¿Podremos reconciliarnos?

En lo que a deporte se refiere, la segunda mayor rivalidad que tenemos es la de IPN-UNAM, sólo por debajo de Chivas-América, y su típica… En lo que a deporte se refiere, la segunda mayor rivalidad que tenemos...

30 de julio, 2015 ipn-unam

En lo que a deporte se refiere, la segunda mayor rivalidad que tenemos es la de IPN-UNAM, sólo por debajo de Chivas-América, y su típica…

En lo que a deporte se refiere, la segunda mayor rivalidad que tenemos es la de IPN-UNAM, sólo por debajo de Chivas-América, y su típica expresión se da en el Futbol Americano.

La mejor época de este deporte se dio en los tempranos 70’s cuando cada casa de estudios tuvo tres equipos en la liga mayor y todos se esforzaban por ser altamente competitivos, quienes presentaban su selección como equipo regular, quienes becaban jugadores extranjeros, quienes se preparaban en USA, o traían entrenadores de allá, etc.

La liga llegó a ser tan pareja que el menos bueno de los equipos de la UNAM llegó a vencer al Tec de Monterrey con sus importados. Fue un gran momento al que le faltó la visión comercial que garantizara crecimiento, negocio y permanencia. Los dirigentes de hoy desperdician ese instrumento con caprichitos como “ya no juego contigo porque siempre me ganas”.

La final de 1973 fue un duelo IPN-UNAM –Águilas Blancas vs. Águilas Reales– con tintes dramáticos.

Los politos habían concentrado su selección del año anterior en Águilas Blancas; tenían convenio con la Universidad de Carolina del Norte para asesoría y capacitación; habían ganado partidos de preparación allá; su pateador admiraba a propios y extraños y llegaban a la final con la moral altísima al  vencer a sus odiados enemigos Pieles Rojas ex politos.

Por su parte los Águilas Reales coronaban sus años de esfuerzos por ser el mejor equipo de la UNAM: al fin habían dejado en el camino a sus famosos hermanos, los Cóndores, pero el precio era muy elevado: el jugador número 50, Francisco Escobedo Aguirre había fallecido el miércoles anterior al romperse un aneurisma en el cerebro al terminar el partido semifinal.

Estaba consciente del riesgo que corría y decidió jugar, esto no disminuía el dolor de sus compañeros; quien ha vivido o al menos conoce el ambiente de fraternidad que se da en un equipo de futbol americano entenderá que no hubo entrenamientos en esa semana, todos estuvieron en el hospital, algunos  donaron sangre  y tuvieron que reanimarse para cumplir el compromiso ofreciéndolo a la memoria de su hermano.

El ambiente previo estaba al máximo, no terminaban ellos su “Wellum” cuando empezábamos nuestra Goya y así sucesivamente; los Águilas Blancas salieron entre los aplausos de los suyos y nuestros abucheos, salieron después un grupito de tres o cuatro muchachos con un envoltorio que resultó ser un cartel bastante grande sostenido por tres palos y que fueron exhibiendo desde el campo a todo lo largo de su tribuna con el aplauso cerrado de todos los asistentes y con una buena rechifla de nuestra parte, tan pronto como empezaron a exhibirlo a la tribuna universitaria cesaban los chiflidos y se trocaban en aplausos; pues… ¿cómo no? Si el cartel decía: “LA TRIBUNA POLITÉCNICA SE UNE AL LUTO DE LA TRIBUNA UNIVERSITARIA”.

Al terminar el recorrido por nuestra tribuna se dejó escuchar el más estruendoso Wellum que jamás escuché y éste salió de las gargantas universitarias.

Las madrinas universitarias invitaron a los jugadores a nuestra tribuna y se les ovacionó; al salir los Reales se desorientaron por completo; se enteraron y entonces las “politas” llamaron a los Reales para brindarles estruendosa Goya. Hoy todavía me es muy difícil describir mis sentimientos y emociones, que  al recordarlos los vuelvo a vivir.

