Feliz cumpleaños, Mozart

El martes 27 de enero de 1756, es decir, hace doscientos sesenta y un años, nació Mozart. El martes 27 de enero de 1756, es decir, hace doscientos sesenta y un años, nació Mozart. Fue un día...

27 de enero, 2017
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El martes 27 de enero de 1756, es decir, hace doscientos sesenta y un años, nació Mozart.

El martes 27 de enero de 1756, es decir, hace doscientos sesenta y un años, nació Mozart. Fue un día muy frío, como suelen ser los días de enero en esa región de Austria. Fue bautizado con el nombre de Joannes Chrysostomus Wolfgangus Teophilus Mozart: Juan Crisóstomo Volfango Teófilo. Lo conocemos por sus dos últimos nombres, uno germanizado: Wolfgang; el otro latinizado: Amadeus. Wolfgang viene de la palabra alemana para lobo, y el nombre significa algo así como el camino del lobo; Amadeus es el que ama a Dios, exactamente lo mismo que el griego Teo-Philus (Teófilo, en español).

Wolfie (lobito; así lo llamaban cariñosamente en casa) nació en el seno de una familia musical. Su padre, Leopoldo, era un conocido y respetado compositor que trabajaba para la corte del Arzobispo de Salzburgo. Su madre, Anna Maria Walburga, también desarrolló el arte musical. Wolfgang tuvo una hermana mayor, que era casi tan genial como él, y que, de no ser porque le tocó vivir una época en la que las mujeres eran limitadas por la sociedad, habría llegado a niveles tan altos como los que alcanzó su hermano. Es conocida como Nannerl, pero su verdadero nombre era Anna Maria Walburga Ignatia Mozart.

Mozart es quizá el genio musical más grande de todos los tiempos. Este tipo de afirmaciones en ocasiones parece exagerado, pero tal vez en el caso de Mozart sea verdad: su música es perfecta. Y cuando digo perfecta me refiero al equilibrio neoclásico que la caracteriza. La música es tan perfecta que deleita y maravilla a quien la escucha, más aún si el oyente entiende todo lo que está pasando. Toda la música de Mozart es perfecta, y esto es lo que más sorprende. Si nosotros escuchamos a cualquier otro compositor (quizá Bach también sea una excepción), encontramos un desarrollo, una evolución, en sus creaciones. Beethoven, por ejemplo. Si uno escucha las primeras composiciones y las compara con las últimas, verá una tremenda evolución. Con Mozart no sucede esto. La música es perfecta siempre, desde las primeras composiciones hasta las últimas. No se ve esa evolución. Cuando algo es perfecto, es perfecto y punto.

Sorprende también la pulcritud y rapidez con que componía. Mientras que a algunos compositores les llevaba cinco, seis o siete años escribir una gran obra, Mozart solo necesitaba unas semanas. Sus tres últimas sinfonías (39 en mi bemol, 40 en sol menor, 41 en do mayor) son un portento: son la cúspide de la forma sonata; y las tres fueron compuestas en unas cuantas semanas, durante el verano de 1788: del 26 de junio al 6 de agosto, para ser exactos. En 1791, último año de su vida, Mozart compuso al menos dos óperas (La clemenza di Tito y Die Zauberflöte), el concierto para clarinete en la mayor, el concierto para piano en si bemol mayor, el motete Ave Verum Corpus, la Cantata Masónica, un gran cuarteto para cuerdas en mi bemol, y el Requiem, aunque hay que decir que esta última composición quedó inconclusa. Pero eso no es todo: si uno observa los manuscritos de Mozart, no se ven tachaduras, enmendaduras ni borrones: todo es perfecto. La caligrafía es perfecta, el diseño deja a uno sin aliento. Es como si de algún modo la música hubiese sido dictada por Dios. Ningún otro maestro (con la única excepción de Bach), ha sido capaz de algo así.

Mozart murió en una situación económica muy precaria y acabó enterrado en una fosa común. Hoy es el gran personaje de Austria y el hijo predilecto de Salzburgo. Alrededor de su figura gira toda una industria. Los ingresos más importantes de la ciudad de Salzburgo se deben directamente a él, pues millones de turistas acuden a su casa natal y a los festivales musicales. Según el Buró de Turismo de Salzburgo, poco más de siete millones de personas visitan la ciudad cada año, y la principal atracción es Mozart. El compositor genera millones y millones de euros, no solo en Austria, sino en el mundo. Es uno de los artistas que más discos ha vendido. Para que nos demos una idea, en 2016 la Decca y la Deutsche Grammophon lanzaron la edición Mozart 225, con la obra completa del compositor: doscientos discos compactos. Se vendieron ese año 6,250 ediciones, lo que equivale a un millón doscientos cincuenta mil discos vendidos. Una verdadera proeza en una época en la que ya casi no se venden discos compactos. 1,250,000 mil discos físicos no los vendieron nifiguras consagradas de la música popular; ni siquiera Beyoncè. Y eso solo el año pasado. Si lo consideramos globalmente, Mozart es uno de los más grandes vendedores de discos de todos los tiempos. Y por eso resulta más triste que haya muerto casi en la miseria. Hoy sería millonario.

El catálogo de Mozart (el famoso catálogo Köchel) cuenta seiscientas veintiséis obras, pero en términos absolutos son más, pues muchos números de catálogo contienen varias obras: por ejemplo un número Köchel puede contener varios cuartetos, danzas, minuetos, etcétera. Lo importante no es cuántas obras son, sino que todas, desde las primeras, son perfectas. Hace muchos años, en mis veintes, adquirí la muy famosa Mozart Edition de 1991, de Philips, la edición conmemorativa del bicentenario de la muerte de este compositor. Toda la obra de Mozart en casi doscientos discos. Desde luego, para esas fechas ya conocía sus obras más importantes, pero no todas. Cuando escuché la primera misa, escrita a las diez años, no puede contener las lágrimas de la emoción. Me di cuenta en ese momento que ningún ser humano será capaz de superarlo.




Hoy que su cumpleaños, los invito a escuchar su música. ¿Cómo empezar? Quizá un buen comienzo sería compartirles mi Top 10 de las obras de Mozart:

  1. Gran Misa en do menor, K. 427
  2. Requiem en re menor, K. 626
  3. Die Zauberflöte, K. 620
  4. Sinfonía 41 en do mayor (Júpiter), K. 551
  5. Sinfonía Concertante, K. 364
  6. Sinfonía 40 en sol menor, K. 550
  7. Concierto para piano número 21 en do mayor, K. 467
  8. Concierto para piano número 20 en re menor, K. 466
  9. Sonata para piano en la menor, K. 310
  10. Ein musikalischer Spaß, K. 522

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