Primer lunes de febrero. El tiempo corre deprisa y parece no detenerse ni en un fin de semana largo. Los viejos tiempos en que un “puente laboral” daba lugar a la pausa y nos mostraba un panorama desolador sin autos, personas ni comercios abiertos ha quedado atrás. Los días de descanso ya no se distinguen de los días normales y todos los rincones se saturan de visitantes deseosos de pasar un rato agradable.
Nos encontramos justo en el punto medio entre invierno y primavera, lo cual significa que los días se irán volviendo más luminosos, cálidos y largos. El día de ayer se celebró “la Candelaria” (Fiesta de las Velas y conmemoración de la aparición de una imagen de la Virgen María), celebración católica que se simplifica con la presentación del niño Dios en la iglesia y el ofrecimiento de tamales para quienes encontraron un muñeco en la rosca de reyes. Del otro lado del mundo, se celebra “Imbolc” celebración celta de la fertilidad y la purificación tanto humana como natural por su acercamiento a la primavera.
Y en asuntos que nada tienen que ver con las efemérides, pero sí con lo cotidiano, comparto mi experiencia como ciclista y todo lo que puede observarse durante el tiempo de pedaleo: calles con baches, falta de acotamiento para ciclistas, falta de respeto de los automovilistas, vías estrechas, largas filas de autos estacionados en lugares prohibidos, inseguridad, motociclistas imprudentes y puestos ambulantes por todas partes.
La ciudad no sólo no está diseñada para ciclistas por más ciclovías que se empeñen en habilitar, sin conciencia colectiva de respeto y tolerancia por todos los usuarios de la vía pública, nada puede hacerse. Recorrer la ciudad a pie, en bicicleta o en automóvil nos regala una experiencia diferente y nos sensibiliza a lo mucho que falta por hacer y el nivel de indiferencia por la otredad que se vive en las ciudades; principalmente, en una ciudad tan grande como es la Ciudad de México.
La inseguridad y la falta de infraestructura hacen imposible el traslado en bicicleta, ojalá los gobernantes supieran que existen otras alcaldías además de las que alojan colonias con grandes tramos de ciclovías. Sin educación cívica y vial, el tránsito libre y seguro no está garantizado, además de situarnos en la oscuridad aunque nos encontremos a un paso de la luz que nos regala la llegada de la primavera. ¡Nos leemos a la próxima!
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