Los mitos del movimiento antivacunas – Parte I El trastorno del espectro autista

En diciembre de este año se cumple el 41º aniversario del hito más importante en materia de salud pública del siglo XX: la erradicación de la viruela. Anterior a ello, casi 300 millones de personas fallecieron por...

6 de noviembre, 2020

En diciembre de este año se cumple el 41º aniversario del hito más importante en materia de salud pública del siglo XX: la erradicación de la viruela. Anterior a ello, casi 300 millones de personas fallecieron por esta enfermedad en 100 años. Actualmente la cantidad de pacientes con esta enfermedad es cero.

Pese a esto, The Lancet, una de las revistas médicas más relevantes, señala que hasta octubre del 2020 “hay más de 31 millones de usuarios que siguen a grupos antivacunas en Facebook, y casi 17 millones suscritos a canales de YouTube”. Estos números han provocado un estado de alerta en el personal médico, debido a que las posibles candidatas a ser vacunas contra el SARS-CoV-2 está en sus últimas etapas de estudio para verificar su seguridad y viabilidad. Pero, ¿en qué momento se originó esta “satanización” a uno de los instrumentos más importantes de salud?

Contrario a lo que se piensa, el rechazo a las vacunas es tan viejo como las vacunas mismas, existiendo desde principios del siglo XIX principalmente en Reino Unido y Estados Unidos, secundario a imposiciones realizadas por el gobierno para vacunar a toda la población de viruela, y propiciando la formación de la Liga Nacional Antivacunas y Sociedad Antivacunas de América en el año 1853 y 1879, respectivamente. No fue hasta el 28 de febrero de 1998 que el Dr. Andrew J. Wakefield y 12 colaboradores suyos publicaron en The Lancet una investigación realizada en 12 niños presuntamente seleccionados de manera consecutiva con enfermedades intestinales, y que tras un análisis de cada uno de los casos se encontró que todos habían recibido la vacuna contra sarampión, rubéola y paperas (conocida en México como “triple viral” o SRP) y que 10 de ellos presentaban trastornos del espectro autista (TEA), anteriormente llamado autismo. 

Este artículo causó un revuelo internacional, y al llegar a los oídos de las familias norteamericanas provocó la negativa de vacunar a los niños temiendo que pudieran causarles TEA. Diferentes investigadores refutaron en 1999 y 2001 la relación entre la vacuna SRP y TEA, y no fue hasta 2004 cuando 10 de los 12 autores del texto de 1998 se retractaron, negando la anterior asociación, y ese mismo año la revista declaró que “nunca tuvieron que haber publicado ese artículo”. En 2010, la revista finalmente publicó su retracción y el Dr. Wakefield fue investigado, encontrándose que había cometido fraude en la investigación seleccionando a los pacientes y los datos que se ajustarían a su investigación, falsificando datos y recibiendo sumas importantes de dinero para publicar dicha información.

Pero, el daño ya estaba hecho. Enfermedades anteriormente controladas por la acción de las vacunas como la rubeola o el sarampión actualmente están presentando un incremento de casos alarmante. A principios de 2020, en México se presentaron 1364 probables casos de sarampión, contrario a 0 casos en 2016, habiéndose ya declarado el continente americano como “libre de sarampión”.

Es muy importante poner en perspectiva estos datos. Imaginemos que realmente la vacuna SRP causara TEA en el mismo número de pacientes que actualmente pueden padecer efectos adversos graves por esta vacuna, como lo es la trombocitopenia y las convulsiones febriles, presentándose en 1 de cada 40,000 vacunados, según la Academia Americana de Pediatría (AAP). La tasa de mortalidad (la cantidad de personas que fallecen de una enfermedad por cada 1000 pacientes) de las enfermedades prevenibles por vacunas en menores de 5 años es de 13 por cada mil, y en menores de 12 meses es de 12 por cada mil. Analizando ambos datos, sería cuatro veces más probable que un paciente falleciera por una enfermedad prevenible por vacuna, a que la vacuna le provocara TEA, y en términos de salud pública, esto sería altamente relevante. Repito, en el hipotético caso que realmente la SRP causara TEA.

Finalmente, queda mencionar que con lo que actualmente se entiende de los trastornos del espectro autista, es una enfermedad con la que se nace, mas no se adquiere. ¿Podría el lector creer que el Síndrome de Down se adquiere en la vida del paciente? Rotundamente no. Los TEA se relacionan con alteraciones en el desarrollo cerebral secundarios a factores genéticos, como alteraciones en el cromosoma X, y su relación con síndromes como la neurofibromatosis, Down, Angelman o el síndrome X frágil. Adicionalmente, factores como exposición a tóxicos por parte de la madre, infecciones prenatales o el consumo de medicamentos catalogados como teratógenos (que causan daño al feto en desarrollo), se han asociado a la presentación de los TEA.

Invito al lector a formar o reafirmar su criterio con información documentada por medio del método científico, y excluir ideas que contradicen al mismo. El movimiento antivacunas puede tener varios argumentos que parecen tener coherencia, cuando realmente carecen de ello.

Referencias:

American Academy of Pediatrics. (2018). Red Book: 2018 Report of the Committee on Infectious Diseases, 31st ed, Kimberlin DW, Brady MT, Jackson MA, Long SS (Eds), American Academy of Pediatrics, Itasca, IL.

Burki, T. (2020). The online anti-vaccine movement in the age of COVID-19. The Lancet Digital Health2(10), e504-e505. https://doi.org/10.1016/s2589-7500(20)30227-2

Goddle, F., et al. Wakefield’s article linking MMR vaccine and autism was fraudulent. (2011), 342, d1678. https://doi.org/10.1136/bmj.d1678

OMS. (2020). Measles – Mexico. World Health Organization. Recuperado 2 noviembre 2020, de https://www.who.int/csr/don/24-April-2020-measles-mexico/en/.

OMS. (2020). WHO vaccine-preventable diseases: monitoring system. 2020 global summary. World Health Organization. Recuperado 2 noviembre 2020, de https://apps.who.int/immunization_monitoring/globalsummary/countries?countrycriteria%5Bcountry%5D%5B%5D=MEX.

The Editors of The Lancet. (2010). Retraction—Ileal-lymphoid-nodular hyperplasia, non-specific colitis, and pervasive developmental disorder in children. The Lancet375(9713), 445. https://doi.org/10.1016/s0140-6736(10)60175-4

Wakefield, A., Murch, S., Anthony, A., Linnell, J., Casson, D., & Malik, M. et al. (1998). Ileal-lymphoid-nodular hyperplasia, non-specific colitis, and pervasive developmental disorder in children. The Lancet351(9103), 637-641. https://doi.org/10.1016/s0140-6736(97)11096-0

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