Septiembre

¿Dónde perdimos el rumbo?   ¿Dónde perdimos el rumbo? ¿Lo perdimos el 30 de octubre de 1810, cuando Hidalgo dejó ir la victoria en el Monte de las Cruces tras derrotar a las fuerzas Realistas de Torcuato...

5 de septiembre, 2018 septiembre

¿Dónde perdimos el rumbo?

 

¿Dónde perdimos el rumbo?

¿Lo perdimos el 30 de octubre de 1810, cuando Hidalgo dejó ir la victoria en el Monte de las Cruces tras derrotar a las fuerzas Realistas de Torcuato Trujillo, en vez de tomar la capital del virreinato y consumar la independencia en unas pocas semanas en vez de más de 11 años?

¿Lo perdimos el 21 de abril de 1836, a las orillas del río San Jacinto, cuando el General Santa Anna cayó prisionero de los mercenarios capitaneados por Sam Houston durante la campaña de Tejas?

¿Qué habría pasado si en vez de firmar el tratado de Guadalupe Hidalgo el 2 de febrero de 1848, hubiéramos dejado a los gringos “hablando solos”, para que los devoraran nuestras sierras, nuestros desiertos y nuestras selvas en vez de rendirnos; si los hubiéramos vuelto locos con tácticas de guerrilla como se las hizo Ho Chi Min en Vietnam?

¿El sueño de la patria se nos escapó el 19 de junio de 1867, cuando Miguel Miramón pasó a ocupar el lugar de honor en su fusilamiento entre Maximiliano y Tomás Mejía en el cerro de las Campanas?




La historia de México está llena de bifurcaciones y parteaguas; de momentos culminantes que se diluyeron como espejismos, condenándonos a habitar el reino del “hubiera”.

¡Otro gallo hubiera cantado si el desconfiado Emiliano Zapata se la hubiera rifado con Francisco Villa para derrotar a las fuerzas carrancistas mandadas por Obregón en las batallas de León y Celaya entre el 15 de abril y el 3 de julio de 1915!

De aquellos enfrentamientos en el Bajío, poco tiempo después nació el PRI (bajo sus primeras sigas de PNR), y también se sembró el germen de la persecución religiosa desatada por Obregón y Calles.

¿Cuál hubiera sido nuestra historia si Francisco Serrano, el candidato Antireeleccionista a la presidencia de México, no hubiera sido asesinado en Huitzilac por órdenes de Álvaro Obregón precisamente un 2 de octubre, pero de 1927?

¿Y si los católicos mexicanos no hubiéramos depuesto las armas el 21 de junio de 1929 cuando los cristeros llevaban la ventaja sobre las fuerzas del gobierno, a las que en realidad mandaba Calles al que a su vez mandaban los gringos?

¿Y si la famosísima expropiación petrolera del 18 de marzo de 1938 no hubiera sido una farsa concertada por Cárdenas con los gringos para convertirnos en maquiladores e importadores de gasolinas cada vez más caras?

La cadena interminable de malas decisiones históricas, nos lleva a lamentar y preguntarnos cómo habría sido Mexico, si en vez de escoger un camino, hubiéramos transitado por otro.

La sola historia de nuestros experimentos constitucionales, (incluyendo la estupidez de la constitución para la ciudad de México), es evidencia de que seguimos aprendiendo a base de echar a perder.

Una vez más, ha llegado septiembre; el septiembre de Molino del Rey y Chapultepec; septiembre 15 de 1847, cuando los gringos nos inflingieron la humillación de izar su “ábaco” patrio (1) sobre el Palacio Nacional, para celebrar su robo de más de la mitad de nuestro territorio; territorio que hoy habitan más de 40 millones de mexicanos y que sigue siendo nuestro.

Este septiembre que, en los últimos años, ha visto crecer el repudio por los PRIsidentes (incluidos Foximiliano y Calde-Ron), hasta el punto que, en los últimos sexenios, los titulares del Ejecutivo Federal, con el rabo entre las patas, han tenido que escenificar una especie de informe sucedáneo, cobijados por el aplauso y la lisonja de sus favoritos e incondicionales en el Patio Central del Palacio Nacional, ante la imposibilidad de acudir al recinto del Congreso de la Unión donde las mentadas de madre ahogarían las alabanzas de los parásitos profesionales.

