Crítica Película: “A la deriva”

“La esperanza hace que agite el náufrago sus brazos en medio de las aguas, aún cuando no vea tierra por ningún lado”, Ovidio (43 AC-17)…   “La esperanza hace que agite el náufrago sus brazos en medio...

3 de agosto, 2018 adrift

“La esperanza hace que agite el náufrago sus brazos en medio de las aguas, aún cuando no vea tierra por ningún lado”, Ovidio (43 AC-17)…

 

“La esperanza hace que agite el náufrago sus brazos en medio de las aguas, aún cuando no vea tierra por ningún lado”, Ovidio (43 AC-17) Poeta latino

FICHA TÉCNICA:

Título original: Adrift

Director: Baltasar KormAkur

Actores:  Shailene Woodey, Sam Clafin, Jeffrey Thomas




Año: 2018

País: Estados Unidos

SINOPSIS:

Está basada en la historia real de Tami Oldham y Richard Sharp, que en 1983 fueron víctimas de un huracán a bordo de su velero, cuando iban de Tahití a San Diego.

CRíTICA:

Esta película, como muchas otras, nos da dos tiempos en la misma película, el pasado, donde nos cuentan cómo se conoció la pareja de la cinta y cómo se fue dando su historia de amor, y por otro lado, cómo viven primero la tempestad y luego la deriva en medio de la nada del mar.

Tal vez si no la hubieran hecho así, podría haber caído en lo tedioso, el ver todo el tiempo en la pantalla las escenas de ellos, el mar y cómo luchan para sobrevivir; fue una buena decisión, pero no te acabas de creer el romance porque entre los actores no hay química, no aparecen diálogos muy profundos, parece un tanto dulce y artificial la historia de amor metida a la fuerza para contar la otra parte, la que importa, la de perdidos en el oceano por 47 días, intentando sobrevivir casi sin comida y agua.

Me recordó a Un viaje extraordinario (The mercy), sobre la cuál hice la reseña hace poco, y a Una aventura extraordinaria (Life of Pi), estas dos cintas se tratan de personas perdidas en el oceano.

Lo que es verdaderamente interesante en A la deriva es el final, donde da una vuelta de tuerca que no te imaginas jamás.

Y recordando a Sigmund Freud, quien habló de los mecanismos de defensa como una técnica utilizada para evitar, negar o distorsionar las fuentes de ansiedad y autoengaño en situaciones imposibles de aceptar para el ser humano, mejor autoengañarse que perder definitivamente la cordura, he aquí una pista sobre A la deriva.

Calificación:

Rangos:

Mala ★

Regular ★★

Buena ★★★

Muy Buena ★★★★

Excelente ★★★★★

MENSAJE:

Nunca rendirse, no perder la esperanza.

Medir las consecuencias antes de tomar una decisión que puede cambiar el rumbo de tu vida.

Estrellas: ★★★★

DIRECCIÓN:

Baltasar Kormákur es un actor, director y productor de cine hispano-islandés; ha dirigido películas como Everest, Armados y peligrosos y ahora A la deriva tiene muy buena mano para las escenas de acción, en esta última cinta tiene unas muy notables escenas de la tempestad, pero no tan hábil para poder dirigir las escenas amorosas de los dos protagonistas.

Estrellas: ★★★

ACTUACIONES:

Shailene Woodley (Divergente, Bajo la misma estrella) tiene una buena actuación en esta cinta, ya que el peso de la película lo lleva ella. Sam Claflin (Los juegos del hambre) tiene una buena actuación.

Tal vez la poca química de la pareja se debió al guión o al director.

Estrellas:  ★★★

GUIÓN:

Buen guión, sobre todo en la última parte.

Estrellas: ★★★

FOTOGRAFÍA:

La fotografía es excelente, de ella se encarga Robert Richardson, él ha hecho cintas como Los odiosos ocho, Django desencadenado y El aviador.

