Una conmemoración más de los sismos del 19 de septiembre 1985 y 2017

19 de septiembre es la fecha fatídica en la que se conmemoran los terremotos de 1985 y 2017, pero también ha sido una fecha para aprender y mejorar normas de construcción y protocolos de seguridad.

19 de septiembre, 2022

El lunes se conmemoran 37 y 5 años de los devastadores sismos que sufrió la CDMX. El más reciente impactó severamente también a 12 municipios de Morelos, Jojutla fue el más afectado: se reportaron 71 muertos y muy severos daños materiales, incluyendo sitios de gran valor histórico y patrimonial.

Ese sismo de 7.1 grados en la escala de Richter se dio solo 12 días después de uno de 8.2 grados con epicentro en Chiapas que dejó diversos daños materiales en esa entidad y en Puebla, con un saldo de 70 personas fallecidas. Así, los sismos de septiembre del 2017, además de los 70 fallecimientos en Chiapas y Puebla, se registraron decenas de heridos y cientos de casas dañadas.

El sismo del día 19 resultó más devastador. Causó 370 muertos, 7289 personas heridas en la CDMX además de millonarias pérdidas por daños a 434 inmuebles con riesgo de colapso y más de 1000 que tuvieron que ser desocupados para revisión y reconstrucción en su caso.

¿Qué avances ha tenido el país a causa de esos fenómenos?

En la CDMX desde 1985 hubo un profundo replanteamiento de las normas y reglamentos de construcción. Sabemos mucho más de los diversos tipos de suelo que prevalecen en la ciudad, sus capacidades de carga, sus limites geográficos, los procedimientos para cimentar y estructurar las edificaciones. Surgió la figura de los directores responsables de obra y corresponsables en diseño estructural y de instalaciones. Sin duda, sin ese aprendizaje los daños en 2017 hubieran sido de mayor cuantía, pero….

¿Por qué en 2017 se dañaron gravemente edificios construidos bajo las nuevas normas?

Porque como siempre nos sucede, empezaron hacerse evidentes diversas anomalías que los hicieron vulnerables, menciono algunos: 

  • Colocación en las azoteas de antenas para retransmitir señales de telefonía móvil, algo que desde el año 2010 estaban prohibidas en la CDMX.

Estas suelen tener un peso de entre 5 y 20 toneladas y que obviamente no fueron considerados en el diseño original.

  • Colocación de anuncios espectaculares.

Estas marquesinas tienen un peso de entre 5 y 7 toneladas que afectan gravemente la estabilidad de los edificios, su altura y peso equivale a agregar dos niveles adicionales al edificio.

  • Edificios a los que al margen de lo autorizado y en franco contubernio con autoridades centrales (SEDUVI) y delegacionales, les agregan uno o dos pisos adicionales sin rediseñar las estructuras para las que fueron autorizados.
  • Remodelación de edificios que estando desahuciados por las autoridades después de 1985, al no ser demolidos entonces obtuvieron permisos para remodelación y se revendieron como edificios de lujo en las colonias Condesa y la Roma principalmente (sin reparar en que su situación estructural era inadecuadamente).

Un caso que causó gran revuelo fue el de la escuela primaria Enrique Rébsamen en Tlalpan donde murieron 19 niños y 8 adultos. La probable causa: la construcción sin permiso en la azotea de un departamento donde vivía la dueña de la escuela.

Situación actual de muchos de los afectados a 5 años de distancia: entre la reconstrucción y la pandemia

El titular de la Comisión de Reconstrucción de la CDMX, Cesar Cravioto, reportó un avance global de 90%, lo que implica que los trabajos continuarán en 2023….

Mientras en SEDATU, pese haber señalado que los trabajos de reconstrucción en los Estados de Morelos, Chiapas y Puebla concluirían este año, se están solicitando recursos en el PEF del 2023 por 1128 MDP para reconstrucción de viviendas afectadas hace ya 5 años.

