Capital de riesgo en emprendimientos tecnológicos (primera parte)

Los modelos de financiamiento de ingresos y beneficios son una opción que bien podría ser apoyada por los gobiernos estatales y locales que buscan hacer crecer su ecosistema tecnológico.

23 de enero, 2023 Capital de riesgo en emprendimientos tecnológicos

Un “disruptor” es alguien capaz de crear un producto, un servicio o una forma de hacer las cosas que, inicialmente, desplaza y luego acaba sustituyendo al líder del mercado. Se trata de emprendedores con creatividad y amantes de la innovación, aun cuando no sean expertos en el sector, sólo se dan cuenta de que hace falta algo para satisfacer una necesidad del mercado.

El problema es que, cuando una persona se decide a emprender en un negocio disruptivo, se enfrenta a toda clase de retos y desafíos que ponen a prueba su carácter y determinación. Es entonces cuando aprende que emprender es una actitud ante la vida, fundamentada en la predisposición a convertir las ideas en realidad, y adoptando una conducta proactiva ante los retos que surgen día a día para buscar soluciones y alcanzar nuevas metas.

Desde el nacimiento del proyecto hasta que éste se convierte en una empresa sostenible, el emprendedor se topará con problemas que no contaba y situaciones que le defraudarán, pero también se encontrará con éxitos. La tarea parece ser más difícil para el emprendedor de base tecnológica, cuyo gran reto es lograr poner en contacto a la oferta con la demanda, ya que muchas veces se trata de mercados no configurados en los que hay que explicar muy bien cuál es el beneficio de su producto o servicios. Pero quizá la parte más difícil para el emprendedor de base tecnológica es el financiamiento para su arranque. 

No obstante, el emprendimiento de base tecnológica tiene un gran potencial, especialmente en los mercados emergentes: A medida que los gobiernos y las personas en estos mercados adoptan las innovaciones tecnológicas, surgen oportunidades y, quienes tienen la experiencia necesaria (en tecnología, emprendimiento o inversión), pueden exportar sus conocimientos para ayudar a resolver problemas internacionales.

Un ejemplo de ello es lo que está sucediendo con las nuevas empresas tecnológicas en África en donde están socavando los problemas de pago aprovechando la penetración de Internet y la telefonía móvil. Si bien en el mundo desarrollado alrededor del 40 por ciento de los pagos se realizan a través de dispositivos móviles, la tasa se dispara hasta un 60 por ciento en ciertos mercados emergentes como Kenia y Filipinas.

Quizá es por eso que en los últimos años, el fenómeno del emprendimiento tecnológico ha despertado el interés de investigadores y responsables políticos que reconocen su efecto positivo en el desarrollo económico. Basándose en una rica tradición de investigación, varios autores definen el emprendimiento tecnológico como la interfaz de dos campos bien establecidos, pero relacionados: el emprendimiento y la innovación tecnológica (Beckman, Gary. Universidad Estatal de Carolina del Norte). 

Pero para cualquier startup, los eventos de financiamiento son estratégicos y requieren mucha disciplina, esfuerzo y previsión. (Véase el libro de Kawasaki The Art of the Start). ¿Cuáles son las opciones por las que puede optar un emprendedor de base tecnológica? Puede recurrir a capital de riesgo tradicional, inversionistas ángeles, las incubadoras, los préstamos bancarios, los fondos personales e incluso el bootstrapping (usar solo los recursos existentes, como ahorros y equipo e instalaciones personales) cuando sea necesario.

En Estados Unidos, por ejemplo, existen más de 3000 programas de emprendimiento; entre ellos se encuentran los de las universidades, los aceleradores de startups como Y Combinator y MassChallenge, las iniciativas de desarrollo económico regional como Jumpstart Ohio, y los Small Business Development Centers (SCORE) locales para apoyar a los propietarios de empresas locales. Son programas que proporcionan una importante ayuda en la planificación empresarial, las operaciones y la administración del negocio. Los programas de aceleración también ayudan a validar la idea mediante estrategias de prueba de concepto, acercamiento a clientes potenciales para obtener comentarios y prácticas, y asegurar reuniones con posibles inversionistas o socios corporativos. Fuera de los Estados Unidos hay más de 1,000 aceleradores de startups que ayudan a lanzar empresas de alto crecimiento. 

Pero todo depende del tipo de empresa, de producto, y del nivel de arranque o desarrollo en que se encuentre. Si bien el capital riesgo puede ser adecuado para reforzar algunas empresas, existen otros modelos que pueden contribuir al financiamiento de una startup de base tecnológica como son el financiamiento de ingresos y beneficios, o las subvenciones estratégicas.

