En Durango, una menor de apenas 14 años murió en una mesa quirúrgica. No fue víctima de una enfermedad ni de un accidente. Su “regalo de 15 años” fue una cirugía estética: implantes de senos, una liposucción y una lipotransferencia de glúteos.
El obsequio, pensado como un paso hacia la “belleza”, terminó con la vida de la adolescente.
La tragedia es todavía más dolorosa cuando se conoce quiénes estaban detrás: la cirugía fue realizada por su padrastro, asistido por su propia madre.
Aquellos que debían cuidar de su vida fueron quienes la llevaron a perderla.
¿En qué clase de sociedad un cumpleaños deja de celebrarse con una fiesta, un viaje o en regalo para una niña y se transforma en bisturí?
¿Cómo entender que una madre entregue a su hija a un quirófano como si la infancia fuera un defecto por corregir?
Esto no es solo negligencia médica. Es un fracaso social y moral. Es la presión desmedida por los cuerpos “perfectos”, el machismo que mercantiliza la belleza femenina, la idea perversa de que una adolescente vale más por cómo luce que por quién es, en un momento en el que su cuerpo no ha terminado de desarrollarse.
El padre biológico, que fue engañado sobre las verdaderas circunstancias, hoy exige justicia. Pero ninguna condena devolverá la vida de su hija.
No obstante, tras este caso, en el Senado de la República se propuso prohibir cirugías estéticas en menores de edad sin justificación médica científica.
El presidente de la Comisión de Salud del Senado, José Manuel Cruz Castellanos, presentó una iniciativa que busca prohibir las cirugías estéticas realizadas sin control, sin sustento científico y, en muchos casos lamentablemente, sin la certificación adecuada, lo que representa un grave riesgo.
Este sábado, 27 de septiembre, la Fiscalía de Durango detuvo al médico que realizó la cirugía —quien además era el padrastro— y a la madre de la menor. Precisamente cuando cientos de duranguenses se unieron a una marcha pacífica para exigir justicia para la menor de edad.
La pareja está acusada de falsificación de documentos, usurpación de profesión, omisión de cuidados y encubrimiento.
Además, las autoridades investigan la probable comisión de homicidio culposo, aunque la confirmación dependerá de los resultados de los exámenes histopatológicos.
El caso nos deja frente a un vacío legal y ético. ¿Es necesario legislar para impedir que padres, madres o supuestos “profesionales” decidan operar a una menor de edad en nombre de la estética? Sí. Pero también debemos reconocer que la raíz es cultural: hemos normalizado la mutilación de la niñez bajo la etiqueta de “regalo”.
Hoy esa pequeña no llegó a celebrar sus 15 años. Su regalo fue su condena. Y la pregunta queda abierta para todos: ¿cómo proteger a las adolescentes cuando son sus propios padres quienes las conducen al quirófano de la muerte?
X: @delyramrez
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