Crítica Película: BELLA DE DIA

Twitter: @CINEMABLIX13 “Lo que he pretendido mostrar con Belle de jour es el terrible divorcio entre el corazón y la carne, entre un verdadero, inmenso y tierno amor y la implacable exigencia de los sentidos.” Luis Buñuel...

3 de julio, 2020

Twitter: @CINEMABLIX13

“Lo que he pretendido mostrar con Belle de jour es el terrible divorcio entre el corazón y la carne, entre un verdadero, inmenso y tierno amor y la implacable exigencia de los sentidos.” Luis Buñuel

FICHA TÉCNICA:

Título original: Belle de jour

Director: Luis Buñuel.
Actores:  Catherine Denueve, Jean Sorel, Michel Piccolí, Francisco Rabal.

Género: Drama




Año: 1967

País: Francia

SINOPSIS:

La burguesa Severine Serizy  está casada con un eminente cirujano llamado Pierre, será conocida como “Belle de Jour” cuando acuda a trabajar en un prostíbulo dirigido por Madame Anais, al que se une para intentar escapar de su vida rutinaria y aburrida.

Premios

1967: Venecia: León de Oro

1968: Premios BAFTA: Nominada a Mejor actriz (Catherine Deneuve)

1968: Círculo de Críticos de Nueva York: Nominada a Mejor película extranjera

CRÍTICA:

Otra excelente y clásica cinta que se puede encontrar en “YouTube”, y que mucha gente podrá tener acceso a ella.

Una de las más famosas películas de las dirigidas por Luis Buñuel. Fue rodada en Francia.

Como en casi todas sus obras, el irreverente Buñuel saca de nuevo las contradicciones del ser humano en esta obra magistral: la protagonista parece que lo tiene todo, pero ella no lo piensa así, va en busca de aventura y vive una doble vida.

Llena de sueños y surealismo, nos podemos dar cuenta de la vida onírica de  “Severine” (el nombre no es casualidad) sus sueños sádicos nos hacen darnos cuenta en dónde está su goce, es una sadomasoquista, su decente esposo nunca podrá darle el placer que ella requiere.

El deseo de lo prohibido, ve su propia existencia monótona y se atreve a ir hacía lo desconocido y prohibido, con su justo castigo.

Sensacional tratamiento a la temática del erotismo, como para buscar una evasión a la rutina.

Buñuel jamás cae en lo corriente, más bien es sugerente.

Nos va describiendo con lentitud el personaje tan contradictorio que es “Severine”, con una parte real, otra de sueños y otra surrealista.

Calificación:

Rangos:  Mala ★ Regular ★★  Buena ★★★  Muy Buena ★★★★

Excelente ★★★★★

MENSAJE:

Es una crítica a la hipocresía de la clase burguesa y bien acomodada dónde todo lo que parece no es.

También habla de lo contradictorio que somos todos los seres humanos.

Estrellas: ★★★★★

DIRECCIÓN:

Otra cinta que hago la reseña en una semana del gran director español Luis Buñuel.

Igual que tantas de sus cintas, “Bella de día” fue prohibida en varios países y se dice que  obligaron a Buñuel a cortar algunas escenas.

Como siempre, el genio de Luis Buñuel da catedra de cómo hacer una cinta y que todo el mundo hable de ella, es atemporal, después de 53 años, sigue siendo actual y todavía sorprende.

Estrellas: ★★★★★

ACTUACIONES:

Catherine Deneuve, cuya frialdad, queda muy bien para el personaje de “Severine”, parece literalmente que no rompe un plato, tan distante. Esa cara sin emociones de la actriz quedó perfecta para este personaje.

Michel Piccolí sale de un cínico personaje, excelente actuación.

Estrellas:  ★★★★★

GUIÓN:

Película basada en una novela de Joseph Kessel (“Belle De Jour”)

Y el guion es de Luis Buñuel y Jean-Claude Carrière.

Estrellas: ★★★★★

FOTOGRAFÍA:

Buena fotografía.

