Ya dejen dormir

71.4% de la población en México prefiere un horario estándar para todo el año, de acuerdo con una encuesta realizada por Segob.

3 de octubre, 2022

Hace unos días la Cámara de Diputados votó a favor y por amplio consenso expedir la Ley de los Husos Horarios en los Estados Unidos Mexicanos y abrogar la Ley del Sistema de Horario vigente. Lo anterior, a partir de la propuesta del presidente de la República, así como de diversos legisladores y legisladoras de distintas fuerzas políticas.

Fundamentalmente, lo que se pretende con la nueva Ley es establecer un horario estándar congruente con las zonas horarias reconocidas en los Acuerdos de la Conferencia Internacional de Meridianos de 1884, en los que se estipula el meridiano cero y se elimina el horario de verano en todo el territorio nacional; y se prevé como excepción un horario estacional que aplicará solamente a determinados estados y municipios de la frontera norte del país.

El horario de verano en México fue implementado a nivel nacional en 1996, bajo la justificación principal de que contribuiría al ahorro económico y energético, así como a la reducción en el consumo de los combustibles fósiles para generar electricidad, contribuyendo a disminuir la emisión de gases contaminantes.

Sin embargo, de acuerdo con diversos estudios de los sectores público, privado y social, dicho objetivo no se cumplió, ya que, desde que se estableció el horario estacional y hasta 2021, los ahorros energéticos representaron menos de 1% de la energía que se consume anualmente. Por ejemplo, la Secretaría de Energía señaló que en 1996 con el horario de verano el ahorro energético fue de 0.62% (943 Gigawatts/hora –GW/h–), en tanto que el año pasado alcanzó únicamente 537 GW/h, es decir, 0.16%. El ahorro económico también fue poco significativo. Basta señalar que el año pasado fue de mil 138 millones de pesos en el sector residencial, lo que significa que 46 millones de hogares ahorraron 25 pesos al año (4 pesos por recibo bimestral). Ahora bien, en cuanto a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero fue de 0.07% de las emisiones totales de dióxido de carbono (CO2) en 2021.

Los raquíticos ahorros que hubo en nuestro país contrastan con los gastos y esfuerzos realizados por la mayoría de la población, ya que de acuerdo con la Secretaría de Salud el horario de verano produce diversos impactos negativos en la salud, el bienestar, el empleo y la economía. Destacan, los problemas cardiovasculares, somnolencia, confusión, irritabilidad por la falta de sueño, dificultades de concentración y memoria, así como desequilibrios en el reloj biológico que derivan en otros de tipo digestivo y psicoemocionales. Además, el gasto en transporte en muchos hogares se incrementa, ya que al iniciar sus actividades diarias aún está oscuro, lo que les obliga a tomar taxis o acompañar a las hijas e hijos a la escuela, por razones de seguridad.

Por otro lado, no podemos pasar por alto que el establecimiento del horario estacional se llevó a cabo a pesar del mayoritario rechazo de la población nacional. Prueba de ello es que, de acuerdo con los resultados de la encuesta realizada el pasado mes de mayo por la Secretaría de Gobernación, 71.4% prefiere un horario estándar para todo el año. Asimismo, diversas entidades a través de sus gobiernos se han manifestado en contra de la aplicación del horario de verano por considerar que tiene un impacto negativo en las actividades económicas, así como en la integridad y la salud de las familias, tal es el caso de la Ciudad de México, Sinaloa, Baja California Sur, Nayarit y Chiapas, entre otras.

A escala internacional la mayoría de los países que en su momento adoptaron el horario estacional han eliminado su aplicación debido a su ineficacia, como, por ejemplo, Estados Unidos, España, China, Brasil, Argentina, Colombia, Argentina, entre muchos otros.

De aprobarse en el Senado en los próximos días la nueva Ley, ya no habrá más afectaciones a la salud por este motivo, ni más cansancio o dolor de cabeza, tampoco habrá gastos innecesarios para las familias, ni afectación en las rutinas laborales y escolares que perjudican la productividad.

