Volvimos a salir

De no haber sido por las mujeres que marcharon en otros tiempos, no tendríamos derecho al voto, ni a estudiar la universidad ni a trabajar en lo que cada una decida.

11 de marzo, 2025

Y esta vez fuimos más de 200 000 tan solo en la Ciudad de México, sin considerar las marchas en provincia, que también contaron con muchas más asistentes que años anteriores, lo que me da dos probabilidades.

La primera, que las cosas no han mejorado mucho y que sigue habiendo mujeres desaparecidas y violentadas; que la brecha salarial no ha disminuido; que los casos de violencia vicaria no han encontrado respuesta en las autoridades; que el acoso sexual sigue siendo el día a día en los colegios y los trabajos y que las mujeres seguimos viviendo con miedo. La segunda me dice que muchas más mujeres se han convencido de salir a la calle a exigir justicia; que la muralla del prejuicio está desapareciendo; que la sororidad entre mujeres nos une en la lucha que cada vez somos más las que entendemos que el que toca a una nos toca a todas y que cada vez menos el privilegio nos nubla la empatía.

Aún así me sigue llamando la atención que personas, incluso mujeres, siguen atacando el movimiento, criticando y señalando de violentas e irracionales a las mujeres que acuden a marchar. Yo, desde mi punto de vista y con toda la humildad, les digo que habría que estar solamente una vez en la marcha para entender la energía de las mujeres que protestan. Sin dudarlo me atrevo a asegurar que todas las mujeres en México hemos sufrido algún tipo de violencia, física, psicológica, social, sexual, vicaria, laboral, etcétera.

Marchar y protestar por lo que nos sucede a todas las mujeres, por prevenir y por exigir justicia es lo más valiente que hacemos en colectivo; ponerse en los zapatos de las víctimas y sus familias; exigir al gobierno mejores leyes y castigos para los victimarios; exhibir a asesinos, violadores y abusadores que en su convicción de hombres violentan todos los días a mujeres mayores y a niñas. Ir a la marcha, escuchar las consignas, leer los carteles de protesta, verte en las caras de las otras mujeres, saber que les falta una amiga o un familiar y saber que si el día de mañana eres tú la víctima o la buscadora ellas seguirán marchando por ti. Somos mujeres, tenemos que unirnos en la lucha, defendernos, apoyarnos, no señalarnos, abrir nuestro criterio para sentirnos en el dolor de las demás.

Este año vi cosas nuevas, muchas más niñas pequeñas acompañando a sus madres, también vi hombres con sus parejas e hijas que desde su trinchera se indignan y quieren un mundo distinto para las mujeres, para sus hijas, sus hermanas, sus parejas  y sus madres, que no coinciden con los chistes machistas, con el discurso misógino que llevamos padeciendo toda la vida. Sí es lamentable la destrucción y las pintas, pero nada se compara con la pérdida de la vida de una mujer por el hecho de ser mujer, con una niña o mujer violada por ser mujer, con una mujer que gana menos que su compañero que hace lo mismo por ser mujer, que una madre que no puede ver a sus hijos porque el un juez corrupto apoyo a su ex pareja, de una esposa que es golpeada una y otra vez por su cónyuge simplemente porque sí y que si incluso un día muere en una golpiza los demás dirán que seguramente lo merecía.

Si nos duele más una pared pintada que una mujer apedreada en la calle por no taparse la cabeza, que una niña manoseada por su profesor o por su familiar, que una joven vendida al crimen organizado para ser parte de una red de prostitución en algo tenemos que recapacitar. De no haber sido por las mujeres que marcharon en otros tiempos, no tendríamos derecho al voto, ni a estudiar la universidad ni a trabajar en lo que cada una decida hacerlo, no podríamos decidir cuántos hijos queremos tener o si queremos o no ser madres, no podríamos salir solas sin la compañía de un hombre y no podríamos por ningún motivo externar nuestro pensamiento.

El día de la mujer se conmemora, para quienes no lo sepan, derivado de hechos muy tristes y lamentables en los que mujeres murieron por ser mujeres. Se ha tratado de comercializar dándole un sentido similar al del día de la madre pero en realidad lo que las mujeres queremos es que visibilicemos las necesidades y las injusticias de las que somos víctimas. Parece lejano el día en que podamos vivir libres, que no temamos que les pase algo a nuestras hijas en la calle o peor aún, en sus casas, pero es mucho peor y más cobarde rendirse.

A pesar de todas las tristes consignas que he leído en redes criticando a las manifestantes, yo sé que en cada una de nosotras vive una leona que haría lo que fuera por proteger a sus hijas, que si se tratara de nosotras mismas no nos mediríamos, no nos conformaríamos con una denuncia y quemar el mundo nos parecería poco por obtener justicia.

Hoy no pienses en ti, piensa en todas, piensa en tu abuela y tus ancestras, piensa en todo lo que quisiste hacer y no pudiste por ser mujer; recuerda la indignación por un comentario vulgar en la calle o en el salón de clases; castiga al jefe abusivo, al profesor que te acosó, al tío mano larga; piensa en las mujeres desaparecidas y en la desesperación de sus padres, en la nalgada que te dieron en un lugar público sabiendo que serían anónimos o pero aún, que por tu forma de vestir te lo estabas buscando, en la niña que fue violada por su padrastro o el cura de su colonia o su profesor de educación física. Jamás aseguraría que todos los hombres son violentadores, pero sí que todas las mujeres violentadas son víctimas. Nunca ninguna mujer quiso terrible una golpiza ni ser violada aunque el sistema machista insista en asegurar que así es.

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Barbara Lejtik
Soy Bárbara Lejtik, Queretana Licenciada en ciencias de la comunicación, columnista, poeta, Mujer de mediana, que busca el punto medio entre la media vida Y la vida a medias, medio entiende y medio olvida que la clase media es como la media talla medio parece medio no convence y las medias tintas a medias permanecen. Facebook: Bárbara Lejtik Twitter: barbarlejtik Instagram: Labarbariux Sitio web: www.barbara Lejtik escribe.com
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