Por lo pronto, Porfirio Muñoz Ledo, ya curada la cruda de la melopea (2) que se puso en el Four Seasons en días recientes, ha dicho desde la tribuna del Congreso de la Unción (3), que la MORENA no olvida…

Como si acordarnos del cúmulo de burlas y agravios fuera lo mismo que hacer justicia.

Septiembre ha vuelto trayendo como siempre el otoño, y la nostalgia de lo que no hemos sido, con la esperanza de llegar a ser una patria de verdad; una patria de todos sus hijos; la patria que nos hermana.

Ojala llegue el día en que septiembre sea, de verdad, motivo de festejos.

¡Viva México!

_________________________

  1. Ábaco. instrumento que sirve para efectuar operaciones aritméticas sencillas.

Ábaco patrio. Dícese de la bandera gringa  a la que se le aumenta una estrella por cada territorio que se roba, como California, Nuevo México, Tejas, Arizona, Nevada, parte de Utah, Kansas, Colorado, Wyoming  y Oklahoma; sin olvidar la Florida y Hawái.

  1. Melopea. Dícese de aguda intoxicación alcohólica; borrachera, guarapeta, peda, jarra, embriaguez, mona, cogorza.
  2. Unción. Dícese de la acción de untar, embarrar o hacer embijes.

Congreso de la Unción. Conjunto de individuos e individuas que cuando no estan hibernando en curules y escaños, ejercen sus funciones dedocráticas para emitir su voto según les unten o embarren la debida “lubricación”…

