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Acercamiento a una Anatomía del mal

¿Existe el mal en estado puro o sólo existen actos malvados llevados a cabo por seres humanos débiles y ambiciosos? ¿Por qué consideramos más malvado a un sicario que mata sin que ese acto le signifique nada...

15 de mayo, 2026 Acercamiento a una Anatomía del mal

¿Existe el mal en estado puro o sólo existen actos malvados llevados a cabo por seres humanos débiles y ambiciosos? ¿Por qué consideramos más malvado a un sicario que mata sin que ese acto le signifique nada que alguien que, sin causar daño físico, lastima, ofende, hiere, abusa de otros con pleno conocimiento de causa? Quizá el primero cause un daño mayor, pero el segundo comete una perversidad más profunda.

La maldad existe, pero no siempre es fácil aceptar, como pensaría un católico, que existe una entidad que concentra todo el mal de la creación y que se dedica a “tentar” a los seres humanos, obra divina de Dios, pero a la que le fue concedido el libre albedrío y que por ello, no porque Dios permita o encarne ningún aspecto de la maldad, sino por una combinación de debilidad humana y perversidad demoniaca que el mal entra en el mundo.

Por otro lado, pensar que todos los seres humanos podemos manifestar maldad y que en unos casos ésta es más grave que en otros, tampoco parece suficiente para explicar a un torturador, un asesino serial o el líder militar o político que ordena un genocidio sin que se le mueva un pelo. Tampoco, por cierto, explica a quienes siguen esas órdenes, pero de eso hablaremos en el artículo de la semana entrante.

Hoy hablemos, aunque de forma superficial, que es lo que permite este espacio, acerca de cómo se manifiesta la maldad en el mundo.  

Como explica Paz Velasco de la Fuente, en su interesante libro Criminal-mente, “Es innegable que hay personas con cierta predisposición a realizar actos malvados, pero nadie nace predeterminado a ser malo. Existen factores ambientales que se suman al factor genético, pero aún no podemos establecer cuánto hay de cada uno en un sujeto malvado” (1).  

La maldad forma parte de la condición humana, y lo verdaderamente terrorífico es que no tiene un rostro determinado. A ella se le achaca la crueldad, la perversidad, así como las conductas dispuestas a hacer el mal.

Existen estudios neurocientíficos que aseguran que en muchas personas se da una tendencia genética hacia la violencia que se suma al hecho de haber sufrido maltrato infantil, lo que resulta en condicionante muy poderoso para llevar a cabo actos antisociales.

Es verdad que los seres humanos gozamos de un cierto nivel de libre albedrío, lo que, al menos en teoría, nos permitiría decidir entre lo que está bien y lo que está mal. Pero de nuevo, poner las cosas en niveles de tal simpleza no explican la experiencia cotidiana de gente que obra con maldad, aun suponiendo que hace lo correcto, del mismo modo que tampoco explica los que llevan a cabo actos malvados sabiendo que lo hacen.

Es cierto que algunos genes nos hacen propensos a la agresividad o a la insensibilidad ante el sufrimiento ajeno, pero aun así, tener ciertos criterios biológicos que nos inclinen hacia actos indeseables, tampoco nos convierte en malvados de manera automática. Más bien, en tanto seres biopsicosociales, sería apropiado entender la maldad como el resultado de interacciones muy complejas, entre las que se cuentan, desde luego, las predisposiciones biológicas así como factores sociales, culturales y ambientales.

Según nos cuenta Velasco de la Fuente, en el 2001, el doctor Michael Stone, psiquiatra forense de la Universidad de Columbia, creó una escala que evalúa el crimen y sus factores contextuales. Para ello tomó en cuenta factores neurológicos, genéticos y ambientales. La escala de la maldad, de 22 niveles, está dividida en tres grupos. El segmento “A”, que va del 1 al 8 incluye a los asesinos impulsivos que cometen un solo acto criminal en un momento de rabia, celos, venganza o complicidad sin que tengan rasgos psicopáticos.

En el “B”, niveles del 9 al 15, agrupa a los asesinos con algunos rasgos psicopáticos (psicopatía instrumental) y psicóticos, que los colocan fuera del contacto con la realidad. Y en el segmento “C” que va del nivel 16 al 22, coloca a los psicópatas puros. En esta escala se clasifican y se describe a los homicidas y asesinos según sus motivaciones, y sus perfiles psicológicos (2).

Si bien me parece un esfuerzo interesante, tampoco me deja satisfecho porque, desde mi perspectiva, hablar de maldad no se trata exclusivamente de quien comete homicidios. La crueldad, la perversidad, el sadismo pueden ser muy dañinos y mucho más sutiles. ¿Cuántas veces no llevamos a cabo un comentario hiriente, incluso hacia personas por las que sentimos un fuerte vínculo emocional, sin ninguna necesidad, por el simple hecho de lastimar, de ganar una discusión o de imponer un punto de vista? ¿No es esto un acto malvado o consideramos que los malvados siempre son los otros?

Un asesinato por impulso causa un grave daño, pero no implica los mismos nieves de maldad que alguien que secuestra a una jovencita por calle, abusa de ella sexualmente y luego la asesina. Pero tampoco está exento de maldad aquel que disfruta con el sufrimiento de los demás, aun cuando no los asesine. La gran clave de la cuestión pareciera estar en la intención de dañar y el disfrute que produce el daño que se le causa al otro. Si lastimar da lo mismo que no hacerlo es que el individuo está insensibilizado, pero si disfruta de hacer daño, lo hace y además se regodea en dicho daño, entonces la malignidad aflora, aun cuando jamás se cometa oficialmente un delito.

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 (1) Velasco de la Fuente, Paz, Criminal-mente. La criminología como ciencia, Primera Edición, Segunda Reimpresión, España, Ariel – Planeta, 2025, Págs. 23-24 

(2) Íbidem, Págs. 24-28

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Juan Carlos Aldir
Juan Carlos Aldir Licenciado en Filosofía y maestro en Filosofía y crítica de la cultura por la Universidad Intercontinental. Cursó un posgrado en Psicología, en la Escuela de Psicología Transpersonal Integral y el diplomado en Creación Literaria que imparte la Escuela de Escritores de México, SOGEM. Desde muy joven ha participado en diversos talleres literarios y colaborado en diversas publicaciones. En el año 2013 apareció su primera novela, Asesino de muertos, bajo el sello Punto de Lectura. En 2019 Editorial Planeta publicó su segunda novela: Donde empieza la noche. Web: www.juancarlosaldir.com Instagram: jcaldir Twitter: @jcaldir Facebook: Juan Carlos Aldir
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