AL VIVO TODO LE FALTA Y AL MUERTO TODO LE SOBRA

Hola a todos. Espero que se encuentren bien y sus familias también.  Qué tristeza da ver que los mexicanos no tengamos educación ni mucho menos respeto. No se puede creer que seamos tan negligentes y absurdos. Según...

24 de diciembre, 2020

Hola a todos. Espero que se encuentren bien y sus familias también. 

Qué tristeza da ver que los mexicanos no tengamos educación ni mucho menos respeto. No se puede creer que seamos tan negligentes y absurdos. Según nosotros, presumimos mucho y hasta nos sentimos orgullosos de ser solidarios. Estamos en una situación muy grave por esta pandemia de covid-19 y muchos no quieren seguir las reglas que nos pusieron. 

Les hago unas simples preguntas: ¿Hay reglas en sus casas? ¿No hay lineamientos que nos dicten nuestros padres? ¿En la escuela no tenemos que seguir reglas? ¿En el trabajo no tenemos reglas que seguir? ¿Cuando acudimos a un cine, tienda departamental, un restaurante, una taquería, un balneario, a la terminal de autobuses, al mercado, caray, en el transporte público Ya sea metro, metrobús, trolebús o cualquier otro: no tenemos que seguir reglas? Bien o mal, en su totalidad o parcialmente. Las seguimos, a la mejor no nos damos cuenta por que se vuelven una costumbre o algo cotidiano, pero las seguimos 

Y ahora que estamos en un peligro latente no las queremos seguir cuando son indicaciones muy simples. ¿Qué nos cuenta usar el fregado cubrebocas? Salen con sus pretextos que no pueden respirar, que les molesta mucho, que no están acostumbrados a usarlo y quién sabe qué tantos pretextos usan las personas. Pregunto: ¿Nacimos con ropa? ¿Nacimos con zapatos puestos? Verdad que no. Y la ropa y los zapatos son muy molestos e incómodos. ¿Y por eso andamos encuerados o descalzos por la vida? Verdad que no. Bueno, pues tampoco nacimos con el cubrebocas y solo es cuestión de acostumbrarse como todo lo anterior. 

Pero hay inadaptados que dicen que esto es mentira, que es un invento, que es un complot y no sé cuántas estupideces más. Y bueno, está bien que crean y piensen lo que se les pegue la gana. Es su vida y su pobre mentalidad y pobre criterio. Lo que no está bien es que no respeten a las demás personas, que no tengan la más mínima educación; que no tengan ni siquiera la educación básica.

Mucha gente dice que tiene que salir para ganase el pan diario porque no tienen dinero ni para un vaso con agua. Y lo más sorprendente es que vimos en El Buen Fin filas y filas de gente en los diferentes comercios regulares e irregularidades gastando lo que dicen que no tienen. Y si les preguntas, contestan que son cosas de primera necesidad. ¿Es de primera necesidad una pantalla, un celular, un comedor? O bien, otras cosas que muy bien podían comprar cuando esto de la pandemia termine. Ah, pero hay que aprovechar las ofertas, los descuentos. Pues a ver si la muerte les hace ofertas o descuentos sobre su vida.




¿Quiénes son los culpables del mal manejo de esta pandemia? A mí parecer, el gobierno federal y algunos estados y municipios tienen el 20% de responsabilidad por el mal manejo sanitario sobre este asunto. Y que no quieren perder el costo político que cuesta tomar decisiones que a mucha gente no les va a gustar o no van a estar de acuerdo. Eso es lo peor que puede hacer cualquier gobierno que esté gobernando, sea del partido que sea. Aquí no importa de qué color sea el gobierno. El resto, el 80% de responsabilidad la tenemos nosotros los ciudadanos por no tener la conciencia y el respeto hacia las demás personas. Somos demasiado inconscientes y nada empáticos, pero eso sí, presuminos que somos solidarios cuando hay una “tragedia”. ¿Qué creen que es esto? 