Esperemos que no haya inconvenientes en el proceso legislativo para que al fin podamos dormir en el verano sin alteraciones.

@larapaola1

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El narrador omnisciente de una novela, al mismo tiempo que cuenta con total certeza desde la tercera persona lo que el personaje hace, es capaz de saber también lo que piensa y las motivaciones que lo llevaron realizar la acción narrada. Este fenómeno se rompe con el surgimiento de la posmodernidad que es capaz de distinguirlos y se observa con claridad en los medios audiovisuales, donde nosotros, como espectadores, por más que veamos actuar a un personaje desde distintos encuadres, no podamos saber lo que piensa a menos de que lo diga o sus acciones nos lo dejen saber. Es decir, que mientras leemos una novela escrita con la técnica del narrador omnisciente asumimos tanto el punto de vista como la perspectiva del personaje. 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Pero es indispensable comprender que seguir los movimientos de una fiera no significa en modo alguno asumir su perspectiva. Meterse en la experiencia existencial de un león, cómo siente, qué detona sus reacciones, cómo vive los estímulos del entorno, en una palabra, asumir su “perspectiva”, es imposible para el ser humano y por eso, lo más que podemos conseguir es alinearnos con dicho felino sumiendo su “punto de vista”, centrándonos en las necesidades, características y modos de ser de la especie a investigar, sumado al conocimiento que a lo largo de los años hemos acumulado de esa especie.  Y aquí está la clave: podemos “imaginar” cómo vive su condición de león, pero siempre desde la perspectiva humana, que resulta imposible de abandonar. Podemos asumir distintos puntos de vista, pero no podemos cambiar la perspectiva que nos da la especie; es ella la que nos provee de las herramientas (capacidades sensoriales, cognitivas, intuitivas, biológicas, etc,) para experimentar e interpretar la realidad que nos rodea. Podemos deducir, reflexionar, suponer, empatizar, asumir lo que significa estar en la piel de un conejo, pero no podemos asumir esa perspectiva de ningún modo: por más que lo deseemos, no nos es posible encarnarnos en un conejo ni en ninguna otra cosa que no sea un ser humano.   Pensemos en un segundo ejemplo: un reportaje de prensa acerca de un asesinato. El periodista encargado hará una investigación de los hechos y los involucrados y una vez que tenga todas las piezas de la historia, construirá, desde su perspectiva como profesional del periodismo –equivalente a los zoólogos que observaron a los leones–, un relato completo y coherente de lo ocurrido. Si bien esa historia la hizo desde su perspectiva personal, la redacción y el enfoque estará centrado en los protagonistas de los hechos, y a la hora de redactar, asumirá deliberadamente el punto de vista de la víctima o del asesino o de las autoridades, o quizá saltará alternativamente de un punto de vista al otro. No puede meterse en la cabeza del asesino, pero si puede centrarse en ofrecer un contexto de quién es y de lo que lo llevó a hacer lo que hizo. Desde su perspectiva de informador profesional, construirá un relato centrado en el punto de vista del asesino –ya sea para justificarlo o para cargarlo de agravantes– pero poniéndolo a él y lo que logró averiguar del caso –y nunca a sí mismo– en el centro de la narración. El testimonio no se tratará de lo que el periodista pensó o sintió, sino de los hechos que ocurrieron y de los involucrados en ellos. Si lo trasladamos a las voces gramaticales, el Yo del periodista jamás aparecerá. 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La siguiente historia es una prueba que me convence, de nuevo, de que gran parte del problema somos nosotros, los ciudadanos de a pie.  Esto que contaré le ocurrió a una amiga. Ella trabaja en una empresa en la que estuve hace tiempo (excelente ubicación, pero con un ambiente más tóxico que el amor entre nuestro Tlatoani Deluxe y Ricardo Monreal). Como en muchos trabajos, “Camila” (llamémosla así) debe cumplir con ciertos parámetros de productividad cada mes: aproximadamente, ocho horas al día, con entregables (textos de diversa índole, en su mayoría) que deben ser verificados, revisados y aprobados por sus coordinadores con una tenacidad digna de un agente fronterizo. Uno de esos coordinadores es “Alejandra” (obviamente, no es su nombre real).  