Qin Shi Huang y el trasfondo del conflicto en MORENA

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28 de octubre, 2020

Porfirio Muñoz Ledo y Lazo de la Vega no requiere de mayor preámbulo. Hombre de Estado, talentosísimo y de impresionante trayectoria que nadie pone en duda. No obstante, en recientes semanas nos ha dado un lastimoso espectáculo, una perla de muestra de lo que puede llegar a ser la estupidez humana. Y es que Porfirio se cree presidenciable, sí, aunque a algunos (si no que a todos) les pueda parecer más que una mala broma, un disparate, pero esto así es. O quizás ya se valga decir: “se creía”, a la luz de la más que obvia victoria de Mario Delgado.

Desde la primera comparecencia del Canciller Marcelo Ebrard en el Congreso, ya Muñoz Ledo le lanzaba veneno con su mirada. Tiene la penosa creencia de que, quizás, es eterno y/o inmortal. A sus 87 años ha visto a Ebrard como su contrincante hacía “la grande” (de ganar, gobernaría de los 91 años de edad hasta los 97). Muchos podrán pensar que ni una tortuga de las Galápagos tiene tanta fe en vivir tantos años y además con una salud y energía óptimas para dichos menesteres, pero por descabellado que pueda parecer, así es.

En los recientes, absurdos y estériles conflictos en los que sumió al partido MORENA en el proceso de elección interna, su turbada mente ve la dirigencia partidista como un escalón hacía la Presidencia de la República. Y qué mejor que golpear al contrincante que hace un buen rato debió ser el presidente del partido: Mario Delgado, funcionario plenamente identificado con Ebrard. Los estragos de estas reyertas burdas por el poder, dejaron ya los primeros resultados: mientras MORENA se desgastaba en todos sentidos por los demenciales afanes de Porfirio, el PRI simplemente arrasaba electoralmente en sus bastiones: Coahuila e Hidalgo.

El caso de Muñoz Ledo recuerda al primer gran emperador en lo que hoy es China: Qin Shi Huang. En el siglo III a.C. se empeñó en conseguir el elixir de la eterna juventud. Sus empeños adquirieron dimensiones de Estado: obsesionado con la inmortalidad, no dudó en llegar a usar la fuerza bruta y letal. Esta obsesión acarreó problemas y descontento en sus gobernados.  Y lo más paradójico: su temprana muerte, posterior a la locura, provocada por su obsesión a no morir nunca, y es que la mayoría de las pócimas que consumía contenían un agente sumamente venenoso y letal, el único metal líquido: el mercurio.

Porfirio y Quin llegaron a creer, al parecer, y con milenios de distancia, en la posibilidad de la inmortalidad. Lo cierto es que el Emperador Qin ni siquiera llegó a viejo;  por su parte, Muñoz Ledo jamás será presidente de México y, sin ir más lejos, ni siquiera dirigirá al partido donde hoy milita.

