Los dioses no mueren. III

Continuamos con los comentarios a las características que se observan en la Síndone: 10.- La pormenorización de las imágenes es extraordinaria. Entrando en detalles de...

11 de julio, 2019 playa

Continuamos con los comentarios a las características que se observan en la Síndone:

10.- La pormenorización de las imágenes es extraordinaria.

Entrando en detalles de las imágenes, considerando ya la negatividad y la tridimensionalidad, podemos observar con los medios actuales la perfección con que están impresos detalles inconcebibles de plasmar por un pintor o dibujante, no digamos ya del siglo pasado, sino del momento actual:

  • En pequeñas zonas no afectadas por tortura o manchas de sangre, llamémoslas sanas o limpias, al microscopio se alcanzan a detallar los poros del tejido superficial de la piel del sacrificado y se localiza en cada poro un pequeñísimo residuo de sangre, compatible con sudor de sangre.
  • Se encuentran perfectamente impresas las huellas de heridas causadas por el flagrum romano, instrumento de tortura con dos o tres correas con huesecillos en la punta empleado en la flagelación de los condenados a este suplicio.
  • Las más avanzadas técnicas alcanzan a captar algunas estructuras internas como huesos del tórax superior o los dientes.
  • La mayor sorpresa de los analistas la recibieron al detallar las imágenes de los ojos, donde se detecta la presencia de dos monedas conforme a una costumbre de la época, confirmada con monedas encontradas dentro de calaveras descubiertas en Qumran. Es tan clara la impresión que se observa que ha sido posible identificar hasta la acuñación de tales monedas, conocidas como leptones, coincidiendo una con una emisión conmemorativa anterior al año 30 en memoria de una esposa de Poncio Pilato y existen en los círculos numismáticos varias monedas correspondientes a esas acuñaciones, por cierto, hasta con ortografía diferente. La sorpresa está en función de que un objeto inerte también está representado en la Síndone.
  • La imagen en conjunto es de tal precisión que dos médicos forenses de manera independiente se encontraron describiendo las características de las lesiones del torturado como si las estuvieran observando directamente de un cadáver al que le estuvieran practicando una autopsia.

11.- Una observación hecha por los técnicos en fotografía mostró que en el negativo las imágenes correspondientes a lo que podía calificarse como sangre, a diferencia del resto de las imágenes, eran imágenes negativas cuando las otras eran positivas y todo en la misma exposición, por lo cual se les dedicó especial atención, llegando por diversos métodos a la conclusión de que eran residuos de sangre, clasificada como sangre humana procedente de un cuerpo vivo en su mayoría, a diferencia de la que podía suponerse emanada de la herida del costado la cual se puede calificar como sangre humana cadavérica. Sorprendiendo además la precisión anatómica de las heridas, incluyendo la distribución que supera los conocimientos anatómicos y fisiológicos de la edad media.

Especial caso es el de un reputado hematólogo a quien se encargó investigar la naturaleza del tinte que pudo haberse aplicado a esas imágenes y quien en compañía de su esposa realizó un viaje al medio oriente para estudiar in situ y con la historia y los elementos disponibles en esos lugares agotó las posibilidades de la época sin resultados satisfactorios, hasta que a su esposa se le ocurrió preguntar: ¿y si es sangre? Posibilidad descartada a priori dada la encomienda que tenía pero que dadas las circunstancias valdría la pena estudiar, empezando por considerar si era sangre de 2000 años de antigüedad, cuáles serían sus características, partiendo de esa hipótesis fácilmente llegó a la conclusión incluyendo el tipo de sangre AB +.

12.- Renglón aparte merece la observación de las características de lo que se califica como coágulos adheridos a la tela. Y que se presentan íntegros. Un experimento que podemos hacer en el momento que suframos una pequeña herida a la que apliquemos una tela, gasa o algodón para contenerla y la retiremos para observar su estado, invariablemente nos encontraremos con un coágulo deshecho, parte de la sangre queda adherida a la tela y en la piel veremos un manchón sin límites definidos.

En la Síndone los coágulos permanecen íntegros, aun cuando es evidente que estuvo en contacto con la piel lastimada del cuerpo que envolvió. La separación del cuerpo es inexplicable, así como la permanencia nítida de los coágulos, hasta los de menor tamaño.