 

Comentarios


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Como un regalo enviado desde mi patria, las campanas de nuestra pequeña iglesia de San Zeno, tañeron las once de la noche, cuando la tarde no había caído en México todavía; el eco de Molino del Rey hasta el Molino de Santo Domingo,  llegó claramente hasta este rincón a la orilla del bosque de Homburg, en cuyas alturas se asoman las ruinas de  un Ritterburg medieval que me recuerda Chapultepec. Desde su cima, la vista a través de los Alpes nevados, permite atisbar la inigualable belleza del Iztaccíhuatl y del Popocatépetl. Conforme caminé tranquilamente de regreso a mi casa, reviví las imágenes de las Fiestas Patrias en Chinameca, cuando mi hermano Renato fue ayudante municipal y a mí me habilitó de Cura Hidalgo, con una peluca blanca de algodón y unas polainas de cartón negro que cubrían mis huaraches aparentando botas. En aquella ocasión, desfilamos por todo Chinameca en una camioneta pick up, engalanada por una bellísima joven que portaba un vestido de china poblana confeccionado para ella por su mamá. Hoy he recordado las palabras de esa joven, que al momento  que la banda de la escuela local, comenzó a redoblar sus tambores y a tocar sus clarines, me miró emocionada hasta las lágrimas  y me dijo: ¡Qué  orgullo que somos mexicanos! Anoche pude ver las caras alegres de cientos de pequeños que nos vitoreaban  entonces al pasar por las calles de Chinameca, mientras nosotros les lanzábamos caramelos, silbatos y matracas cuyo sonido se sumaba de inmediato a la música marcial de la banda que encabezaba el desfile. Mañana, Dios mediante, llamaré por teléfono a mi hermana Ángeles, para encargarle que ponga por el altavoz de la centenaria Panaderia Cárdenas, las Mañanitas dedicadas a nuestra patria que jamás está distante; porque esta casa es un rincón de México  donde reina la Virgen de Guadalupe, con su imagen en todos los rincones, y donde nuestra bandera ondea festiva en el balcón desde el 1º de este mes. “Patria de organilleros y de magos;  De héroes y de quimeras; Vuelan mis golondrinas a tus costas;  A tus senos nevados. Me imagino volviendo a ti Por el mismo desierto que he cruzado, Asido a tus canciones entonadas para que no olvidaras que soy tu hijo; Para que no olvidaras mí esperanza. Nunca saldrás de mí porque te amo En tu crisol de lágrimas y abrazos, Calaveras de azúcar y cohetones Te recuerdo sonriendo en tus balcones. Tierra de Guadalupe y de San Judas;  Tu  imagen no se borra en la distancia Tu amor no se marchita con los años.  Te llevo en mi, con orgullo en las heridas/ Que se abrieron al irme y añorarte; Estas en mis arrugas y en los callos De estas manos que sueñan con tocarte.”(2)      _____________________________________ Stahringen am Bodensee, Baden Wurttemberg, México  Con Chinameca en mi corazón. 
  1. Fragmento de La Nogalera (Chihuahua, 2004)
  2. Fragmento de No me Esperes Despierta (Stahringen 2006)
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Con la velocidad con la que fluyen los hechos y las noticias en nuestra vida este tema tal vez ya sea obsoleto para todos menos para nuestro sistema nervioso. Los mexicanos experimentamos una vez más una de estas situaciones que podemos etiquetar como “Solo en México”. Según José Luis Mateos, especialista  en sistemas complejos del Instituto de Física de la UNAM, las posibilidades de vivir tres sismos de más de 7 grados en la escala Richter en el mismo país en la misma fecha, es una entre 133 225; expresado de otra forma: 0.000751%.  