisis del discurso desde mi formación en comunicación y a decir verdad, no hay manera de creer en azules, amarillos, rojos, verdes, naranjas o del color que pinten sus aspiraciones quienes forman la esfera del poder y que (ellos sí) desde el privilegio, pretenden hacer creer que trabajan por y para la población.  El día de ayer se celebraron las elecciones intermedias en nuestro país y ello me hundió en una serie de reflexiones en torno a la elección, ese acto y efecto de elegir (del latín electio, derivado de electus = elegido), cuyo origen está en el proceso mental que nos permite evaluar las ventajas de múltiples opciones y seleccionar alguna; sin embargo, ¿cómo se ejecuta ese acto en nuestra mente? Existen teorías que afirman que elegimos en función del costo-beneficio que recibimos, lo cual hacemos de forma racional y que, en términos de política, es importante cuestionar: ¿cuál es el beneficio real de elegir entre éste o aquél candidato? O más aún: ¿existe tal beneficio? Elegimos todo el tiempo, desde la ruta más rápida a la oficina hasta el color de la camisa o blusa que vestimos, el sabor de la bebida que tomamos, la marca de los accesorios que utilizamos, el modelo de auto, etc.  Elegimos de forma racional no solo en relación al beneficio, sino a múltiples factores que incluso pueden ser motivados por el marketing, el estatus o la manipulación. Y es que el acto de elegir no es poca cosa: ¿qué nos motivó a elegir la carrera universitaria?; ¿cómo fue que elegimos a nuestra pareja?; ¿cuál es el factor que determina el próximo destino turístico? Elegimos por moda, por economía, por revancha, por salir del paso, por presión externa o no elegimos y de todas formas, hay una elección de por medio.  Se dice que “elección es renuncia” porque al elegir renunciamos a las otras posibilidades, pero elegir también implica un acto de diálogo interno y de reflexión si se racionaliza el proceso, o puede ser un simple acto cotidiano, algo de todos los días como elegir ponerse el calzado para salir a la calle y entonces equivale a eso que hemos escuchado de “más vale viejo conocido, que nuevo por conocer”. Nos rodea una vorágine mediática con el fin de manipular nuestras elecciones, vivimos inmersos en un mundo de publicidad y somos atacados virtualmente gracias a los algoritmos que le permiten a Internet conocer nuestras preferencias, gustos, actividades, etc. Elegimos en función de lo que hay, sin posibilidad de explorar más allá o de pedir más opciones porque el mundo está diseñado de esa forma. 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