LA CLAVE PARA SALIR DE LA CRISIS SOCIAL DE LA PANDEMIA, LA “COHESIÓN SOCIAL”

Después de una pormenorizada lectura del libro La sociedad rota de Germán Pérez Fernández del Castillo (Gedisa, UNAM, 2015), encontré el concepto que explica en...

29 de junio, 2020

Después de una pormenorizada lectura del libro La sociedad rota de Germán Pérez Fernández del Castillo (Gedisa, UNAM, 2015), encontré el concepto que explica en buena medida, la explosión de la violencia y la “ruptura social” de que ha sido México en las últimas décadas, cuya recuperación será imprescindible para resolver los problemas sociales que arrastramos, que pueden aumentar en grado geométrico como consecuencia de la pandemia del COVID-19: la “cohesión social”.

La cohesión social incorpora  tanto la dimensión estructural como la subjetiva. Puede entenderse como la dialéctica entre mecanismos instituidos de inclusión/exclusión social (a través de políticas públicas) y las respuestas, percepciones y disposiciones de la ciudadanía frente al modo en que ellos operan (Hopenhayn).

Mediante la cohesión social, se replantean los términos del contrato social (que es mucho más que un contrato social, pues el hombre es social por naturaleza y la sociedad busca un objetivo común, el bien común, y no se restringe como como considera Hayek en un mero agregado de individuos), con vistas al mejoramiento de la responsabilidad gubernamental que genere respeto por las normas, confianza de los individuos en las instituciones, como a la inclusión social y a la eficacia institucional para fomentar la equidad, el bienestar y la producción social. Para tal propósito, la sola idea de cohesión social debe derivar en políticas públicas persuasivas que detonen una voluntad social movilizada (p. 31).

¿Cómo se puede lograr un aumento de la cohesión social? Para mi sorpresa, existen infinidad de estudios en la materia. Un sentido en el que deberían ir las políticas fue la correcta política pública de prevenir la realización de conductas delictivas del presidente Peña Nieto, a través de la reconstrucción de los espacios sociales, la intervención de la comunidad y un seguimiento del comportamiento social de la autoridad, empezando por unos distritos –designados un poco subjetivamente– de  modo experimental, para poder después avanzar a otros. Esta política, que inicialmente contaba con un presupuesto de 4 mil millones de pesos nunca fue aplicado en la práctica, la renuncia del titular dejó acéfala la institución durante 15 meses y por obra de “magia negra” vio su presupuesto reducido a cero. Pero la política iba en la línea correcta de crear “cohesión social”.

Otras de las causas de la falta de cohesión social son la falta en la confianza de la representatividad de los partidos políticos; la corrupción, la falta de una cultura de la legalidad, la discriminación de la que son objeto innumerables mexicanos y mexicanas en el país en los ámbitos económico y social (exclusión social), la calidad de la democracia y la disminución del capital social en nuestro país. Este último concepto es complementario al de “cohesión social”, y también ha sido ya muy estudiado.

¿Qué medidas pueden aumentar la “cohesión social”? Para empezar, buscar atajar sus causas, a través de una mejora de la representatividad y la transparencia, la mejora de la democracia, el fomento de la cultura de la legalidad y la toma de medidas públicas que disminuyan la exclusión social. Paul Collier sugiere la creación de escuelas pluriraciales y que representen a todas las clases sociales, para fomentar la convivencia entre los estratos que ahora funcionan separados en nuestro país. Esto se podría lograr en las escuelas privadas a través de unas “cuotas de minorías” como requisito para que éstas pudieran operar.




Existen muchas otras medidas, la mayoría de las cuales van más allá de la creación de las obras faraónicas de López Obrador –que lejos de construir, al implicar alejamiento de las personas de sus comunidades, disminuyen la “cohesión social”,  fuera de la creación de ciertos empleos temporales–. La  poca muestra de AMLO hacia el diálogo también disminuyen la “cohesión social”. 

Otros mecanismos serían apoyar los grupos intermedios de la sociedad civil (la sociedad civil es mucho más amplia que los grupos fifís a los que el presidente desprecia), como la escuela, la familia heterosexual, la disminución en lugar de la facilitación del divorcio a la carta y la creación de “desarrollo local” a través de los municipios y el empoderamiento de la personalidad jurídica de sujetos sociales como las colonias, los barrios, las asambleas de vecinos, la familia y los pueblos aborígenes, otorgando a éstos lugares para la gestión de espacios comunes con el presupuesto y la organización social para ello. Reforzar los títulos de propiedad irían en la misma línea. En lugar de fomentar grandes inversiones de empresas extranjeras que al final crean pocos empleos, apoyar con microcréditos a las MIPYMES con tecnología apropiada, AMLO se equivoca de enfoque: no se trata de construir elefantes blancos, que como dice Gabriel Zaid, quedarán abandonadas en unos años. Hay que apostar por lo “micro”, el desarrollo de la convivencia y las relaciones entre las personas y sus comunidades.

Si hay un cambio de enfoque en las políticas públicas hacia un mayor grado de “cohesión social”, tendremos el primer paso para reconstruir el tejido social, condición indispensable para poder después recuperar la senda del crecimiento, porque sin mayor “cohesión social” las políticas de “fraternidad”, “abrazos y no balazos”, quedarán en meros eslóganes publicitarios de un presidente que ha querido abanderar una postura de “liderazgo moral”, contradicho en los hechos por otras de sus políticas, como la de confrontación, y el comportamiento abiertamente corrupto de los adalides de la 4T. 

1 Máster y Doctor en Derecho Económico. Profesor Investigador de las Facultades de Negocios, Derecho y Políticas Públicas de la Universidad De La Salle Bajío, autor del libro “El derecho de la competencia en tiempos de crisis” y miembro nivel I del Sistema Nacional de Investigadores.

 

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enero 1, 1970

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