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El universo humano es cada vez más complejo y cambiante, lo que lo hace progresivamente impredecible. Día con día crecen exponencialmente el número de variables potenciales y también la imposibilidad de controlarlas. Por ello el líder necesita aprender a gestionarse en la incertidumbre, otra de las caras ineludibles de la auténtica “nueva normalidad”.  En los últimos artículos hemos especulado acerca de qué características debe tener un líder para encarar los retos a los que nos somete el siglo XXI. 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El chico nacido en el año 2000 puede, desde Ciudad de México, trabajar en cualquier parte del mundo. Qué decir de la tecnología. El mundo del año 2020 es objetivamente más complejo, más diverso, más cambiante, con un sin número de variables que emergen y desaparecen a cada momento y con infinitas posibilidades de combinación entre ellas. Y este campo inmenso de posibilidades, potencialidades y riqueza sin límites se experimenta como un mundo concreto, donde cualquier cosa puede ocurrir en cualquier momento. Campos profesionales emergen mientras otros desaparecen de un día a otro. Mientras que el chico nacido en el año 2000 no tendría idea de en qué consiste la labor de un ascensorista, de una secretaria mecanógrafa, de un fogonero de ferrocarril o de un operador telegráfico, no habría manera de que éste les explicara a sus pares del pasado lo que hace un influencer, un desarrollador de software, un coach de vida, un community mannager, un ingeniero en nanotecnología o un analista de internet.  También en el campo de la ética y de las costumbres las cosas son muy distintas para los tres. Mientras que en los primero dos casos existían sólo dos géneros posibles y una sola combinación aceptable, para el último existe una gama inmensa de posibilidades. Mientras para los primeros dos chicos los roles sociales y de pareja estaban plenamente establecidos, para el nacido en el año 2000 requieren una construcción personal y dinámica. Podríamos explorar las diversas formas de consumo, las posibilidades de ocio, el avance en los medios personales de comunicación y un sin fin de ámbitos más y en cada caso las diferencias en la manera de experimentar la propia vida serían monumentales.  Como se ve, no se trata de una apreciación subjetiva, sino que objetivamente la civilización humana ha tendido a complejidad, a la diversidad, a la especialización, a la pluralidad, a la maleabilidad y al cambio, pero, en todos los casos, imposibles de conducir o predecir. Y, tal como ha ocurrido hasta ahora, estas dinámicas de evolución humana avanzan sin cesar, pero sin que quede claro hacia dónde nos llevan. Esa es la semilla de la incertidumbre.  Pero no todo es miel sobre hojuelas, abundan estudios que aseguran que el incremento desmesurado de posibilidades y la velocidad del cambio incrementan también la ansiedad y la angustia. Esta combinación es la que conduce a un mundo incierto. Podríamos simplificarlo al máximo en una especie de fórmula:   Posibilidades potenciales crecientes + Cambio acelerado e Imprevisible = Incertidumbre = Angustia existencial    No podemos hablar de incertidumbre sin mencionar al físico teórico alemán Werner Heisenberg, quien en 1927, articuló el que, en el campo de la física cuántica, se le conoce como el Principio de Indeterminación de Heisenberg.  Intentando poner este concepto físico-matemático en términos que nos resulten útiles para esta exposición, podríamos simplificar diciendo que para reducir la incertidumbre e incrementar la certeza acerca de algún fenómeno que intentemos predecir necesitamos eliminar variables. Es decir, poniéndolo en términos opuestos: entre más variables interactúen en un fenómeno dado, mayor será la incertidumbre acerca de su comportamiento y resultado. 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Es, entonces, la incertidumbre otra de las caras ineludibles de la auténtica <nueva normalidad>.    En la siguiente entrega abordaremos las últimas de las propiedades indispensables para los liderazgos que aspiren a gestionar con éxito la esperada Era Post-Covid: consciencia de Ejemplaridad.    Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook:  Juan Carlos Aldir   1 Cabe aclarar que, aun cuando la palabra líder suele llevar antes el artículo “el”, no planteo de ningún modo el liderazgo como un tema exclusivamente masculino, por lo cual todas las veces la palabra sea utilizada en este texto se usa con la intención de que represente un concepto neutro en el que pueden encajar indistintamente mujeres y hombres. 