Comentarios
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Estado Solidario es aquel que se preocupa por sus integrantes sin importar sus diferencias. Su función consiste en cerrar la brecha entre sus miembros, no con demagogia y polarización, sino con transparencia y políticas públicas equitativas, más allá de intereses personales e ideologías.  En naciones como México las diferencias entre ciudadanos son abismales en todos sentidos: manera de entender el mundo, costumbres, modos de vestir, platillos típicos, tradiciones y un largo etcétera. Pero las diferencias más significativas, las más dolorosas son aquellas que limitan las oportunidades, que privan de educación y salud, aquellas que lastran el desarrollo y la libertad del individuo. Son éstas últimas y no las primeras a las que un Estado Solidario debe dedicar sus esfuerzos para erradicarlas. Al convocar una participación activa del Estado, no es para asignarle tareas de intromisión en los ámbitos privados. Se sabe que en las ramas de la industria, el comercio y la producción, su papel consiste en dar certeza jurídica con leyes justas que fomenten la participación y competencia del capital privado como motor del desarrollo económico. Sin embargo, también sabemos por experiencia que esa competencia descarnada, ahonda aún más la desigualdad, y es ahí donde, a partir de proveer un conjunto de servicios básicos universales de calidad con la intención de que el piso de desarrollo para la población en general sea más igualitario, que el Estado Solidario del Siglo XXI encuentra su lugar.  Estamos en tiempos de cambio forzado y quizá, si actuamos con consciencia y sensatez, la coyuntura actual resulte apropiada para dar los primeros pasos en esa dirección. En principio de lo que se trata es justo de eso: de tener claro el rumbo al que queremos encaminarnos y que las instituciones que habrán de operar dicho cambio sean fortalecidas con las herramientas necesarias para ese tipo de Estado donde, más que el individuo que gobierna, lo que importa de verdad es la eficacia de los sistemas, los protocolos y la transparencia con que las instituciones del Estado habrán de operar para conseguir sus fines. No se trata de hacer un cambio de un día para otro, una transformación mágica por decreto, sino una renovación paulatina mediante un proceso donde uno de los primeros pasos tendría que incluir un “nuevo pacto” entre ambos integrantes de la dualidad indisociable Estado-contribuyente que tendría como propósito cimentar una confianza mutua, hoy inexistente. El Estado tendría que abonar a ella con transparencia, probidad y sensibilidad en el uso de los recursos públicos, y el contribuyente, puesto que sin recursos no hay Estado que pueda ser eficaz, con el pago oportuno y justo de sus responsabilidades fiscales. El objetivo primario es que la recaudación suba, pero de la mano con una mejora sustancial de los servicios públicos y programas sociales.  Al hablar de programas sociales no pienso en un Estado asistencial, porque, si bien este modelo institucional suele implementar planes de apoyo para los segmentos más desprotegidos, los recursos que otorga suelen estar enfocados en la supervivencia más que en el crecimiento y la creación de oportunidades. Esta manera de atender a los estratos más vulnerables mantiene el nivel de necesidad sin cambios sensibles en las oportunidades de desarrollo, en espera siempre de que sea el Estado quien subsane las carencias y con ello se fomenta una dependencia que, más que ciudadanos libres y pensantes, crea clientelas políticas que nutren los colores partidistas del gobierno de turno, en lugar de privilegiar la inversión pública que detone verdaderas oportunidades de desarrollo que abatan la pobreza y favorezcan la movilidad social. Por eso resulta preferible pensar en términos de un Estado Solidario.  La solidaridad es la manera colectiva de ser empático. Y desde esta perspectiva, un Estado Solidario es aquel que se preocupa genuinamente por sus miembros, sin importar el estrato social, su origen étnico, sus convicciones políticas, sus preferencias sexuales y demás particularidades que si bien le dan diversidad al conjunto, crean también focos de polaridad que se traducen en tensiones, discriminación y deterioro del tejido social.  El centro del esfuerzo en un Estado construido bajo los parámetros de la solidaridad es conseguir que toda esa diversidad encuentre suelo fértil para el desarrollo y la convivencia pacífica y empática. Mientras un Estado asistencialista provee, un Estado solidario retira los impedimentos para los que ciudadanos diseñen sus propios proyectos de vida, se planteen metas y las consigan.   