CARTAS A TORA 218

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26 de marzo, 2021 cartas a tora

Querida Tora:

Fíjate que llegó a la vecindad una señora nueva (en el buen sentido de la palabra), que inmediatamente nos intrigó a todos. Es muy misteriosa. Llegó como con veinte maletas, ocho baúles y un número infinito de bultos, todos de diferentes colores y formas, algunos hasta brillantes y que parecían llenos de estrellas. No sabes cómo la miraron las chismosas de la vecindad (en una palabra, todas). Yo también. Y me metí a su vivienda, a ver qué era todo aquello.

Así, a la entrada, colgó cortinas y puso luces de colores. En el centro, una mesa con una bola de cristal encima, varios juegos de naipes, un recipiente con agua, una varita (¿mágica?), una calavera, un sapo verde disecado y no sé cuántas cosas más. Enseguida me dije: Esta es una adivina, ¿Y qué crees? Adiviné.

Al principio no dijo nada, y se limitaba a andar por el patio sin  hablar con nadie. Si acaso, contestaba los saludos con una inclinación de cabeza. Pero yo me di cuenta de que oía con  atención todo lo que se decía a su alrededor. Y un día en que estaba el patio rebosante de gente y de chismes, se interpuso en el camino de la señora del 44, una mujer muy poquita cosa y muy asustadiza, y le dijo con voz potente y hueca: “¡Cuidado! Cuídate de ese hombre, que te va a llevar por el camino de la perdición”. La pobre mujer se estremeció de arriba abajo (eso no es muy meritorio, porque es chaparrita), se encerró en su casa; y en la tarde que la fue a visitar un señor que ya es habitual, lo echó con cajas destempladas, a gritos y tirándole cuanto encontró a mano. Y no me lo vas a creer, pero luego les dijo a las vecinas que ese hombre era agente de una casa de lenocinio (consulta el diccionario, porque a mí me da pena decirte lo que significa) y que se la quería llevar. Excuso decirte que todas las viejas la felicitaron por haber tenido el valor de echarlo de su casa y de su vida.

A raíz de eso, las vecinas empezaron a hacerle plática, y a visitarla. Y al poco tiempo, ya iban a consultarle sus problemas y a pedirle que les echara la buenaventura. Ella accedía, complacida, y les cobraba por el “servicio” (porque de algo tenía que vivir; que si no, se las echaba gratis, porque le caían muy bien). En unas cuantas semanas, se hacían  colas a la puerta de la vivienda de Madame Sura (así dice que se llama, pero debe ser un nombre “artístico”). Y también venían de las vecindades cercanas.

¿Y el portero?, te preguntarás. El portero se presentó una noche, bastante tarde (para que no se dieran cuenta los vecinos) y le dijo que en la vecindad no podía lucrar; y que si lo hacía, justo era que compartiera sus ganancias con él. Y le fijó una cuota por cada persona que la visitara. Madame Sura no se inmutó, sino que entró en trance (o sea, se puso patitiesa y habló con voz ronca) y le dijo que el domingo tendría su respuesta. El portero se puso pesado con que quería una respuesta inmediata; pero la voz de Madame Sura se hizo casi un  rugido, echó chispas por los ojos y le dijo que no la presionara. El portero se impresionó mucho, aunque lo disimuló bastante bien, y le dijo que la esperaba hasta el domingo, pero no más.




Yo me pasé esos días en la vivienda de la Madame, pues quería ver lo que iba a preparar para el domingo. Pero ella siguió con sus paseos por el patio, aunque sí noté que platicaba más con las vecinas, y cuando llegaba a su casa escribía algunas notas y pasaba algunos ratos pensativa.

