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CARTAS A TORA CLXXXIX

Querida Tora: En pleno verano, con  las lluvias y los huracanes en otras partes del país, el clima está irregular, y eso hace que haya muchos resfriados. Es lo que acaba de ocurrir, y en la vecindad...

31 de julio, 2020 cartas

Querida Tora:

En pleno verano, con  las lluvias y los huracanes en otras partes del país, el clima está irregular, y eso hace que haya muchos resfriados. Es lo que acaba de ocurrir, y en la vecindad hay muchos casos de gripas, tos y cosas parecidas. Todos acudieron al Seguro Vecinal, pero este “Instituto” (como pomposamente lo llama el portero) no tenía casi nada. A algunos dio aspirinas o bicarbonato; y a los privilegiados, chiquiadores de ruda (que se le acabaron al segundo día). Entonces, los vecinos fueron a protestar con el portero, diciendo que ellos pagaban puntualmente sus cuotas al Seguro, y que era  injusto que éste no los pudiera atender.

El portero no les hizo caso (como siempre), pero ellos, que estaban muy enojados, le armaron manifestaciones ante la puerta de la portería, y día y noche gritaban consignas contra su proceder, hasta que lo hartaron; y tuvo que salir a prometerles que el problema estaría solucionado el día siguiente.

Pero no tenía dinero. Ni un centavo.  Es que la semana pasada, como la Flor no ha venido en varias semanas y él estaba muy urgido, fue con la enfermera a que le diera sus “cuidados paliativos” hasta que la situación se normalice; y se acostó en el diván con  todo y botas que acababa de estrenar, pero lo único que logró fue rasgarlo completamente. Y como se le salían los resortes y eso le resultaba muy incómodo, lo mandó retapizar y, de paso, ponerle unos faldones que se veían preciosísimos (a juicio de la enfermera). Pero el portero tiene muchos recursos.

Lo que hizo fue convencer al señor del 27, un viejo bastante achacoso que le debe algún “favorcito”, de que “se enfermara de muerte”, e hizo correr la voz de que ya no podía respirar. Pero como no quería pedir cuotas a los vecinos para alquilar un respirador, les pidió que lo ayudaran yendo a soplar en la recámara del enfermo, cerca de sus narices, para hacer el efecto de un respirador artificial. Y se formaron comisiones, que se estaban determinado número de horas soplando sin  descanso ante aquellas narices largas y ganchudas. Algunos enfermaron a su vez, y la situación empeoraba todos los días. Un vecino trajo un ventilador, pero al poco rato hizo corto circuito y estuvo a punto de causar un desastre (en realidad, uno de los guaruras echó agua en el contacto para provocar el corto).

Luego, otro vecino trajo una aspiradora para provocar la corriente de aire. Le dijeron  que la aspiradora aspiraba, no soplaba. Él contestó que era electricista y técnico en todo tipo de electrodomésticos y podía hacer que funcionara al revés. Se estuvo un rato manipulando el motor del aparato y sí, logró que la aspiradora soplara a todo soplar. Lo malo fue que el aire tenía que pasar por la bolsa, que estaba llena de polvo y basura, y la habitación se llenó de porquerías (en  confianza, te diré que en las narices del “agonizante” encontraron una cucaracha aplastada, pero no se lo dijeron al pobre, que ya bastante tenía con quejarse y toser todo el día).

Los vecinos cumplieron como buenos, y al enfermo no le faltó aire ni un momento. Así estuvieron  una semana. Al cabo de ese tiempo, todos los gripientos de la vecindad se habían aliviado, y ya no hubo necesidad de continuar con el “tratamiento” del señor del 27. Pero varios vecinos tuvieron que guardar cama unos días por agotamiento pulmonar. Pero para eso no hay curación, afirmó el científico diagnóstico de la enfermera, harta ya de lidiar con enfermos, y se las tuvieron que arreglar como pudieron.

Mientras, el portero consiguió un préstamo para comprar ruda y preparar nuevos chiquiadores, y la paz volvió a la vecindad.

A mí me dio mucho gusto ver que los vecinos se solidarizaran con el afectado por la enfermedad; pero más coraje me dio comprobar que la autoridad no hizo más que engañarlos y aprovecharse de ellos. ¿O a ti qué te parece?

Te quiere,

Cocatú

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Enrique Delgado Fresán
Traductor, escritor e Ingeniero Químico por la UNAM, con experiencia laboral de más de 40 años en distintas industrias. Como traductor cuenta con una amplia trayectoria. Ha traducido del inglés al español alrededor de 30 obras de teatro de diversos géneros (comedia, drama, musicales), tales como: “El Hombre de La Mancha”, “El Violinista en el Tejado”, “El Reino de la Tierra”, “Sálvese Quien pueda”, “Sabueso” y “Cabaret” entre otras. Cuenta con la Certificación de Perito Traductor del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal, con el No. 43 en la lista de Traductores e Intérpretes en Inglés donde en aproximadamente lleva 10 años haciendo traducciones de diferentes tipos. Ha publicado en revistas como “España”, “Mire”, “Aspectos”, “Istmo” y un libro llamado “Los Beatles. Una historia irrepetible”. Es autor de cinco obras teatrales. Ha escrito guiones televisivos para diversos programas. En 2016, la Sociedad General de Escritores de México le otorgó la presea “Caridad Bravo Adams”. Contacto: [email protected]
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