Estamos llegando a 120 000 personas muertas, según datos del mismo gobierno. Pero mientras los muertos no sean tus muertos, no te importa quién muera. En cuanto los muertos sean tus muertos, hasta vas a querer exigir, agredir y hasta querer matar por que uno de los tuyos murió. Es increíble que haya personas que hagan marchas de protesta sobre las medidas que debemos de tomar; que estén en contra de las reglas para salvarnos la vida

Ya basta, mexicanos ignorantes. Ya estuvo bueno de tanta estupidez. Aprendan a respetar a los demás. Muérete tú si es tu deseo o mata a los tuyos si es tu decisión. A lo que no tienes derecho es a infectar y hasta matar a otros.

Por favor, tengan educación y respeto hacia los demás. No nos cuesta nada seguir las indicaciones sanitarias.

Estamos por terminar este terrible año. Les deseo que tengan una muy buena Nochebuena, una feliz Navidad y un feliz Año Nuevo. En verdad ya tendremos tiempo para festejar con más personas y familiares. Y sobre todo les deseo muchísima salud y mucha vida. Les mando un sincero abrazo y agradezco a todos por leerme durante todo este año. Espero seguir en contacto con ustedes por este medio para el año que viene. Muchas gracias.

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Solo con la empatía para comprender la complejidad del mundo, con la humildad de saberse falible, con la capacidad de confiar en un devenir incierto y con una genuina intención de ejemplaridad en nuestros líderes podemos encarar el futuro con una razonable esperanza.   En las últimas semanas hemos hablado de ciertas características especiales, indispensables para ejercer el liderazgo, tanto para gestionar adecuadamente la Era Covid, como de cara al mundo que se nos viene una vez que la pandemia remita.  Desde antes de la crisis sanitaria sabíamos de los enormes desafíos en que estábamos inmersos, tanto a nivel local como global, pero durante mucho tiempo hemos decidido cerrar los ojos ante ellos.  Estábamos montados en un ferrocarril de crecimiento ilimitado, de desarrollo tecnológico exponencial, de consumo desmesurado, de derroche y sobreutilización de los recursos humanos y naturales. 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En cierto sentido tenían razón, pero al mismo tiempo la crisis actual demuestra que esas estructuras, si bien asentadas con raíces profundas y poderosas en nuestro modo de ser civilizados, son susceptibles de ser transformadas.  En su libro ¿Ya es mañana?, Ivan Krastev reproduce lo expresado por la cineasta y activista Astra Taylor: “La respuesta a la pandemia del coronavirus nos ha mostrado una realidad muy sencilla, la de que todas esas medidas políticas que nuestros gobernantes llevaban años diciéndonos que eran imposibles e impracticables, al final son perfectamente posibles y practicables (…) Ahora sabemos que ciertas “normas” con las que nos hemos manejado no eran necesarias (…) Estamos ante una oportunidad sin precedentes, no solo para pulsar el botón de pausa y aliviar temporalmente el daño, sino también para cambiar las normas de una vez y para siempre2”.  Sin duda intuíamos lo desmesurado de los retos –cambio climático, desigualdad, violencia, narcotráfico, devastación ecológica, injusticia, etc.– y lo complejo y riesgoso de abordarlos con seriedad, lo que nos ha conducido a posponer una y otra vez las posibles soluciones.  La Era Covid, quizá no de muy buenas maneras y haciéndonos pagar muy altos precios, nos obligó a detenernos. Y ahora, más preocupados por arrancar de nuevo y alcanzar las velocidades previas a la crisis, como si nada hubiese ocurrido, que convencidos de lo erróneo que sería postergar de nuevo la atención a los problemas más serios que enfrentamos y que nos ponen en peligro como especie, nos negamos a reconocer que ese mundo Pre-Covid ha dejado de existir tal y como lo conocíamos.; sin embargo, nos guste o no, estamos en plena construcción de una realidad global y nacional nueva y para ello se requieren liderazgos competentes y eficaces en todos los ámbitos del quehacer humano.  A lo largo de varias semanas hemos explorado en este espacio algunas de las competencias más importantes que debe tener un líder dispuesto a enfrentar los escenarios y desafíos que la pandemia y el propio siglo XXI pone ante nosotros.  