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De 1970 – Nace Beck

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8 de julio, 2014 beck

Beck Hansen (nacido como Bek David Campbell, Los Ángeles, California, 8 de julio de 1970), conocido en el mundo artístico como Beck, es un músico,…

Beck Hansen (nacido como Bek David Campbell, Los Ángeles, California, 8 de julio de 1970), conocido en el mundo artístico como Beck, es un músico, cantante, compositor y multiinstrumentista estadounidense. Con su sonido experimental, Beck saltó a la fama en la década de 1990 con su estilo lo-fi, y se hizo conocido por crear collagesmusicales de una amplia gama de estilos. Sus grabaciones abarcan todo tipo de estilos como folk, funk, soul, hip-hop,rock alternativo, country y psicodelia. Beck ha lanzado doce álbumes de estudio, así como varios sencillos no incluidos en sus discos y un libro de partituras.

Nacido en Los Ángeles en 1970, Beck, al que no le interesaban demasiado los estudios académicos, creció escuchando un sinfín de diversos sonidos, tanto folk, como blues, country, rock, pop, psicodelia o jazz, algo clave para su desarrollo como músico. A mediados de los años 80 comenzó a actuar en locales de la ciudad californiana y a grabar sus primeras producciones caseras, como el demo The Banjo Story. En Nueva York, se había impulsado el movimiento anti-folk, una serie de artistas que intenta reavivar esta música tradicional, esencialmente acústica, con actitudes punk. Beck, como muchos otros, entre otros, Jeff Lewis, Adam Green, Ben Kweller o Regina Spektor, se apuntó a esta corriente. Se largó a la Gran Manzana en 1989 y allí fue moldeando sus trazas como artista. Poco tiempo más tarde retornó a California a interpretar folk tocado con su gorro, con la guitarra acústica y la armónica. Pronto llamó la atención de Tom Rothrock y Rob Schnapf, quienes le pusieron en manos del productor Karl Stephenson (productor de los Geto Boys) para grabar en Bongload Records varios temas.

Con una gran variedad de estilos musicales, irónicas letras de canciones, posmodernos arreglos que incorporansamples, cajas de ritmos, instrumentos y efectos de sonido en vivo, Beck ha sido aclamado por los críticos a lo largo de su carrera musical como uno de los músicos más creativos e idiosincrásicos de 1990 y 2000. Artista ganador cuatro veces del platino, se hizo popular en la cultura underground con sus primeras obras, que combinaba la crítica social (como en "MTV Makes Me Want to Smoke Crack" y "Deep Fried Love") con la experimentación musical y lírica. La primera vez que ganó amplia atención del público fue por su sencillo "Loser", un éxito de 1994. Dos de las grabaciones más populares y aclamadas de Beck son Odelay (1996) y Sea Change (2002). Odelay fue galardonado con el álbum del año por la revista estadounidense Rolling Stone y en Reino Unido por las revistas NMEy Mojo. Este álbum también recibió una nominación al Grammy como Álbum del año. Tanto Odelay como Sea Changeaparecieron en la lista de Los 500 mejores álbumes de todos los tiempos según Rolling Stone. En febrero de 2014, Beck lanzó el álbum Morning Phase, con el cual ganó el Premio Grammy en la categoría Álbum del año, el 08 de febrero de 2015.