Estrellas:  ★★★★★

CALIFICACIÓN  TOTAL:   BUENA  ★★★

https://www.youtube.com/watch?v=4Jdnrrg07zA

 

 

 

Comentarios
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La discusión arreciaba, y ya se oía hasta la cocina, que estaba llena de señores que custodiaban el “´piquete” para el café, y cundió la inquietud.  Entonces, la señora tuvo una buena idea, derivada de lo que acababa de decir el muertito. Así que trajo toda su tlapalería, dijo que iba a maquillar un poco a su tío, porque se veía demasiado cadavérico y, rechazando toda ayuda de vecinas obsequiosas, se puso a trabajar: le puso sombras negras en los ojos y en los cachetes, que casi parecían agujerados, ojeras moradas y un labial amarillo. Quedó verdaderamente horroroso. Y justo cuando daban las doce de la noche, el muertito se levantó, al tiempo que emitía un gruñido sordo y tenebroso. Hubieras oído el alarido que dieron los vecinos. Sobre todo, los señores del “piquete”, que hasta se olvidaron de cuidar las botellas en su prisa por salir de allí. En un segundo se despejaron la vivienda, el pasillo y las escaleras cercanas. 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Inevitablemente, cual Titánic de carne y hueso, me dirigí al peor iceberg con el que se puede encontrar una persona aislada y con el espíritu quebrantado: una crisis depresiva profunda. Sabía que era momento de buscar ayuda profesional.  Por cierto, si usted atraviesa por algo similar, ¡busque ayuda!  Para no hacerle el rollo muy largo, en esas terapias, una de las tareas que me asignó la doctora fue buscar algo que me apasionara. “Leer”, le dije a mi terapista. “Pero justo ahora, doctora, no hay alguna lectura que me llame la atención como antes”. La doctora me motivó para que buscara algún libro nuevo, que experimentara de nuevo con mi antigua pasión lectora.  Así fue como me encontré con un sitio de comedia estadounidense. En él, había varios podcasts en donde se reseñaban libros de Kurt Vonnegut. Por ejemplo, Breakfast of Champions, Sirens of Titan, Timequake, Hocus Pocus y God Bless You, Mr. Rosewater. Parecían historias únicas, dignas de volver a tomar un libro. Así que me propuse algo: conseguir alguna de esas novelas y averiguar si Kurt Vonnegut y yo teníamos química.  ¡Solos nunca más! Meses después, logré salir de mi crisis depresiva a base de terapia y libros. En esto último quiero centrar la atención: leer a Kurt Vonnegut cambió mi vida por dos razones. En primera, porque leer Sirens of Titan me encontré con un pasaje que enmarcaré algún día para nunca olvidarlo:   A purpose of human life, no matter who is controlling it, is to love whoever is around to be loved. Porque a veces olvidamos que esa es una de las razones por las que estamos en el planeta. Leer a Vonnegut y sus relatos llenos de humanidad fue algo que ayudó a sentirme un poco menos solo en el mundo. Hay quienes dicen que leer es un acto “solitario y egoísta”. Bueno, eso depende del enfoque que cada uno le dé. Leer la obra de Kurt Vonnegut me permitió, a través de foros y las redes sociales, conocer a varias personas alrededor del mundo, quienes se convirtieron en amigos míos. Poco a poco, se diría, me uní a una especie de familia extendida con miembros alrededor del mundo.  La segunda razón por la que leer a Kurt Vonnegut me ayudó a salir de mi crisis depresiva fue porque su obra me recordó que las pequeñas acciones hacen una gran diferencia en el mundo. Leer God Bless You, Mr. Rosewater de Kurt Vonnegut fue mi call to action, uno más poderoso que el de cualquier influencer, youtuber o booktuber. Esta novela trata sobre Eliot Rosewater, un veterano de guerra millonario, quien decide abandonar Nueva York y dirigir la fundación Rosewater en una ciudad olvidada de Indiana. Ahí, Eliot decide que su propósito será “proveer de una cantidad ilimitada de amor y limitadas cantidades de dinero” a todo aquel que necesite.    Cuando terminé de leer esta novela quise ser como Rosewater. También quise que hubiese más personas como él en el mundo, que toman acción y deciden hacer cosas para mejorar el mundo. Así, con mis limitados recursos (al fin y al cabo, yo no provengo de una familia rica) decidí tomar acción: encontré aquellas causas con las que empaticé y que requerían ayuda y decidí apoyarlas. Así fue como descubrí que la lectura puede salvarnos y proveernos de un sentido en la vida cuando más lo estamos buscando. Al menos, así pasó conmigo. Espero que usted no tenga que atravesar por una crisis depresiva para disfrutar de la lectura; sin embargo, si por alguna razón le ocurre, quiero decirle dos cosas. En primer lugar, que usted no está solo: muchos hemos pasado por algo así y siempre estaremos para apoyarnos. Y segundo, no menosprecie el valor que puede tener el arte en nuestros momentos difíciles y oscuros. El arte, en cualquiera de sus formas, es capaz de proveernos de humanidad. Y más aún: es capaz de regalarnos una “familia extendida” en los momentos en los que más la necesitamos para apoyarnos." 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¡La lectura me salvó! 

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