La Homosexualidad II

“En alguna ocasión fui un hombre joven, una bella muchacha, un arbusto, un pájaro o un pez escamoso… "En alguna ocasión fui un hombre joven, una bella muchacha, un arbusto, un pájaro o un pez escamoso, inmerso en...

3 de octubre, 2016
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homosexualidad

“En alguna ocasión fui un hombre joven, una bella muchacha, un arbusto, un pájaro o un pez escamoso…

"En alguna ocasión fui un hombre joven, una bella muchacha, un arbusto, un pájaro o un pez escamoso, inmerso en el océano", Empedocles

En el capítulo anterior expuse a la homosexualidad como un accidente de la naturaleza, donde uno o varios genes se alinearon en la secuencia equivocada durante el desarrollo de ese individuo. Se aludió a la existencia de varios genes que determinan el sexo pero que no están alineados en las mismas regiones del cromosoma X o Y, lo cual explica la forma tan especifica del control molecular que se ejerce para generar individuos masculinos o femeninos. Aunque mínimos, estos hallazgos, abren las posibilidades de considerar un tercer sexo. También, presentaremos evidencias donde el hermafroditismo habitual de las plantas silvestres como la valeriana, son un factor determinante para seleccionar el sexo de las plantas de acuerdo con las condiciones ambientales que favorezcan la subsistencia de la especie. No todo es el azar molecular, sino también la necesidad de perpetuar la especie, para ello se apoyan en dos grandes influencias: la genética y el medio ambiente.

En esta ocasión hacemos referencia al mosquito Anopheles gambiae, transmisor del paludismo en Africa. Este insecto tiene un gene llamado Yob que no solo determina la masculinidad sino que también controla la síntesis del factor M que es en si el agente infeccioso del paludismo. No se sabe de la naturaleza química de dicha molécula, pero se presume que sea una substancia proteica. Los resultados experimentales sugieren que solo los mosquitos machos son capaces de transmitir el paludismo a los humanos.1 De tal manera que cualquier alteración dirigida al gene Yob podría significar un buen modelo experimental para disminuir o erradicar esta enfermedad, pero sigamos con nuestro tema central; el control del sexo y sus relaciones con el medio ambiente. El gene Yob no es el único que determina el sexo en el mosquito, lo cual apoya la teoría de que existen otros genes involucrados en esta función. Lo cierto es que el gene Yob, es el único que determina la síntesis del factor M y por lo tanto la posibilidad de la inoculación del paludismo; es el control del control.

La gran mayoría de las plantas silvestres son hermafroditas, con ambos órganos sexuales bien definidos y listos para funcionar en cualquier circunstancia, tal es el caso de la valeriana (Valeriana edulis), una hierba perenne ampliamente conocida por sus propiedades ansiolíticas y sedantes. Dicha hierba, que tiende a dispersarse ampliamente entre los 1600 y 3500 metros de altitud crece en forma perenne en terrenos áridos donde las precipitaciones pluviales son escasas. Es precisamente, la capacidad de retención del agua en el suelo lo que determina si la planta se reproducirá sexual o asexualmente y si dará lugar al desarrollo de plantas masculinas o femeninas. De manera que la altitud y la capacidad de retención de  la humedad en el suelo son los dos factores que también proveen un cierto equilibrio al ecosistema. Aunque no se conocen los detalles finos, los autores2 demostraron que las plantas de valeriana son extremadamente sensibles a la humedad retenida en el suelo (mayor humedad a mayor altura) y que las plantas masculinas limitan la producción y la disponibilidad del polen que conducen a la reproducción sexual que producirá plantas femeninas. Si esto se repitiera, solo se desarrollaría una dominancia de plantas femeninas, que alteraría otras relaciones ecológicas en el ecosistema.

Para evitar que esto suceda, la naturaleza ha utilizado el mismo mecanismo de la retención y la disponibilidad de agua en el suelo que favorece la polinización natural que a su vez resulta en una autofecundación, que producirá plantas masculinas y femeninas. Esta nueva generación de valerianas utilizará el agua del subsuelo y creará un gradiente que volverá a empezar otros nuevos ciclos de reproducción (sexual/asexual) y darán una mayor estabilidad al ecosistema. No olvidemos que esta planta es silvestre y perenne y que nadie la cuida ni la riega, a simple vista pareciera que el hermafroditismo de la valeriana tiene una importancia menor, pero en realidad es un mecanismo de sobrevivencia que le ha permitido perdurar como especie y de paso contribuir al equilibrio ecológico de su hábitat.




Estos dos ejemplos, el del mosco y la valeriana ponen de manifiesto la importancia y la estrecha relación que existe y debe perdurar entre la genética y el medio ambiente. Asimismo, debemos recordar que todos estos procesos naturales se han ido gestando durante miles de años y que nosotros apenas estamos empezando a comprender, gracias a los extraordinarios recursos tecnológicos que poseemos.

Volviendo al tema de la homosexualidad en los humanos y de acuerdo con algunas evidencias que se han presentado, pudiéramos afirmar que:

  • La homosexualidad no es ningún castigo de Dios.
  • La homosexualidad es una condición genética desafortunada propiciada por una disposición errónea o ausente de nuestro material genético.
  • La homosexualidad no es ninguna enfermedad sino una percepción social que se ha venido enquistando durante siglos.
  • Algunos trastornos sexuales son susceptibles a corregirse mediante tratamientos hormonales, quirúrgicos y en el peor de los casos, la esterilización química o quirúrgica.
  • La estructura química de las hormonas sexuales masculinas y femeninas solo difieren en algunos radicales. Cualquier persona puede constatar la gran similitud que existe en las formulas químicas (ver cualquier libro de endocrinología). Existen más semejanzas que diferencias.
  • Nosotros, los heterosexuales masculinos empezamos a secretar testosterona desde que éramos embriones de 8 semanas, las heterosexuales femeninas empezaron a secretar estrógenos desde que eran embriones de 12 semanas y así ha sido por los últimos 2.5 millones de años, cuando aparecieron los primeros humanoides.
  • No soy adicto a la estadística ni a las dichosas encuestas pero ¿se imaginan cuantas veces se ha repetido el ciclo del desarrollo/nacimiento de un individuo heterosexual (masculino o femenino)?

¡!Que arroje la primera piedra quien se considere perfecto!!

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Referencias

1. Elzbieta Krzywinska, Nathan J. Dennison, Gareth J. Lycett, Jaroslaw Krzywinski. SCIENCE. A maleness gene in the malaria mosquito Anopheles gambiae. 1 July 2016 Vol 353. Issue 6294, p 67.

2. William K. Petry, Judith D Soule, Amy M. Iler, Ana Chicas-Mosier, David W. Inouye, Tom E.X. Miller, Kailen A. Mooney. SCIENCE. Sex-specific responses to climate change in plants alter population sex ratio and performance. 1 July 2016 Vol 353. Issue 6294, p 69

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