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El asalto del cine “Gangsta”

Desconozco si será producto de una casualidad, o una muy bien pensada estrategia de mercado, pero resulta que en nuestro país prácticamente coincidieron los estrenos… Desconozco si será producto de una casualidad, o una muy bien pensada...

20 de agosto, 2015
straight-outta-compton

Desconozco si será producto de una casualidad, o una muy bien pensada estrategia de mercado, pero resulta que en nuestro país prácticamente coincidieron los estrenos…

Desconozco si será producto de una casualidad, o una muy bien pensada estrategia de mercado, pero resulta que en nuestro país prácticamente coincidieron los estrenos de dos películas que abordan, desde distintas ópticas, una temática similar: el mundo del rap, el hip hop y la sub cultura urbana.

“Los Jefes” es el título de la primera de estas cintas; una producción mexicana dirigida y coescrita por Jesús “Chiva” Rodríguez es una historia que retrata de manera cruda y directa el submundo del narcomenudeo y la delincuencia organizada, teniendo como escenario la zona suburbana de la ciudad de Monterrey, Nuevo León, donde movimientos musicales como la cumbia colombiana y los narcocorridos compiten en simpatizantes con el hip-hop, el rap y el freestyle en español, teniendo como sus principales exponentes a la banda regia Cartel de Santa, cuyos integrantes protagonizan esta pieza de ficción. 

El barrio bravo de Santa Catarina y la música de hip-hop sirven como escenario y referente para esta historia, que brinda un repaso al entorno de arrogancia, violencia y adrenalina que envuelve el complejo universo del tráfico de drogas, donde consumidores y traficantes se entremezclan en una angustiosa vorágine. Por momentos la película parece más una apología que un retrato del ambiente pesado en el que se desenvuelven los integrantes del Cartel de Santa y sus seguidores.

Cabe recordar que MC Babo, el líder de esta agrupación ha señalado que más allá del grupo, Cartel de Santa es una comunidad que aglutina a tatuadores, graffiteros y todo tipo de artistas urbanos que comparten el mismo origen e ideología. Las letras de Cartel de Santa no buscan predicar, su principal objetivo es entretener y “marcar territorio”, y eso mismo hace este colectivo con su primera película.

El segundo filme lleva por título “Straight Outta Compton”, cinta norteamericana dirigida por F. Gary Gray, y que retrata los orígenes, ascenso y caída de una de las bandas seminales del “gangsta-rap”: N.W.A., cuyo nombre fue toda una declaración de principios (son las iniciales de la frase “Negros Con Actitud”, en su traducción del inglés).




A mediados de los ochenta, cinco jóvenes del barrio de Compton, California, conforman una agrupación de rap que decidió llevar al extremo la intención de reflejar en su música el estilo de vida de los suburbios, donde la violencia, las peleas de pandillas, las drogas, la segregación y los abusos policiacos fueron el cotidiano combustible para detonar uno de los fenómenos culturales más influyentes de finales del siglo pasado, cuando el hip-hop dejó de ser una música festiva como la que produjeron a principios de los ochentas los artistas e intérpretes de Nueva York, para dar paso al descarnado retrato urbano de los raperos angelinos. Iniciaba la rivalidad entre las costas Este-Oste.

A diferencia de la fábula urbana aspiracional retratada por la pseudo autobiográfica película del rapero Eminem “8 Mile” (Curtis Hanson, 2002), donde la historia busca revindicar la figura de un atormentado MC de Detroit que busca sobrevivir  de su infierno marginal enfrentando el rechazo y sus propios miedos en las batallas de freestyle (estilo de rapeo sustentado en la improvisación y habilidad para rimar sobre una base musical), “Straight Outta Compton” refleja la lucha de un grupo de jóvenes afroamericanos por sobresalir en el mundo musical sin renunciar a su principio de pertenencia a su barrio, su raza y su marginalidad. Los integrantes de N.W.A. no quieren tener la fama para convertirse en artistas plásticos, sino para gritarle a un mundo que los segrega sobre la realidad que se vive en el barrio, donde matar a un rival deja de ser una opción, y donde la policía no representa a la autoridad que protege, sino el rostro de un sistema que somete y abusa.