Y llegó el domingo. Precisamente, el portero había citado a los vecinos a junta para discutir alguna tontería, así que estaban casi todos en el patio, sentaditos, esperando las palabras de la “autoridad máxima”. Y a las doce en punto, cuando el patio hervía de expectación, apareció Madame Sura, que por cierto se veía más alta (aquí entre nos, se puso unos tacones enormes, que no se le notaban porque llevaba una falda muy larga) y más desmelenada que nunca, y de un salto se plantó en el estrado, frente al portero. Este como que se chiveó (Diccionario Folklórico, por favor) un poco, pero aguantó como un buen torero y hasta la miró con ojos centelleantes (se había puesto un poco de diamantina en los párpados para la ocasión). Entonces, Madame Sura hizo unos giros rápidos, en que le revolotearon todas las túnicas y trapos que se había puesto, y con voz salida de las entrañas de la tierra, dijo:

-Cuidado con lo que haces, cuidado con lo que pides. Los hados te han sido favorables, pero se te pueden voltear. Y si exiges más de lo que debes, te secarás por completo, y ya no podrás regar a ninguna Flor. Ni siquiera a una hierbita.

El portero se quedó pálido, porque precisamente la Flor lo estaba esperando en la portería, y venía bastante alegre y jacarandosa, y no quiso ni  imaginar lo que pasaría si se quedaba seco. Así que canceló la junta, alegando una leve indisposición, se tomó unos cuantos alipuses (te imaginas lo que son, ¿no?) y puso en acción la regadera.

Sin embargo, no se volvió a acercar a la Madame; la saludaba muy atentamente cuando se la encontraba en el patio, y la dejó hacer su negocio tranquilamente, Lo que puede una amenaza bien dicha, ¿verdad?

Bueno, mi amor, pórtate bien, y hasta la próxima.

Te quiere,

Cocatú

 