Hace unos meses, un rayo de luz se asomó a través de las grietas de dicha organización dura como el granito. El gerente general le avisó a “Camila” y a los demás miembros de la empresa que podían hacerse acreedores a un día de descanso al mes si, además de cubrir con su productividad mensual, cumplían con un día extra más de trabajo. Si en un mes típicamente deben cumplir con 160 horas de productividad, lograr 168 (es decir, hacer más cosas en menos tiempo) te hacen el ganador de dicho premio.  Pero, en un vuelco para nada sorpresivo, dicha dinámica estaba abierta a todos los niveles jerárquicos. Lo cual no está mal per se: lo turbio comenzó cuando “Alejandra” comenzó a hacer de las suyas. Una de las funciones de “Alejandra”, según lo que recuerdo y lo que me contó “Camila”, es llevar el control de las métricas de productividad de todos los empleados. 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Sin previo aviso, “Alejandra” cambió las métricas de las tareas que hace “Camila”. El mes anterior, elaborar un texto equivalía a 2 horas de productividad. Ahora, el mismo texto equivalía a 1.5 horas. Al notar esto, “Camila” cuestionó las razones. ¡Oh, esto fue un error tan grande como cuando Rodión Románovich Raskólnikov decidió pedir dinero prestado! Lo que siguió fue una respuesta arbitraria por parte de “Alejandra” (“son órdenes directas”), lo cual podría ser entendible; sin embargo, y cada mes subsecuente, el tiempo que “Camila” tenía para hacer dichos textos se reducía a razón de 0.25 horas. Cabe destacar que esto sólo se aplicó a ella: ninguno de sus compañeros vio un cambio en sus métricas.  “Camila” decidió ir a tratar el tema con el gerente general. Esto fue un error tan grande como cuando el capitán Ahab decidió dedicarse a cazar ballenas. 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Por levantar su voz contra un trato injusto (o “ser un quejoso” en el argot “empresarial”), “Camila” fue señalada y ridiculizada, lo cual derivó en que ya no hace su trabajo con la misma calidad ni entusiasmo, pero, lo peor de todo, es que ahora lo hace con miedo de decir cualquier cosa por miedo a represalias. Esto, por lo que conozco del medio, es una anécdota más entre muchas otras similares.  Lamentablemente, esto habla más profundamente sobre cuál es una de las verdaderas raíces de la corrupción: nosotros mismos, los ciudadanos de a pie, quienes, dada la oportunidad, aprovechamos para tomar ventaja desde nuestras (relativas) posiciones de poder.  Es cuestionable que, siendo uno de los superiores (con uno de los mayores sueldos) y la persona que lleva las métricas de la organización, entres a dicha dinámica para ganar un día de descanso: no puedes ser juez y parte.  Es un descaro, por supuesto, sumarse el trabajo equivalente a 11.5 horas (sin tener la forma de demostrarlo) cuando en realidad trabajas solamente ocho.  Sin embargo, es una verdadera sinvergüenzada (López dixit) cuando, además, aprovechas tu posición para afectar a alguien más, con el manto cómplice de tus superiores.  Así las cosas, estimables lectores. Podría terminar esta anécdota en una nota negativa, comparando a México con una selva o con el viejo oeste, pero sería falso: sé que personas como “Alejandra” son la excepción y no la regla. Pero eso sí, esta historia contiene una moraleja que vale la pena mencionar: no seamos como “Alejandra”. Si en algo amamos a nuestro país, seamos honestos, justos, íntegros y coherentes. Luego no nos sorprendamos si tenemos gobernantes tan corrompidos como un archivo de música descargado ilegalmente. Porque, para parafrasear una canción de The Beatles (ustedes, admiradores del cuarteto, seguramente saben cuál canción es), “al final, la corrupción que recibes es igual a la corrupción que das”. " ["post_title"]=> string(66) "Somos la corrupción (o una triste crónica de la vida oficinista)" ["post_excerpt"]=> string(113) "¿Alguna vez se ha preguntado cuál es la razón de que cada vez tengamos gobiernos más corruptos y cínicos? 