Esmeralda saluda a sus vecinos cada mañana, en apariencia es la misma de siempre, sin embargo, sufre en silencio la muerte del papá de sus tres hijos y quien solía pasar solo parte del tiempo con ellos debido a que tenía otra familia: una esposa y dos hijos más. “Esme”, como la llaman sus amigos, no se atreve a decir que le duele mucho la muerte de quien en vida sería su amante. No comparte con nadie su dolor porque teme ser juzgada.
Por otra parte, Miguel está experimentando unos días realmente complicados. Hace una semana “Estrellita”, una pequeña perrita criolla que lo acompañó durante doce años, murió. Aunque está desconsolado ha recibido comentarios como: “no estés triste”, “era solo un perro, no es para tanto” o “cómprate otro y verás cómo te sientes mejor”. Al dolor por la pérdida de, no su mascota sino su compañera perruna de vida, se suma la burla de algunas personas con prejuicios y comentarios como: “los hombres no lloran” o “pareces marica por llorarle a un perro”.
Las historias anteriores son reales (no los nombres) y suceden con más frecuencia de lo que imaginamos. Los duelos no reconocidos surgen de las muertes que no son reconocidas socialmente debido a las reglas y valores impuestos por una sociedad. Por ejemplo: si bien hoy las mascotas están tomando un papel crucial dentro de las familias (incluso algunas parejas tienen perros o gatos en lugar de hijos), aún hay quien no le da la importancia que tiene la muerte de un animalito que para alguien pudo haber sido su único compañero de vida.
Igualmente es mal visto y se juzga que una persona tenga un amante o una pareja del mismo sexo. Tampoco se brinda apoyo –psicológico y espiritual– a un migrante, y es poco frecuente que se considere su dolor por haber perdido su Patria, casa, familia, cultura, etc. Así, las personas cargan con su dolor en silencio, no expresan por temor a sentirte juzgadas e incomprendidas por su entorno, lo que puede ocasionar alguna psicopatología o enfermedad física. Si sientes que estás experimentando algo similar a las historias antes mencionadas, es importante que acudas con un profesional de la salud que valide y pueda ayudarte a expresar y gestionar tus emociones.
El duelo es un proceso natural ante la muerte de un ser querido o la pérdida de algo significativo. Implica adaptarse a una nueva realidad en la que ya no está esa persona amada o ese algo que atesorábamos. Implica voluntad para reincorporarse a la vida (la cual por un momento parece detenerse) y aprender a interactuar con quien ya no está, desde otra dimensión, ahora espiritual.
Insisto, si estás experimentando la muerte de alguien a quien amaste mucho, pero sientes que tu dolor está siendo “desautorizado” por la sociedad e incluso por tu círculo cercano, acércate a un tanatólogo para recibir orientación. Piensa que no estás solo/a y que siempre hay alguien dispuesto a escucharte y apoyarte.
Te doy mi agradecimiento por haber leído este texto. Si lo consideras útil compártelo en tus redes sociales o con tus seres queridos. Si necesitas una consultoría tanatológica estoy a tus órdenes. Te dejo mis datos de contacto e información sobre mí. ¡Hasta la próxima!
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