Crítica: SERIE MONARCA

“Para quienes ambicionan el poder, no existe una vía media entre la cumbre y el precipicio.”  -Tácito FICHA TÉCNICA: Título original: Monarca Director:  Fernando Rovzar Actores:  Irene Azuela, Juan Manuel Bernal, Osvaldo Benavides, Rosa María Bianchi, Fernanda...

29 de enero, 2021

“Para quienes ambicionan el poder, no existe una vía media entre la cumbre y el precipicio.” 

-Tácito

FICHA TÉCNICA:

Título original: Monarca

Director:  Fernando Rovzar

Actores:  Irene Azuela, Juan Manuel Bernal, Osvaldo Benavides, Rosa María Bianchi, Fernanda Castillo.




Género: Drama

Año: 2019

País: México

Plataforma: Netflix

SINOPSIS:

Los hermanos Carranza son dueños de una de las más grandes empresas del país. Tras la muerte del patriarca de la familia, los tres hermanos quieren estar al frente de la empresa “Monarca” como presidentes, poniéndose a competir en ocasiones deslealmente por el puesto. En la segunda temporada llega la prima Carranza para hacerse también del poder de la empresa e investigar algo que no le quedó claro.

CRÍTICA:

Es una historia del poder que ejercen las clases sociales mexicanas ricas y si se puede operar en este país sin corrupción o no. Durante la serie hay escenas muy fuertes de sexo y violencia que no son aptas para todo público.

La ambientación tan mexicana, desde una hacienda tequilera hasta la Ciudad de México, nos hace identificarnos más con la serie.

Todos los detalles están sumamente cuidados y la serie por supuesto es digna de exportarse. “Monarca” tiene a su favor que jamás dejan de suceder cosas diferentes en cada capítulo, por lo que no es monótona. Y la segunda temporada está tan buena como la primera. Los temas que se tocan son la familia, la doble moral, la homosexualidad, el narco y el poder.

Calificación:

Rangos: Mala Regular ★★  Buena ★★★  Muy Buena ★★★★

Excelente ★★★★★

MENSAJE:

Es un antimensaje: el poder corrompe todo.

Estrellas: ★★★

DIRECCIÓN:

Fernando Rovzar es el director y está acompañado en la producción por Salma Hayek, que ha hecho series muy exitosas en Estados Unidos como “Ugly Betty” y “Jane the virgin”.

Estrellas: ★★★★★

ACTUACIONES:

Irene Azuela interpreta a Ana María Carranza. Hace una gran actuación como ya nos tiene acostumbrados. Tiene muchos matices porque su personaje va cambiando con el tiempo. 

Juan Manuel Bernal actúa como Joaquín Carranza. Es el más conflictivo de todos los hermanos, pero a la vez el más interesante. Se caracteriza por ser voluble e impulsivo y  meterse ocasionalmente en líos gratis. Es el más ambicioso de los tres hermanos 

Osvaldo Benavides está en el papel de Andrés Carranza, el hermano más joven. Es un personaje bisexual al que no le interesa demasiado el poder hasta que lo prueba.

Gabriela de la Garza figura como la esposa de Osvaldo. Es muy temperamental y ambiciosa, y tiene grandes momentos en la pantalla.

En la segunda temporada está Fernanda Castillo como la prima, quien regresa a México

Rosa María Bianchi hace de la madre de los Carranza. Es bastante dura y tiene varias sorpresas que ni los hijos pensarían que pudiera llegar a hacer.

Los artistas jóvenes, que hacen de los hijos de los protagonistas, están excelentes, nuevo talento mexicano: Regina Pavón como la hija de Juan Manuel Bernal, una chica adicta; Carla Adell la hija de Irene Azuela muy buena actuación; y Dali González, el hijo de Osvaldo Benavides que cae en la cárcel.

Estrellas: ★★★★★

GUIÓN:

Excelente guion, no aburre ni un momento.

Estrellas: ★★★★★

FOTOGRAFÍA:

Gran producción, paisajes, fotografía, todo.

Se filmó en Jalisco y Ciudad de México.

Estrellas: ★★★★★

CALIFICACIÓN  TOTAL:               ★★★★     MUY BUENA

LINKS:

Twitter: @CINEMABLIX13

 