Había una final por jugar, no podría haber mayor motivación en los dos equipos, muchas alternativas, en determinado momento una discusión de reglamento dio una pausa demasiado larga en el terreno que las tribunas aprovecharon para animar a sus equipos con atronadoras porras; perfectamente ordenadas, cada tribuna esperaba que la de enfrente terminara para empezar la propia, el partido fue modelo de limpieza, no recuerdo una falta por rudeza innecesaria. Ganaron los Blancos por 21 a 19.

Había ganado México, la hermandad que se vivió a la salida del estadio, las felicitaciones y condolencias sinceras que invitaban a vernos el año siguiente permitían vislumbrar un futuro promisorio.

De esta madera estamos hechos, la nobleza habita en nuestros corazones, la virilidad nos hace esforzarnos por alcanzar nuestros objetivos, ojalá estos valores alcancen a nuestros disidentes y políticos haciendo oídos sordos a los que acusan de traidores a los que no piensan como ellos. Colaboremos viviendo nosotros de acuerdo con estos valores confiando en que llegarán a ellos por contagio y así lograremos la tan urgente reconciliación nacional.

Comentarios
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Si a un hombre arcaico le enseñásemos una imagen a todo color de una calculadora científica, de una impresora, de una pelota de golf o una foto de la Tierra vista desde el espacio, serían imágenes que no le significarían nada, porque carecería de referencias para interpretarlas y de las palabras necesarias para nombrarlas. Para poder reconocer la riqueza conceptual de esas figuras se requiere conocer el signo, entender su significado y funcionamiento y poseer la capacidad narrativa y la calidad y cantidad de lenguaje suficiente para expresar su significado.   No se trata de defender obviedades, del tipo: es necesario mejorar los programas de lengua española para niños de primaria y secundaria –cosa que no estaría mal–, pero esto va mucho más allá. Un individuo con capacidades limitadas en el uso del lenguaje no sólo tendrá problemas para expresarse de forma completa y correcta, sino algo mucho más serio: le faltarán ladrillos para construir conceptos, engranes para articular ideas, piezas para acoplar argumentos, colores para dibujar matices; en una palabra, estará imposibilitado para pensar de forma compleja y profunda y estará condenado a vivir preso en un mundo estrecho y chato.   En cierto sentido es verdad que una imagen vale más que mil palabras. Puede contener símbolos, remitir a infinidad de significados, amplificar los estímulos, retratar una amplia gama de tonalidades y todo a partir de un solo golpe de vista, de una sola impresión.  Sin embargo esta aparente verdad puede esconder una terrible trampa: para que una imagen valga más de mil palabras, lo primero que el observador debe tener en su almacén cognitivo son precisamente “las mil palabras” en cuestión. Si quienes vemos la imagen carecemos de ellas y sólo tenemos, digamos, doscientas –es decir, que desconocemos conceptos implícitos o explícitos de la imagen, pasamos por alto valores simbólicos, no estamos empapados del contexto histórico que dio lugar a la escena, etc.–, para nosotros esa imagen no valdrá mil, sino doscientas palabras.  A pesar de que en los tiempos que corren la imagen ha tomado un papel preponderante gracias a su inmediatez y a su aparente facilidad para ser interpretada, los conceptos, sentimientos, emociones, ideas, esperanzas e ilusiones los solemos caracterizar con palabras. Desde este punto de vista, las imágenes no valen mil palabras, sino que resumen y contienen potencialmente esas mil palabras que quien observa la imagen debe decodificar a partir de su conocimiento previo. Sin poseer a priori las palabras, sin el contexto de conocimiento apropiado, las imágenes dirán muy poco. Esas imágenes sólo comunican en función del conocimiento pre-adquirido y los contextos culturales adecuados para decodificarla de manera profunda.  Imaginemos que “escroleando” Facebook nos aparece la fotografía de un individuo de cierta edad vestido de blanco al que una multitud de ancianos le lanza huevos. Si no tengo ningún otro contexto me parecerá una escena humorística sin mayores implicaciones. Pero si dentro de mi bagaje de conocimiento me doy cuenta de que el sujeto de la agresión es el Papa Francisco y quienes lo agreden son un grupo de indignados Cardenales, y si además estoy familiarizado con las últimas declaraciones del pontífice, donde definde la validez espiritual de las uniones matrimoniales de personas del mismo sexo, entonces la imagen me dirá mucho más que al principio.  