Los integrantes de N.W.A., pese al tono agresivo de su música, pasaron a ser leyendas en el mundo del hip-hop: Dr.Dre,  Ice Cube, Eazy-E, MC Ren y DJ Yella.

Productos marcadamente distintos de una misma corriente y subcultura musical, las películas de Cartel de Santa y N.W.A. ratifican la sombría realidad de nuestro tiempo: la juventud busca anti héroes porque las historias con finales felices ya no representan su entorno ni su realidad.

SOUNDTRACK PARA LA LECTURA:

Cartel de Santa (México) – “Perros”

 

Cartel de Santa (México)- “Bombos y Tarolas” 

 

N.W.A. (Estados Unidos)- “Express Yourself” 

 

N.W.A. (Estados Unidos)- "Fuck Tha Police"

Comentarios
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Merece la pena reflexionar acerca del tipo y calidad de metáforas solemos usar para explicarnos la existencia.  Si un buen amigo nos confiesa que, ante una situación, se siente “entre la espada y la pared”, de ningún modo pensaremos que literalmente una espada amenaza con clavarse en su pecho mientras su espalda roza con un muro infranqueable y sin embargo entendemos de inmediato que se encuentra en una disyuntiva apremiante, donde hay pocas alternativas de decisión.    Hemos entrado en el territorio de la metáfora, una figura retórica por medio de la cual se expresa una idea, una situación, un objeto o un concepto poniéndolo en relación de semejanza con otro que lo ilustre y se trata de un concepto indispensable si hablamos de la construcción de narrativas.  Esta manera de expresión implica un proceso cognitivo donde dos conceptos se ponen en relación de tal modo que uno de los términos explica al otro, pero nunca de maneta literal, sino en sentido figurado. 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Al menos eso aseguran George Lakoff y Mark Johnson en su insustituible clásico, Methaphors we live by1, traducido al español como Metáforas de la vida cotidiana2 Para estos autores, el ser humano no solo construye metáforas mediante el lenguaje, sino que piensa mediante ellas y por ello resulta medular prestar atención en aquellas que conducen nuestros pensamientos y acciones.  Para Lakoff y Johnson erróneamente las metáforas suelen verse como herramientas del lenguaje, como un mero asunto de palabras, cuando en realidad sucede lo contrario: tanto nuestros conceptos como nuestras actividades están metafóricamente estructuradas y, por lo tanto, el lenguaje también está metafóricamente estructurado.  Las metáforas se vuelven conceptos que, lejos de quedarse en lo abstracto, crean una enorme intensidad emocional una vez que son internalizados como verdaderos. Y esos conceptos metafóricos que gobiernan nuestro pensamiento no son solo asuntos del intelecto, pues estructuran aquello que percibimos tanto del mundo como de la forma en que nos relacionamos con los demás. Por ello rigen nuestro funcionamiento cotidiano al nivel de los detalles más mundanos.  Si la mayor parte de quienes trabajan en la Bolsa de Valores piensan de verdad que “el mercado financiero es una jungla”, su manera de comportarse en ese ámbito determinará que así sea. Lo que Lakoff y Johnoson afirman es su texto no es que las metáforas describan una realidad preexistente, sino que a partir de configurar e internalizar el concepto “mercado financiero” como equivalente a una “jungla” es que éste se convierte en en una.  Literalmente no hay parecido alguno entre el “mercado financiero” y una “jungla”. Lo que hacemos es abstraer algunas características de la jungla –pasando por alto todas las demás– y retratamos con ellas al mercado financiero. La simplificación que queda tras retirar la complejidad real de ambos conceptos para utilizar solo unos cuantos de sus elementos suprime su esencia genuina. Por lo tanto una metáfora no retrata la realidad, sino una interpretación parcial de ella, aunque, desde luego, funcionan muy bien para reforzar la percepción que buscamos alimentar del concepto sujeto de la figura retórica.  Caracterizar a la Covid como un enemigo contra el que estamos en guerra o equiparar el debate con una pelea de box en la que hay que derrotar al oponente son comprensiones metafóricas que una vez internalizadas determinan la manera como encaramos las circunstancias de la vida.   