Un Estado Solidario va más allá de ideologías o partidos políticos, porque está fundado y sostenido en las instituciones nacionales, creadas de forma paulatina y progresiva por todas las fuerzas políticas, a partir de las experiencias del pasado, las divergencias, los acuerdos –no siempre fáciles de alcanzar– y los nuevos contextos y realidades nacionales que emergen de los propios cambios sociales y de la influencia de un mundo cada vez más global e interdependiente, en vez de subordinarse a los designios volubles, interesados y transitorios del gobierno de turno.  Este Estado Solidario, mediante el cobro de impuestos progresivos, no sólo fomenta y facilita seguridad, certeza jurídica y condiciones apropiadas para la competencia leal en el caso de la iniciativa privada, sino también financia bienes y servicios básicos, como una educación de calidad, una vivienda digna y una salud universal que permitan que aquellos que habitan los segmentos menos favorecidos encuentren avenidas de desarrollo y movilidad social. Se trata de cerrar las brechas entre unos segmentos de la población y otra, no con demagogia, sino con hechos, con acciones, con políticas públicas concretas y equitativas.  En una democracia cada formación política tiene su manera específica de manifestar esa “solidaridad”, esa será parte de la labor del ciudadano: decantarse por aquella que resulte más acorde con sus convicciones, ideología y manera de entender el mundo, pero el propósito del Estado en su conjunto tendría que ser la de generar las condiciones para el desarrollo pleno de sus habitantes –en temas tan diversos como salud, vivienda, realización profesional, productividad– sin importar la filiación política del gobierno de turno. Las instituciones nacionales siempre tendrían que estar por encima de cualquier “estilo personal de gobernar”.   Plantearse un Estado Solidario como solución de futuro es alentador porque los recursos invertidos en él serán recompensados con creces en el mediano y largo plazo. No hay mayor valor, mayor activo en una nación que su gente y por ello no existe mejor inversión que facilitar la formación y emergencia de mejores ciudadanos. Si la población de un país está más sana, mejor alimentada, acostumbrada a condiciones de vida dignas, y con mejores perspectivas de desarrollo y crecimiento para el futuro, estará más motivada en sus ámbitos de trabajo, será más productiva y podrá tener un mejor desempeño en los profesional y lo personal. Además, será naturalmente más crítica, fijará la vista más alto a la hora de escoger líderes y será más exigente con sus instituciones, lo que favorecerá para perfeccionarlas.  Lo cierto es que la solidaridad es una carretera de doble vía: exige asumir responsabilidades. Por alguna causa tanto individuos comprometidos con su comunidad como organismos de la sociedad civil centran su lucha en la obtención de derechos. En países con atrasos tan profundos como México, esto se entiende hasta cierto punto, sin embargo es indispensable entender y aceptar que con cada derecho que se adquiere va aparejada una responsabilidad. Si bien el Estado Solidario tendría que centrarse en fomentar el desarrollo y la libertad del individuo y las estructuras colectivas, también los individuos y las colectividades, tendríamos que asumir nuestra responsabilidad en todos los ámbitos, tendríamos que colaborar activamente para construir y fortalecer ese sistema solidario del que el Estado sería garante.  La Era Covid es un tiempo de maduración, un tiempo en que las sociedades humanas debemos pasar de la adolescencia caprichosa y dependiente de que “papá gobierno” nos provea –quien por su parte disfruta de tratarnos con condescendencia infantil–, a una condición de “humanidad adulta y solidaria” donde, tanto individuos como colectivos exigimos enérgicamente nuestros derechos a partir de cumplir con nuestras responsabilidades y obligaciones en todos los ámbitos –ecológico, fiscal, cívico, profesional, familiar, etc–, permitiendo así que el sistema total funcione y se fortalezca.      Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook:  Juan Carlos Aldir  " ["post_title"]=> string(47) "Era Covid: El nacimiento de un Estado Solidario" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(46) "era-covid-el-nacimiento-de-un-estado-solidario" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-05-07 08:26:57" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-05-07 13:26:57" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=65058" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } [1]=> object(WP_Post)#18088 (24) { ["ID"]=> int(65168) ["post_author"]=> string(2) "32" ["post_date"]=> string(19) "2021-05-10 12:58:15" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2021-05-10 17:58:15" ["post_content"]=> string(11550) "¿Por qué se conoce a Victoriano Huerta como el “chacal”? Porque habiendo prometido cumplir y hacer cumplir la Constitución como soldado leal del Ejército Mexicano, decidió traicionar al presidente Francisco I. Madero