La imagen puede, en efecto, contener una enorme riqueza de contenido, matices, texturas y dimensiones susceptible de ser captados de forma inmediata, pero accederemos a ese núcleo de significados en función a nuestra capacidad lingüística para discernir y conceptualizar lo que cada uno de estos elementos significa. 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El artículo 22 del Código Civil Federal es una verdadera joya que data del Derecho Romano; y desde que los romanos nos legaron su sistema jurídico, los seres humanos NO hemos logrado superar en forma alguna aquél extraordinario conjunto de normas jurídicas que por su calidad hoy siguen vigentes en la inmensa mayoría de los países.   De lo hasta aquí expuesto, tenemos que desde el momento en que el individuo es concebido ENTRA BAJO LA PROTECCIÓN DE LA LEY. En consecuencia, la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha emitido un fallo que viola directamente lo dispuesto por una norma federal VIGENTE como es el artículo 22 del Código Civil Federal. Pero más aún; Si se priva de la vida a un ser al que el derecho civil vigente LO TIENE POR NACIDO, se comete un homicidio que la ley distingue como ABORTO porque la víctima permanece en el vientre materno donde no puede defenderse por sí mismo. 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Si a un hombre arcaico le enseñásemos una imagen a todo color de una calculadora científica, de una impresora, de una pelota de golf o una foto de la Tierra vista desde el espacio, serían imágenes que no le significarían nada, porque carecería de referencias para interpretarlas y de las palabras necesarias para nombrarlas. Para poder reconocer la riqueza conceptual de esas figuras se requiere conocer el signo, entender su significado y funcionamiento y poseer la capacidad narrativa y la calidad y cantidad de lenguaje suficiente para expresar su significado.   No se trata de defender obviedades, del tipo: es necesario mejorar los programas de lengua española para niños de primaria y secundaria –cosa que no estaría mal–, pero esto va mucho más allá. Un individuo con capacidades limitadas en el uso del lenguaje no sólo tendrá problemas para expresarse de forma completa y correcta, sino algo mucho más serio: le faltarán ladrillos para construir conceptos, engranes para articular ideas, piezas para acoplar argumentos, colores para dibujar matices; en una palabra, estará imposibilitado para pensar de forma compleja y profunda y estará condenado a vivir preso en un mundo estrecho y chato.   En cierto sentido es verdad que una imagen vale más que mil palabras. Puede contener símbolos, remitir a infinidad de significados, amplificar los estímulos, retratar una amplia gama de tonalidades y todo a partir de un solo golpe de vista, de una sola impresión.  Sin embargo esta aparente verdad puede esconder una terrible trampa: para que una imagen valga más de mil palabras, lo primero que el observador debe tener en su almacén cognitivo son precisamente “las mil palabras” en cuestión. Si quienes vemos la imagen carecemos de ellas y sólo tenemos, digamos, doscientas –es decir, que desconocemos conceptos implícitos o explícitos de la imagen, pasamos por alto valores simbólicos, no estamos empapados del contexto histórico que dio lugar a la escena, etc.–, para nosotros esa imagen no valdrá mil, sino doscientas palabras.  A pesar de que en los tiempos que corren la imagen ha tomado un papel preponderante gracias a su inmediatez y a su aparente facilidad para ser interpretada, los conceptos, sentimientos, emociones, ideas, esperanzas e ilusiones los solemos caracterizar con palabras. Desde este punto de vista, las imágenes no valen mil palabras, sino que resumen y contienen potencialmente esas mil palabras que quien observa la imagen debe decodificar a partir de su conocimiento previo. Sin poseer a priori las palabras, sin el contexto de conocimiento apropiado, las imágenes dirán muy poco. Esas imágenes sólo comunican en función del conocimiento pre-adquirido y los contextos culturales adecuados para decodificarla de manera profunda.  