Reporte Mundial de Riesgos 2021. ¿Está preparado nuestro país para enfrentar riesgos?

México necesita revisar y mejorar los temas de vulnerabilidad y su capacidad para enfrentar desastres naturales.  

22 de octubre, 2021

Desde 2011, cada año se publica el reporte Mundial de Riesgo gracias a un esfuerzo de diferentes instituciones e investigadores alemanes. El reporte de este año está fuertemente marcado por la pandemia, inundaciones, sequías e incendios forestales, entre otros fenómenos.

Este reporte es una fotografía del estado de la protección social de 181 países, que representan el 99% de la población mundial y de sus planes para mitigar desastres y reducir el riesgo del impacto del cambio climático. Entre los 10 países de mayo riesgo se encuentran 15 que están conformados por islas. Esto se debe al riesgo del incremento en el nivel del mar, lo que arrasaría con estos países, entre los que están Vanuatu, las Islas Salomón y Tonga. Si nos enfocamos en el riesgo de desastres por continentes, Oceanía es el continente de mayor riesgo seguido de África, América, Asia y Europa, en ese orden.

Este reporte también habla de vulnerabilidad social, en ese caso 12 de los 15 países más vulnerables están en África debido a que países de bajos ingresos son considerados como los más vulnerables porque los desastres naturales reducen aún más las capacidades de los estados para atender a la población.

Para calificar a los países, el Reporte Mundial de Riesgo 2021  no solo se fija en la fuerza que un desastre natural puede tener, también se fijan en la preparación que tienen sociedad y gobierno ante tales escenarios. Son cuatro los factores que contemplan:

  1. Exposición a terremotos, ciclones, inundaciones, sequías y elevación del nivel del mar.
  2. Susceptibilidad dependiendo de la infraestructura, suministro de alimentos y el andamiaje económico para enfrentar tales situaciones.
  3. Capacidad para enfrentar desastres en cuanto a respuesta del gobierno, servicios médicos y seguridad social y material.
  4. Capacidad de adaptación relacionada a eventos naturales, cambio climático y otros retos.

México se encuentra en el lugar 94, es decir, a media tabla con una calificación global de 6.03 puntos. En exposición (qué tan expuesta está la gente a desastres naturales) tiene 14.20 puntos; vulnerabilidad (se refiere a factores físicos, económicos, sociales y medioambientales que hace a la gente vulnerable a los efectos de desastres naturales) 42.44; susceptibilidad (se entiende como la posibilidad de sufrir daños en caso de desastres naturales) 20.86 (mejor calificación que tiene nuestro país); capacidad de enfrentar desastres 74.25 (incluye la capacidad de respuesta de la sociedad antes desastres naturales); y capacidad de adaptación (proceso por el que los gobiernos aplican cambios estructurales, medidas y estrategias dirigidas a anticipar desastres naturales) 32.20.

México tiene calificaciones de riesgo medio en todas las variantes, menos en dos en las que está calificado como país de riego bajo: susceptibilidad (posibilidad de sufrir daños en caso de desastre natural) y falta de capacidad de adaptación que son los procesos de cambios estructurales, medidas y estrategias dirigidas a anticipar desastres naturales.

¿Qué quiere decir esto? Que México está bien en susceptibilidad y capacidad de adaptación, pero necesita revisar y mejorar los temas de vulnerabilidad y su capacidad para enfrentar desastres.  En cuanto a la exposición no se puede hacer mucho porque tiene que ver con las condiciones geográficas del país y esas no se pueden cambiar. Sabemos que vivimos en un país muy expuesto a los desastres naturales. Por eso siempre debemos estar preparados.