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Suponemos entonces que estamos frente a una narración que retrata las visiones de algún profeta, que tienen lugar siglos después, cuando ya se hubiese desarrollado el lenguaje y la escritura. ¿Cómo y desde dónde podía mirar este profeta la creación de algo que aún no existía? ¿Cómo pudo ver y escuchar a Dios? ¿Cómo sabía que era Dios? ¿Por qué no lo describió? En resumen: ¿dónde estaba ubicado el observador para poder ver lo que vio y luego contárselo a sus contemporáneos? El profeta que relató el Génesis no tiene empacho, no sólo en asegurar que observó cómo Dios creó el mundo ante sus ojos, sino que es capaz de conocer también su subjetividad al dar cuenta de cómo Dios juzgó que “la luz estaba bien”.  En los relatos de ficción se utiliza con mucha frecuencia este mecanismo donde punto de vista y perspectiva se funden. El narrador omnisciente de una novela, al mismo tiempo que cuenta con total certeza desde la tercera persona lo que el personaje hace, es capaz de saber también lo que piensa y las motivaciones que lo llevaron realizar la acción narrada. Este fenómeno se rompe con el surgimiento de la posmodernidad que es capaz de distinguirlos y se observa con claridad en los medios audiovisuales, donde nosotros, como espectadores, por más que veamos actuar a un personaje desde distintos encuadres, no podamos saber lo que piensa a menos de que lo diga o sus acciones nos lo dejen saber. Es decir, que mientras leemos una novela escrita con la técnica del narrador omnisciente asumimos tanto el punto de vista como la perspectiva del personaje. Mientras que en el cine, conservando nuestra perspectiva de observadores –pues siempre permanecemos en nuestra butaca–, somos capaces de identificamos con el punto de vista del personaje, a cuya perspectiva no tenemos acceso a menos que él no haga saber lo que observa y siente ya sea con palabras o actos.  Enfoquémonos en el “punto de vista” Pensemos en un documental donde, tras una larga estancia en la sabana, el equipo de investigación ha podido documentar mediante el video y la fotografía las tácticas y estrategias que utiliza una manada de leones para cazar.    En este caso el programa entero está planteado desde la “perspectiva” de la cámara, que es la que registra lo que ocurre, sin embargo al mismo tiempo toda la estructura de la investigación está planteada desde el “punto de vista” del león: seguimos cada técnica, cada truco, cada movimiento y la forma en que acecha a las cebras desde la distancia. Pero es indispensable comprender que seguir los movimientos de una fiera no significa en modo alguno asumir su perspectiva. Meterse en la experiencia existencial de un león, cómo siente, qué detona sus reacciones, cómo vive los estímulos del entorno, en una palabra, asumir su “perspectiva”, es imposible para el ser humano y por eso, lo más que podemos conseguir es alinearnos con dicho felino sumiendo su “punto de vista”, centrándonos en las necesidades, características y modos de ser de la especie a investigar, sumado al conocimiento que a lo largo de los años hemos acumulado de esa especie.  Y aquí está la clave: podemos “imaginar” cómo vive su condición de león, pero siempre desde la perspectiva humana, que resulta imposible de abandonar. Podemos asumir distintos puntos de vista, pero no podemos cambiar la perspectiva que nos da la especie; es ella la que nos provee de las herramientas (capacidades sensoriales, cognitivas, intuitivas, biológicas, etc,) para experimentar e interpretar la realidad que nos rodea. Podemos deducir, reflexionar, suponer, empatizar, asumir lo que significa estar en la piel de un conejo, pero no podemos asumir esa perspectiva de ningún modo: por más que lo deseemos, no nos es posible encarnarnos en un conejo ni en ninguna otra cosa que no sea un ser humano.   