2 Innerarity, Daniel, Pandemocracia. 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Pensemos en el nivel Federal: no sabemos qué proyectos de ley piensan apoyar los de un bando u otro, no queda claro hasta dónde están dispuestos a llegar, qué instituciones respetan y cuáles no o qué clase de México tienen en la cabeza cuando aseguran encarnar la “transformación” o cuando afirman que buscan salvarnos de dicha “transformación”.  Más allá de frases y eslóganes huecos que prometen cambio, seguridad, “estar mejor” y generalidades por el estilo, promesas que la mayor parte de las veces ni siquiera depende de ellos, no hay nada más. Las campañas políticas se parecen cada vez más a un concurso de artistas aficionados en busca de followers y cada vez menos a una contienda de ideas donde se busca contrastar visiones diferentes de nación para que el votante pueda decidir.  No sé si está en riesgo la democracia, pero lo que sin duda está riesgo es la integridad, la inteligencia, la ética, el sentido común y la vergüenza. Candidatos que salen de ataúdes, bailes en los semáforos, videos con celebridades, candidato a gobernador que recrea con su esposa a Di Caprio en Titanic, drones pidiendo el voto, fotos comparándose con Obama… anuncios y promocionales en medios y redes sociales vacíos por completo de contenido, donde lo más que se puede discernir de ellos son “ideas” tan básicas como: “Está con madre ser de Monterrey”, “Yo soy progresista”,  “Todo va a estar mejor… ponte nuevo… ponte león… ponte puro Nuevo León” o “El profe trae el cambio”.  El país, sumergido aún en la pandemia, cruza el umbral de la que podría ser la peor crisis económica, social e institucional de las últimas décadas, y me deja atónito que a ninguno de los miles y miles de candidatos que buscan alguno de los más de 21 000 puestos de elección popular en disputa parezca importarles en lo absoluto.  El espectáculo abominable de las campañas políticas, de desinformación, de mentira, de encono, de resentimiento, de banalización, vulgarización, trivialización y frivolidad y de abierta y descarnada lucha por el poder, por el poder en sí, sin importar los medios, francamente aterra y alarma.  Quizá lo que más me asusta del tema es que, desde mi perspectiva, es mucho lo que está en juego, tanto para la democracia en sí como para el proyecto de país que habrá de desplegarse cuando menos la próxima década, mientras que la calidad de la contienda, de la propuesta y de los candidatos no se corresponde con el momento histórico.  Y también, hay que decirlo, como electores dejamos mucho que desear al evitar la exigencia de propuestas inteligentes y realizables y hacerles el juego celebrándoles el tono y el supuesto “ingenio”, como si las campañas políticas fueran parte de un festival de improvisación y comedia en busca de “talento” amateur, en vez de lo que deberían ser: la herramienta principal para exponer ideas, propuestas serias y proyectos de nación.  Tanto quienes son candidatos, como quienes participamos como electores, tenemos que ser conscientes de que de un ejercicio democrático tan limitado, muy poco puede salir. 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Los tres son humanos biológicamente idénticos, nacieron en el mismo planeta y en la misma ciudad; sin embargo, los tres habitan mundos objetivamente distintos en todos los ámbitos lo que conlleva experiencias existenciales radicalmente distintas.  Mientras el chico nacido en 1800 tiene prácticamente definido el entorno donde habrá de desarrollarse: conoce con enorme certeza sus posibles actividades profesionales que está habilitado por sus capacidades, orígenes familiares y circunstancias específicas, tiene muy claro cómo y dónde relacionarse con sus pares, tiene tatuado en el ADN social cómo, cuándo y dónde buscar a la pareja con que deberá fundar una familia, etcétera. Resumiendo, el chico nacido en 1800, con todo y sus escasos veinte años, puede determinar con una certeza muy alta cómo se desarrollará el resto de su vida.  En el caso del chico nacido en 1900, aun cuando el escenario es relativamente semejante al anterior, desciende significativamente el nivel de certidumbre. 