Si bien no se ha encontrado la manera en la que apareció la imagen sindónica, parece imposible que un falsificador hubiera utilizado la sangre de dos clases distintas en la formación de la imagen.

13.- En las más recientes observaciones se alcanzan a distinguir imágenes difíciles de detectar en los primeros estudios como son algunas inscripciones borradas con el tiempo; huellas de algunas flores del lugar; muy interesantes son las trazas que se identifican con los huesos del tórax superior y los dientes.

14.- Maestros de arte en dibujo anatómico, pintura y escultura califican la armonía corporal y estética como imposible de asociar con una tipología específica, definiéndolo como “normotipo”, o sea como paradigma perfecto de estética, no asociable con raza o grupo humano específico, superando todas las especificaciones de las artes más exigentes.

Espero con las colaboraciones anteriores y la presente se haya satisfecho la curiosidad de mi amigo y despertado el interés de los amables lectores que le han dado seguimiento a la serie.

Este tema da material para una biblioteca y me permito incluir una pequeña bibliografía parte del acervo donde me he documentado, así como las revistas Muy Interesante, Conozca Más, Selecciones y Contenido, canales de televisión como Discovery, History Channel, Canal 40 y otros para introducir al conocimiento más amplio del tema, muchos libros más he consultado y han parado en manos de mis amigos.

Resolver para cada quien la cuestión de si es Jesucristo quien dejó impresa su huella en ese lienzo como respuesta a quienes en un momento dudamos de su paso por este mundo y su Resurrección es un asunto estrictamente personal.

Mi opinión es que la Síndone no es un lienzo milagroso, sino un objeto presente en el momento de la Resurrección de Jesucristo, misma que fue un hecho portentoso, que provocó un microsismo notable, suficiente para tirar la piedra que servía de puerta al sepulcro donde descansaba el cuerpo, que destapó una energía vital única en la historia, mostrando una luminosidad de gran intensidad que hizo que un grupo selecto de soldados pertenecientes al ejército dominante del mundo huyera del lugar, abandonando la labor que tenían por consigna y es en ese instante de resurrección cuando se despide la energía que graba la imagen que hoy se nos muestra como evidencia detallada de la pasión, martirio, muerte y resurrección de Jesucristo.

La aceptación de este hecho genera en el interior de cada persona la alternativa de creer en el hombre que resucitó y que deja la evidencia de que su palabra es verdad y que confirma la veracidad de las escrituras como un quinto evangelio no escrito con palabras ni por intervención humana sino, como describieron en la antigüedad: acheropoieton no hecha por mano humana.

Siendo personal la decisión de adoptar una religión, o sea, una relación con Jesucristo vivo, hay que dirigirse directamente a Él, no son válidas las razones esgrimidas que censuran o critican a curas, alto clero o pastores, ellos no son la verdad, ésta es de Jesucristo y la relación es personal y directa con Él.

 

SITIOS DE INTERNET:

http://sabanasanta.org/https://josemanuelgarciabautista.wordpress.com/2016/12/29/25-preguntas-sobre-la-sabana-santa/

¿Qué es la Síndone de Turín?

https://es.wikipedia.org/wiki/Sudario_de_Tur%C3%ADn

https://es.aleteia.org/2018/03/27/el-hombre-de-la-sindone-

https://www.shroud.com/homespan.htm

http://www.linteum.com/la-sindone-el-objeto-analisis.php

 

LIBROS:

La Sábana Santa de Turín. Manuel Solé. S.J.

La Sábana Santa. José Luis Carreño Exteandía. SDB

El Ladrón del Sudario. J.R. Lankford.

Dictamen sobre la Sábana de Cristo. Kenneth E. Stevenson y Gary Habermas.