Aunque los artículos anteriores están pensados en gran medida desde la perspectiva del liderazgo político, lo cierto es que las facultades descritas resultan indispensables para gestionar nuestra propia vida, pero sobre todo para encabezar cualquier proyecto donde busquemos convencer con nuestras capacidades, encabezando cualquier tipo de iniciativa, en especial si busca e influir en la conducta o en las idea de los demás.   A mi juicio, cada una de las cuatro facultades propuestas para un liderazgo dinámico y eficaz ante los retos globales que se nos presentarán, con pandemia o sin ella, exigen el desarrollo de una virtud específica que los posibilita.  En el caso de la primera competencia, “Comprensión profunda del carácter global de la civilización humana” la virtud asociada es la “empatía”. Quien asuma liderazgos en estos tiempos habrá de enfrentar un mundo complejo, construido a partir de sistemas interdependientes entre sí, pero donde dichos sistemas estarán formados por seres humanos que sienten, que piensan y que sueñan con una vida plena y con oportunidades. Por ello, esta comprensión global de la civilización se traduce en esa capacidad para entender al otro, de ponerse en su lugar y para tomar decisiones –ya sean populares o impopulares– que tomen en cuenta la forma más humana de hacer evolucionar los sistemas que impulsan el desarrollo integral de las comunidades. Para ejercer con profundidad una genuina “Capacidad de cambio, adaptación y rectificación”, la virtud necesaria es la “humildad”. Para encarar el cambio, la adaptación y la rectificación, el líder del Siglo XXI necesitará saberse falible, reconocer sus límites, escuchar a otros, entender que la tenacidad y la obcecación sólo son virtudes cuando se centran en una meta final que busca el bien común, pero que son defectos monumentale cuando se asume que hay una sola manera de hacer las cosas –la mía–, y peor aun cuando se padece esa variedad de ceguera que impide reconocer el momento oportuno en que las circunstancias cambiantes nos orillan a modificar el método, el camino o el rumbo en aras de conseguir esa meta original.   En el caso de la “Entereza y ecuanimidad para lidiar con un mundo progresivamente incierto”, la virtud asociada es la “confianza”. Pero no una confianza narcisista que convenza al líder de que encarna la única gran solución para el mundo, sino una confianza mucho más profunda, asentada en la comprensión y aceptación de los sistemas y procesos que conducen a la sociedad. Asumir un mundo incierto y gestionar el liderazgo desde ahí requiere una confianza existencial que lleve la lógica y la racionalidad un paso más allá de los evidentes límites de la comprensión propia pues nadie tiene todas las respuestas. En el punto anterior hablábamos de la humildad para reconocer nuestras limitaciones, aquí se trata de ir aun más allá, de entregarse a una especie de paradójica certeza gracias a la cual, ante la completa incertidumbre respecto a lo que nos deparará el futuro, de algún modo “sabemos” que el propio proceso evolutivo desplegará la inteligencia inherente que posee y que de algún modo nos ha traído hasta aquí. A lo largo de nuestra historia hemos alcanzado niveles de desarrollo y civilización imposibles de pensar como resultado del esfuerzo de individuos aislados, de primates erguidos que malamente pueden sobrevivir solos, pero que crean civilizaciones completas a partir de sus méritos particulares. No, los seres humanos hemos construido lo que tenemos –tanto lo positivo como lo negativo– a partir de un devenir colectivo, de una suma de esfuerzos y aprendizajes y no de la inspiración mágica de un puñado de iluminados. Es verdad que en esos procesos hemos vivido –y seguimos viviendo– terribles ejemplos de violencia, destrucción e injusticia, pero el líder genuino sabe que están plenamente compensados por el conocimiento, la belleza, la empatía, la entrega, la compasión y la bondad que los seres humanos desplegamos cada día en cada rincón del mundo y que por ello es razonable confiar en que, si cada uno hacemos lo que nos toca, nuestro impulso de especie nos conducirá a las soluciones apropiadas. Y por último la “Consciencia