Inteligencia artificial: ¿cuándo, cuánta y hasta dónde?

¿Qué nos espera como humanidad frente a esta realidad que ahora no solo amenaza a la mano de obra y el trabajo barato, sino también a profesionistas y artistas?

18 de abril, 2023 Inteligencia artificial: ¿cuándo, cuánta y hasta dónde?

Recién hace un par de meses que empezamos a hablar todos de este tema, con la difusión de imágenes originales, pero que no tenían nada que ver con la realidad, como unas supuestas fotos del papa Francisco usando ropa de lujo para el frío; el expresidente de Estados Unidos Donald Trump forcejeando con policías y siendo arrestado; ciudades que simulaban una realidad alterna en otras circunstancias, por ejemplo:  ¿cómo sería Mesoamérica de no ser colonizados por los europeos hace más de 500 años, o cómo lucirán las ciudades en el futuro?

Las opciones son infinitas y a los más mayores se nos empezaron a poner los pelos de punta al no saber distinguir entre la realidad y la ficción. ¿Qué pasaría si la inteligencia artificial llegara a nuestras vidas? Si algún dispositivo entregara una imagen nuestra asaltando un banco o cometiendo un crimen y por eso fuésemos castigados? ¿O por el contrario, una imagen ganando una carrera, conduciendo un auto de lujo, conviviendo con personalidades importantes?

La verdad es que la inteligencia artificial (IA) está entre nosotros desde hace mucho tiempo. Yo misma la estoy utilizando ahora mismo para escribir esta columna. Consulté en Google buscando información, me apoyo del corrector de ortografía si es necesario. Hoy solamente he usado varios métodos de Inteligencia Artificial: calculadoras, buscadores, simuladores de precios, coticé en sitios comandados por robots cibernéticos que me dijeron cuánto me costaría pasar unas vacaciones en la playa incluyendo aviones, reservaciones y comidas. Solo por mencionar algunos. 

¿Eso no nos da miedo? Para nada, estamos tan acostumbrados y familiarizados que no nos importó hacer perezoso a nuestro cerebro y perder la capacidad de hacer cálculos matemáticos por usar una calculadora. Tampoco nos parece relevante dejar de acudir a libros de consulta para investigar sobre algún tema, en vez de usar uno de tantos buscadores con traductores incluidos en internet. Tampoco nos preocupamos mucho por la gente que se quedó sin trabajo con la modernización de los bancos, las cajas en los supermercados, las casetas de vigilancia de los estacionamientos, ni la automatización de infinidad de procesos que llegaron para quedarse.

Pero ¿qué pasa si soy arquitecto y un sistema amenaza con prescindir de mi experiencia y talento planeando un edificio, haciendo planos y cotizando materiales? ¿O si soy un abogado y en adelante no serán requeridos mis conocimientos para presentar demandas o asistir a juicios? ¿Si soy médico, tendré que cerrar mi consultorio porque ahora cualquier enfermedad puede ser diagnosticada y medicada automáticamente? ¿O si soy profesor y mis alumnos de primer grado presentan trabajos de investigación y síntesis mejores que los de mi tesis doctoral que me llevó años de esfuerzo? ¿O si a mí el mismo profesor en un futuro próximo me sustituirá un sistema de enseñanza imperfectible? ¿Si los periodistas y comunicadores perderemos nuestros trabajos y espacios como informadores por sistemas mucho más sofisticados de investigación y análisis? ¿O si robots sustituirán a músicos y compositores, escritores y artistas? ¡Esto ya está sucediendo!

¿Qué nos espera como humanidad frente a esta realidad que ahora no solo amenaza a la mano de obra y el trabajo barato, también a profesionistas y artistas? ¿Hay forma de frenar esto? Yo creo que no. Así como no supimos a dónde nos llevaba la computación, el internet, la traducción simultánea, el correo electrónico, el chat de WhatsApp, las aplicaciones con filtros, los tutoriales en YouTube, las plataformas de videos, la animación por computadora, los efectos especiales en el cine. Parecía divertido y práctico, ahora nos hace sentir seriamente amenazados.

¿Hay forma de que las empresas multimillonarias respeten nuevos códigos de ética que los ciudadanos comunes intentemos imponer para no ser atropellados por la tecnología? Dependemos sin duda de las nuevas generaciones para no desaparecer como muebles inservibles considerando nuestro conocimiento, capacidades y talentos como algo absoluto. Y éstas a su vez tendrán que evaluar si la evolución es igual a la cancelación de capacidades y esfuerzos individuales y en conjunto.

Sustituir el pensamiento por la tecnología puede ser sin duda el principio del fin de una era como seres pensantes. Bien lo dijo Albert Einstein: “Temo el día en que la tecnología sobrepase  a nuestra humanidad, el mundo tendría solo una generación de idiotas” (Frase buscada en Safari y traducida en Google traductor).

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