MORENA se juega credibilidad en Guerrero

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17 de diciembre, 2020

El exalcalde y presidente nacional del partido Movimiento Ciudadano (MC), Luis Walton Aburto, en días recientes renunció al partido que en gran medida le ayudó a crecer prácticamente de la nada, desde que a principios de la década pasada se le negara la candidatura del PRI a la presidencia municipal de Acapulco. Después de varios intentos infructuosos al hilo, en 2012, y gracias al apoyo en alianza del entonces poderoso Partido de la Revolución Democrática (PRD) logra su anhelo de convertirse en alcalde de su terruño querido. 

Si bien heredó una situación poco deseable de la desastrosa administración anterior, su papel no fue para nada malo. No obstante, en una decisión inesperada por sus votantes, abandonó el cargo un año antes para contender por la gubernatura del estado, con la seguridad de tener en sus manos un arreglo con el gobernador con licencia Ángel Aguirre Rivero, para nominarlo como candidato del PRD en alianza con MC.

Los planes no le salieron a Walton como lo había pensado.  El PRD no aceptó sumar al partido MC a la alianza de las izquierdas y en cambio, abanderó a Beatriz Mojica como su candidata por lo que  decidió irse como candidato único de MC, pero mediando un pacto con el hoy gobernador Astudillo, ya que con la izquierda dividida en las boletas electorales, le allanaba el triunfo al partido tricolor en la gubernatura. Todo esto, claro, a cambio de algunas carteras en el gabinete estatal, de nuevo priista.

En  2018, otra decisión pésima de cálculo político que hizo el partido Movimiento Ciudadano, fue irse en alianza con la ultraderecha del PAN para las elecciones federales, y todo lo que ésta representa (El “Jefe” Diego, Juan Collado, Meade, Fox y Calderón, etc.).  Ahí el licenciado Walton y su partido perdieron una oportunidad de oro porque ante la negativa de López Obrador de aceptarlos como aliados, bien el partido MC pudo lanzar un candidato propio a la presidencia, incluso el mismo Luis Walton encabezando la candidatura, o bien Walton pudo renunciar al partido naranja y sumarse a la campaña del hoy presidente López Obrador. Ninguno de estos dos supuestos ocurrió, antes bien, no faltan las fotografías de Walton alzándole la mano y/o acompañando al tristemente célebre “Ricky Riquín Canallín” (Ricardo Anaya Cortés) en su malograda campaña presidencial. MC y su cúpula subestimaron al Pueblo de Guerrero y México, y éste no lo olvida.

Hoy, Luis Walton está ya en las filas de MORENA y es precandidato a la gubernatura.  Si bien puede considerarse una suma valiosa,  lo cierto es que llega tarde y se siente como un balde de agua helada, tanto en los liderazgos de la izquierda histórica en el estado como en las bases morenistas.  

Walton se ha autodenominado no pocas veces como aspirante a Gobernador “de unidad por las izquierdas”. Se sabe de su cercanía con el canciller Marcelo Ebrard y con otros encumbrados morenistas, pero cualquier intento de imposición por parte de las cúpulas de Walton como candidato, podría provocar cuando menos un cisma en la izquierda guerrerense, pues el descontento y desconcierto ya se constata. En resumidas cuentas, se considera que es bienvenido Walton en MORENA a sumar, pero comenzando desde donde corresponda, y sin intentos por brincarse las trancas.

 Una imposición arbitraria e incluso turbia en el resultado de la encuesta en cualquier entidad, en especial Guerrero, donde en los sondeos, Félix Salgado Macedonio luce inalcanzable, pudiera poner en evidencia que MORENA (partido) no es lo mismo que MORENA (amplísimo movimiento social) ni tampoco que el lopezobradorismo. Se puede también llegar al punto de mostrar que el proceso histórico de la cuarta transformación de la vida pública en México tiene vida por fuera de MORENA, que es muchísimo más elevado en sus afanes, que un partido político y todas las taras que llevan éstos consigo implícitas.

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Ahí podemos ver cómo cada uno de los personajes tiene, dentro de la cabeza –la ubicación de este “cuarto de mando” no es casual, pues ahí se ubica el cerebro, al cual el ser humano le atribuye la función de pensar– una serie de pequeños entes que representan distintas voces. En el caso de la película de Disney, esencialmente se retratan las distintas emociones, que se “coordinan” entre sí, con mayor o menor fortuna según sea la situación y mediante las cuales los personajes se gestionan a sí mismos en su relación con el mundo y los demás.  En la existencia real el asunto de complejiza porque, además de la capacidad de pensar y de las emociones, un ser humano promedio posee muchas otras dimensiones que interactúan entre sí de forma dinámica y permanente: Las sensaciones son los estímulos e información que recibimos del mundo exterior y que debemos interpretar en aras de sobrevivir y adquirir conocimientos. Tenemos también sentimientos, entendidos como emociones complejas que, a diferencia de las emociones primarias, que se alternan y estallan de forma aleatoria y con distintas intensidades según la situación –tristeza, asco, miedo, enfado, alegría y sorpresa–,  son estables y se mantienen en el tiempo. Mientras que pasamos del enojo a la alegría en minutos, el aprecio que sentimos por alguien se construye y se mantiene a lo largo del vínculo o incluso más allá, pudiendo mantenerse intacto a pesar de la muerte.  Tenemos también impulsos, intuiciones e instintos, éstos últimos asociados con nuestra parte más animal. Y, desde luego, un cuerpo físico que ocupa un lugar en el espacio, que está formado por diversos órganos y sistemas y mediante el cual habitamos el mundo.  Esta complejidad vistas desde una supuesta comprensión integradora, está muy lejos de operar satisfactoriamente como eso, como una unidad, para parecerse más a un cúmulo disociado de facultades interdependientes que aún estamos en el camino de aprender a gestionar.  Por eso es perfectamente natural que escuchemos a alguien decir (o incluso que lo digamos nosotros mismos) cosas como: es que ése que golpeó a alguien “no era yo”. Es que no sé qué me pasó, lo dije sin pensar. Es que no es eso lo que creo. 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El cuerpo de ninguna mujer merece ser mancillado por los golpes, el abuso sexual, las balas, los cuchillos, el ácido o los bates. Las mujeres no somos mercancías que se puedan vender y comprar a placer. El cuerpo de ninguna mujer debe yacer sin vida en un basurero, desmembrado en un terreno baldío, en una cisterna, en un bordo, en un río o en una fosa clandestina. Las mujeres tenemos derecho a ejercer plena y libremente todos y cada uno de nuestros derechos humanos y fundamentales, a que nuestra dignidad humana sea respetada, así como a vivir una vida libre de violencia. Tenemos derecho a la verdad, al acceso a la justicia, a la reparación integral del daño y a ser protegidas por el Estado; también a saber cuál es la relación que guardan entre sí las desapariciones, la trata de personas y los feminicidios. La literatura y las religiones se quedaron cortas en la descripción de lo que es el infierno. 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