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Opiniones infundadas

En general damos nuestra opinión acerca de todo sin verdaderos fundamentos. No tenemos la menor idea acerca de aquellos sobre quienes derrochamos una parte de nuestra energía expresando opiniones lapidarias que solo causan daño sin reparar un...

10 de noviembre, 2023 Opiniones infundadas

En mayo de 2018 las periodistas An Phung y Chloe Melas publicaron en el portal de CNN un largo artículo donde denunciaban al actor Morgan Freeman, en ese momento de ochenta años, por abuso y comportamiento inapropiado contra cuando menos dieciséis mujeres1

De inmediato el actor ofreció una disculpa: “Cualquiera que me conoce o ha trabajado conmigo sabe que no soy alguien que intencionalmente ofendería o haría sentir incómodo. Me disculpo con cualquiera que se haya sentido incómoda o no respetada, esa nunca fue mi intención2”. 

Sin embargo, la declaración no fue atendida, pues, influidos por tsunami de denuncias que significó el movimiento #MeToo, infinidad de medios se reprodujeron la nota, amplificaron la descalificación y el actor fue víctima de un encarnizado y unánime linchamiento digital que le significó, no sólo el impacto de la campaña en sí, sino la cancelación del contrato publicitario que tenía con la empresa Visa. 

Lo que casi ninguno de los medios que se hicieron eco del linchamiento no resaltaron fue que la denuncia periodística original se basaba en catorce fuentes anónimas y que, de las dos restantes, una era la propia periodista que firmaba la nota, Chloe Melas, y la otra era Tyra Martin, productora del programa WGN TV News quien de inmediato se deslindó de la acusación afirmando que sus declaraciones fueron distorsionadas por la CNN y que nunca se sintió acosada por Freeman.

Un par de meses después el periodista Tomoo Terada, de la Red Ética de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, publicó un largo artículo3 donde desmontaba la impostura explicando punto por punto las inconsistencias de la acusación, en especial lo referente a las supuestas fuentes anónimas, que jamás existieron.   

Desde luego que, una vez que se demostró que la acusación era falsa y el linchamiento injusto, no se escuchó por ningún lado un coro de reivindicaciones proporcional al hostigamiento. Y la pregunta es ¿por qué?

No hay duda de que los delitos y los abusos deben denunciarse e investigarse sin importar quienes sean los involucrados, pero ¿por qué no esperar a que se exhiban las pruebas, se emitan las resoluciones oficiales y se esclarezca cada caso para que, como público desvinculado del asunto y que ni siquiera conoce a los involucrados, emitir una opinión? 

Ahora, demos otra vuelta de tuerca al asunto: qué pasaría si en un par de años saliera de nuevo una publicación que afirmara que Morgan Freeman es un violador, un abusador, un ladrón de bancos o que cometió cualquier otro delito de gravedad. ¿De nuevo saldrían en tropel infinidad de voces a defenestrarlo? ¿Y si se volviera a demostrar que la acusación es falsa? ¿Hasta dónde estamos dispuestos a que nuestra opinión sea un juguete con el que se divierten (y se enriquecen) ese pequeño grupo que manipula el mainstream4 informativo? ¿Cuántas veces, en qué circunstancias y contra quienes estamos dispuestos a dejarnos llevar por ese vaivén caprichoso y frívolo de las corrientes dominantes de opinión?

Piénsalo por un momento, ni de Morgan Freeman ni de la inmensa mayoría de los individuos que forman parte del mundo del deporte, del espectáculo, de la aristocracia o de la política sabemos realmente nada. No tenemos idea de si son buenas personas o fingen serlo, desconocemos por completo cómo de desarrolla su vida privada, qué desayuna, cómo duerme, cómo trata a su pareja o a sus hijos, no sabemos qué piensa, si fue o no buen estudiante, no sabemos si tiene impulsos nobles o inconfesables, si es generoso o tacaño, si es egoísta o empático. En una palabra, no tenemos la menor idea acerca de aquellos sobre quienes derrochamos una parte de nuestra energía expresando opiniones lapidarias que solo causan daño sin reparar un ápice la supuesta injusticia que los detonó. 

La próxima semana continuaremos explorando el tema de la opinión. 

Web: www.juancarlosaldir.com

Instagram:  jcaldir

Twitter:   @jcaldir   

Facebook:  Juan Carlos Aldir

1 CNN-entertainment, An Phung y Chloe Melas, Women accuse Morgan Freeman of inappropriate behavior, harassment, 28 de mayo de 2018.

2 de marzo 2023

https://edition.cnn.com/2018/05/24/entertainment/morgan-freeman-accusations/index.html

2 “Anyone who knows me or has worked with me knows I am not someone who would intentionally offend or knowingly make anyone feel uneasy. I apologize to anyone who felt uncomfortable or disrespected- that was never my intent.”

Este texto puede verse también en el enlace anterior, donde las periodistas dan una una entrevista en el espacio de Don Lemon y explican su artículo.

3 Red Ética, Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, Tomoo Terada, Dando a luz un fraude periodístico: Morgan Freeman y CNN, 12 de julio 2018.

Consulta 2 marzo 2023

https://fundaciongabo.org/es/etica-periodistica/blogs/dando-luz-un-fraude-periodistico-morgan-freeman-y-cnn

4 Anglicismo que se refiere a la tendencia dominante o la corriente hegemónica de una idea, producto, ideología o concepto de conocimiento o consumo general y masivo.

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Juan Carlos Aldir
Juan Carlos Aldir Licenciado en Filosofía y maestro en Filosofía y crítica de la cultura por la Universidad Intercontinental. Cursó un posgrado en Psicología, en la Escuela de Psicología Transpersonal Integral y el diplomado en Creación Literaria que imparte la Escuela de Escritores de México, SOGEM. Desde muy joven ha participado en diversos talleres literarios y colaborado en diversas publicaciones. En el año 2013 apareció su primera novela, Asesino de muertos, bajo el sello Punto de Lectura. En 2019 Editorial Planeta publicó su segunda novela: Donde empieza la noche. Web: www.juancarlosaldir.com Instagram: jcaldir Twitter: @jcaldir Facebook: Juan Carlos Aldir
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