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Durante la conferencia mañanera del pasado lunes 10 de enero, el primer mandatario manifestaba síntomas de la nueva variante Ómicron; se notaba su ronquera al hablar. Ese mismo día a las 18:05 confirmó en un mensaje de Twitter que había salido positivo, señaló que estaba aislado y que al parecer los síntomas eran leves. En contraste con el mensaje presidencial donde se retomaron algunas recomendaciones para la población como aislarse si se presentaban síntomas parecidos a la gripe común, asumiendo que se trataba de un contagio por coronavirus, el presidente no se resguardó ante lo que posteriormente seria confirmado como un caso más en los contagios masivos del presente año. La mañana del 11 de enero AMLO apareció en un breve mensaje de video tomándose así mismo la oxigenación y la temperatura con rangos normales, aseguró sentir como una gripa, por lo que puede seguir trabajando aislado y con ánimo. Finalmente, volvió a retomar sus conferencias matutinas el 17 de enero. 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En ese contexto de emergencia mundial sanitaria la estrella del tenis mundial, Novak Djokovic, protagonizaba un escándalo más al ser una de las figuras deportivas declarada abiertamente antivacunas, por lo que para su participación en el tradicional abierto de Australia debió recibir una exención medica del organismo australiano de tenis. Sin embargo a su llegada al país oceánico las autoridades  confinaron al deportista en su hotel,  le retiraron la visa de trabajo, mientras se estudiaba su caso, pues en primera instancia se dijo que no había acreditado un esquema de vacunación completo como se exige a todo extranjero que ingresa al país.  Luego de un fallo legal que daba mayor peso a minucias de procedimiento, un juez le regresó la visa para poder participar en el tradicional abierto de tenis. 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Si bien el deseo de cada individuo de recibir o no la vacuna debe ser respetado, dicha libertad individual debe ser coartada cuando exista la posibilidad de ser un portador del virus que puede provocar la muerte en amplios sectores de la población inmunodeprimida, o en los casos extremos de ciudadanos que no han tenido acceso a ninguna dosis del biológico debido al acaparamiento demencial de los países ricos. Como se demuestra en el caso del tenista serbio, las figuras antivacunas y mediáticas son poco proclives a aceptar las restricciones de los diferentes estados y ciudades que dictan medidas preventivas para las personas no vacunadas. La libre decisión de Djokovic de no recibir vacuna es su derecho personal, siempre y cuando se quede aislado en su casa en un acto de responsabilidad ante una pandemia que ya nadie puede negar. 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Se sentía poseedor de una “superioridad moral” que lo “facultaba” a criticar a todos y a todo. Workohólico en grado superlativo, consideraba una vergüenza que sus funcionarios durmieran más de seis horas, así que desde las 5am ya estaba en actividad y no paraba, ni siquiera en fin de semana, porque siempre estaba de gira. Era difícil seguirle el paso y con ello pretendía mostrar también una supuesta “superioridad física”. Y sí, debemos admitir que cuando llegó al poder su diagnóstico del país no era del todo equivocado. México experimentó durante la década de 1960 un crecimiento impresionante, a tal grado que se hablaba en el mundo del “milagro mexicano”. Es lo que hoy conocemos como el “Desarrollo Estabilizador”. Para darnos una idea de esta bonanza, en 1964 nuestro PIB creció casi 11%. Desde luego esto benefició a millones de mexicanos. Las clases medias gozaron de un poder adquisitivo que les permitía acceder a bienes y servicios que hoy son impensables, y que también antes fueron impensables. Pero mientras todo esto sucedía, el campo se rezagaba. Hubo un éxodo de mexicanos que, ante el fracaso de la reforma agraria y la repartición de tierras prometidos por la revolución, emigraron a las ciudades en condiciones de extrema pobreza. Esa pauperización fue particularmente notable en la Ciudad de México y los municipios conurbados con el Estado de México. Las clases ricas nunca pierden, así que durante el “Desarrollo Estabilizador” se hicieron más ricas; las clases medias alcanzaron un nivel de bienestar que no volverían a alcanzar nunca; pero los más pobres siguieron más pobres, más marginados y más olvidados. Por eso Luis Echeverría se propuso romper con el pasado y gobernar para ellos. Pero no lo logró. Al final de su sexenio, la pobreza fue mucho más aguda en todo el país que como él la había recibido. Muchos acusan a Echevarría de ser traidor e hipócrita. Mostró siempre una actitud servil ante el presidente Díaz Ordaz: siempre obediente, leal, eficiente, pero en cuanto llegó a la presidencia todo cambió. Ese funcionario eficaz y discreto se convirtió en un merolico predicador que prometía la solución a todos los problemas de México. Días Ordaz lamentó profundamente su equivocación al designarlo candidato a la presidencia, y cuando acabó el sexenio, dijo: “ahora podemos respirar tranquilos”; y mire que lo dijo Díaz Ordaz, que también era engreído y brutal. Echeverría resultó ser un hombre conflictivo. Su sexenio se caracterizó por la confrontación. Se peleó con todo mundo: los estadounidenses, los españoles, los empresarios, los intelectuales, la iglesia, los medios, los sindicatos, las centrales obreras, la comunidad judía. Al ver que los resultados de sus acciones de gobierno no solo eran limitados, sino incluso contraproducentes, adoptó un discurso de confrontación para culpar a los demás. Veía en todos lados “conspiraciones” para desestabilizar al país y culpaba de ellas a los “fascistas”, a los “emisarios del pasado”, a los “enemigos de México”, “vende-patrias” y “agentes del imperio”. Llegó prometiendo apertura democrática, pero conforme avanzó el sexenio su autoritarismo fue más evidente y se agudizó a grados demenciales, al punto de que consideró la crítica como una traición.