Comentarios
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Extraño aunque común oficio, antiguo como la compleja relación entre el poder, la cultura y desde luego, la necesidad. Al escritor fantasma recurrieron algunos como Churchill, Washington o Franklin; se dice, porque el mundo de los fantasmas lo es siempre de sombras y suposiciones. El anónimo amo de la pluma no saldrá nunca de la oscuridad, no por su propio pie, a menos que una fuerza muy poderosa lo empuje. En 2004 Jennie Endal rompió ese pacto de silencio. Publicó Escritora en la sombra, peculiar libro de memorias que se lee como una buena y sencilla novela, donde reveló cómo durante 20 años escribió novelas, reportajes, entrevistas y hasta cartas de amor, bajo la firma de Naim Attallah, quien entonces fuera un próspero editor y autor de buena fortuna. Presionada por una relación profesional sofocante, bajo el peso de un éxito del que no le correspondía ningún laurel, se reveló con el único elemento que tenía –literalmente– a la mano: la pluma. Attallah respondió tres años después con un amargo libro de memorias, todavía no traducido al español, Fulfilment and Betrayal, pero el enorme daño a su prestigio y aún a su patrimonio, ya estaba hecho; hoy corren tiempos distintos, del deschongue cultural digamos y si lo que alguno quiere es producto, también se puede, cómo no. Paris Hilton “escribió” su autobiografía, faltaba más y digo, cómo no se va a revolucionar el mercado del negro literario si un “influencer” de 20 años quiere escribir su interesantísima y sagaz autobiografía, o las existencialísimas reflexiones del “YouTuber” que se ha jubilado a los cuarenta. No solo eso, la necesidad de dejar huella en un mundo y un tiempo en el que la fama es más rápida y más efímera requiere del talento para labrar un mausoleo a prueba de olvido o al menos que eso prometa, Rick Mayston, el director de Getty Images, afirma con razón que un buen escritor fantasma es casi un psiquiatra que puede hacer que su cliente recuerde aún lo que no ha sucedido y es que en el otro extremo del trato, o de la balanza, si se quiere, está el comprador que luego de una somera lectura y la corrección de una coma sentirá que el trabajo lo ha escrito él mismo y unos años después, en la charla memorable de una sobremesa augusta recordará la tarde lejana en que … bueno, se acordará cuando escribió las célebres líneas homenajeadas por sus contertulios. Pero el drama, o el problema se inscribe en otras trincheras, en el debate sobre Shakespeare y Marlowe, los sesenta y tres negros –una tribu caníbal entera– que sirvieron a Dumas; o de manera dramática, en el servidor del Señor Diputado, de su Excelencia el Empresario, así con mayúsculas reverenciales que también le viene el tiempo de dejar su legado y hacernos enjugar nuestras impías lágrimas de derrotados perpetuos mientras leemos, conste que por nuestra propia voluntad, la epopeya del “yernísimo”, nacido en pañal de seda y sonajero de plata que nos dice cómo salir de la miseria y empoderarse hasta el infinito previo matrimonio que en lugar de salir en sociales cotiza en bolsa. Independientemente de los juicios morales, siempre a destiempo y siempre parciales. Esta penosa situación nos lleva a preguntarnos ¿quién es el escritor: el que en efecto escribe o el que publica? ¿Cuál es la ecuación válida, la del talento y el trabajo o la del nombre y la fama? y en tal sentido ¿a quién corresponde la gloria? Nadie crea para otro solo por gusto. En la práctica del oficio de servir al ego de los demás siempre hay una amarga sombra, pero también una enorme esperanza: la del que confía en que algún día le llegará su turno de ser tocado por la diosa fortuna y desde luego, también un gigantesco y solitario placer: el de crear y ver plasmado aquello que, de otra manera, tal vez nunca habría pasado por las imprentas. En todo el mundo publican dos tipos de autores: los que sirven a los libros y los que se sirven de ellos. Para los primeros escribir es un duelo a muerte entre la vocación y la necesidad. Para los segundos, un traje a la medida y un catalizador de carreras mejor remuneradas. La necesidad y la vocación por un lado, y la perversidad del juego entre el poder y el nombre por el otro, no siempre es revelada pero siempre resuelta patética en ambos extremos. Algún día escribiré una ficción que me traigo entre manos desde hace mucho: la historia de la rebelión de los negros, de los fantasmas literarios que una vez decididos a liberarse, pusieran en la pluma y en la voz de sus amos, los más soberbios disparates, las historias más inverosímiles y las promesas más absurdas; que dieran a conocer así, no solo una ridícula realidad de emperador desnudo, sino crearán tal caos que ni el talento de sus maquinadores fuera capaz de detener. 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La señora del 37 le sacaba la lengua en cuanto lo veía; y la chava se levantaba las faldas más arriba de la cintura cuando lo veía venir, con lo que lo único que consiguió fue que uno de los ninis de la azotea la violara una tarde que no tenía nada que hacer. Lo peor fue cuando su esposa lo enfrentó y le dijo que a ver qué hacía, porque ella no iba a permitir que sus hijos crecieran con el estigma (esa fue la palabra que usó, no estoy exagerando) de tener un padre maricón. El pobre hombre corrió a la tienda, compró una botella de mezcal y otra de tequila, se las bebió de un jalón y fue a tocar la puerta del 37, a exigir que saliera la chava que tenía 16 años (y ninguna de las otras, añadió). Pero la que salió fue la madre, que es muy bronca; lo llamó acosador, sádico, maníaco sexual, violador y otras lindezas por el estilo, le atizó un golpe con el mango de la escoba y lo dejó tirado en el pasillo “para que lo recogiera la mártir de su mujer”. El hombre estuvo tres días en cama. 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CARTAS A TORA 220

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