Comentarios
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                                                                  –Francisco Ayala (1906-2009), escritor español. Entramos en la época del año cuando se celebra a México en infinidad de formas: Comenzamos con la conmemoración de los Niños Héroes en la toma del Castillo de Chapultepec.  Dicen los expertos que no fueron niños, como nos lo enseñaron en primaria, y que ninguno de ellos se envolvió en la bandera y se tiró desde las alturas para preservarla de los invasores norteamericanos. Como adulta entiendo que se trata de una leyenda romantizada, pero a la vez reconozco que esa imagen que se formó en mi mente en tercero de primaria sigue tan viva como entonces. Contribuyó a  forjar mi identidad, a sentir que una nación por la cual se llevan a cabo esos grandes sacrificios representa una gran nación. Llega unos días después la celebración de nuestra Independencia, ocasión cuando se manifiesta en todo su esplendor la mexicanidad: desde las caracterizaciones de nuestros héroes de la Independencia, las representaciones teatrales, la poesía. Los desfiles en cada una de las poblaciones grandes y pequeñas, frente a los cuales se exalta dentro de nosotros ese particular orgullo de ser mexicanos. No pueden faltar en esa ocasión los deleites gastronómicos, desde los sofisticados chiles en nogada con su gama de leyendas urbanas y modos de preparación, hasta los populares elotes con chile y la fruta picada, que se venden en cualquier esquina durante el desfile. La mexicanidad nos pone a vibrar a todos los oriundos la noche del 15, en el territorio nacional y allende las fronteras.  Ese “Viva México” que respondemos a coro los presentes en tres ocasiones, seguido por los nombres de los héroes de la Independencia, así como la réplica de la campana de Dolores en cada inmueble que representa a nuestro país a lo largo y ancho del mismo, y de igual manera en las sedes oficiales en el extranjero. Se sigue la –ahora controversial– fecha del 12 de octubre que, así queramos borrar de nuestra historia, constituye la mitad de nuestra identidad.  Un festejo que ha perdido mucho lucimiento por cuestiones ajenas al reconocimiento de nuestra identidad mestiza, cuyo epítome este año es la sustitución de un bello monumento de Colón en el Centro Histórico de la Ciudad de México, por una figura estilizada de una  mujer que busca  representar los pueblos originales, pero que a ratos parece sacada de una cinta galáctica. Ella no me significa ninguna identidad en absoluto. Ni por los rasgos que le imprimieron, ni por la frialdad del material con que está hecha, ni por la forma tan arbitraria con que se ha decidido imponerla. Durante primaria y secundaria estudié fundamentalmente, en colegios de monjas. En los libros de historia de primaria, sistemáticamente, nos brincábamos el capítulo de las Leyes de Reforma.  Sabíamos que existió Benito Juárez; conocíamos la historia del niño de un pequeño pueblo oaxaqueño que pasó de cuidar ganado menor a convertirse en presidente de la República. Esto es, no se acentuaba el hecho de que Juárez haya decretado la separación del Estado y de la Iglesia, pero tampoco se arrancaban las hojas de los libros para vetarlo. Ya en secundaria sí aprendí lo necesario sobre las Leyes de Reforma y la figura de Juárez para el México actual. Sería como en los enamoramientos, tiene más efecto la indiferencia que las acciones directas de resistencia. Seguimos en noviembre con los festejos de la Revolución. A mí me remiten a diversos momentos, en particular con mis hijos pequeños en atuendos de ocasión.  Los desfiles asociados con el deporte y las danzas folclóricas entre las que no puede faltar: “La marcha de Zacatecas” y “La Adelita”. Otra vez la gastronomía en pleno para sentirnos aún más mexicanos. Arribamos finalmente a diciembre, a la celebración de la Virgen de Guadalupe. Sucede ese pensamiento paradójico único en México: proveniente de la tradición católica, la figura de la Guadalupana atraviesa cualesquiera creencias religiosas para instalarse en el corazón de todos los mexicanos. Ahora  las calles se ven pobladas por  peregrinaciones de distintos templos de cada parroquia, y en buena parte del territorio nacional se hacen acompañar de danzantes de todas las edades, vestidos de gran colorido, conocidos como “matachines”, cuyo traje incluye una nahuilla adornada con carrizos cortos, o