Sin embargo es posible comprender que una metáfora (y en general el uso interpretativo del lenguaje) tiene límites en su efectividad y veracidad y que además son susceptibles de ser reinterpretados: aun cuando la conceptualización de un debate como una pelea de box es eficaz para cierto tipo de contienda verbal, nos hace concentrarnos excesivamente en la idea de competencia, nos obsesiona con la relación ganar-perder como eje conductor de la estrategia discursiva, dejando de lado la propósito real de un debate: la búsqueda de la verdad sin importar cuál de las partes esgrima un porcentaje mayor de ella.  Al encararlo exclusivamente desde la contienda, los participantes en un debate quedan imposibilitados para reconocer que dicho intercambio verbal también puede ser cooperativo, propositivo, enriquecedor, puede mostrar diferentes perspectivas de un problema y lo más inaudito de todo: un debate puede ser un extraordinario vehículo para cambiar de opinión, para dejarse tocar por las ideas del otro, para reconocer que hay argumentos mejores que los propios o que nuestra percepción estaba sesgada o incompleta, pero nada de esto ocurrirá mientras el centro de la metáfora con que lo conceptualizamos sea la lucha en vez del intercambio.  Continuemos con este ejemplo. Técnicamente un debate consiste en confrontar dos posturas distintas –una tesis y una antítesis– con el propósito de encontrar la verdad –la síntesis–. Pero si pensamos en un debate entre candidatos a la presidencia y los contendientes asumieran, en vez de esa postura beligerante y descalificadora, una de cooperación, diálogo e intercambio que los llevara a conciliar sus ideas y alcanzar un acuerdo o cuando menos reconocer la validez de la postura ajena, el primer desilusionado sería el público votante. Y esto ocurre porque tenemos profundamente internalizada la idea de que un debate es una contienda donde para que uno gane, el otro tiene que perder, uno tiene que tener razón y el otro estar equivocado. A partir de la metáfora –un debate es una batalla– se ha caracterizado el concepto. Aún cuando este tipo de “contiendas” suelen ser muy atractivas para el público, es muy poco lo que dejan en la práctica en términos de ideas y soluciones.   Las metáforas no contienen en sí mismas significados independientemente de los contextos en que se usan y los hablantes que se identifican con ellas. Por eso no son auténticas herramientas para entender la realidad, sino tan solo una posible interpretación de ella.  Si, por ejemplo, dentro de una pareja, uno de los miembros visualiza internamente el matrimonio como “dos viajeros que comparten una gran aventura”, mientras el otro ha internalizado el compromiso como “una camisa de fuerza que limita su libertad”, aun cuando nunca verbalicen sus convicciones internas, podemos estar seguros de que, independientemente de las condiciones y contextos externos, los problemas y desacuerdos no tardarán en llegar. Ambos individuos relacionan el concepto “pareja” con metáforas muy distintas y por ende sus comprensiones de lo que puede y debe esperarse de una relación sentimental serán muy distintas.  Es por eso que la conceptualización metafórica importa, y mucho, para construir los relatos con que nos explicamos el mundo y nuestra relación con los otros y con nostros mismos. Por su conducto llegamos a inferencias, sacamos conclusiones y concretamos comportamientos. Puesto que razonamos en términos metafóricos, las metáforas que usamos –aun sin ser conscientes de ellas– determinan en gran medida cómo vivimos nuestra vida. Y a ti, ¿qué metáforas te mueven? Si tuvieras que responder con dos o tres palabras o con un refrán popular, cómo completarías las siguientes frases: La vida es…  El amor es… El dinero es… El trabajo es… La gente es…   Las metáforas e imágenes verbales que hayas utilizado hablan mucho de tu manera de entender el mundo y tu propia existencia. Ahora sigue el preguntarse cómo esas convicciones llegaron ahí, y en caso de no gustarte, ¿cómo cambiar esas metáforas por otras más satisfactorias? La semana siguiente continuamos.    Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook: Juan Carlos Aldir   1 Lakoff, George, Methaphors we live by, Estados Unidos, The University of Chicago Press, 2003, Págs. 276 2 Lakoff George y Johnson Mark, Metáforas de la vida cotidiana, Tercera Edición, España, Cátedra, 2018, Págs. 303 LEE: Liderazgo y el carácter global de la civilización humana / por Juan Carlos Aldir | Ruiz-Healy Times (ruizhealytimes.com)" ["post_title"]=> string(51) "La Metáfora como materia prima de nuestros relatos" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(50) "la-metafora-como-materia-prima-de-nuestros-relatos" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-07-16 07:17:45" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-07-16 12:17:45" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=68118" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } [1]=> object(WP_Post)#17741 (24) { ["ID"]=> int(67770) ["post_author"]=> string(2) "60" ["post_date"]=> string(19) "2021-07-07 08:33:58" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2021-07-07 13:33:58" ["post_content"]=> string(11529) "José María Tranquilino Francisco de Jesús Velasco y Gómez-Obregón nació en TemascalcingoDepartamento de México,  el 6 de julio de 1840 , y falleció en Villa de Guadalupe HidalgoCiudad de México, el 26 de agosto de 1912. Ayer se cumplieron 181 años de su natalicio. Fue un excelente pintor paisajista. En el año de 1855 terminó sus estudios primarios y fue en este mismo año, por conducto del señor Luis Ponce de León, en que José María pudo ingresar a la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de México para estudiar, por las noches, lo que a él le apasionaba. Durante tres meses permaneció Velasco dibujando en los corredores de la Academia, bajo la dirección del señor Miguel Mata, hasta que junto con el escultor Felipe Sojo, tuvo la oportunidad de recibir clases del señor Juan Urruchi   Pocos meses después, ingresó a la clase de paisaje impartida por el célebre pintor italiano don Eugenio Landesio, originario de Turín, quién vino a México por iniciativa del Director de la academia, el pintor español Pelegrín Clavé, ya que Landesio, habiendo sido discípulo de Carlos Markó, dominaba la técnica del paisaje. Landesio habló mucho a sus alumnos sobre las reglas de composición, les refirió sus estudios, sus obras, las de Markó, les hacía notar todas las bellezas que encontraba a su paso, tomando en cuenta los muchos detalles de luzcolor y forma. Por otro lado, desde que Velasco se inició en los corredores de la Academia con sus primeros ensayos, emprendió también el estudio de las ciencias que a su modo de ver eran convenientes para su futura profesión. En la época en que ingresó José María Velasco a la Academia de San Carlos, el tema imperante de los pintores de México era la figura humana en sus distintas variantes: composiciones religiosas, mitológicas, históricas, etc. Haber dedicado la mayor parte de sus obras a la representación de la naturaleza, lo coloca como un innovador de la pintura y la ecología de su época. 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El verdadero asunto está en que no solo se trata de construir comparaciones ingeniosas que faciliten la comprensión de conceptos, sino que se trata de un proceso cognitivo tan arraigado, de introyecciones tan profundas –y a tal grado inconscientes– que se confunden con realidades objetivas que terminan por determinar nuestro comportamiento, nuestros valores y nuestra manera de estar en el mundo. En el caso del ejemplo citado: “tiempo es dinero”, mucho más que una consigna perspicaz, puede convertirse en el dogma-motor de la propia vida para infinidad de personas, marcando la manera en que dicho individuo se vincula con el mundo, con los demás y consigo mismo.    Y podemos ir aún más allá: todo nuestro pensamiento está edificado a partir de metáforas. Al menos eso aseguran George Lakoff y Mark Johnson en su insustituible clásico, Methaphors we live by1, traducido al español como Metáforas de la vida cotidiana2 Para estos autores, el ser humano no solo construye metáforas mediante el lenguaje, sino que piensa mediante ellas y por ello resulta medular prestar atención en aquellas que conducen nuestros pensamientos y acciones.  