Los domingos no son días normales lo que, es más, resulta difícil determinar si son el fin o el inicio de la semana. Las sagradas escrituras nos dicen que: “El séptimo día Dios había terminado la obra que hizo y reposó en el séptimo día de toda la obra que había hecho y descansó. Entonces bendijo el séptimo día y lo declaró día sagrado, porque en ese día descansó de todo su trabajo de creación.” – Génesis 2:2-3.
Lo anterior implica que si Dios se “tomó el día libre” es que descansó de una larga jornada, lo cual marcaría el final de una semana. Por definición, el domingo es el último día de la semana; sin embargo, fue el emperador Constantino quien estableció la semana de siete días y el domingo como el primer día de la semana, tal como aparece en los calendarios y agendas. En 2004, el estándar internacional ISO8601 estableció que la semana empieza en lunes y termina el domingo.
Religiones, definiciones y estándares aparte, es difícil distinguir un día domingo del resto de los días en cuanto a actividad comercial porque esta no cesa, al contrario, tiene un incremento justo el fin de semana. Parece que el domingo se ha convertido en un día para aprovechar y reunirse, salir, comprar, hacer deporte, descansar y preparar lo necesario para empezar la semana el lunes siguiente en un ciclo sin fin que se repite constantemente.
Del domingo rescato los partidos de la NFL, los cuales veo en TV abierta desde que tengo memoria y últimamente a través de las plataformas que permiten ver la transmisión desde la localidad de origen. Y es precisamente, el futbol americano el que me sirve para dejar la reflexión de la semana, en torno a todo aquello que hemos planeado o nos hemos propuesto como marca la costumbre en cada inicio de año, pero que, durante el transcurso del año, los meses y los días se nos cae de las manos cual “balón suelto” en plena jugada en el campo de juego.
Un fumble (balón suelto) ocurre cuando un jugador pierde la posesión del balón, quedando a disposición de cualquier otro jugador de ambos equipos, dándole la posibilidad de avanzar con la posesión del balón y cambiar tanto el rumbo de la jugada, como el partido.
Así en el futbol como en la vida diaria, es posible perder la posesión del balón (un empleo, una oportunidad, una venta, una casa, la salud, una relación, etc.) y entonces, toca improvisar para rescatarlo. Que los propósitos de año nuevo no se conviertan en balones sueltos y que poco a poco crezca en nosotros la pericia para impedir que los balones sueltos cambien el rumbo de nuestra vida. ¡Nos leemos a la próxima!
“Mejor no”
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