bien pulseras de guijarros en las piernas, que al danzar generan un sonido muy característico. Sobre la cabeza  portan un penacho multicolor a base de plumas, y a lo largo de toda la peregrinación los danzantes van ejecutando cuadros que  han preparado a lo largo del año, al compás de un tambor. Quien encabeza cada contingente porta un estandarte, generalmente bordado, que identifica al templo y a la parroquia que representan. Podríamos seguir hablando mucho más de los elementos que nos dotan de nuestra  identidad como mexicanos. Esta vez quisiera utilizarlo como parangón frente a las acciones ciudadanas que, de manera contraria, señalan nuestro desapego a la patria, término –este último– que nació del mismo vocablo de “padre” y que significa casa, tierra propia, familia, grupo original. ¿Por qué, tantas veces, en lugar de cuidar nuestro suelo, actuamos con descuido, y hasta nos empeñamos en  dañarlo? ¿Por qué sacamos tajada “a la brava”? ¿Por qué tratamos mal a nuestros hermanos? Pareciera que nos aferramos a la idea de sentir que alguien es más que otros por su color de piel, por el nivel académico o por su  solvencia económica. En la denostación que emprendemos queda expuesta nuestra pequeñez. Habría que tomar lo bueno de cada episodio de nuestra historia, como una amalgama, y con base en ella construir lo mejor de nuestra generación. Proponernos dejar una huella que marque a futuro nuestro paso, como signo de una diferencia dignificadora.  " ["post_title"]=> string(20) "Historia e identidad" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(22) "historia-e-identidad-2" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-09-14 14:09:04" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-09-14 19:09:04" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=70390" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } [1]=> object(WP_Post)#18526 (24) { ["ID"]=> int(70059) ["post_author"]=> string(2) "84" ["post_date"]=> string(19) "2021-09-03 08:54:53" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2021-09-03 13:54:53" ["post_content"]=> string(8108) "Asumir una convicción de forma profunda y general conlleva infinidad de consecuencias; la forma en que concibamos las cosas –aún sin ser conscientes de ello– determina nuestros actos.  Cada convicción consciente se convertirá en un fundamento que rija la narrativa que se articule a partir de ella. Dependiendo del tipo de decisiones que tomemos a este respecto, el mundo en que habitemos será objetivamente distinto.  En el artículo de la semana pasada se planteaba la posibilidad de elegir conscientemente las convicciones que, superponiéndose a prejuicios y miedos, sustituyan nuestras creencias inconscientes para regir con ellas nuestro comportamiento como humanidad. Una vez asumida esta posibilidad, la pregunta que emerge de manera natural sería: ¿Hay unas convicciones mejores que otras o cualquiera que se escoja tiene el mismo valor? Y en caso de que unas sean preferibles a otras, ¿bajo qué criterio se escogen las convicciones “correctas”? Lo primero es decir categóricamente que sí, que en efecto hay convicciones más deseables que otras y por eso el definir criterios para jerarquizarlas resulta fundamental. Uso con toda intención la palabra “jerarquizar” porque, por más que resulte políticamente incorrecto decirlo, hay ideas y valores más deseables que otros. El nazismo hitleriano no es intercambiable en términos de valor con la desobediencia civil pacífica de Gandhi, por más que todo mundo sea libre de pensar lo que quiera.   Tomemos como referencia la primera pregunta del ejemplo anterior para tratar de encontrar algunos elementos objetivos que funcionen como criterios para definir cuál de las convicciones planteadas es más deseable. La pregunta decía así: 1.- Para explicarnos los fenómenos naturales, ¿preferimos un mito o una tradición, o mejor optamos por la investigación científica? Lo primero es plantearse si alguna de las dos alternativas es intrínsecamente mejor que la otra. A mi juicio, la respuesta es: sí. Una primera razón es que la ciencia llega como consecuencia del proceso evolutivo de las ideas humanas. Del mito y de la tradición emerge la ciencia como instrumento para explicar lo que los primeros no podían. E incluso dentro de la propia ciencia el proceso evolutivo no cesa. Debió existir Newton, como máximo exponente de la física tradicional, para que emergiera Einstein y relativizara lo que hasta entonces se consideraba como verdades cósmicas absolutas.  