de Ejemplaridad”. En este caso la virtud asociada es la “congruencia”. Un líder genuino piensa, dice y actúa de manera coherente en todos los aspectos de su vida. No tiene que ser perfecto y puede apoyar su modo de entender el mundo en cualquier ideología o sistema de valores. Lo que lo distingue es la consciencia de lo importante que es su propio ejemplo como efecto inspirador en aquellos sobre quienes busca influir. Acepta que su confiabilidad como líder dependerá de que su pensar, su decir y su hacer formen un todo aceptablemente coherente. Pero la ejemplaridad tiene una enorme trampa. Se trata de una condición necesaria pero no suficiente. Esta es la razón por la cual fue la última propiedad del liderazgo expuesta. Porque sin los tres atributos previos, y sus virtudes asociadas: empatía, humildad y confianza –en el proceso y en los demás–, el riesgo de confundir la ejemplaridad con el mesianismo es muy elevado.  Sin la empatía para comprender el mundo como una serie de sistemas complejos en interacción donde infinidad de experiencias diversas se combinan, sin la humildad de saberse humano y, por lo tanto, falible, y en consecuencia atreverse a escuchar al otro, cambiar y rectificar, sin el poder interno para confiar en un mundo incierto del que nunca tendrá todas las respuestas, la probabilidad de que el líder, en vez de ejemplar, se convierta en narcisista y ególatra es altísima.  Por eso el liderazgo auténtico, en especial el que se requiere para encarar retos de la envergadura y la complejidad que exigen nuestros tiempos no es todavía frecuente. Esperemos que muy pronto lo sea, de lo contrario nos esperan tiempos aún más difíciles de los actuales. Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook:  Juan Carlos Aldir 1 Cabe aclarar que, aun cuando la palabra líder suele llevar antes el artículo “el”, no planteo de ningún modo el liderazgo como un tema exclusivamente masculino, por lo cual todas las veces la palabra sea utilizada en este texto se usa con la intención de que represente un concepto neutro en el que pueden encajar indistintamente mujeres y hombres. 2 Krastev, Ivan, ¿Ya es mañana? 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Ante esta situación hay que tomar acciones para cuidar el medio ambiente que es tarea de todos y que trabajando juntos podemos revertir esta situación.  Cada acción, por pequeña que sea, ocasionará un avance. El primer paso es saber cómo cuidar el medio ambiente. Son tareas sencillas que podemos  hacer desde ahora para revertir el calentamiento global y luchar para salvar el planeta. Los científicos y los ecologistas aseguran que estas medidas funcionan, así que aplicándolas, veremos cambios muy positivos. Ahorra agua.- Es una de las mejores acciones para el cuidado del ambiente. Menos del 3 % del agua que hay en el planeta Tierra es apta para el consumo humano. Hay que cuidar el líquido vital. La industria y la ganadería acaparan hasta el 80 %. En las ciudades se desperdicia hasta un 44 % a causa de la falta de acciones para cuidar el medio ambiente, fugas, malos sistemas de bombeo y derroche. Esto es grave y aunque en los países desarrollados casi toda la población tiene acceso a agua potable, esto no garantiza que la disponibilidad sea permanente.   Separa la basura.- Otra medida, y bastante importante por cierto, para el cuidado del planeta es separar la basura. Este es el resultado de la mala administración de residuos que inicia en el hogar. Y es que hay que admitir que a muchos les da pereza clasificarlos, pero hay que concientizar el daño que ocasiona este desorden poniendo manos a la obra. Administra y recicla el papel.- Reusar y clasificar el papel es otra medida que debes adoptar para el cuidado del medio ambiente; especialmente, cuando estás en la oficina. El problema es que hasta el 50 % no se separa adecuadamente. Los productos de papel y cartón son muy duraderos y se pueden reciclar hasta siete veces. Por eso, clasificarlos es una de las acciones para cuidar el medio ambiente. Estando en casa, una de las de las acciones para cuidar el medio ambiente que puedes adoptar es el uso de papel periódico como envoltorio o para limpiar superficies de vidrio. Además, usa papel higiénico blanco ya que el de colores contamina el agua. Reutiliza el plástico que uses.