Al estilo del tradicional juego de feria: la lotería, este año seguiré jugando con las palabras y lo cotidiano, esta vez el borracho y la botella son las palabras clave pues nos encontramos ante el primer lunes de un 2026 que anuncia cambios y muchos movimientos. En su apenas quinto día ya ocurrió un sismo en México y una intervención latinoamericana políticamente incorrecta como parte de los sucesos más relevantes de este recién iniciado año.
Un año que, según Pantone, se viste de color Cloud Dancer: “un blanco imponente que simboliza la influencia tranquilizadora en una sociedad que redescubre el valor de la reflexión serena. Como un lienzo en blanco, es el deseo de un nuevo comienzo, abriendo espacio a la creatividad y la claridad.”
Un inicio cuyo movimiento inesperado me lleva a evocar escenas de borrachos en el cine para decir que, no es necesario estar bajo el efecto del alcohol para cometer imprudencias, ridiculeces o perder el equilibrio y caer al piso.
En la clásica película mexicana “Escuela de Vagabundos” (México, 1955) un divertido y jocoso Óscar Pulido protagoniza una escena de borracho durante cinco minutos en los que gritonea, se zangolotea, dice incoherencias, se pelea, se duerme en el piso, pierde el equilibrio y finalmente, sube la escalera rumbo a su recámara con la ayuda de un apuesto y decente chófer interpretado por Pedro Infante. Al día siguiente, el personaje no recuerda nada de lo sucedido la noche anterior y continúa con su rutina diaria. De la misma forma, en el filme “¿Qué pasó ayer?” (Estados Unidos, 2009) un cuarteto de amigos vive una noche loca en Las Vegas y bajo los efectos del alcohol realizan una serie de actos inmorales, atrevidos e ilícitos. Por otro lado, si usted creía que la borrachera por la celebración de Año Nuevo le estaba moviendo el piso, resulta que en realidad se trató de un sismo de 6.5 grados con epicentro en Guerrero.
Y es que sí, la realidad supera a la ficción y en el día a día, líderes con poder cometen atroces actos de violencia justificados o no y sin encontrarse en estado de ebriedad, manchando lo que está pensado para ser un año de tranquilidad y creatividad como augura Pantone. Lo cual significa que, “la mona, aunque se vista de seda, mona se queda” y que, por mucho que nuestra intención de tener un año pacífico haya sido nuestro principal propósito, el acontecer mundial no sólo supera sino transforma la realidad de cada habitante del planeta Tierra en un abrir y cerrar de ojos, porque hoy podemos dormir en calma y tranquilidad pero quizá mañana nos despierte un sismo o un estado de guerra. ¡Feliz 2026!
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