Una segunda razón es porque en el mito no cabe la ciencia. Cuando una verdad se asume como dogma inquebrantable, la duda científica es expurgada. Mientras que en el mundo de la ciencia, la tradición y el mito cohabitan siempre y cuando sea posible cuestionarlos. La ciencia, en tanto producto humano que busca la certeza y la verdad de una vez y para siempre, se articula creando paradigmas, que en cierta forma equivalen a los mitos, sin embargo, a pesar de buscar certezas, la ciencia se permite la duda, la crítica, el cuestionamiento, lo que abre espacio para muchos de esos paradigmas que se creían inamovibles se sustituyan por nuevas comprensiones un poco más “verdaderas”. El mito, por su parte, se asume como la explicación final y definitiva que no permite cuestionamiento ni mejora. En una última instancia, la ciencia podría probar que el mito es verdadero, mientras que desde el mito, el cuestionamiento científico es inaceptable.  El proceso evolutivo del planeta entero tiende a la amplitud, a la complejidad, a la especialización. Cada nueva etapa de la evolución abre un nuevo espacio que integra y abraza a lo existente en el estadio anterior, por eso en el mundo newtoniano la relatividad es inimaginable, mientras que en mundo relativo de Einstein, Newton es el cimiento principal.     Una tercera razón es que mientras el mito se explica de forma distinta en cada región del mundo y en cada tiempo, las explicaciones de la ciencia son universales y atemporales. No hay matemáticas americanas, matemáticas rusas o matemáticas islámicas. Lo mismo ocurre con el tiempo, las matemáticas es un lenguaje atemporal, y si bien las desarrolladas en épocas antiguas eran más básicas y elementales, eran parte de un mismo cuerpo de conocimiento que, como buen proceso evolutivo, se ha ido ampliando y complejizando con cada nuevo descubrimiento, pero cuyos fundamentos continúan aplicando hoy, lo mismo que aplicaban en la Grecia clásica. Mientras que, por su parte, las concepciones míticas sí responden al tiempo, espacio e idiosincrasia en que fueron articuladas.  Asumir esta –o cualquier otra– convicción de forma profunda y general conlleva infinidad de consecuencias, porque la forma en que concibamos las cosas –aún sin ser conscientes de ello– determina nuestros actos. Por ejemplo, una vez que aceptamos como humanidad que sea la ciencia la que explique lo relacionado con los fenómenos naturales, ya no habrá lugar para continuar negando el cambio climático, las políticas sanitarias referentes a la Covid-19 –o cualquier otra contingencia de salud– se decidirán desde el criterio médico y no político o económico, los datos estadísticos serán centrales para definir cómo y dónde aplicar determinadas políticas públicas y dónde y cuándo no hacerlo, y un largo etcétera. Por eso las convicciones no son asunto menor. Se trata de fundamentos que rigen las narrativas que decidamos articular, y según sean unas u otras, el mundo en que habitemos será objetivamente distinto.  Y el mismo ejercicio podríamos hacer con las otras dos preguntas del ejemplo, y con muchas más que nos permitirían redefinir nuestras convicciones por encima de las creencias que nos lastran. Pero siempre, para escoger la respuesta más apropiada, lo deseable es tomar como criterio central las características mismas del proceso evolutivo en general y de las tendencias que ha seguido el desarrollo humano a lo largo de los siglos. Por ello siempre serán más valiosas las convicciones más amplias, aquellas que den cabida a escenarios más complejos, las que permitan una mayor diversidad, una mayor especialización, que favorezcan más matices, que armonicen la mayor cantidad de variables, y aquellas que nunca se consideren a sí mismas como productos terminados, sino como procesos vivos del desarrollo humano.      Y es desde ahí, de esa redefinición voluntaria y consciente de nuestras convicciones como humanos universales, conservando la particularidad cultural de cada visión del mundo, que resulta indispensable construir las premisas que den sentido a nuestro modo de pensar, a nuestras leyes, a nuestra convivencia social, sobre todo ante los enormes retos que el presente y el futuro próximo ponen ante nosotros como especie.  