Para Lakoff y Johnson erróneamente las metáforas suelen verse como herramientas del lenguaje, como un mero asunto de palabras, cuando en realidad sucede lo contrario: tanto nuestros conceptos como nuestras actividades están metafóricamente estructuradas y, por lo tanto, el lenguaje también está metafóricamente estructurado.  Las metáforas se vuelven conceptos que, lejos de quedarse en lo abstracto, crean una enorme intensidad emocional una vez que son internalizados como verdaderos. Y esos conceptos metafóricos que gobiernan nuestro pensamiento no son solo asuntos del intelecto, pues estructuran aquello que percibimos tanto del mundo como de la forma en que nos relacionamos con los demás. Por ello rigen nuestro funcionamiento cotidiano al nivel de los detalles más mundanos.  Si la mayor parte de quienes trabajan en la Bolsa de Valores piensan de verdad que “el mercado financiero es una jungla”, su manera de comportarse en ese ámbito determinará que así sea. Lo que Lakoff y Johnoson afirman es su texto no es que las metáforas describan una realidad preexistente, sino que a partir de configurar e internalizar el concepto “mercado financiero” como equivalente a una “jungla” es que éste se convierte en en una.  Literalmente no hay parecido alguno entre el “mercado financiero” y una “jungla”. Lo que hacemos es abstraer algunas características de la jungla –pasando por alto todas las demás– y retratamos con ellas al mercado financiero. La simplificación que queda tras retirar la complejidad real de ambos conceptos para utilizar solo unos cuantos de sus elementos suprime su esencia genuina. Por lo tanto una metáfora no retrata la realidad, sino una interpretación parcial de ella, aunque, desde luego, funcionan muy bien para reforzar la percepción que buscamos alimentar del concepto sujeto de la figura retórica.  Caracterizar a la Covid como un enemigo contra el que estamos en guerra o equiparar el debate con una pelea de box en la que hay que derrotar al oponente son comprensiones metafóricas que una vez internalizadas determinan la manera como encaramos las circunstancias de la vida.   Sin embargo es posible comprender que una metáfora (y en general el uso interpretativo del lenguaje) tiene límites en su efectividad y veracidad y que además son susceptibles de ser reinterpretados: aun cuando la conceptualización de un debate como una pelea de box es eficaz para cierto tipo de contienda verbal, nos hace concentrarnos excesivamente en la idea de competencia, nos obsesiona con la relación ganar-perder como eje conductor de la estrategia discursiva, dejando de lado la propósito real de un debate: la búsqueda de la verdad sin importar cuál de las partes esgrima un porcentaje mayor de ella.  Al encararlo exclusivamente desde la contienda, los participantes en un debate quedan imposibilitados para reconocer que dicho intercambio verbal también puede ser cooperativo, propositivo, enriquecedor, puede mostrar diferentes perspectivas de un problema y lo más inaudito de todo: un debate puede ser un extraordinario vehículo para cambiar de opinión, para dejarse tocar por las ideas del otro, para reconocer que hay argumentos mejores que los propios o que nuestra percepción estaba sesgada o incompleta, pero nada de esto ocurrirá mientras el centro de la metáfora con que lo conceptualizamos sea la lucha en vez del intercambio.  Continuemos con este ejemplo. Técnicamente un debate consiste en confrontar dos posturas distintas –una tesis y una antítesis– con el propósito de encontrar la verdad –la síntesis–. Pero si pensamos en un debate entre candidatos a la presidencia y los contendientes asumieran, en vez de esa postura beligerante y descalificadora, una de cooperación, diálogo e intercambio que los llevara a conciliar sus ideas y alcanzar un acuerdo o cuando menos reconocer la validez de la postura ajena, el primer desilusionado sería el público votante. Y esto ocurre porque tenemos profundamente internalizada la idea de que un debate es una contienda donde para que uno gane, el otro tiene que perder, uno tiene que tener razón y el otro estar equivocado. A partir de la metáfora –un debate es una batalla– se ha caracterizado el concepto. Aún cuando este tipo de “contiendas” suelen ser muy atractivas para el público, es muy poco lo que dejan en la práctica en términos de ideas y soluciones.   