Estrellas:  ★★★★

CALIFICACIÓN  TOTAL:               ★★★★★  EXCELENTE

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Comentarios
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Usted, amable lector, seguramente ha leído algún post, nota, artículo o libro que lleve por título algo similar a lo anterior.  Cada vez que alguien propone la destrucción como la solución a cierto problema de la sociedad, recuerdo La naranja mecánica de Anthony Burgess. Al leer este título, lo más probable es que recordemos la película de 1971, dirigida por Stanley Kubrick y estelarizada por Malcolm McDowell. Es una película cuyos valores cinematográficos innegables la volvieron un clásico del séptimo arte y que merecería, por sí misma, varios artículos.  Sin embargo, hoy no deseo hablarles de la película, sino del final de la novela, el cual no aparece en la adaptación de Kubrick. ¿Recuerda usted el final del filme? ¿Ese en el que Alex, el protagonista, dice con un tono algo ambiguo “sí, yo ya estaba curado” y parece volver a su antigua vida de violencia? Ese no fue el final que Anthony Burgess, escritor británico, dio al personaje de Alex DeLarge en su obra. La permanencia de la historia “truncada” en la memoria colectiva se debe a que Kubrick adaptó la versión estadounidense de la novela. En esta versión, el final original fue eliminado por el editor, al considerarlo “poco realista” y “poco atractivo” para los lectores norteamericanos.  La novela fue escrita, de acuerdo con las propias palabras de Burgess, en un lapso de tres semanas con el fin de ganar un poco de dinero. La obra fue publicada en 1962 y narra la historia de Alex DeLarge, un adolescente amante de la música de Ludwig van Beethoven y líder de la banda formada por él y sus amigos Dim, Georgie y Pete. Los jóvenes asisten, noche tras noche, al bar lácteo Korova a beber moloko-plus (leche adicionada con drogas). Después de tomar esta bebida, el grupo sale a las calles a realizar actos aleatorios de “ultraviolencia”. La espiral de destrucción que comienza con robos y golpizas a transeúntes inocentes rápidamente se transforma en una vorágine delictiva sin freno.  Alex DeLarge es detenido y condenado a prisión después de una violación que termina en asesinato. En prisión, el antiguo líder será sujeto a una novedosa terapia experimental de aversión desarrollada por el gobierno cuyo fin es quitarle todos los impulsos violentos.   No le cuento más para que experimente usted mismo la travesía de Alex si es que aún no ha visto la película o leído el libro. Le recomiendo que busque alguna de las dos opciones y si puede conseguir ambas, mejor.   ¿Una novela o una fábula? La historia narrada en La naranja mecánica es más profunda que el nadsat (la jerga juvenil, conformada en su mayoría por palabras de origen ruso) o los actos de “ultraviolencia” que cometen los adolescentes. Burgess nos presenta varias cuestiones al final de la novela: ¿es aceptable la intromisión de la ciencia para modificar la conducta humana? ¿Es ético que el gobierno utilice a los individuos como conejillos de indias usando como pretexto del “bien común”? Sin embargo, la cuestión que me gustaría comentar es la que se expone en el último capítulo de la versión inglesa original. En un prefacio a la edición de 1986 de la novela, Burgess escribió lo siguiente al respecto de la omisión del capítulo final, el número veintiuno, en la adaptación cinematográfica:    El capítulo veintiuno concede a la novela una cualidad de ficción genuina, un arte asentado sobre el principio de que los seres humanos cambian. De hecho, no tiene demasiado sentido escribir una novela a menos que pueda mostrarse la posibilidad de una transformación moral o un aumento de sabiduría que opera en el personaje o personajes principales. Incluso los malos bestsellers muestran a la gente cambiando. Cuando una obra de ficción no consigue mostrar el cambio, cuando solo muestra el carácter humano como algo rígido, pétreo, impenitente, abandona el campo de la novela y entra en la fábula o la alegoría. La naranja mecánica norteamericana o de Kubrick es una fábula; la británica o mundial es una novela. Anthony Burgess, de acuerdo con sus propias palabras, termina su novela en el capítulo veintiuno porque este número representa el momento de la madurez humana plena. En dicho capítulo, se nos muestra a un Alex DeLarge que ya no encuentra satisfacción en los actos de violencia. Un cambio se gestó dentro de él: desea un mejor futuro que el que la destrucción sin sentido puede ofrecerle. Alex piensa en formar una familia. Construir, por fin lo comprende el protagonista, es la única forma de labrarse un mejor futuro.  