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Divagaciones sobre la lluvia

Ayer, envuelto en una bruma blanca y ligera, bajo una lluvia muy fina y pertinaz, caminaba por las calles… Ayer, envuelto en una bruma blanca y ligera, bajo una lluvia muy fina y pertinaz, caminaba por las...

8 de febrero, 2016
paraguas-lluvia

Ayer, envuelto en una bruma blanca y ligera, bajo una lluvia muy fina y pertinaz, caminaba por las calles…

Ayer, envuelto en una bruma blanca y ligera, bajo una lluvia muy fina y pertinaz, caminaba por las calles e intentaba calcular desde hace cuántos días que había comenzado a llover. Sin paraguas, con los calcetines húmedos y los pies mojados, había terminado por arrepentirme de haber comprado esos zapatos de gamuza. La lluvia es una bendición; la lluvia es una catástrofe, me dije. Al final de la tarde, terminé refugiado en el café de un hospital, donde busqué la mesa más cerca de una ventana desde donde podía ver a la gente ir y venir bajo el aguacero, y donde podía escuchar el tamborileo de las gotas pegando contra el cristal. Uno se aferra a sus hábitos y a sus placeres cotidianos porque no quiere que la normalidad se altere. Pero la lluvia siempre altera esa normalidad.

El café, como era de esperarse, en días como ayer, se encontraba repleto de gente. La lluvia me llevaba a otro lugar. A mi alrededor todo respiraba calma. Es interesante ver que todas las cosas cambian cuando llueve. A pesar de ser temprano todavía, había muchas luces iluminando la ciudad. Quienes no llevaban paraguas, caminaban muy deprisa, con la cabeza baja. Otros corrían, sin darse cuenta de que no por mucho correr se mojarían menos, y de que tan sólo permanecerían menos tiempo bajo el agua. Una pareja se besaba debajo de un paraguas. Los besos, bajo la lluvia, aparecen revestidos de un romanticismo más puro. Había también quienes pasaban resguardados bajos sus chubasqueros rojos y amarillos y quienes caminaban bajo esos curiosos techos móviles: los paraguas, o los que habían tenido la astucia de inventarse un paraguas con un portafolios, un libro, un periódico o, simplemente, levantando la gabardina y escondiendo la cabeza entre las solapas.

En un mundo cada vez más deshumanizado, la realidad es que la lluvia no parece una amenaza, sino un refugio. ¿Se ha fijado alguna vez cuántos paraguas pintaron los surrealistas? Y qué otra cosa es el arte, además de un refugio de la realidad. Yo casi nunca uso paraguas: los olvido en todas partes, los regalo o los extravío. Y cuando uso alguno lo prefiero macizo; uno de esos que no se pliegan; macizo y grande; invulnerable, para usarlo también de bastón. Soy cuidadoso con todas las supersticiones, razón por la cual nunca camino debajo de una escalera y tampoco abro un paraguas en el interior de un inmueble. Me gusta estar con mi mujer y con mis hijos mientras llueve. Me gusta mirar una película mientras llueve. Me gusta leer. Supongo, que esto es un lugar común. Ya lo dijo el brillante escritor mexicano Juan Villoro, en su monólogo teatral, Conferencia sobre la lluvia: «la literatura es un lugar en el que llueve […] yo me he dedicado toda una vida a coleccionar chubascos literarios». Recuerdo días felices en los que salía por las tardes, me internaba en el Parque del Reloj y leía poemas del genial poeta argentino Oliverio Girondo. También recuerdo días menos felices en los que iba al Parque México y leía poemas del poeta chileno, Vicente Huidobro, o del peruano, César Vallejo. De Vallejo, ese es uno de los mejores versos que conozco: «Moriré en París con aguacero». Y, dicho sea de paso, poco tiempo después de haber terminado su libro: Poemas humanos, César Vallejo murió en París, un día, con aguacero, como predijo en su poema.  

La lluvia me recuerda algunas de las sonatas en tres movimientos que se componían en la primera mitad del siglo XVIII. Antes de la lluvia, los pájaros, nerviosos, vuelan más bajo, los mosquitos se alborotan y la intensidad de la luz y los colores del día cambian, creando una hermosa y sombría atmósfera. Durante la lluvia, tras un estrepitoso caos, el agua empieza a crear un concierto que, mediante el ruido del agua al caer, el viento golpeando las hojas de los árboles (dicen que, desde el tiempo del Diluvio Universal, los árboles son los que cuentan la historia de la lluvia) va, lentamente, creando su propia armonía. Después de la lluvia, como si el día se hubiera partido en dos, un antes y un después, vuelve la luminosidad a las calles y se respira el olor tan ansiado que queda después de la lluvia, en medio de una atmósfera maravillosa.