para usurpar la Presidencia e imponer su voluntad desde Palacio Nacional. Sin embargo, Huerta trató de aparentar respeto por la Constitución, logrando que el presidente Madero renunciara a la Presidencia. Después, Pedro Lascuráin, habiendo sucedido a Madero, nombró a Huerta secretario de Gobernación para luego renunciar de inmediato con aprobación del Congreso. Así allanó el camino al traidor Huerta para convertirse en presidente constitucional interino de la República. ¿CUÁL FUE LA POSTURA ASUMIDA POR LA CORTE SUPREMA? Para conocer la postura de la  Corte Suprema  ante el golpe de estado, merece la pena transcribir el documento que retrata su vergonzosa postura: DICHA FELICITACIÓN ES LA SIGUIENTE: Último párrafo:  “La Corte Suprema de Justicia, lealmente ofrece al Poder Ejecutivo, a quien de nuevo presenta sus sinceras congratulaciones, por conducto de la comisión que presido, colaborar en la importante medida que la Carta Fundamental le señala, a tan alto fin, a realizar empresa tan patriótica y tan noble”. México, febrero 22 de 1913. Presidente: Alonso Rodríguez Miramón, Miembros: Emilio Bullé Goyri, Carlos Flores. ¿Cuál fue la posición del Poder Legislativo ante la usurpación cometida por Huerta? El Congreso de la Unión aceptó las renuncias de Madero y Pino Suárez, luego aceptó la renuncia de Pedro Lascuráin y se doblegó ante la usurpación de Huerta, dándole plena legitimidad constitucional mediante toda una simulación. HUERTA QUISO “LIMPIAR” EL PODER JUDICIAL: El 1 de abril de 1913, el Congreso en pleno recibió a Huerta para que rindiera su primer informe en el que destaca su inquietud por limpiar el Poder Judicial, como destaca de la parte de su discurso que transcribo a continuación:  “Tengo el alto honor de estar en presencia de la Representación Nacional…” “Respecto de Justicia, no puedo decir a ustedes más que esto: el señor ministro del ramo ha procurado, con la anuencia de todo el Gabinete y del Ejecutivo, borrar aquellas prácticas dolosas y corrompidas que siempre han estorbado a la Administración de Justicia, que es la manifestación clásica de un Gobierno honrado y de una civilización como la nuestra”. “Por circunstancias especiales, que no es del caso referir, la justicia no se ha administrado en el país como es debido; el Gobierno de la Unión, el Ejecutivo federal, tiene el propósito inquebrantable de que la justicia se administre tal como lo previenen las leyes, única manera de que se nos llame honrados y de que se administre desde el proletario hasta el potentado.” López Obrador comparte con Huerta la misma inquietud por “limpiar al Poder Judicial”, es decir, cometerlo a su voluntad, A MENOS QUE LO EVITEMOS VOTANDO CONTRA MORENA y su  MAFIA DEL METRO el próximo 6 de junio. ¿CÓMO QUIERE LÓPEZ OBRADOR PERPETUARSE USURPANDO LA MISMA SILLA QUE HUERTA USURPÓ? Como López Obrador no se resigna a irse a “La Chingada” en 2024, ha vuelto a intentar la prórroga de su reinado subido en el artículo 13 transitorio de la Ley Orgánica del Poder Judicial Federal que viola el Artículo 97, quinto párrafo de la Constitución Federal que dice a la letra lo siguiente:   Artículo 97.-  Quinto párrafo.- “Cada cuatro años, el Pleno elegirá de entre sus miembros al Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el cual no podrá ser reelecto para el período inmediato posterior.” López Obrador pretende burlar el principio de la “no reelección presidencial” a través de una prórroga que aprovecharía el precedente que podría sentar la prolongación  del mandato de Arturo Zaldívar en la Suprema Corte. Además de la claridad literal del Artículo 97 constitucional, la autoridad  solamente puede hacer lo que la Constitución le autoriza EXPRESAMENTE, y la Constitución no autoriza prórrogas, extensiones, diferimientos, prolongaciones ni nada parecido. NO TODA COMPARACIÓN ES ODIOSA, CUANDO ADEMÁS ES OPORTUNA Y SALUDABLE: Victoriano Huerta quiso valerse de nuestras instituciones para mandarlas AL CARAJO, exactamente igual que López Obrador. Victoriano Huerta era dueño del Poder Legislativo que el 1º de abril de 1913 lo recibió con honores para que rindiera su informe de gobierno. López Obrador en 2021 también es dueño y señor del Poder Legislativo que maneja a través de sus empleados, Ricardo Monreal  e Ignacio Mier, que NO LE CAMBIAN NI UNA COMA a las iniciativas  del todavía Presidente de la República. En 1913, un solo legislador alzó la voz contra la usurpación de Huerta, y ese fue BELISARIO DOMINGUEZ. EN 2021, EL ÚNICO LEGISLADOR que se ha atrevido a desafiar dentro de MORENA las ambiciones insaciables de López Obrador, es don Porfirio Muñoz Ledo; el único diputado comparable hoy a Belisario Domínguez.   