- La reutilización de todos los utensilios de plástico. Bueno, lo realmente recomendable es evitar comprarlos siempre que sea posible. Las estadísticas de la ONU señalan que el plástico es uno de los materiales más nocivos para el ambiente. En promedio, unas 8 millones de toneladas acaban en el océano cada año, poniendo en peligro la vida de ecosistemas enteros. Evita comprar agua o líquidos embotellados. Como alternativa, puedes comprar agua en botellas retornables o utilizar filtros para beber del grifo. Deja de consumir pajitas/popotes. Estos artefactos son prescindibles en la mayoría de los casos. Además, tardan hasta 500 años en degradarse. Opta por cubiertos de madera, bambú o acero. Lleva tu propio vaso reutilizable a las cafeterías. Evita el uso de la película de plástico. Mejor, utiliza papel de aluminio, que es reciclable. Otra alternativa son las bolsas ecológicas de algodón para envolver la comida. Cambia los recipientes de plástico. Aunque sean de más de un uso, la opción más ecológica para transportar tu comida son los recipientes de cristal o de acero inoxidable. Utiliza el transporte público.-  El uso de medios de transporte colectivos son alternativas más eficientes y baratas que el automóvil, que emite grandes cantidades de dióxido de carbono.  Usa la bicicleta para tramos cortos y medianos.- El uso de las bicicletas es una medida que muchas ciudades ecológicas han adoptado. Para ello, han construido ciclovías y fundado empresas para ofrecer renta de bicis en puntos estratégicos. Además, andar en bici es una excelente forma de mejorar tu condición física, trabajar tus muslos y evitar el tráfico. Por ello, infórmate sobre las rutas ciclistas en tu ciudad, aplica esta medida del cuidado del planeta. Camina en trayectos cortos.- Caminar, además de ser bueno para la salud, es una de las acciones para cuidar el medio ambiente. Al no usar tu automóvil o, incluso, el transporte público contribuyes a disminuir las emisiones de dióxido de carbono. Además, según los estudios médicos, caminar al menos 40 minutos al día o una distancia de 7 kilómetros, te ayuda a mejorar tu condición física y tu salud mejorará considerablemente.  Haz rondas con amigos para el uso del coche.- Establece rondas con tus amigos para usar un solo vehículo por día o, inclusive, por semana. El 63 % de los coches en circulación llevan un solo conductor. Es decir que, si muchos compartieran sus autos, las emisiones de dióxido de carbono serían más bajas y estarías ayudando a reducir el tráfico entre un 50-80 % y extiendes la vida útil de tu auto. Compra bombillas de bajo consumo.- Los focos incandescentes consumen hasta un 80 % más de energía y su luminosidad es más brillante, pudiendo dañar tu vista. En cambio, las bombillas de bajo consumo, uno de los inventos ecológicos más recientes, consumen menos energía. Usarlos, además de ser una medida para el cuidado del planeta, es un método para disminuir el coste de tu factura de electricidad.  Apaga tus dispositivos cuando no los uses.- Esta pequeña medida puede hacer una gran diferencia a la hora de ahorrar energía. Por ejemplo, y aunque te cueste mucho, apaga tu móvil una que otra noche o déjalo en modo avión. Así, prolongas la duración de la batería y evitas cargarlo constantemente, ahorrando energía y aumentando su vida útil.  Desconecta los aparatos.- Apagar los aparatos como una acción para el cuidado del medio ambiente no es suficiente. Los equipos que están apagados, pero siguen conectados a la corriente, consumen energía, así que es importante que los desenchufes. Otra recomendación es controlar la toma de corriente desde un supresor de picos o un regulador. Eso evitará descargas e incluso incendios derivados de estas.  Modera el uso de la calefacción y del aire acondicionado.- La calefacción y el aire acondicionado son necesarios en muchas ciudades del mundo; sin embargo, haz un buen uso de ellos. Lo mejor que puedes hacer es conseguir un termostato para regular estos aparatos, que es una de las acciones para cuidar el medio ambiente.  Aprovecha la luz natural.- Abre las ventanas y sube las cortinas para que entre la luz del sol a tu casa. Esto te ayudará a subir tu ánimo y a ahorrar energía y en la factura de electricidad.  