Actualmente, nos encontramos en una encrucijada similar a la del drugo Alex. Vivimos en una época cuyas condiciones sociales, políticas y económicas nos han llevado a pensar que la destrucción es el camino más adecuado para la sociedad. Solo es necesario abrir cualquier periódico para darse cuenta de esta mentalidad: “Destruir… (lugares, instituciones, personajes públicos y un largo etcétera) parece ser la orden del día en las agendas de diferentes grupos”. Es entendible esta posición, que apela a nuestra parte adolescente: para atraer adeptos a alguna causa en particular, siempre es más atractivo llamar a la gente a quemar un puente que convocarla para construir uno.  Las redes sociales son un ejemplo perfecto de esto, ya que ahí encontramos un volumen enorme de críticas negativas, burlas o memes que pretenden “destruir” a cualquier ente con el que no se esté de acuerdo. Una pregunta que debemos hacernos en el aquí y ahora es, ¿qué tanta energía y tiempo estamos dispuestos a utilizar para construir algo valioso en lugar de desperdiciarla en destruir? Destruir algo es cosa de segundos; construir lo que sea, en cambio, puede tardar meses, años o décadas y requiere de madurez y paciencia. Esta es una verdad de Perogrullo, pero que muchas veces olvidamos, especialmente en una sociedad obsesionada con la satisfacción que provoca la inmediatez moderna (con entregas de artículos “al día siguiente” y demás servicios ultrarrápidos). Destruir nos permite liberar temporalmente nuestras frustraciones y nuestra ira, pero en la resaca únicamente encontraremos vacío y aislamiento. Construir, en la faceta que sea, al contrario: nos llena y nos hace humanos.  Esta disyuntiva es la que se encuentra Alex DeLarge al final de la novela: si decide hacerse más humano o convertirse en un agente de destrucción perene. El momento actual nos pide a gritos hacer esa misma elección. Decantarnos por una opción u otra, en gran parte, decidirá el futuro que tendremos como personas y como sociedad. 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En fin, me vuelvo a mis libros y a mis recuerdos, al café La Blanca sobre 5 de mayo, que se supone es la sede de los desvaríos de Max Aub con el nunca acontecido asesinato de Franco; al Café La Habana, en el 62 de la  Calle Morelos, esquina con Bucareli, entre la Secretaría de Gobernación y el fantasma de las sedes de los dos principales diarios del medio siglo XX,  El Universal y Excélsior y donde se escribieron muchas de las crónicas que dieron vida al periodismo de la época, fue sede de la tertulia de Octavio Paz, García Márquez y Renato Leduc, se dice que también ahí se fraguó la Revolución Cubana, en las citas de Fidel y el Che y que incluso el líder inventó en sus cocinas la torta cubana; de lo que sí tenemos certeza es que ahí se desarrolló el movimiento infrarrealista, entre Mario Santiago Papasquiaro y Roberto Bolaño y que el Café Quito, de “Amuleto”, de éste último, es en realidad el Habana. Me vuelvo a mi escritorio con este amor irredento y con la certeza de que para crear todo esto lo único que hemos necesitado es tiempo, talento y libertad en dosis enormes y ya visto en perspectiva, de eso, tenemos de sobra en nuestras alforjas los chilangos.   @cesarbc70 http//:cesarcallejas.me  " ["post_title"]=> string(20) "Ciudad de mis amores" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(20) "ciudad-de-mis-amores" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-04-20 08:48:50" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-04-20 13:48:50" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=64272" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } ["comment_count"]=> int(0) ["current_comment"]=> int(-1) ["found_posts"]=> int(16) ["max_num_pages"]=> float(8) ["max_num_comment_pages"]=> int(0) ["is_single"]=> bool(false) ["is_preview"]=> bool(false) ["is_page"]=> bool(false) ["is_archive"]=> bool(true) ["is_date"]=> bool(false) ["is_year"]=> bool(false) ["is_month"]=> bool(false) ["is_day"]=> bool(false) ["is_time"]=> bool(false) ["is_author"]=> bool(false) ["is_category"]=> bool(true) ["is_tag"]=> bool(false) ["is_tax"]=> bool(false) ["is_search"]=> bool(false) ["is_feed"]=> bool(false) ["is_comment_feed"]=> bool(false) ["is_trackback"]=> bool(false) ["is_home"]=> bool(false) ["is_privacy_policy"]=> bool(false) ["is_404"]=> bool(false) ["is_embed"]=> bool(false) ["is_paged"]=> bool(false) ["is_admin"]=> bool(false) ["is_attachment"]=> bool(false) ["is_singular"]=> bool(false) ["is_robots"]=> bool(false) ["is_favicon"]=> bool(false) ["is_posts_page"]=> bool(false) ["is_post_type_archive"]=> bool(false) ["query_vars_hash":"WP_Query":private]=> string(32) "7d1c3175b19107157979bf84f2c328df" ["query_vars_changed":"WP_Query":private]=> bool(false) ["thumbnails_cached"]=> bool(false) ["stopwords":"WP_Query":private]=> NULL ["compat_fields":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(15) "query_vars_hash" [1]=> string(18) "query_vars_changed" } ["compat_methods":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(16) "init_query_flags" [1]=> string(15) "parse_tax_query" } }

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