Pero, como en todas las cosas, lo importante no es lo que ocurre fuera, sino lo que ocurre dentro, en el interior del que vive la experiencia de la lluvia.

La lluvia dispara procesos internos.

Borges decía que «la lluvia es una cosa que sucede en el pasado». Tal vez porque los días de lluvia son nostálgicos y melancólicos. Sentimos nostalgia por la imposibilidad que tenemos de volver al pasado (nostos: pasado; algia: dolor), para volver a vivir situaciones que ya no existen, con personas que ya no están (o que han cambiado y no están de la misma manera que antes). La melancolía, por su parte, surge del dolor de haber sido habitado por algo que percibíamos como bueno y que después, por alguna causa, nos abandonó. Sigmund Freud decía que «el objeto del deseo perdido arroja una sombra sobre el yo». El escritor argentino, Leopoldo Lugones, lo ponía en términos más poéticos: «Lo que tiene de lágrima toda gota al caer».

Me descubrí, in promptu, a través de esa ventana atiborrada de agua, preguntándome por ese ser melancólico, viviendo su experiencia de vacío, en duelo permanente. Ajeno a sí mismo y observándose siempre desde fuera. Angustiado, exiliado, solitario. Sin una clara consciencia de sus pérdidas y con la convicción de que, en algún momento, algo dentro de él se murió. ¿No sucede eso con todo el mundo? Una llama que se apaga y algunas luces nuevas que se encienden. Pero quedan la nostalgia, y la melancolía.  

Era yo ese: «sobreviviente diario de la nada», que se aliviaba en las tardes lluviosas dentro del café de un hospital, rodeado de los familiares, de los dulces, los chocolates y los peluches que vendían para los enfermos.

Hasta que, repentinamente, caí en la cuenta de que, a pesar de esa tristeza, una tristeza neutra y blanca; sin sufrir, sin dolor, una parte de mí era inmensamente feliz. Entonces, recordé el final de un texto del escritor argentino, Julio Cortázar:

«Pero las hay (gotas en las ventanas) que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas, inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós».

Dejemos, pues, que sean ellas las que se suiciden. Poco tiempo después, dejó de llover y me fui a casa.  