ENTRE LA SUMISIÓN Y EL CUMPLIMIENTO DE SU MISIÓN El Ministro Presidente de la Suprema Corte, Arturo Zaldívar, ha guardado un silencio cómplice desde que comenzó la discusión sobre su prórroga como jefe del Poder Judicial Federal, impulsada por López Obrador para aprovecharla en 2024. Zaldívar ha permitido que el Presidente de la República ofenda y difame a todo el Poder Judicial sin atreverse a exigirle el mínimo respeto que debe existir entre los Poderes de la Federación. Zaldívar ha llegado a la indignidad de acudir a Palacio Nacional a acordar con el Consejero Jurídico, Julio Scherer, y a comer tamalitos de chipilín con López Obrador, violando su dignidad de Presidente de la Suprema Corte, y destruyendo su imparcialidad, según lo establece el artículo 39 del Código Procesal Civil Federal que  prohíbe que los ministros asistan a convites que diere o costeare especialmente para él, alguno de los litigantes… ¿Qué camino tomará Arturo Zaldívar a la hora de la verdad: cumplirá dignamente SU MISIÓN al servicio de México, O CAERÁ EN LA SUMISIÓN ante las ambiciones imperiales de López Obrador? ¿DÓNDE ESTÁ PARADO EL EJÉRCITO MEXICANO EN 2021? En 1913, el Ejército secundó la usurpación cometida por Huerta, que era “uno de los  suyos”. En 2021 López Obrador cree que el Ejército y la Marina son suyos porque los compró asignándoles todas las obras públicas, las aduanas, y otros negocios además de dejarlos seguir “haciendo los suyos”; porque simuló la desaparición del Estado Mayor Presidencial, que ahora se llama “Ayudantía” y ha podido convertirlos en vulgares guaruras y a las Tropas en albañiles que ni siquiera cobran dos salarios. López Obrador cree que habiendo sobornado a algunos generales y solapado a otros, podrá hacer que disparen sus armas contra los mexicanos, si le fuese necesario para permanecer en Palacio Nacional, viviendo a todo  lujo. El Ejército Mexicano tiene que elegir entre CUMPLIR SU MISIÓN SAGRADA o ACEPTAR LA SUMISIÓN DESHONROSA sosteniendo el capricho de un nuevo chacal. ¿CÓMO SE PUEDE COMBATIR Y DERROTAR LA USURPACIÓN  QUE HOY INTENTA POR TODOS LOS MEDIOS  LÓPEZ OBRADOR? En 1913, Venustiano Carranza tomó las armas con la Constitución en la mano, y arrojó al usurpador Victoriano Huerta de Palacio Nacional. El 6 de junio de 2021, los mexicanos tenemos la oportunidad de votar con la Constitución en la mano y arrojar del Poder Legislativo a la Mafia de MORENA que se negó a castigar a los verdaderos responsables del pasado 3 de mayo en la Línea 12 del Metro. AL CARAJO LA USURPACIÓN  López Obrador ignora entre muchísimas otras cosas, lo que dice el Artículo 136 constitucional: Artículo 136.- “ESTA CONSTITUCIÓN NO PERDERÁ SU FUERZA Y VIGOR, aun cuando por alguna rebelión se interrumpa su observancia. En caso de que por cualquier trastorno público se establezca un gobierno contrario a los principios que ella sanciona, tan luego como el pueblo recobre su libertad, se restablecerá su observancia, y con arreglo a ella y a las leyes que en su virtud se hubieren expedido, serán juzgados, así los que hubieren figurado en el gobierno emanado de la rebelión, como los que hubieren cooperado a ésta.” Puede que López Obrador logre INTERRUMPIR la vigencia de nuestra Constitución; puede que logre establecer un régimen autoritario contrario a los principios que nos rigen; PERO RECOBRARÍAMOS NUESTRA LIBERTAD y RESTABLECERÍAMOS SU OBSERVANCIA. Si llegase a ser necesario, estamos obligados a hacer cumplir el Artículo 136 de nuestra Constitución; si la patria nos llamase,  estamos obligados a sumarnos de nuevo al Ejército Constitucionalista, como el encabezado por Venustiano Carranza para sacar al CHACAL HUERTA DE PALACIO NACIONAL. Sigamos el ejemplo de Carranza y comencemos la recuperación del orden constitucional, votando el 6 de junio para echar fuera de la Cámara de Diputados a la mafia de MORENA, a los encubridores y a los  asesinos de la Línea 12. El 6 de junio debemos mandar un mensaje inequívoco: NI UN CHACAL MÁS." 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Estado Solidario es aquel que se preocupa por sus integrantes sin importar sus diferencias. Su función consiste en cerrar la brecha entre sus miembros, no con demagogia y polarización, sino con transparencia y políticas públicas equitativas, más allá de intereses personales e ideologías.  En naciones como México las diferencias entre ciudadanos son abismales en todos sentidos: manera de entender el mundo, costumbres, modos de vestir, platillos típicos, tradiciones y un largo etcétera. Pero las diferencias más significativas, las más dolorosas son aquellas que limitan las oportunidades, que privan de educación y salud, aquellas que lastran el desarrollo y la libertad del individuo. Son éstas últimas y no las primeras a las que un Estado Solidario debe dedicar sus esfuerzos para erradicarlas. Al convocar una participación activa del Estado, no es para asignarle tareas de intromisión en los ámbitos privados. Se sabe que en las ramas de la industria, el comercio y la producción, su papel consiste en dar certeza jurídica con leyes justas que fomenten la participación y competencia del capital privado como motor del desarrollo económico. Sin embargo, también sabemos por experiencia que esa competencia descarnada, ahonda aún más la desigualdad, y es ahí donde, a partir de proveer un conjunto de servicios básicos universales de calidad con la intención de que el piso de desarrollo para la población en general sea más igualitario, que el Estado Solidario del Siglo XXI encuentra su lugar.  