Igual que hace 5 años, traté de mantenerme tranquila durante el simulacro, propósito que nunca logro porque los recuerdos y el efecto de la alerta sísmica son suficientes como para que a todos se nos pongan los nervios de punta. Desde temprano todos compartimos información en redes sociales, fotos y crónicas de los catastróficos terremotos que sacudieron el país en 1985 y 2017, esa evocación de estar parada a la mitad de la calle tratando de no perder el equilibrio, viendo cómo caían piedras y pedazos de fachadas, el clamor de la gente que rezaba en medio de una angustia espantosa, la sensación de que esto jamás terminaría, y después, el silencio. Personas tomadas de la mano en crisis de nervios, yo aferrada al brazo de un policía que intentaba tranquilizarnos, no sé si minutos u horas después alguien repartía pedazos de pan a los que estábamos allí, nos comunicábamos con nuestras familias, los comercios del centro histórico. En donde yo estaba el 19 de septiembre de 2017, hasta quitaron su música para sintonizar el radio a Fernanda Familiar que apenas podía disimular su angustia y trataba de entender y comunicar lo que estaba pasando. Luego luego pasaron muchas cosas. Todos los mexicanos estuvimos de una u otra forma involucrados y relacionados entre nosotros. Siguieron semanas de una gran incertidumbre. No sabíamos si podíamos o debíamos retomar la vida, nos sentíamos culpables de sonreír, de pensar en algo más que no fueran las personas sepultadas en los edificios que se habían derrumbado, en los rescatistas que no comían ni no dormían, moviendo piedras tratando de hallar vida bajo los escombros; en los centros de acopio no se daban abasto para movilizar la ayuda que llegaba y  canalizarla a donde se pudiese necesitar o no. La necesidad de la población de ayudar era irrefrenable. Las escuelas permanecían cerradas, se catalogaban los edificios para decidir cuáles tenían que ser derrumbados y el número de gente que se quedaba sin vivienda crecía por día. Caminábamos entre ruinas, señales, acordonamientos, civiles con cascos y chalecos intentando hacer algo sin saber si lo estaban logrando o no. Fueron semanas, meses de no poder volver a la normalidad, las pesadillas, la ansiedad, el miedo eran los protagonistas de esos días.  Buscábamos sin decirlo oídos nuevos para volver a contar lo que habíamos vivido, cómo lo habíamos sentido, que habíamos hecho. Guardábamos en la memoria el ruido de la tierra crujiendo, el sabor del polvo que flotaba en el aire y sí: el olor a muerte que emitían las zonas de derrumbe. Este 19 de septiembre la vida nos volvió a sorprender, hay quien asegura que nosotros lo decretamos haciendo simulacros, hay quien ya tiene la certeza que este mes siempre tiembla como si fuese algo de temporal, igual que los tornados y huracanes. La verdad es que no sabemos nada. El método científico de un sismo sigue siendo un tema de prueba-error en el que cada nuevo evento telúrico descubrimos o creemos entender una nueva pista. Después de una semana de un estrés indescriptible y sin precedentes en mi vida, este temblor viene a sacudirme como a cada uno de nosotros de forma personal, a llamarnos la atención de la peor manera y a recordarnos que más vale vivir lo más felices posible y no cargar preocupaciones demás porque siempre hay algo mucho más importante que ver la paja en el ojo ajeno o en el propio. La razón de que haya temblado tan enérgicamente en la misma fecha no la vamos a entender por más que nos esforcemos, tal vez los hijos de nuestros hijos tengan alguna  hipótesis. A nosotros nos queda vivir con inteligencia, agradecimiento y nobleza cada día, porque no sabemos en qué momento el suelo se abre bajo nuestros pies y nos volvamos historia.  " ["post_title"]=> string(22) "Cuando pase el temblor" ["post_excerpt"]=> string(148) "El temblor de ayer nuevamente nos evocó a los temblores de 2017 y 1985. Cada temblor es un recordatorio de la fragilidad de la condición humana. 