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El chico nacido en el año 2000 puede, desde Ciudad de México, trabajar en cualquier parte del mundo. Qué decir de la tecnología. El mundo del año 2020 es objetivamente más complejo, más diverso, más cambiante, con un sin número de variables que emergen y desaparecen a cada momento y con infinitas posibilidades de combinación entre ellas. Y este campo inmenso de posibilidades, potencialidades y riqueza sin límites se experimenta como un mundo concreto, donde cualquier cosa puede ocurrir en cualquier momento. Campos profesionales emergen mientras otros desaparecen de un día a otro. Mientras que el chico nacido en el año 2000 no tendría idea de en qué consiste la labor de un ascensorista, de una secretaria mecanógrafa, de un fogonero de ferrocarril o de un operador telegráfico, no habría manera de que éste les explicara a sus pares del pasado lo que hace un influencer, un desarrollador de software, un coach de vida, un community mannager, un ingeniero en nanotecnología o un analista de internet.  También en el campo de la ética y de las costumbres las cosas son muy distintas para los tres. Mientras que en los primero dos casos existían sólo dos géneros posibles y una sola combinación aceptable, para el último existe una gama inmensa de posibilidades. Mientras para los primeros dos chicos los roles sociales y de pareja estaban plenamente establecidos, para el nacido en el año 2000 requieren una construcción personal y dinámica. Podríamos explorar las diversas formas de consumo, las posibilidades de ocio, el avance en los medios personales de comunicación y un sin fin de ámbitos más y en cada caso las diferencias en la manera de experimentar la propia vida serían monumentales.  Como se ve, no se trata de una apreciación subjetiva, sino que objetivamente la civilización humana ha tendido a complejidad, a la diversidad, a la especialización, a la pluralidad, a la maleabilidad y al cambio, pero, en todos los casos, imposibles de conducir o predecir. Y, tal como ha ocurrido hasta ahora, estas dinámicas de evolución humana avanzan sin cesar, pero sin que quede claro hacia dónde nos llevan. Esa es la semilla de la incertidumbre.  Pero no todo es miel sobre hojuelas, abundan estudios que aseguran que el incremento desmesurado de posibilidades y la velocidad del cambio incrementan también la ansiedad y la angustia. Esta combinación es la que conduce a un mundo incierto. Podríamos simplificarlo al máximo en una especie de fórmula:   Posibilidades potenciales crecientes + Cambio acelerado e Imprevisible = Incertidumbre = Angustia existencial    No podemos hablar de incertidumbre sin mencionar al físico teórico alemán Werner Heisenberg, quien en 1927, articuló el que, en el campo de la física cuántica, se le conoce como el Principio de Indeterminación de Heisenberg.  Intentando poner este concepto físico-matemático en términos que nos resulten útiles para esta exposición, podríamos simplificar diciendo que para reducir la incertidumbre e incrementar la certeza acerca de algún fenómeno que intentemos predecir necesitamos eliminar variables. Es decir, poniéndolo en términos opuestos: entre más variables interactúen en un fenómeno dado, mayor será la incertidumbre acerca de su comportamiento y resultado. Esto es exactamente lo que está ocurriendo con la evolución humana: cada vez hay más variables económicas, sociales, culturales, políticas, tecnológicas, etc., en interacción permanente y, por lo tanto, resulta cada vez más difícil pronosticar con precisión hacia dónde nos dirigimos. Desde luego que esta dinámica, absolutamente real y objetiva, si produce algo, es incertidumbre, siempre escoltada por sus compañeras inseparables: angustia y ansiedad.  Es con esto con lo que hay que lidiar tanto en lo individual como en lo colectivo y asumir la incertidumbre como una compañera cotidiana es una de las tareas más difíciles y a la vez indispensables para ejercer el liderazgos en el siglo XXI. Es, entonces, la incertidumbre otra de las caras ineludibles de la auténtica <nueva normalidad>.    En la siguiente entrega abordaremos las últimas de las propiedades indispensables para los liderazgos que aspiren a gestionar con éxito la esperada Era Post-Covid: consciencia de Ejemplaridad.    Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook:  Juan Carlos Aldir   1 Cabe aclarar que, aun cuando la palabra líder suele llevar antes el artículo “el”, no planteo de ningún modo el liderazgo como un tema exclusivamente masculino, por lo cual todas las veces la palabra sea utilizada en este texto se usa con la intención de que represente un concepto neutro en el que pueden encajar indistintamente mujeres y hombres. 2 Innerarity, Daniel, Pandemocracia. 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Era Covid: Liderazgo⁠  e Incertidumbre 

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