Comentarios
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Cada año tenemos un mayor número de homicidios dolosos y en algunos lugares, la cuarta parte corresponden a feminicidios, esto es, homicidio por razón de género. Dichos titulares de nota roja resultan como la punta del iceberg; solo estamos viendo lo más amarillista, pero no nos aventuramos a mirar debajo del nivel del agua, a esa base que sustenta los crímenes que se dan en México, desde Tijuana hasta Tuxtla Gutiérrez.  Tal vez haya cambios en edad de las víctimas, en ocupación de ellas al momento de ser asesinadas.  El móvil que lleva a privarlas  de la vida varía, pero en el fondo hay un mismo sustrato que se repite, como una amalgama de elementos culturales que, acomodados de una u otra manera, finalmente dan un resultado similar. En los últimos diez años, y más acentuado con razón de la pandemia, surgen importantes escritoras  de novela negra en Latinoamérica: México; Argentina; Colombia; Chile.  Más allá de Verónica Llaca, ganadora del concurso “Una vuelta de tuerca” en el 2014 con su novela La simetría de los árboles, no ha sido hasta estos últimos años cuando aparecen voces poderosas, tanto en México como en Latinoamérica, contando desde su percepción de género la historia de la violencia contra la mujer.  Dentro de las jóvenes creadoras tenemos una gama variada de voces que nos llaman a zambullirnos en las gélidas aguas en torno al iceberg del feminicidio para conocer, centímetro a centímetro la base que lo sostiene. Un término que me resultó esclarecedor, y al cual quiero dedicar esta colaboración, lo llama Selva Almada, escritora argentina “micro violencias domésticas”.  De este modo se refiere a esos detalles suspendidos en la mayoría de los hogares latinoamericanos.  Desde los menos favorecidos en la esfera económica hasta los que consideramos “bien avenidos”, conformados por familias de clase media o media alta, integradas, con ingresos económicos estables; hijos con excelentes oportunidades de estudio; ocasión de frecuentes  viajes por placer.  En un extremo y el otro de la escala socioeconómica que estamos imaginando ahora, se presentan esos mínimos actos de violencia contra la mujer que, a la vuelta de los años, hacen un acumulado considerable, que bien puede culminar en un feminicidio. En mi práctica institucional  hospitalaria era muy común atestiguar las diferentes reacciones de la familia ante el nacimiento de un varón o de una mujer.  Hablo de los tiempos en que el ultrasonido apenas comenzaba a utilizarse, por lo que la mayoría de quienes acudían al Sector Público, no se enteraban del género biológico sino hasta el parto. Alguna vez, cuestioné a una madre por qué se alegraba más por un niño que por una niña, me dijo: “Porque el niño va a ayudar a llevar más dinero a la casa”.  No me convenció del todo su respuesta. Husmeaba  factores antropológicos y psicológicos detrás de ese pensamiento que logré entender leyendo a Margaret Mead, antropóloga social dedicada a estudiar la impronta que deja la madre en los hijos con relación a las funciones de género.  Ella analizó poblaciones en Nueva Guinea para establecer principios que son válidos de forma universal. En nuestro amado México, esas costumbres de privilegiar al varón por encima de la mujer dentro de casa vienen de centurias atrás.  A pesar de que las deidades de la Cultura Mexica fueron tanto masculinas como femeninas, sí comenzó a determinarse un patrón de conducta de género: los varones iban al Calmécac para ser  sacerdotes, o se preparaban como guerreros.  Detrás de unos y otros estaba la mujer, como sombra, pero a la vez apuntalando esos patrones de comportamiento: una sociedad matriarcal revestida de un halo de glorificación para el varón.  La única ocasión en que la mujer llegaba a esos niveles tan elevados, era cuando moría durante la labor de parto. Así avanzamos como civilización, recibiendo influjos judeocristianos provenientes de Europa, en ocasiones otros distintos de África y en menor proporción de Asia. Incorporamos los elementos que resultaban útiles para conformar una sociedad que determina que en igualdad de circunstancias, el varón estudie y la mujercita se quede en casa aprendiendo labores del hogar;   dentro de casa, que la madre y las hijas atiendan al padre y a los hijos varones; que las prerrogativas sean en automático para el varón y altamente condicionadas para la mujer. Según el nivel sociocultural, tenemos desde padres violentos al extremo, hasta los que dejan caer con sutileza frases o actitudes que indican que para él las acciones del hijo son mejores  que las que hace la hija. Se descalifica, desacredita y resta valor a la mujer de un modo tan cotidiano y casual que se vuelve parte de la cultura intrafamiliar, y caldo de cultivo para violencias mayores. Ahora bien, que sea la mujer la que narre acerca de la violencia de género, otorga a su obra un doble valor: No es el varón narrando desde fuera como un testigo casual; es ella, la mujer, narrando desde el dolor y la impotencia; desde el sistema familiar que la asfixia, o en el mejor de los casos entorpece su crecimiento personal.  Esta voz narradora nos llama a salir del letargo para entender que la normalización de la violencia no es sana. Lejos de que sea el contacto con los videojuegos violentos o con las series sobre narcos, la causa última, la violencia se respira en el ambiente hogareño, en micro dosis, en forma habitual.  Ahora es tiempo de ventilar las habitaciones, de abrir puertas y ventanas del conocimiento, para detectar cuáles son esas expresiones de micro violencia con las que hemos convivido desde la infancia. 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CARTAS A TORA 219

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