Estamos en tiempos de cambio forzado y quizá, si actuamos con consciencia y sensatez, la coyuntura actual resulte apropiada para dar los primeros pasos en esa dirección. En principio de lo que se trata es justo de eso: de tener claro el rumbo al que queremos encaminarnos y que las instituciones que habrán de operar dicho cambio sean fortalecidas con las herramientas necesarias para ese tipo de Estado donde, más que el individuo que gobierna, lo que importa de verdad es la eficacia de los sistemas, los protocolos y la transparencia con que las instituciones del Estado habrán de operar para conseguir sus fines. No se trata de hacer un cambio de un día para otro, una transformación mágica por decreto, sino una renovación paulatina mediante un proceso donde uno de los primeros pasos tendría que incluir un “nuevo pacto” entre ambos integrantes de la dualidad indisociable Estado-contribuyente que tendría como propósito cimentar una confianza mutua, hoy inexistente. El Estado tendría que abonar a ella con transparencia, probidad y sensibilidad en el uso de los recursos públicos, y el contribuyente, puesto que sin recursos no hay Estado que pueda ser eficaz, con el pago oportuno y justo de sus responsabilidades fiscales. El objetivo primario es que la recaudación suba, pero de la mano con una mejora sustancial de los servicios públicos y programas sociales.  Al hablar de programas sociales no pienso en un Estado asistencial, porque, si bien este modelo institucional suele implementar planes de apoyo para los segmentos más desprotegidos, los recursos que otorga suelen estar enfocados en la supervivencia más que en el crecimiento y la creación de oportunidades. Esta manera de atender a los estratos más vulnerables mantiene el nivel de necesidad sin cambios sensibles en las oportunidades de desarrollo, en espera siempre de que sea el Estado quien subsane las carencias y con ello se fomenta una dependencia que, más que ciudadanos libres y pensantes, crea clientelas políticas que nutren los colores partidistas del gobierno de turno, en lugar de privilegiar la inversión pública que detone verdaderas oportunidades de desarrollo que abatan la pobreza y favorezcan la movilidad social. Por eso resulta preferible pensar en términos de un Estado Solidario.  La solidaridad es la manera colectiva de ser empático. Y desde esta perspectiva, un Estado Solidario es aquel que se preocupa genuinamente por sus miembros, sin importar el estrato social, su origen étnico, sus convicciones políticas, sus preferencias sexuales y demás particularidades que si bien le dan diversidad al conjunto, crean también focos de polaridad que se traducen en tensiones, discriminación y deterioro del tejido social.  El centro del esfuerzo en un Estado construido bajo los parámetros de la solidaridad es conseguir que toda esa diversidad encuentre suelo fértil para el desarrollo y la convivencia pacífica y empática. Mientras un Estado asistencialista provee, un Estado solidario retira los impedimentos para los que ciudadanos diseñen sus propios proyectos de vida, se planteen metas y las consigan.   Un Estado Solidario va más allá de ideologías o partidos políticos, porque está fundado y sostenido en las instituciones nacionales, creadas de forma paulatina y progresiva por todas las fuerzas políticas, a partir de las experiencias del pasado, las divergencias, los acuerdos –no siempre fáciles de alcanzar– y los nuevos contextos y realidades nacionales que emergen de los propios cambios sociales y de la influencia de un mundo cada vez más global e interdependiente, en vez de subordinarse a los designios volubles, interesados y transitorios del gobierno de turno.  Este Estado Solidario, mediante el cobro de impuestos progresivos, no sólo fomenta y facilita seguridad, certeza jurídica y condiciones apropiadas para la competencia leal en el caso de la iniciativa privada, sino también financia bienes y servicios básicos, como una educación de calidad, una vivienda digna y una salud universal que permitan que aquellos que habitan los segmentos menos favorecidos encuentren avenidas de desarrollo y movilidad social. Se trata de cerrar las brechas entre unos segmentos de la población y otra, no con demagogia, sino con hechos, con acciones, con políticas públicas concretas y equitativas.  