Comentarios
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Todo esto se dio a una distancia calculada en alrededor de 6500 años luz de nuestro pequeño punto azul en la inmensidad.      EUROPA   Y   AMÉRICA Un evento de esta magnitud, sin duda, causó estupor en todas partes del mundo en aquella  época, pero a diferencia de los abundantes registros existentes en el continente asiático, en Europa no existen testimonios registrados de tan inusual hecho. En Europa se explica fácilmente, debido a la férrea censura de la Iglesia católica medieval que, bajo el manto de sus oscurantistas dogmas, era su exclusivo monopolio todo lo concerniente a lo que se refería a los cielos. Solo hay un muy pequeño indicio de aquello, y es el escudo de la localidad española de Teruel, que sin tener una certeza absoluta, se atribuye a aquel fenómeno: un toro y una estrella. La conclusión más aceptada, es que se trata de una representación de la SN1054 junto a la constelación de Tauro. En América los dos únicos indicios claros de expresiones del registro del fenómeno astronómico no se ubican en lo que se conoce como Mesoamérica, sino mucho más al norte: una en Nuevo México (Estados Unidos), en un sitio denominado cómo Peñasco Blanco. Se trata de un grande petroglifo en el Cañón del Chaco, que supone un marcador astronómico, esto en lo que fuera hacia los Siglos X y XI un importante asentamiento de la Cultura Ananazi, que tuvo vastos conocimientos en la materia. La otra evidencia está en lo que hoy es el estado de Durango, (México), tratándose de otra suerte de marcador astronómico, grabado este en piedra volcánica, conocido como “Tuitán”, que asemeja claramente un mapa detallado de la bóveda celeste, consignando la aparición del año 1054; la Cultura asentada ahí se conocía como chalchihuiteña, con supuestas influencias teotihuacanas. MESOAMÉRICA Y LA  SISTEMÁTICA DESTRUCCIÓN  DE  SUS  CÓDICES Existen evidencias de la observación del hombre prehistórico de las fases lunares, de hasta unos 30 000 años de antigüedad. Los pueblos mesoamericanos fueron grandes estudiosos de lo que en el espacio exterior se miraba, desde los ciclos solares hasta eclipses, pasando por todo tipo de avistamientos, ya fueran esperados o espontáneos, sin embargo, paradójicamente los registros de todo esto no son muchos, de hecho prácticamente se circunscriben algunas estelas con glifos mayas y a la orientación de lo que queda de sus grandes Ciudades. En cuánto a los códices, baste decir que solo sobreviven 15 elaborados en tiempos prehispánicos, y 400 de tradiciones orales ahí consignadas, mandadas a recoger por Frailes franciscanos, ya en las primeras décadas del periodo colonial. La destrucción de los códices que llevaron a cabo los europeos, contrario a lo que podía pensarse, no son ni de lejos, lo único responsable de su desaparición, sino que se tiene constancia de que esto fue una práctica sistemática; además de que en los días más álgidos de batallas por la denominada Conquista, hordas de tlaxcaltecas entraron a destruir la Biblioteca de Texcoco, "la Atenas de América", cuna de los acolhuas, descendientes del Rey poeta Nezahualcóyotl. De los amoxcalli (casas de libros) de la Gran Tenochtitlan no se tiene mayor noticia de su destino. Por tanto, los códices ordenados por los clérigos españoles, no pueden sino tener múltiples omisiones y un sesgo de la visión del mundo que ellos tenían por única: la judeocristiana. Si nos remontamos 200 años hacía atrás de la Conquista, durante la década de los años veinte del siglo XIV, cuando se forma la llamada Triple Alianza entre los señoríos de Tenochtitlan, Texcoco y Tacuba, y se derrota a la entonces Ciudad hegemónica en el Anáhuac, Azcapotzalco, los mexicas destruyen tanto los códices de dicha Ciudad como los propios, la razón: ninguno consignaba la grandeza histórica que ellos mismos pretendían proyectar a partir de ese momento. La "Historia oficial" tenochca debe imponerse, y así se interviene la realidad, modificando la Historia con fines políticos y propagandísticos. El lugar común de que la Historia la escriben los vencedores, se impone en el caso del que sería el gran Imperio de México Tenochtitlan. La noche del 12 de Julio de 1562, una hoguera se levantaba sobre Maní (a unos 100 Km de distancia de Mérida) en Yucatán, en ella ardían objetos sagrados de toda índole, incluyendo sus milenarios códices, que contenía su Historia, vida y cosmovisión e identidad. Años después, hacia 1575, se imprimen unos textos escritos por el propio Fraile Diego de Landa, mismo que ordenó semejante oprobio antes relatado, hecho que llevó inclusive a algunos naturales al suicidio, conocidos como "Relación de cosas notables de Yucatán"; sin embargo y como en el caso del centro de lo que hoy es México, éstos eran imprecisos, por decir lo menos; casi cinco Siglos después, científicos (tanto mexicanos y extranjeros) expertos en la Civilización Maya, lo corroboran, afirmando que los escritos de Landa son "inexactos y prácticamente inútiles".     ¿FUE LA SN1054 UN AGENTE PRECIPITADOR DE IMPORTANTES ACONTECIMIENTOS? Ante la evidente relación de todo lo que acontecía en el ámbito terrestre a las observaciones cósmicas, que se pueden resumir en una famosa sentencia Maya que reza: "según el cielo, así es el mundo", queda la incógnita de las implicaciones que habría tenido la inesperada y abrupta aparición de una estrella de esas dimensiones en el firmamento, que podía verse de forma clara incluso a la luz del sol, como lo fue la multicitada SN1054, ya que todo fenómeno celeste tenía un gran peso específico en todos los aspectos y decisiones concernientes a la mitología, religión, guerras, migraciones y demás, dónde hoy se sabe que importantes sitios arqueológicos fueron, por su ubicación y características, observatorios astronómicos. Se miraba, pues, todo movimiento en la bóveda celeste, con paciencia y devoción divinas, de ahí su impactante exactitud en sus cálculos calendáricos, por ejemplo.  La decadencia de los grandes asentamientos mayas, durante los Siglos X y XI, fue multifactorial, se sabe: guerras, sequías, epidemias e incluso deforestación debieron haber sido la causa. Todo esto desembocó en la abrupta decisión de migrar de las regiones del interior, donde habían florecido sus antepasados a las costeras, donde había fuentes de agua dulce seguras como lagunas y cenotes. Aquí llama la atención un hecho, que es la fecha en la que se ubican dichos movimientos migratorios: alrededor del año 1050 d.c., justo por los meses en los que hizo su aparición la SN1054.  En la Ciudad prehispánica de Xochicalco, hoy Morelos, se tienen también claramente identificados cambios relevantes alrededor del año de la Supernova, en 1054, estos reflejados en los espacios construidos, la ya de por sí Ciudad con tradición de gentes de alto saber astronómico, que registraron cambios radicales en el comportamiento de sus habitantes, todo esto, aproximadamente, de los años 1000 al 1100. Se tiene conocimiento de esfuerzos por parte de sus pobladores de limitar drásticamente los espacios de acceso a la Ciudad, llegando por momentos a cerrarla, llevándose a cabo inusuales expresiones hacia adentro, como colocar esqueletos colgados de los techos de algunos pórticos. El año 1100 d.c. es el que está registrado como el último en el que la Ciudad sobrevivió como tal, porque en ese mismo año, un poderoso incendio generalizado (deliberado) terminó en definitiva con ella.  Los dos anteriores párrafos nos llevan aquí a tres preguntas: ¿qué sucedió justo en esos años en las grandes Ciudades mayas del interior y también en Xochicalco para sus misteriosos finales?; ¿acaso tendría alguna influencia en estos dos relevantes hechos históricos la aparición, en el 1054, de la gran estrella supernova?; ¿cuánto no sabemos ni tendremos siquiera cercano conocimiento, de hechos y aspectos importantísimos en el devenir histórico las Civilizaciones que en estas tierras nos antecedieron? Quizás nunca lo sabremos con exactitud." 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Pero es la imagen del niño con las manos en alto, en el Gueto de Varsovia, la que reclama mi memoria y me visita entre pensamientos. Obsesionado por esa imagen, Dan Porat investigó hasta donde pudo la identidad de los personajes de la fotografía, ubicó el lugar preciso, al nazi que apunta al chico, el rostro de quienes acompañaban al niño, pero pese a que algunos han tratado de reivindicar su personalidad, de él no pudo averiguar nada; eso lo convirtió en el símbolo del dolor y el miedo de todos los niños frente a la guerra. Presenciar así el sufrimiento es hacerlo real y permanente. Sin embargo, dice también Sontag, que la imagen repetida hasta el hastío deja de hacer real el sufrimiento para hacerlo ficticio. Pasamos, en un momento que no pude ser determinado con precisión, de la existencia a la fantasía, del dolor al montaje. Pensemos en la manera en que se vivió el espectáculo de las guerras del Golfo: teledirigidas y producidas en horarios estelares. La escritora norteamericana recuerda a una amiga en Sarajevo que vio por televisión cómo los ejércitos serbios se acercaban a la ciudad, pero que como estaban todavía a 300 km y había visto noticias al respecto todo el día, al saberlo simplemente cambió de canal como si estuviera en París o en Berlín; porque al final del día, el dolor se había vuelto espectáculo. Hace unos años, viendo la televisión con mi familia, apareció en pantalla la dantesca escena de unos cadáveres de ejecutados abandonados en una playa; mi hija entonces de nueve años me preguntó “¿Qué pasa?”. Queriendo proteger lo que consideraba la inocencia de una niña, le respondí que eran “unos señores dormidos”, a lo que la nena contesta: “Papá, ¡pero si están muertos!”