Los modelos de financiamiento de ingresos y beneficios son una opción que bien podría ser apoyada por los gobiernos estatales y locales que buscan hacer crecer su ecosistema tecnológico. Se trata de estructuras similares a la deuda, que apoyan a los emprendedores cuyas empresas se financian en gran medida con clientes de pago y toman capital sólo cuando es necesario.

Este modelo ha crecido en importancia en los años recientes en virtud de que algunos empresarios rechazan las expectativas de crecimiento, la dilución y los constantes ciclos de recaudación de fondos que conlleva la obtención de capital riesgo. Este modelo generalmente busca ingresos constantes y recurrentes, márgenes brutos saludables y flujos de caja estables. 

Un ejemplo del mismo es el empleado por el Calm Company Fund (antes Earnest Capital) enfocada en apoyar a emprendedores a través de capital y asesoría, que opera mediante un acuerdo de ganancias compartidas actuando como sustituto de una estructura similar a la de las acciones, en la que un inversionista aporta un capital inicial y recibe un porcentaje de las ganancias de los emprendedores (esencialmente beneficios), hasta un tope. Otro ejemplo es el de financiamiento basado en los ingresos, como el ofrecido por Lighter Capital, el mayor proveedor de capital de deuda para empresas emergentes, que proporciona a los emprendedores capital de crecimiento en forma de préstamo a cambio de un porcentaje de los ingresos mensuales hasta un tope de reembolso, pagado de forma flexible en función de los resultados de la empresa. 

A diferencia de un modelo de fondo de capital de riesgo en fase inicial, que depende de una minoría de empresas en cartera que generan la mayor parte de los rendimientos del fondo a través de un evento de salida, los modelos de ingresos y beneficios compartidos se basan en un mayor número de empresas en cartera que proporcionan rendimientos moderados sin presión de salida, alineando así los incentivos de los emprendedores con los de las inversionistas para construir empresas rentables, duraderas y de crecimiento constante sin la presión del crecimiento a toda costa y el alto riesgo de fracaso.

Hay quienes consideran que, para aprovechar los mecanismos de financiamiento de los ingresos y los beneficios, los gobiernos deberían considerar la posibilidad de proporcionar un apoyo financiero equivalente a los fondos emergentes que utilizan estos enfoques. Tradicionalmente, este tipo de participación gubernamental se ha utilizado para atraer capital de riesgo a lugares que esperan hacer crecer los ecosistemas tecnológicos. 

Un ejemplo de este modelo, que muchos piensan deberían adoptar los gobiernos, es Israel: en 1993 este país arrancó la iniciativa Yozma con 100 millones de dólares, para desarrollar su incipiente industria de capital de riesgo; a través de esa iniciativa, el gobierno aportó hasta el 40% del capital obtenido por inversionistas externos para desarrollar fondos e invertir en empresas emergentes israelíes con fondos dirigidos por inversionistas privados e internacionales. El éxito de muchos fondos Yozma atrajo a nuevos gestores de fondos y, a finales de los años 90, gran parte de la participación inicial del gobierno fue adquirida por inversionistas privados, a medida que el ecosistema tecnológico y de inversión se hacía autosuficiente. 

Tradicionalmente, este tipo de participación gubernamental se ha utilizado en el espacio del capital riesgo para hacer crecer los ecosistemas tecnológicos. 

Las subvenciones directas son otra opción. Éstas, otorgadas por los gobiernos, pueden ser un mecanismo fundamental de financiamiento temprano para apoyar a las empresas que operan en sectores cruciales para los intereses nacionales o regionales. Son una forma de complementar el capital de riesgo para empresas que operan en sectores como la fabricación avanzada, que tienen dificultades para obtener capital de riesgo debido a las elevadas necesidades de gasto inicial. 

Uno de los programas de subvenciones es, por ejemplo, el Programa de Investigación para la Innovación en la Pequeña Empresa (SBIR), que anima a las empresas a participar en los esfuerzos federales de investigación y desarrollo fundamentales para el gobierno de los Estados Unidos. Este programa funciona en tres fases: En la primera, se establece el mérito técnico, la viabilidad y el potencial comercial; en la segunda, se apoyan los esfuerzos de investigación y desarrollo basados en los resultados del programa de la primera fase, y, finalmente, se entra a la fase de continuidad a los objetivos de comercialización de las fases anteriores.

El apoyo federal continuado a estos programas, así como la ampliación de los programas de subvención a las industrias críticas que impulsan las economías regionales, pueden proporcionar el financiamiento inicial necesario para demostrar la solidez técnica y la demanda comercial necesarias para atraer capital de riesgo. 

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