Faltan ocho días para celebrar nochebuena y navidad y quince más para que finalice este año; la prisa (ese personaje vestido de necesidad o deseo de realizar “algo” a velocidad de la luz o de que suceda “algo” con prontitud y rapidez) se ha instalado en el inconsciente colectivo como “por arte de magia” y parece no dar tregua entre los muchos mil pendientes que quedan por finiquitarse.
En esa dinámica, no es posible distinguir un tranquilo día domingo de un martes o un viernes ni tampoco hay espacio para la plática amena o la observación meditativa para reflexionar en torno a lo que han sido los casi 365 días que han transcurrido desde que el año nuevo nos sorprendió a todos con propósitos y metas por cumplir.
Pareciera que el mundo se va a acabar o que fuera preciso hacer todo ya, de una vez, ahora, en este preciso momento porque mañana (en sentido figurado) será tarde y otras noticias, otros acontecimientos, otras anécdotas y otro año llegarán. ¡Qué loco!
Lo sorprendente no es la prisa instalada sino que cada vez ocurre con mayor anticipación, justo cuando la industria marca el “inicio de la temporada” a mediados del mes de septiembre y de ahí, no hay vuelta atrás en una carrera en la cual parece como si realmente todo lo ocurrido durante los meses anteriores no fuera más que la antesala de lo que significa el cierre de año (que, por cierto en términos fiscales se conoce como el cierre fiscal): brindis por aquí, palabras emotivas por allá, intercambio de regalos más allá, ventas especiales (nocturnas, navideñas, del año, del buen fin, de fin de temporada) por todas partes, buenas intenciones, amor y felicidad esparcidos por doquier (pura melcocha en realidad). Porque el tiempo es relativo, porque el inconsciente colectivo es como una gran ola que todo lo sacude para luego regresar a la calma hasta formar un nuevo oleaje y hacerse presente para arrasar con todo, una y otra vez sin descanso. ¿Y después qué?
El tiempo ha cambiado, nosotros seguimos siendo los mismos con nuestras imperfecciones humanas (y mundanas) porque en plena era de avance tecnológico lo que menos avanza es la humanidad cada vez más ensimismada, ajena a su entorno, con la mirada clavada en sus dispositivos móviles inmersa en una realidad virtual de la cual parece no haber retorno porque los datos viajan a la velocidad de la luz (en sentido figurativo) y hay que estar a tono con ello.
El cine nos ha mostrado cantidad de apocalipsis simulados y quizá es que ya nos encontramos en medio del propio porque ¿Qué nos queda de humanidad? Los zombis se hacen presentes en las compras de pánico, en los restaurantes, en los autos, en el transporte público y hablan de catástrofes (guerras, violencia, enfrentamientos, robos) a través de los diferentes medios y redes sociales.
¿Navidad? ¿Año Nuevo? ¿Usted qué celebra en estas fechas? ¿Felicidad, amor y alegría, unión y prosperidad? La realidad es una carrera a máxima velocidad para alcanzar un algo que ya no existe más. En tiempos de re definiciones habría que plantearse si la celebración navideña tiene todavía algún sentido o mejor le cambiamos la fecha en el calendario y vamos dejando el cierre de año para un mejor momento porque en este, el caos es lo único que queda. Nos leemos a la próxima.
Arréglate como si fueras a conocer al amor de tu vida
Imprímele a tu arreglo personal tu sello particular y haz de este una de tus fortalezas
abril 7, 2026
Cómo la saturación informativa nos ha hecho perder la lectura profunda y qué hacer para recuperarla
Ángel Barbas Profesor del Departamento de Teoría de la Educación y Pedagogía Social, UNED – Universidad Nacional de Educación...
marzo 30, 2026
5 recomendaciones de hoteles y de restaurantes, para tomar en cuenta en su próxima visita a la bella ciudad de Oaxaca...
Hace aproximadamente un mes tuve le privilegio de visitar este espectacular destino turístico donde la cultura y la gastronomía...
marzo 30, 2026