Pensemos en un segundo ejemplo: un reportaje de prensa acerca de un asesinato. El periodista encargado hará una investigación de los hechos y los involucrados y una vez que tenga todas las piezas de la historia, construirá, desde su perspectiva como profesional del periodismo –equivalente a los zoólogos que observaron a los leones–, un relato completo y coherente de lo ocurrido. Si bien esa historia la hizo desde su perspectiva personal, la redacción y el enfoque estará centrado en los protagonistas de los hechos, y a la hora de redactar, asumirá deliberadamente el punto de vista de la víctima o del asesino o de las autoridades, o quizá saltará alternativamente de un punto de vista al otro. No puede meterse en la cabeza del asesino, pero si puede centrarse en ofrecer un contexto de quién es y de lo que lo llevó a hacer lo que hizo. Desde su perspectiva de informador profesional, construirá un relato centrado en el punto de vista del asesino –ya sea para justificarlo o para cargarlo de agravantes– pero poniéndolo a él y lo que logró averiguar del caso –y nunca a sí mismo– en el centro de la narración. El testimonio no se tratará de lo que el periodista pensó o sintió, sino de los hechos que ocurrieron y de los involucrados en ellos. Si lo trasladamos a las voces gramaticales, el Yo del periodista jamás aparecerá. Por el contrario, el relato estará articulado en tercera persona, donde un observador “objetivo” expone los hechos y conjeturas sostenidas en las pruebas objetivamente existentes. El periodista no hablará de sí mismo sino de lo que sucedió.  Cosa muy distinta hará su colega de la columna de opinión. En este segundo caso, el opinador tomará el reportaje del periodista y recorrerá el camino en sentido contrario: tomando como referencia el reportaje “objetivo”, contado desde el punto de vista de los protagonistas, hará una interpretación desde su propia perspectiva compartiendo su opinión, visión y comprensión de los hechos y testimonios. Como se puede intuir, ambas columnas serán radicalmente distintas.   Concluyamos con tres ejemplos literarios que ilustran las diferencias entre perspectiva y punto de vista. La primera obra de la que me gustaría hablar es A sangre fría de Truman Capote. En esta novela el autor nos cuenta, desde su perspetiva, pero desde una visión objetiva, poniendo como centro del relato los hechos efectivamente ocurridos, el cuádruple asesinato de una familia en un pueblo rural de los Estados Unidos por dos individuos posteriormente capturados y condenados a pena de muerte. Si bien Capote se centra en la psicología de los criminales e incluso se entrevista con ellos en distintas oportunidades privilegiando su punto de vista, busca recrear un relato objetivo de sus contextos y motivaciones.  En el segundo ejemplo John Fowles, en su novela El coleccionista cuenta la historia de un tipo que, obsesionado con una joven, la secuestra con la intención de que gracias a la convivencia termine por enamorarse de él. Aquí sí, en tanto que se trata de una ficción, el autor está habilitado para asumir la perspectiva y el punto de vista del secuestrador, Frederick Clegg.  El tercer ejemplo responde a un híbrido entre ambas posibilidades. Se trata de El adversario, del escritor francés Emmanuel Carrère, donde se cuenta la historia de Jean–Claude Romand, quien en 1993, ante la inminencia de que se descubriera que su vida entera era una mentira, decidió asesinar a su esposa, a sus dos hijos, a sus padres y hasta al perro. En la novela, al mismo tiempo que se relata objetivamente el caso judicial de Romand, que significó un escándalo en toda Francia, el autor relata también lo que ocurría en su vida mientras llevaba a cabo la investigación y escribía el libro. Al mismo tiempo que ponía en el centro del texto el punto de vista del asesino, relataba su propia experiencia desde la perspectiva personal y el grado de afectación que implicó para él involucrarse en contar esa historia.     Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook: Juan Carlos Aldir 1 Biblia de Jerusalén. Edición en letra grande, dirigida por Ubieta, José Ángel, España, Bilbao-Desclée de Brouwer, 1992, Pág. 21" ["post_title"]=> string(29) "El Punto de vista y la verdad" ["post_excerpt"]=> string(127) "El punto de vista y la perspectiva no son sinónimos. 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El Punto de vista y la verdad

El punto de vista y la perspectiva no son sinónimos. A continuación se expone y profundiza en sus distinciones y sinergias. 

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