Los Primeros 100 Días. ¡Ya Fue Suficiente!

Hablando de política, la completa esperanza en un líder mesiánico que se siente (o se dice) capaz de solucionar los problemas de una nación con...

15 de marzo, 2019

Hablando de política, la completa esperanza en un líder mesiánico que se siente (o se dice) capaz de solucionar los problemas de una nación con poco más que buenas intenciones no suele ser la mejor herramienta a la hora de ejercer nuestro derecho del voto. Este argumento se ha demostrado a escala internacional. Por ejemplo, los niveles de aprobación de Emmanuel Macron en Francia se encuentran alrededor del 21% de acuerdo a Sputnik News, una cifra bajísima para el joven promesa de la redención de la extrema derecha en Francia. Misma situación en Argentina, con el triste 30% de aprobación de Mauricio Macri, quien hospició una campaña esperanzadora para la economía en Argentina. Podríamos continuar señalando este argumento durante varias páginas más…

Independientemente de la postura de cada lector ante la figura de Andrés Manuel López Obrador, no cabe duda que el histórico fenómeno electoral del año pasado fue producto de una situación similar, ante la decadencia política de México en el periodo neoliberal. López Obrador prometió, prometió y prometió, sin ningún argumento mas que la sólida palabra del representante del pueblo.

¿Y qué ha sucedido?

A poco más de 100 días de haber comenzado su gestión, las decisiones políticas no han sido las más atinadas y las repercusiones han posicionado a México en un esquema negativo en el panorama global. El morenista, que comenzó en realidad a gobernar extraoficialmente desde los primeros días de julio de 2018, optó por la cancelación de un proyecto millonario e innovador que era, dicho sea de paso, más que necesario y que ya estaba en proceso de construcción. Es una opinión casi generalizada que las pistas en Santa Lucía son una alternativa mucho menos eficiente, además de inviable. Los costos de los avances de la construcción sumados a los gastos que tomará cancelar y ocupar ese territorio para alguna otra cosa son altísimos hasta para la imaginación. Gasto, tras gasto, tras gasto… Pero sin resultados.

La supuesta estrategia contra el huachicoleo, de la cual no creo ni una sola palabra, sumergió a México en una fuerte problemática social ante el desabasto de combustible que el presidente no hizo más que negar, pero que fue evidente. Hasta el momento, no sabemos los costos y los gastos de la supuesta guerra, ni información alguna de los responsables que, supuestamente, fueron detenidos.  Además, cabe aclarar, el ruín líder del sindicato de petróleos, Carlos Romero Dechamps, sigue libre y campante por las calles. Esto, sumado a la polémica autorización de construcción de la innecesaria refinería en Dos Bocas, Tabasco y alguno que otro escándalo como la explosión de Tlahuelilpan y el saldo de más de 130 personas fallecidas, han provocado un fuerte descontento y una incertidumbre incontrolable.

Apenas el día de ayer, 14 de marzo de 2018, se aprobó el dictamen de la revocación de mandato y las sospechas de una posible antesala al proceso de reelección vuelve a emerger en la boca de los oponentes y de los no complacidos con la figura del tabasqueño. Por otro lado, la noticia de que Andrés Manuel buscará a los autores del documental “Populismo en América Latina” califica como un ataque a la libertad de expresión. ¿Pues no que no era autoritario? A esto todavía podemos sumar otros ejemplos, desde la polémica por la cancelación de las estancias infantiles, la liberación y la repentina desaparición del expediente de la líder sindical Elba Esther Gordillo, la blanca e inútil respuesta del Gobierno a la situación política de Venezuela que infiere el apoyo a Nicolás Maduro, la intolerancia hacia los opositores, las sospechas de la implicación del Gobierno en la trágica muerte de la ex Gobernadora de Puebla, entre otros.




Desde el punto de vista del autor, el fenómeno de la democracia participativa es nada más que una simulación para delinearse de responsabilidades por parte de López Obrador en caso de que alguna de sus decisiones (o varias) tengan resultados contraproducentes. “Fue decisión del pueblo”, respondería al ser reprochado. La veracidad de ese argumento es equivalente a la legitimidad de estos ejercicios democráticos amañados.

Por otro lado, creo fervientemente que las llamadas “mañaneras” y las giras por el territorio nacional no son, ni de cerca, un ejercicio de atención ciudadana ni de eficiencia política, sino una manifestación que enaltece lo que Andrés Manuel López Obrador siempre ha demostrado ser: un populista demagogo.

Me sorprende y francamente, me preocupa muchísimo el índice de aprobación con el que cuenta el Presidente a 100 días de haber iniciado su gestión. Me parece que estamos viviendo una realidad difícil de creer y hubo un apego tan sólido (eso si debo de reconocerle) a la figura de López Obrador, que es muy complicado salir de semejante encasillada. Ya el tiempo dirá si el señor merece toda esta aceptación o es únicamente un vendedor de promesas y soluciones efímeras.

Coincido con Eduardo Ruiz-Healy en su columna del día de ayer, 14 de marzo. Efectivamente, Andrés Manuel no es un hacedor de milagros, pero creo que el grave error fue que él mismo le hizo creer al pueblo de México que lo era. Por otro lado, no esperamos de un político milagro alguno, pero si que cumpla con su deber y nos entregue resultados. Creo que lo único que ha permanecido fuerte y en vigor es la incertidumbre y la enorme polarización social.

Se que quienes difieren de mi punto de vista, y están en todo su derecho, me dirán que 100 días es muy pronto para juzgar a un presidente y concedo razón al respecto. Espero, por el bien de la nación, que las cosas se estabilicen, mejoren y López Obrador cumpla su palabra y nos demuestre a los inconformes nuestro error. Lo que sí puedo decir es que, si toda la gestión va a ser como estos primeros 100 días, el panorama para México se ve mucho más desfavorable de lo que creí.

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enero 1, 1970

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