. Hemos llegado al punto en que asesinamos a la moraleja; Borges decía, siguiendo a Kipling, que el autor puede elegir la anécdota, pero no la moraleja; ni el argentino ni el inglés tenían idea de que llegaríamos al punto en que la moraleja devendría superflua, ofensiva y hasta ridícula, que no nos quedaría sino el instante del dolor congelado en la imagen del aficionado para hacer real un sufrimiento que de otro modo, se perdería para siempre, como sucedió por siglos en que el mundo también fue habitable. ¿Cómo recuperar la sensibilidad?, ¿es que perdimos la inocencia frente a la imagen para siempre? El hecho es que ni la autocensura y menos la censura pública pueden refrenar el hambre y el mercado de la imagen; pero si intentamos a través de la educación, de la seriedad en los medios y del oficio de los gobernantes, tal vez podamos llegar al equilibrio, no en la afluencia de imágenes, sino en la visión crítica con que las abordamos, en la mirada inocente de nuestros hijos y sobre todo, en la cualidad más lesionada por esta lluvia de dolor ajeno, la capacidad de entender y asumir el dolor ajeno, si no como propio, sí como sujetos en posibilidad de sufrir violencia. 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La interpretación del ministerio astronómico fue más o menos la siguiente: “su brillo es tan grande (...) lo cual significa que en el trono hay una persona de enorme valía”. El astrólogo de la corte recibió por parte del Emperador, como es de suponerse, todo tipo de felicitaciones y mercedes. Testimonios en tierras árabes quedaron también asentados; cosa de un milenio después, científicos desvelaron su naturaleza: se trataba aquella estrella, visible incluso de día por alrededor de un mes, y en el cielo nocturno por prácticamente dos años, hasta su difuminación, de la percepción en la Tierra de la explosión de una estrella, una 'supernova' (SN1054) cuyos rastros hoy aún son localizables en lo que se conoce como la Nebulosa del Cangrejo.  De hecho, supuso el descubrimiento de una nueva caracterización del citado fenómeno, denominada "supernova de captura de electrones", y que se ha convertido en una de las estructuras astronómicas más estudiadas y analizadas más allá de nuestro propio sistema solar. Todo esto se dio a una distancia calculada en alrededor de 6500 años luz de nuestro pequeño punto azul en la inmensidad.      EUROPA   Y   AMÉRICA Un evento de esta magnitud, sin duda, causó estupor en todas partes del mundo en aquella  época, pero a diferencia de los abundantes registros existentes en el continente asiático, en Europa no existen testimonios registrados de tan inusual hecho. En Europa se explica fácilmente, debido a la férrea censura de la Iglesia católica medieval que, bajo el manto de sus oscurantistas dogmas, era su exclusivo monopolio todo lo concerniente a lo que se refería a los cielos. Solo hay un muy pequeño indicio de aquello, y es el escudo de la localidad española de Teruel, que sin tener una certeza absoluta, se atribuye a aquel fenómeno: un toro y una estrella. La conclusión más aceptada, es que se trata de una representación de la SN1054 junto a la constelación de Tauro. En América los dos únicos indicios claros de expresiones del registro del fenómeno astronómico no se ubican en lo que se conoce como Mesoamérica, sino mucho más al norte: una en Nuevo México (Estados Unidos), en un sitio denominado cómo Peñasco Blanco. Se trata de un grande petroglifo en el Cañón del Chaco, que supone un marcador astronómico, esto en lo que fuera hacia los Siglos X y XI un importante asentamiento de la Cultura Ananazi, que tuvo vastos conocimientos en la materia. La otra evidencia está en lo que hoy es el estado de Durango, (México), tratándose de otra suerte de marcador astronómico, grabado este en piedra volcánica, conocido como “Tuitán”, que asemeja claramente un mapa detallado de la bóveda celeste, consignando la aparición del año 1054; la Cultura asentada ahí se conocía como chalchihuiteña, con supuestas influencias teotihuacanas. MESOAMÉRICA Y LA  SISTEMÁTICA DESTRUCCIÓN  DE  SUS  CÓDICES Existen evidencias de la observación del hombre prehistórico de las fases lunares, de hasta unos 30 000 años de antigüedad. Los pueblos mesoamericanos fueron grandes estudiosos de lo que en el espacio exterior se miraba, desde los ciclos solares hasta eclipses, pasando por todo tipo de avistamientos, ya fueran esperados o espontáneos, sin embargo, paradójicamente los registros de todo esto no son muchos, de hecho prácticamente se circunscriben algunas estelas con glifos mayas y a la orientación de lo que queda de sus grandes Ciudades. En cuánto a los códices, baste decir que solo sobreviven 15 elaborados en tiempos prehispánicos, y 400 de tradiciones orales ahí consignadas, mandadas a recoger por Frailes franciscanos, ya en las primeras décadas del periodo colonial. La destrucción de los códices que llevaron a cabo los europeos, contrario a lo que podía pensarse, no son ni de lejos, lo único responsable de su desaparición, sino que se tiene constancia de que esto fue una práctica sistemática; además de que en los días más álgidos de batallas por la denominada Conquista, hordas de tlaxcaltecas entraron a destruir la Biblioteca de