Hace un par de días comía con mi hija y me preguntó si sabía quién había ganado el Premio Nobel de Física y con qué tema. No, le respondí; y sin mayor preámbulo comenzó su disertación.
Comentó que no entendía bien la jerga técnico-científica pero de lo que había leído y visto en videos se confirmaba lo ya sabido desde hace “mucho tiempo”, precisamente que el tiempo es relativo; pero ahora se visualizaba que existe y no existe a la vez y mientras aparentemente el destino está escrito en piedra, al unísono cada instante abarca posibilidades infinitas que se escurren como arena entre nuestros dedos.
Rigen energías invisibles que permiten que dos partículas separadas entre sí por grandes distancias sigan comunicadas; y se constataba una vez más que una mirada de cualquier observador -aunque fuese de reojo- alteraba el comportamiento y la naturaleza de la partícula, por eso podía ser onda y partícula por igual y solo hasta el momento en el que se le observa definir su naturaleza.
Me duele no haber grabado esta conversación como muchas otras que he tenido con mis hijos; pero sé que esto hubiera precisamente alterado la dinámica y el momento espontáneo no “hubiera” sido tal. Y luego para mi tranquilidad recuerdo que también me dijo que la frustración efectivamente era un espejismo ya que al “final y al principio” todo lo que pensamos e imaginamos se materializa al mismo tiempo en éste y en la misma cantidad de planos como las imágenes de espejos uno frente al otro. En un solo instante que nosotros de ninguna manera podríamos abarcar y a la vez, esperanzadora y asombrosamente sí.
Continuó explicando que como el tiempo no existe también hizo un ejercicio -que le sugirió TikTok- en donde ella de 5 años, de 16 y de 40, formaban un triángulo en donde intercambiaban recuerdos y consejos, porque dijo que ella antes, ahora y después, misteriosamente fue, es y seguiría siendo la misma y que en consecuencia sabía perfecto lo que necesitaba comunicarse sin que el espejismo del tiempo se lo impidiera.
Lo más importante de la vida son las cosas que siempre son y que no nos damos cuenta, hagamos lo que hagamos siempre estuvieron, están y estarán ahí, como si fuéramos peces en un océano absoluto, dijo.
A estas alturas del momento nivel “El Aleph” me latió sugerir la conexión con el “Inconsciente Colectivo” de Jung, sus arquetipos, la ruta del héroe y tuvimos la epifanía de concluir juntos que solo Un Absoluto Infinito podía abarcar todos los infinitos posibles.
Acto seguido salimos disparados, mientras yo literal seguía masticando la tampiqueña porque “solo teníamos 8 minutos” para llegar con su dentista; pero no tengo duda que durante instantes de la plática nos sentimos integrados entre nosotros, con nosotros y con todo lo demás y comprobamos -una vez más- que el tiempo no existe.
Como dice ella: Nunca sabemos en realidad qué hora es.
La teoría cuántica es contraintuitiva y supera cualquier barrera establecida por la física tradicional; pero estas nuevas generaciones me la han ido explicando con peras y manzanas, como cuando mi hijo me puso a ver Rick & Morty.
Después de todo esto y más que no se puede reproducir aquí fielmente en función de que los momentos únicos son precisamente eso. ¿Qué creen que hice?
Aquí les dejo una nota que me gustó: https://nawwa.ink/3yy9PfG
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