En una democracia cada formación política tiene su manera específica de manifestar esa “solidaridad”, esa será parte de la labor del ciudadano: decantarse por aquella que resulte más acorde con sus convicciones, ideología y manera de entender el mundo, pero el propósito del Estado en su conjunto tendría que ser la de generar las condiciones para el desarrollo pleno de sus habitantes –en temas tan diversos como salud, vivienda, realización profesional, productividad– sin importar la filiación política del gobierno de turno. Las instituciones nacionales siempre tendrían que estar por encima de cualquier “estilo personal de gobernar”.   Plantearse un Estado Solidario como solución de futuro es alentador porque los recursos invertidos en él serán recompensados con creces en el mediano y largo plazo. No hay mayor valor, mayor activo en una nación que su gente y por ello no existe mejor inversión que facilitar la formación y emergencia de mejores ciudadanos. Si la población de un país está más sana, mejor alimentada, acostumbrada a condiciones de vida dignas, y con mejores perspectivas de desarrollo y crecimiento para el futuro, estará más motivada en sus ámbitos de trabajo, será más productiva y podrá tener un mejor desempeño en los profesional y lo personal. Además, será naturalmente más crítica, fijará la vista más alto a la hora de escoger líderes y será más exigente con sus instituciones, lo que favorecerá para perfeccionarlas.  Lo cierto es que la solidaridad es una carretera de doble vía: exige asumir responsabilidades. Por alguna causa tanto individuos comprometidos con su comunidad como organismos de la sociedad civil centran su lucha en la obtención de derechos. En países con atrasos tan profundos como México, esto se entiende hasta cierto punto, sin embargo es indispensable entender y aceptar que con cada derecho que se adquiere va aparejada una responsabilidad. Si bien el Estado Solidario tendría que centrarse en fomentar el desarrollo y la libertad del individuo y las estructuras colectivas, también los individuos y las colectividades, tendríamos que asumir nuestra responsabilidad en todos los ámbitos, tendríamos que colaborar activamente para construir y fortalecer ese sistema solidario del que el Estado sería garante.  La Era Covid es un tiempo de maduración, un tiempo en que las sociedades humanas debemos pasar de la adolescencia caprichosa y dependiente de que “papá gobierno” nos provea –quien por su parte disfruta de tratarnos con condescendencia infantil–, a una condición de “humanidad adulta y solidaria” donde, tanto individuos como colectivos exigimos enérgicamente nuestros derechos a partir de cumplir con nuestras responsabilidades y obligaciones en todos los ámbitos –ecológico, fiscal, cívico, profesional, familiar, etc–, permitiendo así que el sistema total funcione y se fortalezca.      Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook:  Juan Carlos Aldir  " ["post_title"]=> string(47) "Era Covid: El nacimiento de un Estado Solidario" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(46) "era-covid-el-nacimiento-de-un-estado-solidario" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-05-07 08:26:57" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-05-07 13:26:57" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=65058" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } ["comment_count"]=> int(0) ["current_comment"]=> int(-1) ["found_posts"]=> int(39) ["max_num_pages"]=> float(20) ["max_num_comment_pages"]=> int(0) ["is_single"]=> bool(false) ["is_preview"]=> bool(false) ["is_page"]=> bool(false) ["is_archive"]=> bool(true) ["is_date"]=> bool(false) ["is_year"]=> bool(false) ["is_month"]=> bool(false) ["is_day"]=> bool(false) ["is_time"]=> bool(false) ["is_author"]=> bool(false) ["is_category"]=> bool(true) ["is_tag"]=> bool(false) ["is_tax"]=> bool(false) ["is_search"]=> bool(false) ["is_feed"]=> bool(false) ["is_comment_feed"]=> bool(false) ["is_trackback"]=> bool(false) ["is_home"]=> bool(false) ["is_privacy_policy"]=> bool(false) ["is_404"]=> bool(false) ["is_embed"]=> bool(false) ["is_paged"]=> bool(false) ["is_admin"]=> bool(false) ["is_attachment"]=> bool(false) ["is_singular"]=> bool(false) ["is_robots"]=> bool(false) ["is_favicon"]=> bool(false) ["is_posts_page"]=> bool(false) ["is_post_type_archive"]=> bool(false) ["query_vars_hash":"WP_Query":private]=> string(32) "78228a89b359dcef15afac6eb38a0cd3" ["query_vars_changed":"WP_Query":private]=> bool(false) ["thumbnails_cached"]=> bool(false) ["stopwords":"WP_Query":private]=> NULL ["compat_fields":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(15) "query_vars_hash" [1]=> string(18) "query_vars_changed" } ["compat_methods":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(16) "init_query_flags" [1]=> string(15) "parse_tax_query" } }

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