Imaginemos que “escroleando” Facebook nos aparece la fotografía de un individuo de cierta edad vestido de blanco al que una multitud de ancianos le lanza huevos. Si no tengo ningún otro contexto me parecerá una escena humorística sin mayores implicaciones. Pero si dentro de mi bagaje de conocimiento me doy cuenta de que el sujeto de la agresión es el Papa Francisco y quienes lo agreden son un grupo de indignados Cardenales, y si además estoy familiarizado con las últimas declaraciones del pontífice, donde definde la validez espiritual de las uniones matrimoniales de personas del mismo sexo, entonces la imagen me dirá mucho más que al principio.  La imagen puede, en efecto, contener una enorme riqueza de contenido, matices, texturas y dimensiones susceptible de ser captados de forma inmediata, pero accederemos a ese núcleo de significados en función a nuestra capacidad lingüística para discernir y conceptualizar lo que cada uno de estos elementos significa. Por eso la amplitud de nuestro vocabulario y destreza con que manejemos sus particularidades y matices amplifica o limita nuestra capacidad de entendimiento y de construcción de conceptos e ideas, lo que se traduce ni más ni menos que en nuestra capacidad potencial de pensar.  Un individuo con un vocabulario total de quinientas palabras habita un mundo mucho más estrecho, pobre y descolorido que alguien cuyo acervo es de cinco mil, aun cuando ambos compartan el mismo espacio físico y los mismos estímulos.  Si bien nuestra capacidad cognitiva (I.Q.) es la materia prima de nuestra inteligencia, el potencial creativo y de generación de ideas, relaciones y pensamientos complejos depende directamente de la amplitud de nuestro vocabulario descriptivo y conceptual. Para crear una idea o un concepto necesitamos las palabras adecuadas y suficientes para cincelarlo.    Para que una imagen valga mil palabras, primero hay que tener bien aprendidas las mil palabras y los conceptos que guardan en su núcleo. El lenguaje es una estructura comunicacional que no sólo nos permite hablar con el otro: antes que ninguna otra cosa, nos faculta para hablar con nosotros mismos, explicarnos nuestra vida y el mundo y crear una imagen sólida de quienes somos. Si nos faltan palabras, esa imagen propia resulta endeble e impreciso.      Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook:  Juan Carlos Aldir" ["post_title"]=> string(39) "Una imagen no siempre vale mil palabras" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(39) "una-imagen-no-siempre-vale-mil-palabras" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-09-10 10:30:33" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-09-10 15:30:33" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=70284" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } ["comment_count"]=> int(0) ["current_comment"]=> int(-1) ["found_posts"]=> int(44) ["max_num_pages"]=> float(22) ["max_num_comment_pages"]=> int(0) ["is_single"]=> bool(false) ["is_preview"]=> bool(false) ["is_page"]=> bool(false) ["is_archive"]=> bool(true) ["is_date"]=> bool(false) ["is_year"]=> bool(false) ["is_month"]=> bool(false) ["is_day"]=> bool(false) ["is_time"]=> bool(false) ["is_author"]=> bool(false) ["is_category"]=> bool(true) ["is_tag"]=> bool(false) ["is_tax"]=> bool(false) ["is_search"]=> bool(false) ["is_feed"]=> bool(false) ["is_comment_feed"]=> bool(false) ["is_trackback"]=> bool(false) ["is_home"]=> bool(false) ["is_privacy_policy"]=> bool(false) ["is_404"]=> bool(false) ["is_embed"]=> bool(false) ["is_paged"]=> bool(false) ["is_admin"]=> bool(false) ["is_attachment"]=> bool(false) ["is_singular"]=> bool(false) ["is_robots"]=> bool(false) ["is_favicon"]=> bool(false) ["is_posts_page"]=> bool(false) ["is_post_type_archive"]=> bool(false) ["query_vars_hash":"WP_Query":private]=> string(32) "4ffe913544712a1686dfd124a13f86b5" ["query_vars_changed":"WP_Query":private]=> bool(false) ["thumbnails_cached"]=> bool(false) ["stopwords":"WP_Query":private]=> NULL ["compat_fields":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(15) "query_vars_hash" [1]=> string(18) "query_vars_changed" } ["compat_methods":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(16) "init_query_flags" [1]=> string(15) "parse_tax_query" } }

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