Otra de las acciones para cuidar el medio ambiente que puedes adoptar es la compra de artefactos que se carguen con el sol.  Usa bolsas ecológicas.- Cuando vayas de compras, consigue bolsas ecológicas que al contacto con el agua, se deshagan para evitar el consumo de plástico. Otra de las acciones para el cuidado del medio ambiente es el uso de bolsas de tela. Es una alternativa ecológica, barata y que suma muchos puntos a la lucha para revertir el deterioro del planeta.  Sé creativo.- Dentro de ti llevas lo mejor para ayudar al planeta: tu ingenio e imaginación. Siendo creativo puedes aplicar medidas para el cuidado del ambiente; por ejemplo, darle un segundo uso a la ropa, juguetes, discos, etc. Así proteges la naturaleza y ahorras dinero.  Evitar el consumo masivo, adopta una actitud más crítica respecto a la publicidad y no compres todo lo que ves, recuerda que los artículos tienen más de una vida útil y pueden ser usados por varias personas. Practica el turismo sostenible.- Si te encanta viajar por el mundo, haz turismo sostenible. 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Solo con la empatía para comprender la complejidad del mundo, con la humildad de saberse falible, con la capacidad de confiar en un devenir incierto y con una genuina intención de ejemplaridad en nuestros líderes podemos encarar el futuro con una razonable esperanza.   En las últimas semanas hemos hablado de ciertas características especiales, indispensables para ejercer el liderazgo, tanto para gestionar adecuadamente la Era Covid, como de cara al mundo que se nos viene una vez que la pandemia remita.  Desde antes de la crisis sanitaria sabíamos de los enormes desafíos en que estábamos inmersos, tanto a nivel local como global, pero durante mucho tiempo hemos decidido cerrar los ojos ante ellos.  Estábamos montados en un ferrocarril de crecimiento ilimitado, de desarrollo tecnológico exponencial, de consumo desmesurado, de derroche y sobreutilización de los recursos humanos y naturales. Los expertos en economía aseguraban que esta dinámica era imposible de detener sin que el mundo colapsara. En cierto sentido tenían razón, pero al mismo tiempo la crisis actual demuestra que esas estructuras, si bien asentadas con raíces profundas y poderosas en nuestro modo de ser civilizados, son susceptibles de ser transformadas.  En su libro ¿Ya es mañana?, Ivan Krastev reproduce lo expresado por la cineasta y activista Astra Taylor: “La respuesta a la pandemia del coronavirus nos ha mostrado una realidad muy sencilla, la de que todas esas medidas políticas que nuestros gobernantes llevaban años diciéndonos que eran imposibles e impracticables, al final son perfectamente posibles y practicables (…) Ahora sabemos que ciertas “normas” con las que nos hemos manejado no eran necesarias (…) Estamos ante una oportunidad sin precedentes, no solo para pulsar el botón de pausa y aliviar temporalmente el daño, sino también para cambiar las normas de una vez y para siempre2”.  Sin duda intuíamos lo desmesurado de los retos –cambio climático, desigualdad, violencia, narcotráfico, devastación ecológica, injusticia, etc.– y lo complejo y riesgoso de abordarlos con seriedad, lo que nos ha conducido a posponer una y otra vez las posibles soluciones.  La Era Covid, quizá no de muy buenas maneras y haciéndonos pagar muy altos precios, nos obligó a detenernos. Y ahora, más preocupados por arrancar de nuevo y alcanzar las velocidades previas a la crisis, como si nada hubiese ocurrido, que convencidos de lo erróneo que sería postergar de nuevo la atención a los problemas más serios que enfrentamos y que nos ponen en peligro como especie, nos negamos a reconocer que ese mundo Pre-Covid ha dejado de existir tal y como lo conocíamos.; sin embargo, nos guste o no, estamos en plena construcción de una realidad global y nacional nueva y para ello se requieren liderazgos competentes y eficaces en todos los ámbitos del quehacer humano.  A lo largo de varias semanas hemos explorado en este espacio algunas de las competencias más importantes que debe tener un líder dispuesto a enfrentar los escenarios y desafíos que la pandemia y el propio siglo XXI pone ante nosotros.  