Las metáforas no contienen en sí mismas significados independientemente de los contextos en que se usan y los hablantes que se identifican con ellas. Por eso no son auténticas herramientas para entender la realidad, sino tan solo una posible interpretación de ella.  Si, por ejemplo, dentro de una pareja, uno de los miembros visualiza internamente el matrimonio como “dos viajeros que comparten una gran aventura”, mientras el otro ha internalizado el compromiso como “una camisa de fuerza que limita su libertad”, aun cuando nunca verbalicen sus convicciones internas, podemos estar seguros de que, independientemente de las condiciones y contextos externos, los problemas y desacuerdos no tardarán en llegar. Ambos individuos relacionan el concepto “pareja” con metáforas muy distintas y por ende sus comprensiones de lo que puede y debe esperarse de una relación sentimental serán muy distintas.  Es por eso que la conceptualización metafórica importa, y mucho, para construir los relatos con que nos explicamos el mundo y nuestra relación con los otros y con nostros mismos. Por su conducto llegamos a inferencias, sacamos conclusiones y concretamos comportamientos. Puesto que razonamos en términos metafóricos, las metáforas que usamos –aun sin ser conscientes de ellas– determinan en gran medida cómo vivimos nuestra vida. Y a ti, ¿qué metáforas te mueven? Si tuvieras que responder con dos o tres palabras o con un refrán popular, cómo completarías las siguientes frases: La vida es…  El amor es… El dinero es… El trabajo es… La gente es…   Las metáforas e imágenes verbales que hayas utilizado hablan mucho de tu manera de entender el mundo y tu propia existencia. Ahora sigue el preguntarse cómo esas convicciones llegaron ahí, y en caso de no gustarte, ¿cómo cambiar esas metáforas por otras más satisfactorias? La semana siguiente continuamos.    Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook: Juan Carlos Aldir   1 Lakoff, George, Methaphors we live by, Estados Unidos, The University of Chicago Press, 2003, Págs. 276 2 Lakoff George y Johnson Mark, Metáforas de la vida cotidiana, Tercera Edición, España, Cátedra, 2018, Págs. 303 LEE: Liderazgo y el carácter global de la civilización humana / por Juan Carlos Aldir | Ruiz-Healy Times (ruizhealytimes.com)" ["post_title"]=> string(51) "La Metáfora como materia prima de nuestros relatos" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(50) "la-metafora-como-materia-prima-de-nuestros-relatos" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-07-16 07:17:45" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-07-16 12:17:45" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=68118" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } ["comment_count"]=> int(0) ["current_comment"]=> int(-1) ["found_posts"]=> int(14) ["max_num_pages"]=> float(7) ["max_num_comment_pages"]=> int(0) ["is_single"]=> bool(false) ["is_preview"]=> bool(false) ["is_page"]=> bool(false) ["is_archive"]=> bool(true) ["is_date"]=> bool(false) ["is_year"]=> bool(false) ["is_month"]=> bool(false) ["is_day"]=> bool(false) ["is_time"]=> bool(false) ["is_author"]=> bool(false) ["is_category"]=> bool(true) ["is_tag"]=> bool(false) ["is_tax"]=> bool(false) ["is_search"]=> bool(false) ["is_feed"]=> bool(false) ["is_comment_feed"]=> bool(false) ["is_trackback"]=> bool(false) ["is_home"]=> bool(false) ["is_privacy_policy"]=> bool(false) ["is_404"]=> bool(false) ["is_embed"]=> bool(false) ["is_paged"]=> bool(false) ["is_admin"]=> bool(false) ["is_attachment"]=> bool(false) ["is_singular"]=> bool(false) ["is_robots"]=> bool(false) ["is_favicon"]=> bool(false) ["is_posts_page"]=> bool(false) ["is_post_type_archive"]=> bool(false) ["query_vars_hash":"WP_Query":private]=> string(32) "0be06d8801f078d827f6a66f9f4e5330" ["query_vars_changed":"WP_Query":private]=> bool(false) ["thumbnails_cached"]=> bool(false) ["stopwords":"WP_Query":private]=> NULL ["compat_fields":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(15) "query_vars_hash" [1]=> string(18) "query_vars_changed" } ["compat_methods":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(16) "init_query_flags" [1]=> string(15) "parse_tax_query" } }

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