Tlaxcala tiene el sambenito de “pueblo traidor” debido a haberse convertido en uno de tantos pueblos originarios aliados de las huestes españolas de Hernán Cortés en el sitio a Tenochtitlan y caída del imperio en la última batalla: la de Tlatelolco, en agosto de 1521.
Una de las razones de que Tlaxcala sea hoy la entidad federativa más pequeña de las 32 que integran la República Mexicana viene de ciertos privilegios y prebendas que estos se ganaron ante la metrópoli española, títulos nobiliarios incluidos. Pero si bien los tlaxcaltecas tuvieron una importancia toral en el triunfo militar de los españoles, guerra la cual se ganó, con una batalla NAVAL (si, en lo que es hoy la CDMX) como la decisiva, estos señores tlaxcaltecas sólo eran uno de las casi 400 Ciudades-Estado sojuzgados por un ya total y completamente abusivo y cruel imperio mexica, muchos de los cuales vieron en los “teules” (dioses) barbados y forrados de acero españoles su salvación ante el pie tenochca que padecían sobre su cuello.
El primer pueblo que entabla diálogo con Hernán Cortés es el totonaca (costa norte del Golfo de México), en particular la Ciudad de Cempoala (hoy en Veracruz), mediante su Tlatoani, Xicomecoatl, el llamado cacique gordo de Cempoala, quien en efusivo encuentro con Cortés se queja amargamente del sojuzgamiento por parte de México/Tenochtitlan. Cortés hace prisioneros a cinco calpixques (recaudadores de impuestos) del imperio al acudir estos a Cempoala por los tributos que debían al tirano Rey Moctezuma.
Cortés hábilmente deja en libertad a dos de estos recaudadores de impuestos, y a los otros tres dice el enviarlos prisioneros, pero los lleva lejos de la zona totonaca a liberarlos también, esto con el fin de fingir amistad con un Moctezuma obnubilado por la superchería, al tiempo de ir tejiendo alianzas con los pueblos enemistados con su sanguinario imperio.
Así pues, que si Cortés hubiera encontrado a una Tenochtitlan no dividida y organizada, como era idea del después efímero Tlatoani Cuitláhuac, de gestionar sus territorios a la manera de una poderosa Federación de Ciudades-Estado, con un marcado centralismo, pero sin haber engendrado semejantes odios y resentimientos hacia la Metrópoli, quizás el proceso histórico llamado “la conquista” pudo haber sido poco menos traumático, con algo más de margen de tiempo para la llegada de los frailes de distintas órdenes, con especial énfasis en la franciscana para atenuar y/o evitar abusos hacia los naturales.
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