Aunque los artículos anteriores están pensados en gran medida desde la perspectiva del liderazgo político, lo cierto es que las facultades descritas resultan indispensables para gestionar nuestra propia vida, pero sobre todo para encabezar cualquier proyecto donde busquemos convencer con nuestras capacidades, encabezando cualquier tipo de iniciativa, en especial si busca e influir en la conducta o en las idea de los demás.   A mi juicio, cada una de las cuatro facultades propuestas para un liderazgo dinámico y eficaz ante los retos globales que se nos presentarán, con pandemia o sin ella, exigen el desarrollo de una virtud específica que los posibilita.  En el caso de la primera competencia, “Comprensión profunda del carácter global de la civilización humana” la virtud asociada es la “empatía”. Quien asuma liderazgos en estos tiempos habrá de enfrentar un mundo complejo, construido a partir de sistemas interdependientes entre sí, pero donde dichos sistemas estarán formados por seres humanos que sienten, que piensan y que sueñan con una vida plena y con oportunidades. Por ello, esta comprensión global de la civilización se traduce en esa capacidad para entender al otro, de ponerse en su lugar y para tomar decisiones –ya sean populares o impopulares– que tomen en cuenta la forma más humana de hacer evolucionar los sistemas que impulsan el desarrollo integral de las comunidades. Para ejercer con profundidad una genuina “Capacidad de cambio, adaptación y rectificación”, la virtud necesaria es la “humildad”. Para encarar el cambio, la adaptación y la rectificación, el líder del Siglo XXI necesitará saberse falible, reconocer sus límites, escuchar a otros, entender que la tenacidad y la obcecación sólo son virtudes cuando se centran en una meta final que busca el bien común, pero que son defectos monumentale cuando se asume que hay una sola manera de hacer las cosas –la mía–, y peor aun cuando se padece esa variedad de ceguera que impide reconocer el momento oportuno en que las circunstancias cambiantes nos orillan a modificar el método, el camino o el rumbo en aras de conseguir esa meta original.   En el caso de la “Entereza y ecuanimidad para lidiar con un mundo progresivamente incierto”, la virtud asociada es la “confianza”. Pero no una confianza narcisista que convenza al líder de que encarna la única gran solución para el mundo, sino una confianza mucho más profunda, asentada en la comprensión y aceptación de los sistemas y procesos que conducen a la sociedad. Asumir un mundo incierto y gestionar el liderazgo desde ahí requiere una confianza existencial que lleve la lógica y la racionalidad un paso más allá de los evidentes límites de la comprensión propia pues nadie tiene todas las respuestas. En el punto anterior hablábamos de la humildad para reconocer nuestras limitaciones, aquí se trata de ir aun más allá, de entregarse a una especie de paradójica certeza gracias a la cual, ante la completa incertidumbre respecto a lo que nos deparará el futuro, de algún modo “sabemos” que el propio proceso evolutivo desplegará la inteligencia inherente que posee y que de algún modo nos ha traído hasta aquí. A lo largo de nuestra historia hemos alcanzado niveles de desarrollo y civilización imposibles de pensar como resultado del esfuerzo de individuos aislados, de primates erguidos que malamente pueden sobrevivir solos, pero que crean civilizaciones completas a partir de sus méritos particulares. No, los seres humanos hemos construido lo que tenemos –tanto lo positivo como lo negativo– a partir de un devenir colectivo, de una suma de esfuerzos y aprendizajes y no de la inspiración mágica de un puñado de iluminados. Es verdad que en esos procesos hemos vivido –y seguimos viviendo– terribles ejemplos de violencia, destrucción e injusticia, pero el líder genuino sabe que están plenamente compensados por el conocimiento, la belleza, la empatía, la entrega, la compasión y la bondad que los seres humanos desplegamos cada día en cada rincón del mundo y que por ello es razonable confiar en que, si cada uno hacemos lo que nos toca, nuestro impulso de especie nos conducirá a las soluciones apropiadas. Y por último la “Consciencia de Ejemplaridad”. En este caso la