Comentarios
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Durante las primeras etapas de la guerra por la Independencia de México, Iturbide militó en el ejército realista combatiendo a los insurgentes. Posteriormente, durante el marco del trienio liberal en España, fue designado comandante para combatir a Vicente Guerrero, jefe de los rebeldes en la Sierra Madre del Sur. Proclamó el Plan de Iguala el 24 de febrero de 1821.   Más adelante, en agosto del mismo año firmó los Tratados de Córdoba con Juan O'Donojú. De esta manera se logró consumar la Independencia el 27 de septiembre de 1821. Presidió la regencia del primer gobierno provisional mexicano. El 18 de mayo de 1822 fue proclamado emperador en las calles de la capital, y el Congreso al día siguiente lo eligió formalmente para jurar su investidura solemne el 22. Fue coronado dos meses más tarde con el nombre de Agustín I.  En diciembre de 1822, Antonio López de Santa Anna proclamó el Plan de Veracruz, provocando que los antiguos insurgentes de ideas republicanas e inconformes con el régimen imperial se levantaran en armas. En febrero de 1823, se firmó el Plan de Casa Mata, como resultado, los borbonistas y republicanos unieron sus fuerzas para apoyar el derrocamiento de Iturbide.  El emperador decidió abdicar en marzo de 1823 para luego exiliarse en Europa. El Congreso le asignó una pensión anual de 25 mil pesos a Iturbide con la condición de que estableciera su residencia en cualquier lugar de Italia. También su familia tendría el derecho de la pensión que las leyes designasen en caso de muerte del exemperador. El 9 de mayo, Iturbide llegó a la desembocadura del río La Antigua, Veracruz, y Guadalupe Victoria acudió a despedirlo; el exemperador, como muestra de gratitud y reconocimiento, quiso regalarle un reloj; el exinsurgente no lo quiso admitir y le dio a cambio un pañuelo de seda, el cual guardó hasta el momento de su muerte. El 11 de mayo de 1823, Iturbide en compañía de su esposa, ocho hijos y diecinueve sirvientes, se embarcó en la fragata inglesa Rowllins con destino a Europa. ​Asimismo, solicitó protección por temor a ser atacado por un barco pirata o un barco español.  Durante su ausencia, el Congreso Mexicano, previamente reinstalado por Agustín I, lo declaró “traidor y fuera de la ley en caso de que se presente en el territorio mexicano, declarándolo como enemigo público del Estado, y a todo aquel que le ayude a su regreso”. Iturbide, sin conocer esta resolución, regresó a México en julio de 1824 para advertir al gobierno sobre una conspiración para reconquistar México, pero al desembarcar en Tamaulipas fue arrestado y posteriormente ejecutado por un pelotón de fusilamiento. En 1838, bajo la presidencia de Anastasio Bustamante, sus restos mortales fueron trasladados a la Ciudad de México, y colocados con honores en la Capilla de San Felipe de Jesús en la Catedral Metropolitana, donde se exhiben en una urna de cristal. Su nombre, en asociación con la bandera nacional, fue conservado durante mucho tiempo en una estrofa de la letra original del Himno Nacional de México, la cual se suprimió en 1943.  Paradójicamente, el sable que utilizó Iturbide durante el desfile de entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México, fue colocado en el salón del Congreso junto con los nombres escritos en letras de oro de los insurgentes a quienes había combatido. 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Te puede interesar : De 1822 – Agustín de Iturbide es oficialmente coronado como primer Emperador de México Te puede interesar : De 1783 – Nace Agustín de Iturbide NOTAS   https://es.wikipedia.org/wiki/Agust%C3%ADn_de_Iturbide" ["post_title"]=> string(16) "Un imperio fugaz" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(16) "un-imperio-fugaz" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-03-31 11:58:35" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-03-31 16:58:35" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=63195" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } } ["post_count"]=> int(2) ["current_post"]=> int(-1) ["in_the_loop"]=> bool(false) ["post"]=> object(WP_Post)#17727 (24) { ["ID"]=> int(63564) ["post_author"]=> string(1) "9" ["post_date"]=> string(19) "2021-04-09 08:50:51" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2021-04-09 13:50:51" ["post_content"]=> string(5338) "Querida Tora: El otro día fue la señora del 37, que es bastante bronca, al Seguro Vecinal a pedir algo para curar a su hijita, que tenía una fuerte gripa. 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Así que, aventurándome a una suerte peor que la muerte (no la concibes, ¿verdad?), mientras los vecinos discutían en pie, cogí la bolita con los dientes y la fui a dejar en el asiento del portero. La “máxima autoridad” de la vecindad se dejó caer en la silla con toda su humanidad, y el efecto no se hizo esperar. Los guaruras, obedeciendo las órdenes que ya tenían, lo subieron a la enfermería sin hacer caso de sus gritos y protestas. Y la enfermera, que en esos casos no se fija en las caras, sino en los traseros, le empujó las tres lavativas de rigor (fueron cuatro, pero nadie las contó. Yo creo que la enfermera sí lo reconoció y aprovechó para vengarse de algo). El portero estuvo fuera de circulación como una semana y, por sí o por no, mandó deshacerse de todas las bolitas que habían comprado en una tienda de esas en las que venden bromas. La aventura de las lavativas lo hizo enflaquecer y hasta perder el color por unos días. Pero ya está “bien” otra vez, urdiendo nuevas ideas para fastidiar a los vecinos (si no es para eso, no se explican todos los dolores de cabeza que les causa). Yo también sufrí las consecuencias, no vayas a creer, porque cuando la bolita del portero explotó me alcanzaron unas gotas y durante varios días olí a lo que no se puede mencionar. Las vecinas que suelen echarme pellejos me espantaban (o eso creían ellas), diciendo que las iba yo a infectar. Pero como no pasó nada, al cabo de unos días volvieron a llamarme para darme de comer. Que mucho se los agradecí, porque no me podía yo acercar a nadie en busca de alimento, y hubo días en que la pasé bastante mal. Pero no me importa, porque logré encajarle una buena lección al portero. Lo interesante será saber si se dio cuenta o si al final le valió, como siempre. 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