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Recordé a mi padre y a su hermano Mario, (cuya imagen ilustra esta remembranza) que se presentaron como voluntarios al General Rivas Guillén, para defender México contra las fuerzas del General John Pershing en 1916, durante la expedición punitiva lanzada para capturar a Francisco Villa. En aquel hecho de armas, las fuerzas mexicanas impidieron el paso de los invasores, que desistieron de su expedición y volvieron derrotados a Estados Unidos, porque además, no podían permitirse seguir enfrascados en esa persecución, cuando era inminente la entrada de Estados Unidos a la Primera Guerra Mundial. Evocando todos estos recuerdos, decidí salir a caminar al campo vecino, y me senté en una vieja banca que sirve para descanso de los ciclistas que circulan en dirección a Guttingen o a Wahlwies; la milpa detrás mío trajo a mi corazón en un murmullo, la lejana y dulce voz de México; desde aquí, pude ver a mis pequeños hijos, esperando ávidos el paso de los cadetes por Reforma y  Niza, en el ritual repetido desde mi propia infancia  sin faltar jamás, cada 16 de septiembre, excepto cuando al igual que ahora he estado como  estoy lejos de México.  Anoche traía en mi mano la pequeña bandera que me regaló  mi sobrino Paul en su única visita a este pequeño pueblo  de Stahringen en el extremo sur de Alemania; en el cielo claro, se veían las mismas estrellas que adornaban las noches cuando vivía yo en Churubusco. Como un regalo enviado desde mi patria, las campanas de nuestra pequeña iglesia de San Zeno, tañeron las once de la noche, cuando la tarde no había caído en México todavía; el eco de Molino del Rey hasta el Molino de Santo Domingo,  llegó claramente hasta este rincón a la orilla del bosque de Homburg, en cuyas alturas se asoman las ruinas de  un Ritterburg medieval que me recuerda Chapultepec. Desde su cima, la vista a través de los Alpes nevados, permite atisbar la inigualable belleza del Iztaccíhuatl y del Popocatépetl. Conforme caminé tranquilamente de regreso a mi casa, reviví las imágenes de las Fiestas Patrias en Chinameca, cuando mi hermano Renato fue ayudante municipal y a mí me habilitó de Cura Hidalgo, con una peluca blanca de algodón y unas polainas de cartón negro que cubrían mis huaraches aparentando botas. En aquella ocasión, desfilamos por todo Chinameca en una camioneta pick up, engalanada por una bellísima joven que portaba un vestido de china poblana confeccionado para ella por su mamá. Hoy he recordado las palabras de esa joven, que al momento  que la banda de la escuela local, comenzó a redoblar sus tambores y a tocar sus clarines, me miró emocionada hasta las lágrimas  y me dijo: ¡Qué  orgullo que somos mexicanos! Anoche pude ver las caras alegres de cientos de pequeños que nos vitoreaban  entonces al pasar por las calles de Chinameca, mientras nosotros les lanzábamos caramelos, silbatos y matracas cuyo sonido se sumaba de inmediato a la música marcial de la banda que encabezaba el desfile. Mañana, Dios mediante, llamaré por teléfono a mi hermana Ángeles, para encargarle que ponga por el altavoz de la centenaria Panaderia Cárdenas, las Mañanitas dedicadas a nuestra patria que jamás está distante; porque esta casa es un rincón de México  donde reina la Virgen de Guadalupe, con su imagen en todos los rincones, y donde nuestra bandera ondea festiva en el balcón desde el 1º de este mes. “Patria de organilleros y de magos;  De héroes y de quimeras; Vuelan mis golondrinas a tus costas;  A tus senos nevados. Me imagino volviendo a ti Por el mismo desierto que he cruzado, Asido a tus canciones entonadas para que no olvidaras que soy tu hijo; Para que no olvidaras mí esperanza. Nunca saldrás de mí porque te amo En tu crisol de lágrimas y abrazos, Calaveras de azúcar y cohetones Te recuerdo sonriendo en tus balcones. Tierra de Guadalupe y de San Judas;  Tu  imagen no se borra en la distancia Tu amor no se marchita con los años.  Te llevo en mi, con orgullo en las heridas/ Que se abrieron al irme y añorarte; Estas en mis arrugas y en los callos De estas manos que sueñan con tocarte.”(2)      _____________________________________ Stahringen am Bodensee, Baden Wurttemberg, México  Con Chinameca en mi corazón. 
  1. Fragmento de La Nogalera (Chihuahua, 2004)
  2. Fragmento de No me Esperes Despierta (Stahringen 2006)
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