CARTAS A TORA: 355

Cocatú, un alienígena en forma de gato, llega a vivir a una vecindad de la CDMX. Diariamente le escribe cartas a Tora, su amada, quien lo espera en una galaxia no muy lejana.

28 de junio, 2024

Querida Tora:

Llegaron unos recién casados a la vecindad (Otros). Pero era una pareja rara: él se veía como de 30 años, y ella era una chiquita (luego nos enteramos de que iba a cumplir 13 años). Pero nadie dijo nada, y los recibimos con gusto y alegría. Traían poca ropa: apenas dos cajas de cartón con unas cuantas cosas. Y los muebles eran los que el portero les vendió (Indebidamente, porque eran cosas que algunos inquilinos habían dejado al irse, y no pertenecían al portero). Pero a eso ya estamos acostumbrados, porque siempre hace lo mismo).

Acababan de llegar a la ciudad, y no conocían a nadie. La Mocha los invitó a su vivienda a tomar un café, y allá fueron todas las viejas a conocerlos. A todas les cayeron muy bien; pero luego comentaron que la chica era muy rara, que no hablaba, que al marido le decía “señor Fagoaga” y que parecía tenerle miedo. El convivio no duró mucho, y los recién casados se fueron a acostar. Pero al poco rato empezaron los vecinos a oir ruidos en la vivienda, y cosas que se rompían, y gritos y alboroto. Picados por la curiosidad, algunos se acercaron a oír, y pudieron darse cuenta de que la chica le decía al “señor Fagoaga” que eso que quería hacerle, ya se lo quiso hacer antes “el Tubo”, pero que ella le dio en la cabeza con un tubo de “jierro” (Imagínate lo que será eso), y que todavía no se le baja el chichón que le hizo; que esas cosas eran indecencias y que iba a avisar al cura para que le llamara la atención. Estuvieron discutiendo hasta las dos o tres de la mañana, y yo creo que luego ya se durmieron, porque no se volvió a oír nada.

A la mañana siguiente salió la chica apresurada, pero una vecina le preguntó a dónde iba tan temprano, y ella le contestó que a la iglesia, a traer el cura, porque su marido quería tratarla en forma que no se trata a las mujeres decentes, y eso no lo iba a aguantar. Entonces, las vecinas empezaron a “abrirle los ojos” sobre el matrimonio. Y la verdad es que la muchacha los abrió muy grandes, y se quedó muy preocupada, y les dijo que a todas las que hacían eso en su pueblo las acusaban de ser una “cualquiera” o una “suripanta” (Primera vez que oía yo esa palabra, pero ya te imaginarás lo que es, ¿no?), y todos las rechazaban. Ellas le explicaron la diferencia entre las casadas y… Pero ella dijo que no estaba casada. Las vecinas se quedaron de a seis, y le preguntaron por qué, entonces, había llegado con ese hombre a vivir en la vecindad, que qué habían dicho sus papás. La chica dijo que sus papás nomás le habían dicho “Gracias” al señor Fagoaga, y la habían empujado para que se fuera con él. Las vecinas comprendieron al instante lo ocurrido: a la chica la habían vendido. 

No todas las vecinas están casadas con sus “maridos”, pero a todas indignó lo que habían hecho con la chica, y la tomaron bajo su amparo. Por lo pronto, la Mocha se la llevó a su vivienda; y cuando el señor Fagoaga salió al patio fue la primera en reclamarle la situación en  que se hallaba la chica. El señor respondió que así se usaba en su pueblo, y que así no había problemas si se cansaba de ella, porque con echarla a la calle todo se solucionaba.

No sabes el griterío que se armó, que hasta salió el portero en ropa de dormir a ver lo que pasaba. Pero cuando supo de lo que se trataba, se regresó a la cama, diciendo que eso a nadie le importaba. Pero la señora del 8 fue a buscar al cura, y se lo trajo casi a rastras, para que le dijera al “desgraciado ese” lo que hace un hombre de verdad cuando quiere unirse a una mujer.

Salió el “marido”, y por poco se lo comen entre todas, El argüende llegó hasta la azotea, y varios ninis bajaron a dar su opinión. Y en eso estaban, cuando ¿qué crees? Llegó a la vecindad el Tubo acompañado por sus papás, el notario y el cura del pueblo. Todos se quedaron helados al ver la tremolina que había en la vecindad, pero la cosa se calmó cuando la chica fue a saludar a los papás del Tubo (Y hasta le dio un beso en la mano al papá). Entonces, el muchacho se aclaró la garganta y preguntó al señor Fagoaga cuánto había pagado por la muchacha. El dijo el precio (Hay boletos de conciertos que son más caros que eso). Entonces, el papá sacó una bolsa de manta amarrada con un cordel, y le entregó al señor Fagoaga esa cantidad,  con algo más para compensarlo por los gastos efectuados, y para que no se fuera “con las manos vacías”, como dijo humildemente la mamá. Y el señor Fagoaga cogió su caja de cartón, y se fue.

Entonces, la mamá pidió al cura y al notario que casaran a la chica con el Tubo. La chica vio que el Tubo todavía tenía el chichón que le había hecho, y también las cicatrices de otros anteriores, y dijo que sí. ¿Te imaginas? Esa niña mide el amor por chichones infligidos. Pero se ve que a él le gusta, porque terminadas las ceremonias, salieron los dos chavos de manita sudada y mirándose a los ojos, arrobados.

Total, que la vivienda volvió a quedar vacía. A ver quién nos llega ahora.

Te quiere

Cocatú

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