virtud asociada es la “congruencia”. Un líder genuino piensa, dice y actúa de manera coherente en todos los aspectos de su vida. No tiene que ser perfecto y puede apoyar su modo de entender el mundo en cualquier ideología o sistema de valores. Lo que lo distingue es la consciencia de lo importante que es su propio ejemplo como efecto inspirador en aquellos sobre quienes busca influir. Acepta que su confiabilidad como líder dependerá de que su pensar, su decir y su hacer formen un todo aceptablemente coherente. Pero la ejemplaridad tiene una enorme trampa. Se trata de una condición necesaria pero no suficiente. Esta es la razón por la cual fue la última propiedad del liderazgo expuesta. Porque sin los tres atributos previos, y sus virtudes asociadas: empatía, humildad y confianza –en el proceso y en los demás–, el riesgo de confundir la ejemplaridad con el mesianismo es muy elevado.  Sin la empatía para comprender el mundo como una serie de sistemas complejos en interacción donde infinidad de experiencias diversas se combinan, sin la humildad de saberse humano y, por lo tanto, falible, y en consecuencia atreverse a escuchar al otro, cambiar y rectificar, sin el poder interno para confiar en un mundo incierto del que nunca tendrá todas las respuestas, la probabilidad de que el líder, en vez de ejemplar, se convierta en narcisista y ególatra es altísima.  Por eso el liderazgo auténtico, en especial el que se requiere para encarar retos de la envergadura y la complejidad que exigen nuestros tiempos no es todavía frecuente. Esperemos que muy pronto lo sea, de lo contrario nos esperan tiempos aún más difíciles de los actuales. Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook:  Juan Carlos Aldir 1 Cabe aclarar que, aun cuando la palabra líder suele llevar antes el artículo “el”, no planteo de ningún modo el liderazgo como un tema exclusivamente masculino, por lo cual todas las veces la palabra sea utilizada en este texto se usa con la intención de que represente un concepto neutro en el que pueden encajar indistintamente mujeres y hombres. 2 Krastev, Ivan, ¿Ya es mañana? Cómo la pandemia cambiará el mundo, Primera Edición, España, Debate-Penguin Random House, 2020, P. 27" ["post_title"]=> string(56) "Era Covid: conclusiones acerca del Liderazgo⁠ Ejemplar" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(61) "era-covid-conclusiones-acerca-del-liderazgo%e2%81%a0-ejemplar" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-04-24 08:58:17" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-04-24 13:58:17" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=64458" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } ["comment_count"]=> int(0) ["current_comment"]=> int(-1) ["found_posts"]=> int(11) ["max_num_pages"]=> float(6) ["max_num_comment_pages"]=> int(0) ["is_single"]=> bool(false) ["is_preview"]=> bool(false) ["is_page"]=> bool(false) ["is_archive"]=> bool(true) ["is_date"]=> bool(false) ["is_year"]=> bool(false) ["is_month"]=> bool(false) ["is_day"]=> bool(false) ["is_time"]=> bool(false) ["is_author"]=> bool(false) ["is_category"]=> bool(true) ["is_tag"]=> bool(false) ["is_tax"]=> bool(false) ["is_search"]=> bool(false) ["is_feed"]=> bool(false) ["is_comment_feed"]=> bool(false) ["is_trackback"]=> bool(false) ["is_home"]=> bool(false) ["is_privacy_policy"]=> bool(false) ["is_404"]=> bool(false) ["is_embed"]=> bool(false) ["is_paged"]=> bool(false) ["is_admin"]=> bool(false) ["is_attachment"]=> bool(false) ["is_singular"]=> bool(false) ["is_robots"]=> bool(false) ["is_favicon"]=> bool(false) ["is_posts_page"]=> bool(false) ["is_post_type_archive"]=> bool(false) ["query_vars_hash":"WP_Query":private]=> string(32) "ae81e237d5d9c4f1897c18bf23cac93b" ["query_vars_changed":"WP_Query":private]=> bool(false) ["thumbnails_cached"]=> bool(false) ["stopwords":"WP_Query":private]=> NULL ["compat_fields":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(15) "query_vars_hash" [1]=> string(18) "query_vars_changed" } ["compat_methods":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(16) "init_query_flags" [1]=> string(15) "parse_tax_query" } }

Era Covid: conclusiones acerca del Liderazgo⁠ Ejemplar

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