Texcoco, "la Atenas de América", cuna de los acolhuas, descendientes del Rey poeta Nezahualcóyotl. De los amoxcalli (casas de libros) de la Gran Tenochtitlan no se tiene mayor noticia de su destino. Por tanto, los códices ordenados por los clérigos españoles, no pueden sino tener múltiples omisiones y un sesgo de la visión del mundo que ellos tenían por única: la judeocristiana. Si nos remontamos 200 años hacía atrás de la Conquista, durante la década de los años veinte del siglo XIV, cuando se forma la llamada Triple Alianza entre los señoríos de Tenochtitlan, Texcoco y Tacuba, y se derrota a la entonces Ciudad hegemónica en el Anáhuac, Azcapotzalco, los mexicas destruyen tanto los códices de dicha Ciudad como los propios, la razón: ninguno consignaba la grandeza histórica que ellos mismos pretendían proyectar a partir de ese momento. La "Historia oficial" tenochca debe imponerse, y así se interviene la realidad, modificando la Historia con fines políticos y propagandísticos. El lugar común de que la Historia la escriben los vencedores, se impone en el caso del que sería el gran Imperio de México Tenochtitlan. La noche del 12 de Julio de 1562, una hoguera se levantaba sobre Maní (a unos 100 Km de distancia de Mérida) en Yucatán, en ella ardían objetos sagrados de toda índole, incluyendo sus milenarios códices, que contenía su Historia, vida y cosmovisión e identidad. Años después, hacia 1575, se imprimen unos textos escritos por el propio Fraile Diego de Landa, mismo que ordenó semejante oprobio antes relatado, hecho que llevó inclusive a algunos naturales al suicidio, conocidos como "Relación de cosas notables de Yucatán"; sin embargo y como en el caso del centro de lo que hoy es México, éstos eran imprecisos, por decir lo menos; casi cinco Siglos después, científicos (tanto mexicanos y extranjeros) expertos en la Civilización Maya, lo corroboran, afirmando que los escritos de Landa son "inexactos y prácticamente inútiles".     ¿FUE LA SN1054 UN AGENTE PRECIPITADOR DE IMPORTANTES ACONTECIMIENTOS? Ante la evidente relación de todo lo que acontecía en el ámbito terrestre a las observaciones cósmicas, que se pueden resumir en una famosa sentencia Maya que reza: "según el cielo, así es el mundo", queda la incógnita de las implicaciones que habría tenido la inesperada y abrupta aparición de una estrella de esas dimensiones en el firmamento, que podía verse de forma clara incluso a la luz del sol, como lo fue la multicitada SN1054, ya que todo fenómeno celeste tenía un gran peso específico en todos los aspectos y decisiones concernientes a la mitología, religión, guerras, migraciones y demás, dónde hoy se sabe que importantes sitios arqueológicos fueron, por su ubicación y características, observatorios astronómicos. Se miraba, pues, todo movimiento en la bóveda celeste, con paciencia y devoción divinas, de ahí su impactante exactitud en sus cálculos calendáricos, por ejemplo.  La decadencia de los grandes asentamientos mayas, durante los Siglos X y XI, fue multifactorial, se sabe: guerras, sequías, epidemias e incluso deforestación debieron haber sido la causa. Todo esto desembocó en la abrupta decisión de migrar de las regiones del interior, donde habían florecido sus antepasados a las costeras, donde había fuentes de agua dulce seguras como lagunas y cenotes. Aquí llama la atención un hecho, que es la fecha en la que se ubican dichos movimientos migratorios: alrededor del año 1050 d.c., justo por los meses en los que hizo su aparición la SN1054.  En la Ciudad prehispánica de Xochicalco, hoy Morelos, se tienen también claramente identificados cambios relevantes alrededor del año de la Supernova, en 1054, estos reflejados en los espacios construidos, la ya de por sí Ciudad con tradición de gentes de alto saber astronómico, que registraron cambios radicales en el comportamiento de sus habitantes, todo esto, aproximadamente, de los años 1000 al 1100. Se tiene conocimiento de esfuerzos por parte de sus pobladores de limitar drásticamente los espacios de acceso a la Ciudad, llegando por momentos a cerrarla, llevándose a cabo inusuales expresiones hacia adentro, como colocar esqueletos colgados de los techos de algunos pórticos. El año 1100 d.c. es el que está registrado como el último en el que la Ciudad sobrevivió como tal, porque en ese mismo año, un poderoso incendio generalizado (deliberado) terminó en definitiva con ella.  Los dos anteriores párrafos nos llevan aquí a tres preguntas: ¿qué sucedió justo en esos años en las grandes Ciudades mayas del interior y también en Xochicalco para sus misteriosos finales?; ¿acaso tendría alguna influencia en estos dos relevantes hechos históricos la aparición, en el 1054, de la gran estrella supernova?; ¿cuánto no sabemos ni tendremos siquiera cercano conocimiento, de hechos y aspectos importantísimos en el devenir histórico las Civilizaciones que en estas tierras nos antecedieron? Quizás nunca lo sabremos con exactitud." 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