Pareciera que el presidente de los Estados Unidos es el primero en muchos años en preocuparse realmente por la epidemia dantesca de adicciones a las sustancias nocivas y prohibidas en ese país (muy por sobre todo la del fentanilo), pero ni estoy tan seguro de que nivel de preocupación real y lo peor: realmente, en caso de que dicha preocupación sea legítima y no sólo sea (por enésima administración federal) un pretexto de presión para México, el presidente está solo. Me explico:
-De entrada, en ese país a nadie parece importar los “downtowns” zombies a lo largo y ancho del país; ninguna dependencia gubernamental o asociación civil parecen mover un dedo; no se sabe de programas de prevención de centros de rehabilitación para los adictos, como si los hay en prácticamente todos los países, México incluido. Sinceramente, parece un tonto al decir que es “¡una idea genial!” lo que le transmitió la presidenta Sheinbaum acerca de ambiciosas campañas en medios para prevenir adicciones.
-Es imposible que las drogas en aquel país se distribuyan como por arte de magia a cada rincón de su territorio inmenso, siendo además dónde esa industria tiene el mayor valor agregado, ya que el gringo paga a precios de oro cualquier droga ilícita, siendo repartidas incluso por medio de empresas de “delivery” (repartidores de plataforma por aplicación).
-Por tanto, es imposible también que en su país no existan capos qué lideran poderosísimas organizaciones criminales, que cuentan obviamente con sofisticadas redes con esquemas de protección gubernamental para el lavado del dinero por ese concepto obtenido.
-Las armas que se venden allá en cualquier tienda de miles y miles de armerías que existen se exportan impunemente a México, y son estas el instrumento primordial para que las drogas crucen la frontera del Río Bravo.
Ojalá, pues, que alguien se atreviera a hablarle al presidente Trump de la complejidad del fenómeno, y que tome ese país y su gobierno una madura y sería responsabilidad acerca de sus graves culpas en cuanto al consumo de drogas (bestial) que existe en el país de las barras y las estrellas. El que solo resulten presuntos culpables narcos, políticos, funcionarios y empresarios mexicanos sería una burla para México y también para los propios Estados Unidos frente al resto del mundo, que no es estúpido, como los gringos, como a todas luces creen o pretenden hacer ver como que lo creen.
En fin, o toman cartas en esos temas o será la historia de siempre: más chivos expiatorios a la cárcel, que sólo supondrán en el que sean sustituidos por otros sucesores nuevos, sin atacar realmente al problema con resultados satisfactorios, que al final del día el narcotraficante no es sino el eslabón más débil y desechable en toda esa gigantesca industria, problema en el que (hay que decirlo) por distintas razones, los principales culpables están en los Estados Unidos, no en México o en Colombia, o en el país al que insistan en endosar las responsabilidades, renunciando a reconocer las propias y a actuar en consecuencia.
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