En los artículos siguientes repasaremos posibles convicciones que a mi juicio deberían formar parte de nuestras nuevas narrativas que nos permitan superar del todo esta Era Covid que nos agobia y que de forma tan brutal ha desnudado nuestras limitaciones y contradicciones.    Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook: Juan Carlos Aldir" ["post_title"]=> string(58) "Creando nuevas narrativas: Sistematizando las convicciones" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(57) "creando-nuevas-narrativas-sistematizando-las-convicciones" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-09-03 08:54:53" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-09-03 13:54:53" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=70059" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } } ["post_count"]=> int(2) ["current_post"]=> int(-1) ["in_the_loop"]=> bool(false) ["post"]=> object(WP_Post)#18568 (24) { ["ID"]=> int(70390) ["post_author"]=> string(2) "77" ["post_date"]=> string(19) "2021-09-14 14:09:04" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2021-09-14 19:09:04" ["post_content"]=> string(6663) "Opinión H1   “La patria del escritor es su lengua”.                                                                   –Francisco Ayala (1906-2009), escritor español. Entramos en la época del año cuando se celebra a México en infinidad de formas: Comenzamos con la conmemoración de los Niños Héroes en la toma del Castillo de Chapultepec.  Dicen los expertos que no fueron niños, como nos lo enseñaron en primaria, y que ninguno de ellos se envolvió en la bandera y se tiró desde las alturas para preservarla de los invasores norteamericanos. Como adulta entiendo que se trata de una leyenda romantizada, pero a la vez reconozco que esa imagen que se formó en mi mente en tercero de primaria sigue tan viva como entonces. Contribuyó a  forjar mi identidad, a sentir que una nación por la cual se llevan a cabo esos grandes sacrificios representa una gran nación. Llega unos días después la celebración de nuestra Independencia, ocasión cuando se manifiesta en todo su esplendor la mexicanidad: desde las caracterizaciones de nuestros héroes de la Independencia, las representaciones teatrales, la poesía. Los desfiles en cada una de las poblaciones grandes y pequeñas, frente a los cuales se exalta dentro de nosotros ese particular orgullo de ser mexicanos. No pueden faltar en esa ocasión los deleites gastronómicos, desde los sofisticados chiles en nogada con su gama de leyendas urbanas y modos de preparación, hasta los populares elotes con chile y la fruta picada, que se venden en cualquier esquina durante el desfile. La mexicanidad nos pone a vibrar a todos los oriundos la noche del 15, en el territorio nacional y allende las fronteras.  Ese “Viva México” que respondemos a coro los presentes en tres ocasiones, seguido por los nombres de los héroes de la Independencia, así como la réplica de la campana de Dolores en cada inmueble que representa a nuestro país a lo largo y ancho del mismo, y de igual manera en las sedes oficiales en el extranjero. Se sigue la –ahora controversial– fecha del 12 de octubre que, así queramos borrar de nuestra historia, constituye la mitad de nuestra identidad.  Un festejo que ha perdido mucho lucimiento por cuestiones ajenas al reconocimiento de nuestra identidad mestiza, cuyo epítome este año es la sustitución de un bello monumento de Colón en el Centro Histórico de la Ciudad de México, por una figura estilizada de una  mujer que busca  representar los pueblos originales, pero que a ratos parece sacada de una cinta galáctica. Ella no me significa ninguna identidad en absoluto. Ni por los rasgos que le imprimieron, ni por la frialdad del material con que está hecha, ni por la forma tan arbitraria con que se ha decidido imponerla. Durante primaria y secundaria estudié fundamentalmente, en colegios de monjas. En los libros de historia de primaria, sistemáticamente, nos brincábamos el capítulo de las Leyes de Reforma.  Sabíamos que existió Benito Juárez; conocíamos la historia del niño de un pequeño pueblo oaxaqueño que pasó de cuidar ganado menor a convertirse en presidente de la República. Esto es, no se acentuaba el hecho de que Juárez haya decretado la separación del Estado y de la Iglesia, pero tampoco se arrancaban las hojas de los libros para vetarlo. Ya en secundaria sí aprendí lo necesario sobre las Leyes de Reforma y la figura de Juárez para el México actual. Sería como en los enamoramientos, tiene más efecto la indiferencia que las acciones directas de resistencia. Seguimos en noviembre con los festejos de la Revolución. A mí me remiten a diversos momentos, en particular con mis hijos pequeños en atuendos de ocasión.  