Porfirio Muñoz Ledo y Gibrán Ramírez, quienes contendieron a la presidencia del partido MORENA sin éxito, tenían razón, sin duda, cuando expresaron su temor a que el partido no escuchara ni tomara en cuenta las voces de sus bases, compuestas por un amplio movimiento social que es MORENA.
Ojo, que MORENA mucho antes que un simple membrete de partido político es la voz del lacerado pueblo mexicano que en los últimos 20 años se vio humillado hasta la ignominia. No quiero decir que en las décadas anteriores el país fuera un paraíso, sino que el engaño y burla se hicieron más patentes a partir del supuesto cambio del año 2000 (que realmente comenzó en 1996 con las reformas electorales impulsadas de buena fe por liderazgos ya desaparecidos y de la voluntad política del presidente Zedillo, que llevaban en sus manos el sentir ciudadano de cambio verdadero y democrático de régimen). Todo el ya citado cambio, para sorpresa y horror de las mayorías, existió, pero en sentido inverso a lo presupuestado. La decadencia en todo su esplendor se enseñoreó de este país en ese relativamente corto período de tiempo; quizás con una de sus pocas excepciones: la Ciudad de México, gracias al trabajo de su Jefe de Gobierno de 2000 a 2005, el hoy presidente Andrés Manuel López Obrador, que sentó las bases y cimientos de una Ciudad de libertades, derechos y extraordinaria administración pública, con idéntica mística de lo que hoy vemos como los primeros y prometedores ladrillos de una imponente obra denominada cuarta transformación de la vida pública en México.
Ahora que hay múltiples procesos por todo el país para la elección democrática de innumerables candidatos a cargos de elección popular, se comienzan a escuchar voces de descontento, precisamente por no tomar en cuenta la voluntad popular, mediante intentonas de imposiciones cupulares, que si se concretan, solo minarán al MORENA partido, pero nunca al MORENA movimiento social que, ojo, no es lo mismo pero ni de lejos.
Hay que recordar que en sus primeros años como un político con un aura y una mística que solo se pueden ver quizás cada siglo, Andrés Manuel López Obrador trató, como presidente del PRI en Tabasco, democratizar al entonces partido único en su entidad, atrevimiento que le costó el puesto. El entonces gobernador Enrique González Pedrero lo intentó seducir con una posición donde se manejaban millonarios recursos, y él sencillamente no aceptó, renunciando con una dignidad más que ejemplar.
Que no se siga equivocando la dirigencia de MORENA (partido). Que sepan lo evidente, que sí hay MORENA por fuera del partido, sí hay posibilidad de una cuarta transformación sin obligatoriamente ir de la mano con dicho instituto político, y que también hay lopezobradorismo fuera de MORENA (corriente política indisolublemente ligada al cambio verdadero y la transformación ya en marcha). Un partido político no es el pueblo, ni tampoco sus más hondos anhelos de cambio y deseos de elemental Justicia. La burla a todo lo anterior por parte de MORENA partido, supondría una traición vil a MORENA movimiento, al lopezobradorismo y a la cuarta transformación. Que no se subestime, insisto, a la gente, que sabe reconocer las anteriormente descritas diferencias. Aún se está a tiempo de no convertir a MORENA en una triste segunda parte del vergonzoso ocaso que vivió ya el PRD.
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