Ley Monse para encubridores a delincuentes de abuso y violencia de género

Ley Monse es más que una reforma técnica al código penal: es una respuesta legislativa contundente al feminicidio y a la cadena de complicidades que lo rodean.

4 de noviembre, 2025

La familia de Marlon fue cómplice, pero gracias a que en Veracruz ya aprobó la Ley Monse serán juzgados por encubrimiento. Monse Bendimes Roldán fue asesinada a golpes por su entonces novio Marlon Botas. Su familia como se esperaría no solo en México sino en todo el mundo acudió al rescate del joven encubriéndolo, no solo movieron el cadáver de lugar ideando un escenario distinto, obstruyeron la investigación y ayudaron a Marlon a huir de México financiando su estadía por casi tres años en el extranjero. Y si bien dicen por ahí que no hay nada que una madre no haría por su hijo, pero ayudarlo a encubrir un feminicidio ya no es una opción.

Este es un tema delicado porque no dejan de ser personas defendiendo a personas cuyo lazo sanguíneo confunden la razón de padres, hermanos, cónyuges, hermanos o incluso amigos que crean que pueden ayudar a su familiar.

La denominada Ley Monse es una reforma de gran relevancia en México —y en particular en los estados que ya la han aprobado— orientada a combatir la impunidad en casos de feminicidio, homicidio y transfeminicidio, particularmente cuando existe encubrimiento por parte de personas cercanas al presunto agresor.

La Ley Monse, por fin aprobada en cinco estados de la República, recibe su nombre en memoria de Montserrat Bendimes Roldán, una joven de Veracruz que fue víctima de feminicidio en abril de 2021. Su muerte provocó indignación social y puso de relieve que, en muchos casos, no bastaba con castigar al autor material del delito: los vínculos de complicidad, protección o encubrimiento entre familiares y amistades del agresor también permitían que la justicia quedara en suspenso.

Ante ello, organizaciones feministas como Brujas del Mar impulsaron una iniciativa legislativa para modificar los marcos penales estatales y federales. En ese sentido, la Ley Monse se convierte tanto en un símbolo de exigencia de justicia como en una herramienta normativa para cerrar uno de los vacíos legales más criticados en la lucha contra los feminicidios.

La esencia de la Ley Monse puede resumirse en tres grandes ejes:

Eliminación de la “excusa absolutoria”: Tradicionalmente, los códigos penales contemplaban que los ascendientes, descendientes, cónyuges, concubinos, parientes hasta cierto grado o personas vinculadas por afecto podrían quedar exentos de responsabilidad por el delito de encubrimiento cuando ayudaban al agresor bajo esos vínculos. Con la reforma, esa posibilidad desaparece para los casos de feminicidio, homicidio o transfeminicidio. Sanción al encubrimiento por cercanos: Quien oculte, ayude a huir o favorezca al responsable de uno de esos delitos, aún siendo familiar o amigo, podrá ser perseguido penalmente. Actualmente, en algunas entidades se establecen penas que van de 2 a 8 años de prisión, y multas que llegan a 500-1000 días de salario mínimo u otras unidades de medida.

Aplicación estatal y federal: La ley no es un solo texto nacional que se aplica automáticamente en todos los estados; más bien, se ha impulsado mediante reformas estatales al código penal local y también vía iniciativa a nivel federal para que el marco nacional contemple estas sanciones.

Lo que se pretende es enviar un mensaje claro: la protección de alguien que ha cometido feminicidio o un homicidio grave no puede quedar amparada bajo los lazos familiares o afectivos, en este aspecto es muy importante entender la tradición patriarcal y la masculinidad hegemónica que persiste en nuestro país en donde las mismas madres son muchas veces las que promueven la violencia de los hijos hacia su cónyuges insistiendo en que las tiene que enseñar a obedecer y meter en orden para que sean buenas parejas, muchas veces es la misma familia quien además de encubriré se presta a que mujeres muchas veces menores de edad sean retenidas contra su voluntad al lado de sus parejas e incluso sean violentadas y esto se acabó, si un familiar o amigo o persona allegada a la familia sabe sobre una situación de violencia de género y no la denuncia está siendo también parte del delito.

La relevancia simbólica es enorme: deja claro que no se tolerará que la ayuda que permita a un agresor evadir la justicia sea “justificada” mediante el vínculo de amistad, parentesco o gratitud y que la certeza de enfrentar la ley por igual evite que las personas sigan tolerando y encubriendo la violencia.

Desde una perspectiva de política pública, la Ley Monse representa un avance significativo en la lucha contra la violencia de género en México. Permite cerrar una de las rutas de impunidad que con frecuencia se señalaban como un factor clave en la continuidad de los crímenes contra mujeres: los encubrimientos desde el entorno inmediato del agresor. Además, amplía la responsabilidad penal hacia quienes coadyuvan en el ocultamiento, lo que puede disuadir conductas que facilitan la fuga o el olvido del caso.

No obstante, su implementación no está exenta de retos. Primero, la aprobación en todos los estados no es uniforme: algunos estados ya la tienen, otros están en proceso y algunos aún presentan rezago. Segundo, aunque la norma exista, la realidad de su aplicación, investigación eficiente, persecución de encubrimiento, sanción que dependerá de las capacidades institucionales y de la voluntad política. Y tercero, la transformación cultural también es clave: más allá de la ley, hace falta que los entornos sociales, familiares y judiciales reconozcan que “ayudar al agresor” es una conducta grave que impacta directamente en la posibilidad de justicia para las víctimas.

Lamentablemente esta ley no es retroactiva pero es un hecho que de ahora en adelante paga el agresor y sus testigos.

 Ley Monse es más que una reforma técnica al código penal: es una respuesta legislativa contundente al fenómeno de los feminicidios y a la cadena de complicidades que los rodean. Surge del dolor, del reclamo social y de la experiencia real de Montserrat Bendimes, y busca cerrar uno de los espacios que históricamente han permitido que los responsables queden impunes o protegidos. Su éxito radicará no solo en que esté por escrito, sino en que se aplique con rigor, con perspectiva de género y con una mirada que reconozca que ninguna relación de afecto o parentesco debe convertirse en una excusa para evadir la justicia.

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Barbara Lejtik
Soy Bárbara Lejtik, Queretana Licenciada en ciencias de la comunicación, columnista, poeta, Mujer de mediana, que busca el punto medio entre la media vida Y la vida a medias, medio entiende y medio olvida que la clase media es como la media talla medio parece medio no convence y las medias tintas a medias permanecen. Facebook: Bárbara Lejtik Twitter: barbarlejtik Instagram: Labarbariux Sitio web: www.barbara Lejtik escribe.com
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