“La única crítica que se acepta es la autocrítica”, decía. Por eso cuando el secretario de hacienda, Hugo B. Margáin, se atrevió a decir :“la deuda interna y la deuda externa tienen un límite, y ya llegamos al límite”, Echeverría lo destituyó y puso en su lugar a un amigo de juventud, que también resultaría nefasto: José López Portillo. Para Echeverría, los medios críticos eran aparatos al servicio de intereses antinacionales. El Excélsior era uno de los pocos periódicos que seguía ejerciendo la crítica, y por eso Echeverría decidió aplastar a su director, Julio Scherer. Orquestó toda una maniobra para que Scherer fuera destituido. A Daniel Cosío Villegas también lo aplastó. Cosío Villegas, que gozaba de gran prestigio, tanto en México como en el extranjero, no se dejó intimidar por Echeverría. Cuando vino Salvador Allende, presidente de Chile, a México, Cosío Villegas escribió: “el presidente mexicano, más que anfitrión, parecía director de relaciones públicas y agente publicitario del presidente chileno.” También se refirió en repetidas ocasiones a la “diarrea verbal” que, al parecer, padecía Echeverría: “No sólo se tiene la impresión –escribe Cosío Villegas– de que hablar es para Echeverría una verdadera necesidad fisiológica, sino de que está convencido de que dice cada vez cosas nuevas, en realidad verdaderas revelaciones. 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La opinión pública mundial manifestó su descontento al privilegiar los intereses económicos del torneo deportivo por encima de las férreas políticas sanitarias que el país mantiene  para sus ciudadanos y muchos extranjeros que visitan o trabajan en su interior.  El caso Djokovich planteó una amplia discusión sobre si deben existir ciudadanos de primera y de segunda en medio de una ola de contagio por la variante Ómicron que golpea sin distinción a la humanidad. Finalmente, el tribunal federal austriaco resolvió cancelar la visa del tenista número uno a nivel mundial, por lo que no podrá participar en el Abierto de Australia.   El caso de Djokovic es un perfecto ejemplo del debate sobre la solidaridad nacional y mundial que se debe tener al vacunar al mayor número de pobladores posible para evitar los contagios y sus terribles consecuencias mortales y económicas. Si bien el deseo de cada individuo de recibir o no la vacuna debe ser respetado, dicha libertad individual debe ser coartada cuando exista la posibilidad de ser un portador del virus que puede provocar la muerte en amplios sectores de la población inmunodeprimida, o en los casos extremos de ciudadanos que no han tenido acceso a ninguna dosis del biológico debido al acaparamiento demencial de los países ricos. Como se demuestra en el caso del tenista serbio, las figuras antivacunas y mediáticas son poco proclives a aceptar las restricciones de los diferentes estados y ciudades que dictan medidas preventivas para las personas no vacunadas. La libre decisión de Djokovic de no recibir vacuna es su derecho personal, siempre y cuando se quede aislado en su casa en un acto de responsabilidad ante una pandemia que ya nadie puede negar. No obstante, a pesar de que se informó que el tenista serbio había estado contagiado y con síntomas leves, no dejó de acudir a eventos públicos y reuniones sin las menores medidas de seguridad y con la irresponsabilidad de haber contagiado a muchos de los asistentes. En lo que sí existe una distinción entre los contagiados y vacunados es en la calidad de los tratamientos médicos a los que pueden acceder. Si el tenista serbio requiriera de auxilio médico y hospitalización, sus posibilidades de sobrevivir a una enfermedad grave son muy altas. Lo mismo ocurre para los mandatarios como el expresidente estadounidense Donald Trump, así como para el presidente López Obrador y muchos otros mandatarios que se han contagiado a lo largo de esta trágica pandemia. Aquellos privilegios médicos de los que pueden gozar las cúpulas empresariales, los mandatarios y muchos deportistas de elite mundial no serán nunca accesibles para los ciudadanos comunes, que pudieron infectarse por acudir a algún evento de Djokovic o los reporteros que acuden a las conferencias mañaneras del presidente AMLO. Por lo general, un infectado con enfermedad agravada por Covid-19 es sinónimo de enfrentar un viacrucis interminable. Solamente la solidaridad de todos los ciudadanos, sin distinción de clases, la hermandad de países y el acceso equitativo del biológico sin distinciones, permitirán que la pandemia se pueda ir controlando. Los gobiernos deben garantizar que los mensajes de prevención lleguen de forma correcta, combatir la infodemia de los movimientos antivacunas, pero sobre todo, ser coherentes entre las recomendaciones que realizan, con la actitud personal de sus figuras políticas más importantes." 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AMLO, Novak Djokovic y el Ómicron

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