Los desfiles asociados con el deporte y las danzas folclóricas entre las que no puede faltar: “La marcha de Zacatecas” y “La Adelita”. Otra vez la gastronomía en pleno para sentirnos aún más mexicanos. Arribamos finalmente a diciembre, a la celebración de la Virgen de Guadalupe. Sucede ese pensamiento paradójico único en México: proveniente de la tradición católica, la figura de la Guadalupana atraviesa cualesquiera creencias religiosas para instalarse en el corazón de todos los mexicanos. Ahora  las calles se ven pobladas por  peregrinaciones de distintos templos de cada parroquia, y en buena parte del territorio nacional se hacen acompañar de danzantes de todas las edades, vestidos de gran colorido, conocidos como “matachines”, cuyo traje incluye una nahuilla adornada con carrizos cortos, o bien pulseras de guijarros en las piernas, que al danzar generan un sonido muy característico. Sobre la cabeza  portan un penacho multicolor a base de plumas, y a lo largo de toda la peregrinación los danzantes van ejecutando cuadros que  han preparado a lo largo del año, al compás de un tambor. Quien encabeza cada contingente porta un estandarte, generalmente bordado, que identifica al templo y a la parroquia que representan. Podríamos seguir hablando mucho más de los elementos que nos dotan de nuestra  identidad como mexicanos. Esta vez quisiera utilizarlo como parangón frente a las acciones ciudadanas que, de manera contraria, señalan nuestro desapego a la patria, término –este último– que nació del mismo vocablo de “padre” y que significa casa, tierra propia, familia, grupo original. ¿Por qué, tantas veces, en lugar de cuidar nuestro suelo, actuamos con descuido, y hasta nos empeñamos en  dañarlo? ¿Por qué sacamos tajada “a la brava”? ¿Por qué tratamos mal a nuestros hermanos? Pareciera que nos aferramos a la idea de sentir que alguien es más que otros por su color de piel, por el nivel académico o por su  solvencia económica. En la denostación que emprendemos queda expuesta nuestra pequeñez. Habría que tomar lo bueno de cada episodio de nuestra historia, como una amalgama, y con base en ella construir lo mejor de nuestra generación. Proponernos dejar una huella que marque a futuro nuestro paso, como signo de una diferencia dignificadora.  " ["post_title"]=> string(20) "Historia e identidad" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(22) "historia-e-identidad-2" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-09-14 14:09:04" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-09-14 19:09:04" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=70390" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } ["comment_count"]=> int(0) ["current_comment"]=> int(-1) ["found_posts"]=> int(44) ["max_num_pages"]=> float(22) ["max_num_comment_pages"]=> int(0) ["is_single"]=> bool(false) ["is_preview"]=> bool(false) ["is_page"]=> bool(false) ["is_archive"]=> bool(true) ["is_date"]=> bool(false) ["is_year"]=> bool(false) ["is_month"]=> bool(false) ["is_day"]=> bool(false) ["is_time"]=> bool(false) ["is_author"]=> bool(false) ["is_category"]=> bool(true) ["is_tag"]=> bool(false) ["is_tax"]=> bool(false) ["is_search"]=> bool(false) ["is_feed"]=> bool(false) ["is_comment_feed"]=> bool(false) ["is_trackback"]=> bool(false) ["is_home"]=> bool(false) ["is_privacy_policy"]=> bool(false) ["is_404"]=> bool(false) ["is_embed"]=> bool(false) ["is_paged"]=> bool(false) ["is_admin"]=> bool(false) ["is_attachment"]=> bool(false) ["is_singular"]=> bool(false) ["is_robots"]=> bool(false) ["is_favicon"]=> bool(false) ["is_posts_page"]=> bool(false) ["is_post_type_archive"]=> bool(false) ["query_vars_hash":"WP_Query":private]=> string(32) "017b4589f1450fb0948b304aec9e962d" ["query_vars_changed":"WP_Query":private]=> bool(false) ["thumbnails_cached"]=> bool(false) ["stopwords":"WP_Query":private]=> NULL ["compat_fields":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(15) "query_vars_hash" [1]=> string(18) "query_vars_changed" } ["compat_methods":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(16) "init_query_flags" [1]=> string(15) "parse_tax_query" } }

Historia e identidad

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