La educación tradicional nos enseñó a muchos que el ciclo de la vida consiste en nacer, crecer, reproducirse y morir; mientras que según las reflexiones del psicoanálisis el ser padre o madre es una condición que no se reduce únicamente al proceso biológico, sino se extiende a una función que está estructurada por el contexto cultural y el desarrollo emocional y psicológico de los individuos involucrados en el proceso. De ello se puede interpretar que sin importar si hay un vínculo o no, todos somos hijos de alguien y muchos son padres también de alguien y eso ha sido así desde el inicio de los tiempos.
La razón por la que escribo hoy sobre este tema, tiene que ver con que hace un tiempo comencé a ver a hombres y mujeres mostrando su maternidad o en su caso la paternidad como una símbolo personal para escalar o darse a notar dentro de la política, particularmente en otros países; por ejemplo, el caso de la senadora australiana Larissa Waters: en 2017 llamó la atención de la prensa internacional al convertirse en la primera política en amamantar a su bebe en el Congreso Australiano y posteriormente se convirtió en una impulsora de medidas a favor de la conciliación entre el trabajo y las tareas del cuidado de los hijos.
Sin lugar a dudas, una de las políticas mas destacables a nivel mundial es la todavía representante de la ciudad de San Francisco (California) en el Capitolio de los Estados Unidos de America, Nancy Pelosi, quien en sus biografías describe que su mayor vocación de vida ha sido ser mamá de cinco hijos en un lapso de seis años. Sin embargo, tras su llegada al Capitolio, Pelosi escaló las posiciones de liderazgo dentro de la bancada demócrata llegando a ser en dos ocasiones presidenta de la Cámara de Representantes en ese país. En esas dos ocasiones, al asumir el cargo lo hizo rodeada de niños, hijos de sus compañeros y de sus propios nietos, acción que tuvo implícitas señales, tales como la dedicación que en su tiempo tuvo su rol de madre y lanzar señales de que es la mujer más poderosa con la que se podría tratar.
En 2018 el mundo conoció por diferentes encabezados a una mujer de nombre Jacinda Andern, quien se convertía en primera ministra de Nueva Zelanda y madre primeriza, convirtiéndose en ese momento en la segunda líder mundial en dar a luz mientras estaba en el encargo, hasta ese momento de la historia, la única había sido la pakistaní Benzair Bhutto, en 1990. Andern fue aún mas reconocida cuando expuso al diario New York Times que estaba preparada para hacer malabares con sus responsabilidades y que podría estar en una conferencia de prensa con un pequeño derrame en su ropa, que no sería la primera mujer en trabajar y tener un bebé y que haría todo para hacer que su familia funcione.
Menciono los casos anteriores, ya que desde mi punto de vista son algunos de los contados casos de hasta en su momento mujeres han hecho historia en sus países, a pesar de los roles que se han impuesto principalmente a las mujeres y que han sido motivo de lucha por la igualdad en espacios públicos y privados, logrando equilibrar la maternidad con el desarrollo profesional. Sin embargo con el paso de estos años he comenzado a notar cómo el ejercicio de la maternidad y la paternidad se está convirtiendo como un atractivo en la forma de hacer política, principalmente entre los políticos jóvenes.
Uno de los casos más destacables es la reciente noticia del embarazo de la morenista Andrea Chávez, quien en su camino hasta su curul en el Senado de la República ha compartido parte de su vida personal, tal como su relación Abraham Mendieta, de quien no estamos claros qué oficio o beneficio tenga para México. Sin embargo hace unos días, se convirtió en nota que la Senadora Chávez está atravesando su quinto mes de embarazo y que el padre del bebé que espera es Emil Kamar, quien se dice que es un empresario originario de Ciudad Juárez (Chihuahua), y que forma parte de una familia con presencia económica en dicha ciudad e inversionista en los Estados Unidos. Sin embargo, la noticia de su embarazo se da al tiempo en el que la Senadora ha manifestado sus deseos de convertirse en la Coordinadora de los Trabajos territoriales en el Estado de Chihuahua, es decir, en ser la candidata a la gubernatura por morena.
Querétaro es otra de las Entidades que se enfrentaran al proceso de elección de su mandatario local en 2027 y quien también ya levantó la mano desde hace tiempo es el panista Agustín Dorantes, representante del Estado en el Senado, Dorantes es un joven senador que hace unos meses se estrenó como padre de familia y ha convertido en costumbre mostrar como equilibra su vida legislativa con la gran responsabilidad de tener a un bebé, como lo hizo hace unos días mostrándose con su hijo regalándole su primer libro, situación que despertó elogios y algunas criticas en las redes sociales.
Otro que es muy asiduo a mostrar su estilo de vida como gobernador y padre de familia es el emecista Samuel García, quien disfruta de enseñar el tiempo que pasa que su primogénita y como es capaz de estar preparando desayuno y pasar en pocos minutos a su investidura de gobernador, todo un hombre maravilla.
Estos son muy breves ejemplos de personajes de la política mexicana que están atravesando por el importante momento del desarrollo humano mencionado al inicio de esta columna, y que dejan ver que se puede, legislar, gobernar, competir por un espacio siendo padre o madre, cosa que tampoco es algo nuevo ya que se ha dado desde el inicio de humanidad; pero pareciera que hoy toma relevancia entre una generación cada vez más apática respecto a lo que la maternidad y paternidad significa. Sin embargo más allá de la muy probable satisfacción que viven al disfrutar de sus hijos o de la gestación y lo atractivo que puede resultar para cierto público el mostrarse en dicho papel, pero no hay que dejar de recordar que el ser un buen padre o madre dista mucho de las capacidades políticas y la consecuencia social por la ejecución de estas.
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